viernes, 31 de mayo de 2013

LAS BRIGADAS CHINAS DE LA GUERRA CIVIL

Una de las fuerzas de combate más importantes durante la Guerra Civil Española fueron las Brigadas Internacionales. Más de 40.000 voluntarios de izquierda, de alrededor de 53 países no dudaron en dejar su patria para luchar contra el fascismo y ayudar a la República contra los soldados rebeldes. Eran de muchos lugares del mundo, sobre todo europeos, pero lo que más llama la atención es que más de un centenar de ellos venían de la otra punta de la Tierra, de la mística y lejana China. En su mayoría eran profesores, médicos, trabajadores humildes, que por sus ideas sindicalistas habían tenido que emigrar a Europa y Estados Unidos para no sufrir la represión del gobierno conservador del Kuomingtan.

Aunque sabían las desgracias que había en su país (luchas internas, invasión japonesa, crueldad y destrucción...) estos bravos soldados chinos, que o bien lucharon encuadrados en las Brigadas Internacionales o en el renovado Ejército Republicano, siempre asociaron la Guerra Civil Española como una lucha más contra el imperialismo japonés. Tan orgullosos estaban en China de sus soldados que se sabe de la existencia de un cartel en la ciudad de Yanan, cuartel general de Mao en 1937, que decía, con evidentes y disculpables faltas de ortografía lo siguiente:

Salutamos les puebles bravissimos de la España.

En las trincheras se hicieron famosos no solo por sus rasgos físicos y costumbres extrañas a ojos de sus compadres de lucha, sino también por lo disciplinados que eran y por las ansias que demostraban en el combate. Tal era su fama entre los brigadistas que algunos de ellos (Liu Jing Tien y Chan Rei Su) salieron incluso en portada de la famosa revista Estampa, de 1937.

jueves, 30 de mayo de 2013

LA MACABRA ESTACIÓN DE METRO

No sé si se acuerdan ustedes de la película Poltergeist  (1982) en que una típica casa de extrarradio americana comenzaba a llenarse de espíritus y empezaban a salir muertos y ataúdes de las paredes. A pesar de lo truculento del argumento hay que reconocer que este film se ha convertido en todo un clásico del cine de fantasía que ha encandilado a distintas generaciones desde que se estrenó allá en los años 80. Pues bien, aunque les parezca descabellado la historia que les ofrezco hoy no se aleja tanto del argumento anteriormente citado, y bien podría darse de nuevo en un sitio muy concurrido del centro de Madrid. Nada más ni nada menos que en la estación de Metro de Tirso de Molina.

No se asusten, y permítanme que les aclare el asunto. En 1921 las autoridades de la ciudad, a bombo y platillo, inauguraron lo que en aquel momento se conoció como la Estación de Progreso, ubicada bajo la plaza del mismo nombre, hoy conocida como de Tirso de Molina. Este terreno anteriormente había albergado el Convento de la Merced, en donde había vivido el autor del El Burlador de Sevilla, pero que en 1834 había sido abandonado por los monjes ya que fue derribado debido en ell proceso de desamortización propiciado por Mendizábal. El tiempo pasó y la ciudad se fue modernizando. Un día unos obreros que estaban excavando bajo la plaza para construir una estación de metro de la Línea 1 al hacer un hueco en la tierra vieron con horror que había un buen número de esqueletos que sobresalían de la pared. Aquellos operarios sin quererlo habían encontrado el antiguo cementerio del convento. ¿Qué hacer con ellos? La exhumación de los huesos retrasaría las obras así que las autoridades decidieron dejarlos en las paredes que hoy son el andén de la estación, tal cual, y para que nadie se asustase mandaron tapizarlas con azulejos de colores.

La historia de los esqueletos fue quedando en el olvido, pero aquellos huesos siguen detrás de las paredes a la espera de tener billete con el que coger el siguiente metro.

miércoles, 29 de mayo de 2013

LA PRIMERA GUARDERÍA DE ESPAÑA

La fundadora de la primera guardería en España fue la reina María Victoria dal Pozzo della Cisterna (1847-1876), esposa de Amadeo de Saboya, con quien compartió el trono entre 1870 y 1873 tras el derrocamiento de Isabel II. Podemos decir que María Victoria fue la reina más culta que ha tenido este país pues desde muy pequeña se interesó por aprender aritmética, filosofía, arte, historia, además de seis idiomas. Desde que era pequeña destacó por sus ideas adelantadas y por no someterse a los cánones que tradicionalmente se les imponía a las mujeres de la época. A pesar de ser muy creyente siempre gustaba de rodearse de intelectuales y personas sabias fueran estas laicas o católicas.

Pero la gota que colmó la paciencia de la corte española es que María Victoria, a diferencia de la anterior reina, nunca hacía alarde de riquezas, al revés, pues gustaba de repartirlas entre los pobres. Una de sus costumbres era dar largos paseos por los alrededores de Palacio así que un buen día al andar por la ribera del Manzanares se quedó pasmada al contemplar la pobreza y miseria en que vivían las lavanderas de aquella zona. Durante un tiempo quedó horrorizada por esta visión, por lo que rápidamente quiso hacer algo para mitigar aquel sufrimiento: mandó construir una guardería para que los niños pequeños de las lavanderas fueran cuidados allí mientras sus madres trabajaban en el río. Tan agradecidas quedaron éstas buenas mujeres por aquel gesto de la reina que entre todas le costearon una humilde corona y se la regalaron. Actualmente esta corona se encuentra en su tumba de Turín.

En verdad, aquellas lavanderas fueron las únicas que la quisieron.

martes, 28 de mayo de 2013

EL COMEDIDO HIDALGO - Juan Eslava Galán

Mi tierra, señor caballero -respondió el preguntado-, no la sé, ni para dónde camino, tampoco
(Rinconete y Cortadillo, Miguel de Cervantes Saavedra)

¡¡¡Alto!!! ¡Guárdese a la justicia del Rey!... El esportillero llevaba un buen rato corriendo desde la Plaza de San Francisco. A cada zancada que daba maldecía la hora en que por avaricia de plata americana o ansia de aplacar el hambre que le corroía las tripas, había cogido aquella cruz. Creía que nadie lo había visto pero no era sí, pues en cuanto puso un pie fuera de la iglesia una anciana consumida había empezado a gritar a pleno pulmón “¡Al ladrón! ¡Al ladrón!” Desde entonces había perdido el número de callejuelas y figones que había dejado atrás. Pasó las murallas y se dio cuenta de que había llegado al Arenal, junto al Guadalquivir. Miró hacia atrás y con sorpresa vio que de los dos guardias que le pisaban los talones solo quedaba uno. ¿Qué hacer? ¿Ir hacia el embarcadero donde llegaba gran copia de barcos de América para mayor gloria de aquella Babilonia? o, que era lo más seguro ¿echar a correr hacia Triana? Corrió por el puente de barcas y al llegar al otro lado, sin resuello, se alegró al comprobar que su perseguidor había desaparecido casi como por ensalmo en aquel intrincado dédalo de calles. Había elegido bien. Estaba en los dominios de Monipodio y aquel lugar, cual fortaleza, era el paraíso para cualquier amigo del brillo ajeno.

Este humilde párrafo que da comienzo esta reseña es solo una recreación de lo que pudo ser una escena cotidiana del día a día de una de las ciudades más maravillosas de la Historia, Sevilla, pero también es breve muestra de un mundo vibrante a la vez que poderoso que pueden encontrar entre las páginas de la novela El Comedido Hidalgo, escrita por el gran enhebrador de ideas y maestro de letras Juan Eslava Galán. El argumento de esta obra es de lo más deleitoso y ejemplar que vuesas mercedes puedan encontrar en la Republica de las Musas: un antiguo comisario de víveres de la felicísima Armada Real y agente del fisco en Andalucía, llamado Alonso de Quesada, trasunto de Miguel de Cervantes Saavedra, promesa de la literatura universal años venideros, acude a Sevilla, proveniente de Carmona, para resolver ciertos asuntos jurídicos en relación a turbias acusaciones de malversación de fondos habidas en sus negocios para la corona. Lo que prometía ser un viaje de negocios le lleva a vivir una de las mayores aventuras en la capital hispalense de la cual sacará provecho en un futuro al crear el mejor libro que han conocido los tiempos: El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Nuestro buen personaje cuando llega se fía en exceso de su suerte pero el paso de los meses en aquella gran ciudad, cuarta en número de habitantes después de Londres, París y Nápoles, le llevará a comprender lo excelso de aquel lugar y a conocer cada rincón, historia y leyenda que corren entre las esquinas ya sean las de la santa Catedral o las de la botica de la prostituta más humilde.



Que no se engañe nadie y quede avisado el lector que, aunque nos encontremos con una novela ambientada en el siglo XVII, no es una historia de capa y espada en exclusiva, como ocurre muchas veces, aunque aparezca alguna que otra herrada y gavilán a lo largo de la lectura. Es más que eso pues la trama que hilvana Eslava Galán no solo lo engloba sino que hace del género de espadachines uno de tantos más que hay entre sus páginas. Aquí hay aventuras, amor, picaresca, sexualidad, humor… cualquier ingrediente literario se atesora en la marmita del Comedido Hidalgo. A lo que hay que añadir, como broche de perla en cuello femenino, un estilo de escritura de lo más preciso y exacto para la historia que se narra, pues tanto el texto en sí, como los diálogos entre personajes no son a la manera nova de la novela histórica actual, en el que parece que todo el mundo esta igualado en la narración sino rememorando el estilo antiguo de época. Un acierto perfecto pues le da visos de credibilidad y una elegancia de la que carecen muchos escritos de hoy en día.

Además si esto no fuera suficiente nos encontramos que esta novela es todo un compendio para comprender como eran la vida y los sucesos que acontecían en aquella gran urbe en aquel Siglo Español, grandemente llamado Siglo de Oro. A través de las peripecias y sufrimientos de nuestro Alonso de Quesada podemos observar las maravillas de la Babilonia del Sur en aquellos tiempos en que los Austrias contenían un reino en que el Sol no hacía más que rascar las espaldas de los remeros del Imperio, ya fuera en Levante como en Poniente. Con ojos de asombro nuestro protagonista observa cada rincón de Sevilla, sus gentes, comercios y sueños. Allá están los imponentes barcos venidos de América que descargan su oro y plata, para luego ser enterrado todo en la umbría de los banqueros, como dijo aquel cojo divino. Acá en Triana el famosísimo Patio de Monipodio donde hay república de matasietes y valentones, cargados con más hierro que Vizcaya, junto a hábiles ladrones que sin miramiento se llevarían, sin que se diera cuenta, las mismísimas llaves de San Pedro, avaras concertadoras, maestros del naipe, prostitutas de botica y toda una peculiar canalla de hombres libres que solo se callan ante la venida de los fieros, y sobornables corchetes. En el espíritu de estos, marcado al fuego de su oficio, también está la figura de la Cárcel Real en la que entraremos y veremos su configuración, estratos de poder y vida social de los encausados por la Audiencia o el Ayuntamiento. Chismes, historias increíbles y costumbres sevillanas hacen de este libro todo un puzzle histórico difícil de olvidar.

Así que si desean gozar con una novela que entretenga por su fidelidad a la historia, y que ofrezca un fresco de una época inolvidable no duden en tomar entre sus manos El Comedido Hidalgo. Hoja a hoja se verán transportados a las calles de Sevilla y a las vivencias de una ciudad que fue, y es en muchos casos, faro del mundo, puerta a Tierra Firme y sobre todo hogar de lo más granado que atesoró el Siglo de Oro.

LA CRUZ DE LOS ÁNGELES

Cuenta la leyenda que Alfonso II, el Casto, al concluirse la construcción de la Iglesia del Salvador quiso dotarla de una cruz que fuera santo y seña de la cristiandad. Para su fabricación disponía de una gran cantidad de oro y piedras preciosas que había obtenido de sus victorias frente a los musulmanes. Lo malo es que no encontraba a nadie que quisiera encargarse de la obra, hasta que un buen día se presentaron ante el rey dos jóvenes que dijeron ser orfebres. El rey Alfonso confiando en su buena palabra y planta de estas personas les dio su consentimiento y les asignó un taller para que comenzaran lo más rápidamente la fabricación de la cruz.

Pero aquella noche, cuando se fue a dormir sintió recelos de aquellos jóvenes, y temió ser engañado por ellos, por lo que envió a unos criados para que vieran con sus propios ojos si estaba siendo estafado. Éstos, con gran disimulo, acercaron sus ojos a las rendijas de la puerta y no pudieron ver nada ya que una luz increíble les dañaba la vista. Rápidamente llamaron al rey el cual se personó al momento y al abrir la puerta se quedaron estupefactos al constatar que los dos orfebres habían desaparecido y en su lugar había una cruz bellísima, de luz potente. No hubo ninguna duda de que aquella cruz era obra de ángeles, por lo que unánimemente se tomó la decisión de ponerla en el centro del altar de la Iglesia del Salvador, para que de esta manera todos pudieran leer la siguiente inscripción:

Permanezca en honor de Dios esto, realizado con complacencia. Alfonso, humilde siervo de Dios, lo ofrenda. Cualquiera que presumiere llevarme fuera de donde mi buena voluntad la dedicó, perezca espontáneamente con el rayo divino. Esta obra se concluyó en la era DCCCVIII (año 808). Con este signo es protegido el piadoso. Con este signo es vencido el enemigo

Actualmente se encuentra en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador, en Oviedo, siendo blasón de la ciudad y figura central de su escudo.

lunes, 27 de mayo de 2013

EL GOL DE ZARRA

A principios del verano de 1950, en Brasil, se estaban celebrando los primeros Mundiales de Fútbol después de la Segunda Guerra Mundial y los segundos en que España participaba. Los compases iniciales del campeonato habían sido inciertos para los españoles ya que se tuvo que enfrentar de primeras a la correosa selección de Estados Unidos, aunque después tuvo un partido más placentero contra Chile, a los que ganamos de manera bastante holgada. Pero el verdadero encuentro, el que iba más allá de la deportividad y se adentraba en el peligroso juego de la política, es el que España iba a tener en los cuartos de final contra su gran enemigo histórico: Inglaterra. Quien ganara pasaría a cuartos de final.

Una fecha para no olvidar: 2 de Julio de 1950. Como por arte de magia las calles de España habían quedado vacías. Las radios del país echaban fuego. Aunque la primera parte fue bastante tranquila la tensión se plasmaba por momentos. Nadie se quería ir a su casa, y más de uno ya se había comido el sombrero. Y el milagro no se hizo esperar pues a los pocos minutos de empezar la segunda parte el mítico Gainza llegó a las proximidades del área inglesa y con la cabeza habilitó un gran pase a su compañero Telmo Zarraonandia Montoya, “Zarra”, que tras driblar de manera soberbia al portero Bert Williams metió el gol de la victoria Española. Lo curioso es que metió el gol con los pies, cuando Zarra era especialista en meterlos con la cabeza, pues incluso sus compañeros habían dicho de él que era la mejor cabeza después de la de Churchill. En un momento aquel jugador había pasado de ser un simple humano a convertirse en un auténtico héroe en su país. Cuando metió el gol sus amigos fueron al bar a buscar a su padre para comunicarle que su hijo había marcado el tanto de la victoria. Éste que estaba jugando a las cartas se giro lentamente y les dijo: ¿Ah, sí? Tiempo después Zarra diría que el pobre, su padre, no sabía ni lo que era un balón.

Y si hubo jubilo en el campo imagínense en las calles españolas pues más de uno se fue de fiesta acompañado todavía de la mítica voz de don Matías Prats que cantó el gol de una manera tan larga y apasionada que cuando volvió a España tuvo que repetirlo de nuevo pues volvió a tenerlo que grabar de nuevo en Radio Nacional los últimos minutos del encuentro que se habían perdido. Aquel grito del gol, de alegría contenida, ha quedado en los anales de la Historia de España.

Poco podían hacer las fuerzas del orden para reprimir las fiestas que se habían organizado espontáneamente. La calle rugía. Tal era el sentimiento de haber podido vencer al eterno “enemigo” que Armando Muñoz Calero, Presidente de la Federación Española de Fútbol, antiguo combatiente de la División Azul, no dudó en declarar a los medios de prensa que… ¡Hemos vencido a la pérfida Albión! Y aunque luego matizó y se disculpó por esas declaraciones hechas en momentos calientes, el gobierno de España no tardó en recibir una carta de protesta de la Embajada Inglesa.

De verdad que mal perder tienen estos británicos.

viernes, 24 de mayo de 2013

EN BOCA CERRADA

Uno de los rasgos físicos más llamativos de los Austrias es el desproporcionado prognatismo que tuvieron estos monarcas. Para quien no lo sepa el prognatismo consiste en una deformación o bien de la mandíbula inferior o de la superior con respecto al plano vertical de la cara. En el caso de los Austrias esta desviación era hereditaria destacando sobre todo en nuestro rey Carlos I. Al principio los españoles se sorprendieron de ver este rasgo y más cuando se dieron cuenta de que esta deformación le producía muchos momentos enojosos, sobre todo al comer ya que en la mayoría de las veces se le escapaba por la barbilla el dorado liquido de la cerveza o auténticos tasajos de carne que no masticaba bien.

La guardia personal del emperador igualmente se fijó en que  sus vasallos no paraban de mirarle cuando comía o hablaba, así que quedó tajantemente prohibido mencionar a nadie este problema. Pero hubo alguien que no debió entender muy bien estas ordenes pues en un momento en concreto, no se sabe si dándose cuenta, se las saltó a la torera. Ocurrió una vez que Carlos I estaba haciendo una visita al reino de Aragón e hizo parada en la ciudad de Calatayud. En un trono improvisado en el Ayuntamiento el monarca recibía los parabienes de los prohombres de la ciudad y de los alrededores, cuando un hidalgo aragonés, con toda naturalidad y buena voluntad, no se le ocurrió la mejor idea que poner una mano en el hombro del homenajeado y delante de todos decirle a la cara:

¡Señor, cerrad la boca, que las moscas de este reino son traviesas y no entienden de rango!

Las crónicas no especifican que pasó después pero les aseguro que a más de uno no le llegaría la gorguera al cuello.

jueves, 23 de mayo de 2013

EL ORIGEN DEL DNI

El origen de nuestro actual NIF, hay que buscarlo en la fundación de la Policía Nacional en 1824. Aquel año el rey Fernando VII encomendó a esta nueva fuerza del orden la creación de un padrón vecindario en el que constasen el nombre de la persona, sus ascendientes familiares, sexo, estado civil y profesión. Estas cédulas personales o cartas de seguridad no llevaban foto por lo que eran muy falsas y podían cambiarse entre distintas personas.

Después de la Guerra Civil los caminos de España se llenaron de gentes sin rumbo fijo ni identificación, y es por ello por lo que el 2 de Marzo de 1944 el gobierno franquista crea un nuevo documento de identificación nacional (DNI). En un principio este documento causó bastantes suspicacias pues muchas personas veían en él un intento de control y ciertas motivaciones políticas, por lo que coloquialmente se le conociera como “la papela”. Además el DNI nació con polémica ya que estos comenzaron a asignarse según el estatus económico del solicitante. Los de primera categoría fueron para los potentados y caciques. Los de segunda y tercera categoría para la clase media. Y los de cuarta clase fueron asignados a los denominados “pobres de solemnidad”, los cuales estaban libres de pagar las tasas al adquirir el DNI.

Franco se quedó con el número 1, aunque no lo pudo utilizar hasta 1951, mientras que su mujer Carmen Polo y su hija fueron el 2 y el 3. Los comprendidos entre el 4 y el 9 quedaron vacantes a la espera de los hijos y familiares que fueran llegando a la familia Franco. A la Casa Real les fueron dados los números del 10 al 99, siendo el rey el 10, la reina el 11, las infantas el 12 y 14, y el príncipe el numero 15. El 13 fue eliminado de la lista del DNI por superstición.

Las primeras ciudades que gozaron del DNI fueron Zaragoza y Valencia. El orden para otorgarlo fue el siguiente: primero los reclusos y personas en libertad vigilada para poder localizarlas en cualquier momento; después los varones de cada familia, y finalmente las mujeres. Hasta 1962 también se daban DNI a los extranjeros residentes, pero a partir de esta fecha solo se otorgaron a las personas con nacionalidad española

miércoles, 22 de mayo de 2013

GLADIADORES POR VOLUNTAD PROPIA

Siempre ha existido la leyenda urbana de que en su origen los gladiadores siempre habían sido condenados a trabajos forzados, esclavos vendidos por piratas a un comerciante de gladiadores o lanista, e igualmente esclavos vendidos por sus propios dueños que ya no podían sacarle más provecho. Pero, lo que poca gente sabe, es que además de todas estas personas también existieron hombres o libertos libres que quisieron ser luchadores en la arena buscando un medio rápido de conseguir dinero para aliviar sus maltrechas economías o aventureros que buscaban emociones fuertes.

Pero un hombre libre no podía presentarse en una escuela de gladiadores y coger el primer gladio que se le pusiera delante. Existían una serie de pasos esenciales para pasar a convertirse en gladiador. Primero  tenía que ir a un tribuno de la plebe e informarle de su caso. Éste le examinaba y si cumplía las condiciones necesarias, es decir que no careciese de salud, fuerza o fuera suficientemente mayor, se le expedía un contrato de alquiler y servicios (auctoramentum) para que ejerciera la gladiatura a la vez que concedía al lanita el derecho de vida y muerte sobre su persona. Aun así la concesión del permiso traía aparejado una serie de renuncias que el tribuno de la plebe enunciaba al candidato: en el futuro no podría ingresar en la clase ecuestre; si sobrevivía y decidía ir a los juegos como espectador no podía ocupar asientos importantes; e igualmente renunciaba, si estaba en un juicio, a tener a su servicio un defensor y si moría a una tumba digna.

Si el aspirante estaba de acuerdo con las cláusulas, delante del lanista, tenía que hacer el juramento de los gladiadores que decía lo siguiente:

 "uri, vinciri, verberari, ferroque necari"

O lo que es lo mismo, que luchará hasta el final aunque su muerte sea: ser quemado, atado, golpeado y muerto a hierro.

A diferencia de los condenados a muerte o esclavos que tenían que ser gladiadores hasta que fueran famosos y el lanista les entregara la espada de madera, o rudis, como símbolo de libertad, los que se alistaban por voluntad propia como hombres libres podían interrumpir su carrera cuando lo desearan. Solamente tenían que devolver al lanista el precio de su reclutamiento y las tasas del entrenamiento que hubiera recibido.

martes, 21 de mayo de 2013

EL MORADO REPUBLICANO

En cuanto se proclamó la Segunda República en 1931 comenzó a cambiarse un buen número de símbolos monárquicos por otros de carácter liberal. Todo lo que tuviera que ver con la realeza se eliminó del ámbito urbano, político y social. El cambio más significativo y trascendental tuvo que ver con la bandera española y en concreto con uno de sus colores. Se sustituyó la última franja roja por otra morada, que, incluso, la acercaba más a la bandera tricolor francesa, epítome de la libertad. Pero ¿por qué se cambió este color? Eligieron el morado ya que pensaban que era el color de la bandera de castilla que enarbolaban los comuneros en 1521 cuando lucharon contra los excesos del rey Carlos I de España y V de Alemania. Aun así, en realidad, se equivocaron al elegirlo porque el pendón de Castilla no era morado sino carmesí. Este error se debía a que desde el siglo XIX se extendió la idea entre los grupos liberales de que el color de los comuneros había sido el morado.

lunes, 20 de mayo de 2013

¡OJÚ, QUE "GRASIA" TIENE ROMA!

A través de la Historia de la Lengua Española sabemos que el latín no fue único e impermeable a la influencia de otras lenguas existentes en las zonas ocupadas de Hispania. Pues bien antes de la llegada de los romanos había muchas lenguas dependiendo del territorio y las razas que vivieran en ella, y una era la íbera que en la zona Bética tenía unas fuertes influencias de las lenguas tartésico-turdetanas. Es por ello que el latín de la Bética fuera muy peculiar y en algún caso hasta pudiera llevar a equívocos. Nos cuenta el historiador Espartiano una anécdota suya, (recogida siglos después por don Rafael Lapesa), diciéndonos que cuando una vez fue a Roma a declarar sus cuentas como cuestor, se puso delante de los magistrados a declamar un discurso para defender sus gestiones anuales. Espartiano creía que lo estaba haciendo de manera magistral, como lo había ensayado en casa, pero se fue dando cuenta de que los magistrados ponían caras raras y se miraban unos a otros con cara de asombro. Hasta que uno no lo pudo soportar más y se puso a reír a carcajada limpia, empujando con ello la hilaridad de los demás senadores, tanta que hasta algunos se cayeron de sus insignes asientos. Nuestro protagonista no daba crédito a lo que veía ¿qué estaba haciendo mal? Pero él imperturbable no cedió y siguió con su letanía, más alta que antes. Uno de los senadores, agarrándose la barriga se acercó como pudo a él y poniéndole una mano en el hombro le instó, entre lágrimas, que parara si no quería acabar con todos los allí presentes. Espartiano, ya furioso, preguntó que qué les pasaba, y el senador, ya sentándose de culo porque no podía soportar más las carcajadas le dijo que había soltado todo su discurso en el latín regional que se hablaba en las calles de la Bética. Según nos dice el lingüista Rafael Lapesa, éste sería el primer ejemplo documentado de la utilización del andaluz en la historia

viernes, 17 de mayo de 2013

LA MÓNSTRUA DE MADRID

Con este nombre tan humillante fue conocida Eugenia Martínez Vallejo (1674 - ?), oriunda de la villa de Barcena, en Burgos, hija de José Martínez Vallejo y Antonia de la Bodega Redonda. Según se sabe cuando nació era de “proporción natural” pero en cuanto pasaron los meses comenzó a engordar y crecer de manera desorbitada, tanto que cuando cumplió un año era tan robusta que parecía una niña de doce años (según nos dice las “Relaciones” de esa época) Cuando cumplió los seis años sus padres decidieron llevarla a la corte para que su majestad Carlos II la viera, y tan sorprendido quedó que inmediatamente ordenó, bajo consentimiento de sus progenitores, que la llevaran a unas dependencias especiales del Real Alcázar denominado como La Corte de los Bufones en donde existían otras personas con taras físicas y mentales que servían como contrapunto a las Meninas u otras personas importantes para que realzaran su belleza.

El rey estaba tan encantado con su nueva “adquisición” que solicitó a su pintor de corte Juan Carreño de Miranda que la retratase de dos formas distintas, vestida y desnuda. Hacia 1680 los cuadros quedaron terminados y fueron presentados a Carlos II con los infamantes títulos de La Mónstrua Desnuda y La Mónstrua Vestida. Hay muchos expertos en arte que incluso creen que estas pinturas sirvieron de inspiración a Goya para pintar La maja desnuda y La maja vestida.

Lo cierto es que ahora, gracias a los avances de la ciencia, sabemos que los problemas que sufría Eugenia Martínez Vallejo, y que tantos desventuras le acarrearon, era producida por una enfermedad cromosómica conocida como Sindrome de Prader-Willi-Labhart, que le acarreaba entre otras cosas un retraso en el desarrollo psicomotor y obesidad mórbida

jueves, 16 de mayo de 2013

LA MUERTE IGUALA A TODOS

Uno de las mayores tragedias de la humanidad se produjo en el siglo XIV y fue conocida como la Peste Negra. Originaria de la península de Crimea esta enfermedad, contagiada por las ratas a través del vacilo Yersin que portaban estos animales, recorrió medio mundo matando a cualquier persona, sin ninguna distinción, fueran estos plebeyos o reyes. En España fueron dos los monarcas que sucumbieron a esta terrible enfermedad. En Navarra en 1328 fue proclamada reina Juana II la cual se caso tiempo después con el rey de Francia Felipe de Evraux. Juana fue a vivir a los territorios de su marido pero fue alcanzada por el azote de la Peste en 1349 en la localidad francesa de Conflans.

Alfonso XI, héroe de la Batalla del Salado (1340), también sucumbió a la enfermedad mientras estaba en el Sitio de Gibraltar (1350) Rápidamente sus restos se trasladaron a Jerez de la Frontera y allí mismo embalsamado, retirándole sus intestinos que fueron alojados en el alcázar como una reliquia. Pero el monarca no alcanzó allí el descanso eterno pues primero fue llevado a Sevilla para posteriormente trasladarlo a Córdoba a la Real Colegiata de San Hipolito donde descansa por siempre al lado de su padre el también monarca Fernando IV el Emplazado

miércoles, 15 de mayo de 2013

LA HORA NACIONAL

No hace mucho tiempo la empresa de telecomunicaciones española Telefónica  ofrecía a sus clientes la posibilidad de saber la hora, e incluso de tener despertador, marcando el número 093. El avance de la tecnología y la competencia hizo que esta utilidad dejara de existir. Pero ¿y si les dijera que muchísimos años antes ya hubo un intento de imponer este servicio en España?  Pues bien ocurrió que nada más terminar la Guerra Civil en 1939 el periódico Arriba, anunció la puesta en marcha en Madrid de la Cronotelefonía Automática Nacional. Su inventor fue Bernardo L. Cienfuegos y consistía en un servicio telefónico de avisos que no solo te informaba de la hora sino que también servía para alabar al Caudillo. Por ejemplo si a las diez y media de la noche levantabas el auricular podrías oír lo siguiente:

Diez, y treinta ¡Arriba España!... Diez, treinta ¡Viva Franco!

Era un servicio tan politizado y surrealista  que incluso los gerifaltes nacionales viendo la poco practico que iba a ser este invento nunca dejaron que saliera a la luz.

martes, 14 de mayo de 2013

LUCHA DE CAMPANAS

Cuentan los historiadores musulmanes y cristianos, y en ello por una vez están de acuerdo, que Al Mansur, más conocido por Almanzor “El Victorioso” realizó entre el 978 y el 1001, 52 campañas contra sus enemigos, produciendo en aquellas tierras cristianas la sensación de que llegaba el temido Apocalipsis y de que se habían abierto de par en par las puertas del mismísimo Infierno. Pues bien, no contento con ello el general ismaelita ideó desde su centro de operaciones en Córdoba, una nueva campaña, tan arriesgada y directa que hasta ese momento ningún príncipe musulmán había osado hacer: la toma del santuario más importante de los reinos cristianos del Norte: Santiago de Compostela.

Así pues el tórrido verano de 997 después de varias victorias sucesivas Almanzor consiguió llegar hasta la ciudad y sin ningún miramiento, a sangre y fuego, asoló y quemó no solo las casas que encontraba sino también cualquier templo que se pusiera delante del filo de su espada. Pero, aunque parezca increíble, respeto el mayor tesoro de la ciudad: la tumba del apóstol Santiago. Después de varios días de saqueo y locura el victorioso general  decidió dar un golpe psicológico a la cristiandad, pues mandó llamar a uno de sus capitanes y le ordenó que le trajeran a varios prisioneros, a los que, sin miramientos, hizo cargar con las campanas del templo de Santiago y que las llevaran a pie hasta Córdoba en un verdadero viaje a la muerte. Pero como a veces el destino es caprichoso esta marcha no se hizo en una sola dirección, pues cuando Fernando III conquistó Córdoba en 1236 aplicó el mismo tratamiento a los prisioneros musulmanes a los que obligó a cargar de nuevo con las campanas y que las llevaran camino de Santiago.

lunes, 13 de mayo de 2013

EL PARCHE DE LA ÉBOLI

Desde su más tierna infancia Ana Mendoza de la Cerda (1540-1592) más conocida como la Princesa de Éboli, fue muy aficionada al mundo de los hombres, debido tal vez a que fue hija única de don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda quien siempre quiso tener un hijo varón. A Ana le encantaba la caza, sobre todo la cetrería, montar a jineta sobre un caballo y batirse en duelo. Y es de esta afición de donde le vino la pérdida de su ojo derecho. Un día en que su padre no estaba en el hogar le entraron ganas de ejercitarse, y no estando su progenitor ni su maestro de esgrima, rápidamente mandó llamar a un paje para que le sirviera de oponente. Pues bien, en cuanto lo tuvo delante ella arrancó con furia pero con la mala suerte de que tropezó con el dobladillo de su falda y cayó hacia delante golpeando justamente con su ojo la punta del florete del paje. Ello le supuso la perdida inmediata de ese ojo. Aun así, al revés de lo que todo el mundo pensó en un principio aquella tara supuso para ella una ventaja pues la volvió más enigmática e interesante. Incluso se sabe que le gustaba combinar el parche de su ojo con el color de su traje o colgar una perla en él.

En cambio existen otros historiadores que opinan que el uso del parche no se debía a un accidente con un florete o coz de caballo, sino que lo utilizaba por que era tuerta o estrábica. Sea una cosa u otra la utilización del parche no le restaba belleza sino al contrario la hizo más apetecible y misteriosa en el fascinante universo de la corte española.

viernes, 10 de mayo de 2013

LA ROMERÍA FRANQUISTA

Fueron conocidos como Los Peregrinos de Franco y actualmente siguen siendo uno de los capítulos más desconocidos de la Guerra Civil Española. Fueron una serie de viajes a la Meca fomentados y apadrinados por Franco para conseguir un número mayor de reclutamientos de tropas rifeñas esenciales para luchar en el bando nacional, y aunque en un principio la idea original partió del teniente coronel Luis Beigbeder, muy pronto el Caudillo la tomó como suya para elevar su popularidad entre aquellos soldados islamistas. El primer peregrinaje comenzó un 20 de Enero de 1937 y consistían en un viaje de ida hasta la Meca en el barco Domine (rebautizado con el nombre de Mogreb el Aksa), escoltado por los cruceros Canarias y Baleares hasta aguas italianas, para juntarse con peregrinos de otros países islámicos en dirección a Arabia, e igualmente un viaje de vuelta que incluía una visita a Nápoles, Sevilla, Córdoba y Granada.

Hasta que no volvieron a Ceuta el viernes 2 de Abril del mismo año aquellos peregrinos habían quedado en el olvido. Pero muy pronto la propaganda franquista retomó la primicia para registrar el día a día de aquellos moros que volvían a la Península y demostrar de este modo al mundo las bondades de aquel dictador que había fomentado aquel viaje por puro altruismo. Nada más alejado de la realidad, como se demostrará en el futuro. Franco, en vez de acudir al frente del Norte decidió acudir a Sevilla para recibir a los notables rifeños que habían recalado en Sevilla. Aunque en un principio solo eran 537 peregrinos se les unió otros 600 marroquíes en Ceuta que fueron recibidos con todos los honores en la Puerta del León del Alcázar. Aquello se convirtió en una auténtica fiesta. El alcalde de Sevilla, el marqués de Soto Hermoso, acompañado de Queipo de Llano concedió a Franco la llave de Oro de la ciudad entre vítores, bailes flamencos y aplausos de aquella mezcolanza de soldados nacionales y moros que curiosamente habían creado un frío vínculo entre nuevos aliados y antiguos enemigos.

Pasado aquel jolgorio inicial hay que constatar que durante la Guerra Civil hubo otras dos peregrinaciones más a la Meca: el 14 de Enero de 1938 con 796 peregrinos, y el último, registrado totalmente de principio a fin por un periodista, el 5 de Enero de 1939 con una lista total de 1009 viajeros, aunque con cambio de barco. Se artilló de nuevo el Domine y se utilizó para los viajes organizados otro barco requisado a las fuerzas republicanas, el Marqués de Comillas. A pesar de las promesas que Franco hizo a las tropas marroquíes, y a pesar de los cientos de soldados rifenos que cayeron en el frente, todo lo dicho cayó en el olvido como por ejemplo la continuación de las peregrinaciones a la Meca a costa del gobierno surgido tras el conflicto. La excusa para clausurar estos viajes fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la imposibilidad de Franco de salvarles de un posible final trágico en el mar.

Cuando fueron necesarios se les agasajó con viajes y fiestas continuas pero cuando todo se acabó, y el telón cayó en la tierra de la ingratitud, todas las promesas fueron olvidadas por aquél al que consideraban un benefactor del Islam.

jueves, 9 de mayo de 2013

EL PAPAMOSCAS

En la Catedral de Burgos, en uno de los ventanales de la nave central, hacia el primer tramo de los pies de la basílica, existe uno de los relojes más curiosos del mundo. Se trata del Papamoscas. Consiste en un autómata que asoma medio cuerpo deforme por encima de la esfera, vestido de encarnado y con aires de truhán, que todas las horas en punto mueve su brazo derecho, el cual porta una partitura, para accionar el badajo de la campana, al mismo tiempo que mueve la boca con una sonrisa diabólica. El actual Papamoscas no es el original sino una restauración del siglo XVIII, pues ya se sabe de su existencia en el siglo XVI e incluso en la Edad Media.

Pero el Papamoscas no esta solo en la Catedral, pues allá arriba, a su izquierda, en un balconcillo, aparece un ser pequeñito que moviendo sus dos manos marca los cuartos y las medias horas. Este compañero eterno se llama El Martinillo o Martinillos y es digno de ver con que gracia toca las campanas que le flanquean.

Pero ¿por qué se le llama Papamoscas? La tradición viene a decir que se le puso aquel nombre por cierto pajarillo que se llama de igual manera y que tiene la peculiar habilidad de mantener abierta la boca para que los insectos entren solitos a ella y después cerrarla para devorarlos a su gusto. En cambio otros opinan que este nombre tan extraño no es debido a la costumbre del autómata de abrir y cerrar la boca de continuo sino que la culpa hay que buscarla abajo, a los visitantes, que mirando hacia arriba se quedan extasiados viendo el ingenio con la boca abierta todo el rato hasta que acaba la función, con el peligro inherente de que le entren alguna que otra de las juguetonas moscas que pululan por el interior de la Catedral.

miércoles, 8 de mayo de 2013

EL RELLENO IMPERIAL AOVADO

El 11 de Marzo se 1526 se produjo en Sevilla el casamiento de Carlos I de España con Isabel de Portugal, ambos jóvenes y enamorados, en el Salón de Embajadores situado en el vergel de los Reales Alcázares de Sevilla. Allí entre alegrías y acuerdos políticos entrambos reinos hizo acto de presencia en el banquete nupcial de uno de los platos más curiosos y extravagantes que pueda haber  en cualquier boda. Se trata del denominado Relleno Imperial Aovado. Este plato tiene el sobrenombre de imperial debido a que era plato singular que se preparaba ex profeso para la coronación del Emperador del Sacro Imperio Germánico.

El origen y el creador de este plato son desconocidos pero gracias al pícaro Estebadillo González sabemos en que consiste. Atención a lo increíble de la composición: Se coge una almendra pequeñita y se mete dentro de una aceituna que previamente ha sido deshuesada. Después se mete en un huevo duro (de ahí viene lo de aovado), que se introduce en la parte trasera de un zorzal, el cual va estofado en el vientre de una perdiz, y luego ésta se mete en una gallina, y luego para completar el proceso aviar en un pavo. Después se coge el susodicho animal y lo metemos en un cordero, que se mete en un cerdo y que finalmente acaba en un buey. Todo ello se cose para que no se caigan, como diría el pícaro, “las cajas inglesas” (hoy rusas) y se sazona el exterior con gran cantidad de hierbas y salsas dándole apariencia de ser una sola pieza.

Como se verá toda una delicia de lo más ligera.

martes, 7 de mayo de 2013

EL GRAN AMOR DE MARÍA CRISTINA

Fernando VII tuvo en total 4 esposas. Buscando tener un hijo varón no dudó al final de su vida en casarse con su propia sobrina Maria Cristina (1806-1878) hija del rey de Nápoles, con la que tampoco engendró ningún hijo sino, al revés, dos hijas. De las dos, la mayor sería reina con el nombre de Isabel II. Pero tres años después en 1833 Fernando VII moría quedando Maria Cristina como regente de la corona, viuda y con dos hijas pequeñas a las que cuidar.

Aun así, el luto por el fallecimiento de su esposo no debió de durarle mucho (las penas con pan son menos penas) ya que tres meses después se casó en secreto con un guardia de Corps llamado Fernando Muñoz y Sánchez, duque de Riánsares, el cual era hijo de una estanquera de la ciudad conquense de Tarancón. Pero ¿por qué se hizo este matrimonio en secreto? La razón de este hecho hay que buscarlo en el testamento del anterior rey que estipulaba en una cláusula que si la reina regente, María Cristina, volvía a casarse sería despojada  de la regencia y de todos sus títulos.

Pero lo que la reina quería ocultar era para el común de todos los españoles era un secreto a voces. Un auténtico escándalo en ese momento. Era tanto el miedo que tenía a perder todo lo que tenía que hasta el final de la Primera Guerra Carlista tuvo que esconder cuatro veces sus embarazos. En total tuvo siete hijos con su nuevo esposo. Es sabido que María Cristina siempre tuvo más cariño a los hijos habidos con Fernando Muñoz que con Fernando VII, produciendo terribles faltas de afecto en sus dos primeras hijas, además del desconcierto que debieron de sentir al ver otros niños en palacio que decían que eran sus hermanos.

De esta turbulenta decisión no dudaron en sacar tajada algunas personas, como por ejemplo Espartero quien chantajeo a la reina regente diciéndole que si no le cedía la regencia desvelaría a todos el terrible secreto. Ante esto no tuvo más remedio que abdicar y ceder el poder al general. Aunque no sirvió de mucho pues tiempo después, a toro pasado, lo divulgaría. Te hice duque, pero no he logrado hacerte caballero, le reprocho después la soberana. Maria Cristina y su esposo, que en el exilio pasó a llamarse simplemente Señor Medina, emprendieron viaje a París, no volviendo a España hasta 1843, año en el que se produjo la caída de su enemigo.

Ya en el país, se volvieron a casar pero esta vez oficialmente. Para no caer en la bancarrota se dedicaron a hacer suculentos negocios en el sector ferroviario y la sal, los cuales les producirían pingues beneficios a la vez que el odio de gran parte de la población.

lunes, 6 de mayo de 2013

PLACER HISPÁNICO

En Roma, era normal encontrar un buen número de prostitutas en cualquier esquina de la ciudad de día o de noche, en cualquier barrio, sobre todo la Subura, agrupadas especialmente cerca de las termas o el Circo, e incluso a lo largo de las ventas o posadas de las vías romanas. Las había de todo tipo, jóvenes, delgadas, entradas en carnes, o viciosas amateur que solo lo hacían por el placer de probarlo. Pero sobre todas ellas reinaba una clase especial muy apreciada en las casas de los patricios más disolutos... se las conocía como las puellae gaditanae (las jóvenes gaditanas, es decir de Cádiz) Éstas eran auténticas maestras del amor y profesionales de los más recónditos secretos del placer. Solían trabajar en grupos, y eran contratadas a domicilio a través de un representante o proxeneta.

En la Roma imperial se hicieron imprescindibles en las fiestas más alocadas, aunque no eran bien vistas por los intelectuales y gente de orden a las que nunca invitaban por decoro. Marcial, por ejemplo, nos dice: “El dueño de la casa no te leerá ningún manoseado manuscrito ni bailarinas de la licenciosa Gades exhibirán ante tus ojos sus atractivas caderas en posturas tan libres como excitantes”. E incluso el jovial Juvenal también nos advierte que “Quizá esperes que alguna gaditana salga a provocarte con sus lascivas canciones, pero mi humilde casa no tolera ni se paga de semejantes frivolidades”.

A pesar de ser tan hermosas y famosas no sabemos mucho de ellas sino a través de fuentes indirectas, por ejemplo solo sabemos el nombre de una de ellas: Telethusa.
Se dice que sus canciones eran tan provocativas que hacían incluso sonrojar a las meretrices más promiscuas, y que sabían satisfacer cualquier deseo oculto de un hombre, aunque fuera totalmente prohibido y alocado.

viernes, 3 de mayo de 2013

¿QUIÉN ERA PICHICHI?

En 1952/53 el diario deportivo español Marca, y el extinto periódico Arriba, crearon el Trofeo Pichichi un premio para homenajear una vez al año al máximo goleador de la Primera División. Pero ¿quién se esconde detrás de tan peculiar mote? Su verdadero nombre era Rafael Moreno Aranzadi (1892 – 1922), bilbaino de nacimiento y, para más señas, sobrino de don Miguel de Unamuno. A los 11 once años sus amigos le pusieron el mote de Pichichi y desde entonces comenzó a demostrar al mundo sus grandes dotes de futbolista. Jugó en el Athletic Club de Bilbao y nada más pisar el césped de San Mamés asombró a todos por su gran capacidad goleadora. Ataviado con su mítico pañuelo en la cabeza, prenda que siempre lució, fue el autor del primer gol que se metió en La Catedral cuando se inauguró el 21 de Agosto de 1913. Su fama se hizo mundial y en las Olimpiadas de Amberes consiguió la medalla de plata junto con la selección española de fútbol. Cansado de meter goles a todos los equipos de la Liga se retiró en 1921 con 29 años para convertirse en árbitro. Pero esta nueva profesión le duró poco pues en 1922 murió de tifus debido a la ingesta de unas ostras en mal estado.

Pero su figura no fue olvidada y en 1926 el club bilbaino le erigió un busto en la Grada de Misericordia de San Mamés, obra del escultor Quintín de Torres Berástegui. Aunque a lo largo de las décadas ha variado de sitio, actualmente se encuentra en el palco presidencial, existiendo la costumbre de que los equipos contrarios que visiten el estadio bilbaino han de poner un ramo de flores a los pies de la figura de aquel delantero inmortal.

jueves, 2 de mayo de 2013

GABACHO

Según el Diccionario Etimológico de la lengua castellana de Corominas, la palabra gabacho es un término despectivo que se utiliza contra los franceses desde 1530. Parece que proviene del occitano gavach que viene a significar: montañés grosero, inculto, procedente de las zonas occitanas septentrionales y que habla mal la lengua del país. En cambio su sentido literal es bastante diferente pues gavach  simplemente significa buche de ave, termino que se utiliza en general para los habitantes de esta región pues es común la aparición del bocio entre ellos. Aun así, sea lo que sea que signifique esta palabra en España y sobre todo a partir de la Guerra de Independencia es el término que se utilizó para designar, o insultar, a todos los franceses.

TODOS LOS PERROS VAN AL CIELO

Esta historia demuestra que muchas veces un animal es más fiel que un ser humano. Su nombre era Canelo y su leyenda comienza a finales de los años 80 cuando su dueño tuvo que ir al Hospital Puerta del Mar a someterse a unas sesiones de diálisis. Siempre iban juntos, nadie nunca los vio por separado, y de esta manera, cómplices ambos en la amistad, llegaban a la puerta del Hospital. Su dueño le cogía de la cabeza y dándole un beso le decía: “Luego nos vemos”. Canelo para matar el rato se acurrucaba al lado de la puerta o daba algún paseo ladrando a los gatos o persiguiendo a los pajarillos. Alguna vez, mientras esperaba a su amigo, dejaba que los niños lo acariciaran o que le dieran alguna chuchería dando a cambio rabotazos en señal de agradecimiento.

Pero un día él no salio. Como siempre le había dicho que le esperaba, que luego volverían juntos a casa, como era habitual, pero algo debió complicarse allí dentro pues su dueño nunca salio. Había muerto mientras Canelo estaba acurrucado en la puerta soñando con grandes huesos y chuletones. Fueron pasando los días y el animal empezó a darse cuenta de que no era normal que su amigo tardara tanto. Poco a poco desapareció la alegría en su rostro pero en vez de desanimarse él siguió allí en la puerta del Hospital cual fiel guardián. Los empleados del lugar al igual que los viandantes pronto se dieron cuenta de la situación de Canelo y decidieron cuidarlo. Le llevaban comida, agua e incluso alguno quiso llevárselo a casa, pero él siempre volvía al mismo lugar. No siempre estaba mirando sentado mirando la puerta, sino que también daba algún trotecillo por los alrededores pensando que a lo mejor había salido por otro lado, pero siempre sin perder de vista la puerta principal.

Una vez el dueño de otro perro denunció a Canelo porque éste había intentado morderle en una pelea (cosa que dudo) y entonces la perrera quiso llevárselo para sacrificarlo. Para asombro de las autoridades todo Cádiz se levantó y se hicieron marchas por la ciudad para que quedara libre. Fue tal el clamor que al final Canelo fue indultado, volviendo rápidamente a su puesto de vigilancia a la espera de que su dueño volviera a salir y le premiara con la galletita que diariamente le daba en premio a su fidelidad. Pero tras doce años de espera, Canelo no pudo cumplir su sueño de lamer a su amigo pues en 2002, cuando estaba intentando pasar el paso de cebra que había frente al Hospital, fue atropellado por un coche. No solo Cádiz, sino toda España quedó compungida. En homenaje a su eterna fidelidad y cariño el ayuntamiento decidió en unanimidad poner su nombre a un callejón de la ciudad y una placa que reza lo siguiente:

A Canelo
Que durante 12 años esperó
en las puertas del hospital
a su amo fallecido.
El pueblo de Cádiz como homenaje
a su fidelidad.
Mayo de 2002



miércoles, 1 de mayo de 2013

BREVE HISTORIA DE AL-ÁNDALUS - Ana Martos


Cuando Salomón, sobre él sea la paz, estaba sentado en su trono, pasó una nube. Cuando ella le saludó, él le preguntó:

-¿De dónde vienes?.
-De una de las puertas del Paraíso, llamada al-Andalus y que está en el Extremo Occidente
-¿Y a dónde vas?
-A Abbadan, otra de las puertas del Paraíso.

Volvió a preguntar (Salomón):
¿Y en qué supera el lugar hacia el que te diriges al lugar del que vienes?
-¡Oh Profeta de Allah!, todo lo contrario. El lugar del que vengo es mejor que cualquier otro, como el cielo es superior a la tierra.

Junto con la cultura grecorromana, en mayor o menor grado, la influencia semítica aportada por las otras culturas, es decir la judía y árabe, es lo que ha creado en España la base de nuestra cultura occidental. Cada una de ellas ha ido dejando un poso de historia en nuestras venas y han hecho de nosotros lo que somos hoy en día. Queramos o no, el rítmico canto del almuecín, el olor de las especias del zoco, o el sesudo estudio científico en la madrasa son elementos todavía constatables en nuestro día a día. No podemos obviar una parte de nuestra historia por meros perjuicios actuales, sobre todo centrados en el denostado islamismo, tristemente desviado a tendencias de cerrazón yihaidistas: No hagáis violencia a los hombres a causa de la fe (sura II, 57); No disputéis con los judíos ni con los cristianos, sino en términos amistosos (sura XXIX, 45); Invítales a abrazar el Islam… y diles que adoramos al mismo Dios (sura XLII, 14). Desechemos esas ramas tendenciosas que afean esa gran cultura y tomemos de ella lo beneficioso y grande que hizo de Córdoba el foco de la sabiduría occidental y de Al-Ándalus la llama de la gloria medieval, en un momento en que solamente existían pequeñas hogueras en los recónditos monasterios cristianos.

Así pues una de las maneras más directas de conocer la cultura islámica es saber cómo vivían, cuáles fueron los grandes hitos que hubo en los ocho siglos que duró, y que legado dejó esta cultura en la Historia de España. Para ello tenemos cientos de ensayos sobre el tema, pero si me dejan recomendarle uno en concreto permítanme mostrarle el último trabajo de Ana Martos, Breve Historia de Al-Ándalus.  La autora, que seguramente conoceremos por excelentes ensayos como Pablo de Tarso, ¿apóstol o hereje?, Papisas y Teólogas, entre otros, y sobre todo por las maravillosas semblanzas históricas como Breve Historia de los sumerios, Breve Historia del condón y de los métodos anticonceptivos o Breve Historia de Atila, nos invita hacer un viaje a través de la epopeya del mundo andalusí desde su asentamiento en Hispania en el 711, a conocer su época de esplendor en los gobiernos omeyas y en su disgregación en los reinos Taifas, y a asistir al ocaso de su civilización durante los últimos años de la Reconquista, con una Granada que suspira por los jardines de la Alhambra, y con el triste epílogo final con la expulsión de los moriscos, en donde podremos ver como aquellos musulmanes de sabio corazón dejaron atrás el hogar de sus antepasados.



Desde luego Ana Martos nos invita a un paseo emocionante por una de los grandes hitos de la cultura oriental pero de una manera distinta a cómo se ha hecho normalmente en la historiografía actual. A diferencia de otros trabajos que nos muestra a los conquistadores ismaelitas como seres trasplantados desde Arabia y puestos por arte de la Mesa de Salomón en las mismas puertas de Tarifa, sino que al revés, nos enseña en amena introducción como se forjó en el siglo VII el pueblo árabe, allí en las ardientes arenas de la Meca y Medina. A través de sus primeros años el autor desvela como se forjaron sus ideas en el yunque de la religiosidad más practica y cómo evolucionaron hasta convertirse en el gran imperio que iba desde el Norte de África hasta el Indo. Y al igual que hace ya al narrarnos como fueron aquellos siglos de pervivencia islámica en España, lo adereza todo no solo con una erudición asequible a cualquier lector, sino que también lo sazona con una curiosa mezcla de sociohistoria, costumbres y leyendas que pervivieron en esos tiempos, haciendo que la lectura se viva de manera apasionante. Junto con las conquistas, los grandes nombres y las terribles decepciones, podemos saber qué cosas comercializaban en aquellos abarrotados zocos, cuáles eran las costumbres religiosas y progresos científicos en aquel mundo habitado por las Gentes del Libro, y sobre todo cuales eran los lazos de unión entre ellos, sabiendo que intercambios culturales y sociales beneficiaron a unos y perjudicaron a otros. Es por ello por lo que podemos anunciar que Breve Historia de Al-Ándalus se convierte desde su nacimiento en un compendio esencial para comprender en todas sus dimensiones cómo fue aquel mundo donde una sonrisa detrás de un brillo de seda podía comprar un imperio, o como un encendido verso del Corán llegaba a los corazones de cualquier buen musulmán que tocara con su frente el suelo de la mezquita y comprendiera a la vez la grandeza que atesoró aquella Tierra de Vándalos (Al-Ándalus), ejemplo y muestra de una civilización admirada en toda Europa. ¡Dios así lo quiso!


LA HERENCIA DE DON MENDO

Parece que el gran comediógrafo Don Pedro Muñoz Seca (1881-1936), autor de la inmortal obra La venganza de don Mendo, tenía la costumbre de desayunar todas las mañanas un café y tostada en el madrileño Café Levante mientras leía el ABC para informarse de cómo iba el mundo. Pero también todas las mañanas una anciana mendiga merodeaba las mesas del Café pidiendo algo de comer. Don Pedro, en vez de molestarse, al revés, como si fuera un hábito diario siempre le daba media tostada para que comiera ella y el periódico para que lo revendiera y así poder sacar algunas monedas para su triste prole.

Ocurrió que un día la anciana no apareció y eso extraño al comediógrafo. Preguntó por ella pero nadie supo darle razón de donde se había metido. Incluso se dice que le daba reparo comerse la tostada entera. Pues bien, fue pasando el tiempo y el local parece que se fue acostumbrado a la ausencia de la mujer, hasta que un día aparecieron por la puerta otras dos mendigas, igualmente ancianas, que en vez de pedir entre las mesas se fueron directamente a donde estaba la de Muñoz Seca. Una de ellas, sin sentirse intimidada, le dijo:

-Echará usted de menos a la anciana que venía todas las mañanas

Él se levantó rápidamente y dijo con preocupación:

-Sí es cierto, ¿está enferma?

-Pues… ha muerto, señor. Nosotras la hemos asistido y nos ha dejado su herencia.

¿Qué herencia? ¿Es que les tenía que dejar algo? –preguntó extrañado el escritor, que no sabía muy bien de que hablaban esas mujeres.

La que llevaba la voz cantante lo cogió del brazo, y señalándose primero a ella y luego a su compañera dijo finalmente:

-Sí, a mí la media tostada, y a mi amiga el ABC.