Si uno acude a
la localidad zamorana de Toro, y se le ocurre visitar su Colegiata no ha de
perderse uno de las obras de arte más antiguas que atesoran sus paredes: la
tabla titulada La Virgen de la Mosca.
En ella, además de fijarnos en el peculiar detalle del insecto que aparece en
el centro de la obra (y que por eso da nombre a la tabla) ha de poner sus ojos
en un personaje situado a la derecha. Se trata de una bella mujer, sentada con
un libro entre sus rodillas, y con bella corona, que destaca por su belleza y
mirada serena. Es nada más, ni nada menos que la reina Isabel de Castilla. Es
claramente un retrato idealizado del monarca, pero es que incluso en su época
se había convertido en tal mito que ya hasta sus coetáneos se hacían lenguas de
ella. Por ejemplo el cronista Andrés Bernáldez nos dice que: Fue mujer muy esforzada, muy poderosa,
prudentísima, sabia, honestísima, casta, devota, discreta, verdadera, clara,
sin engaño. Es decir toda una joya. Y es que aunque han pasado los siglos
la figura de Isabel de Castilla, posteriormente motejada con el título de La
Católica ha sido considerada como la mejor reina que ha tenido España desde
aquellos tiempos hasta el día de hoy, y se ha convertido desde entonces en
espejo de todas aquellas que han ocupado o han querido ocupar el regio trono
español. De ella se han escrito cientos de libros y se han filmado gran copia
de películas y series, y por eso es difícil conseguir un ejemplar que condense
de manera precisa toda la esencia de aquella monarca que un buen día de Enero
de 1492 entró a lomos de un caballo blanco en Granada, la ciudad que muchos
consideraban inconquistable. Tal es el halo de leyenda que la envuelve. Así
pues bien vale que le echen un vistazo al libro de Sandra Ferrer Valero, Breve Historia de Isabel La Católica,
editado por Nowtilus, para que se hagan una idea de la increíble gesta de
aquella mujer que en un principio no estaba destinada a ocupar el trono, pero
que gracias a su carisma y poder consiguió llevar a Castilla a su época de gran
esplendor.
Este ensayo abarca
toda la vida de Isabel desde su nacimiento en Madrigal de las Altas Torres (1451),
hasta su muerte en el Palacio Real de Medina del Campo en 1504, dejando un
estado fortalecido, centralizado e innovador con respecto a otros reinos de la
cristiandad. La autora nos habla de cómo Isabel era hija de Juan II de Castilla
y de su segunda esposa, Isabel de Portugal, y que por rebotes del destino,
sobre todo debido a la muerte de su hermano Alfonso, es cuando se convierte en
futura pretendiente al trono. En 1469, es proclamada de facto por su hermano
Enrique IV y esto provoca que se case en secreto con su primo hermano el príncipe
Fernando de Aragón. Aunque hasta que no pasan dos años no es confirmado este
casamiento a través de la Bula de Simancas decretada por el propio papa Sixto
IV. Pero lo que parecía una sucesión tranquila se convierte en un camino de
espinas nada más morir el monarca en 1474, pues se dio el caso de que algunos
nobles no reconocen a Isabel como reina sino a su sobrina Juana, más conocida
como la Beltraneja. La guerra civil está servida.
Durante cinco
años Castilla queda desolada por la guerra fratricida, hasta que en 1479 se
firma el Tratado de Alcaçovas en el que se pone fin a la guerra, y por un lado
se proclama a Isabel verdadera reina de Castilla y por otro obliga a Juana a
exiliarse a Portugal. Es en estos momentos cuando esta vieja piel de toro está
preparada para que Isabel y Fernando consigan modernizar y centralizar España
abandonando los pesares e intrigas de la Edad Media. Un nuevo mundo se abre
ante ellos: se remodela el gobierno; se crea la Santa Inquisición; desgraciadamente
se expulsa a los judíos; se culmina la conquista de Granada; e incluso se da el
visto bueno para que un marinero genovés, Cristóbal Colón, lleve la grandeza de
la nueva España a través del Atlántico.
La autora nos
habla de todas estas proezas e igualmente nos habla de cómo era la época, su
cultura, y sus gentes, y hasta nos concede la gracias de observar cómo era la
propia reina en su intimidad, su forma de ser, y su increíble visión de la
realidad de aquellos momentos y su plan de futuro para hacer a Castilla caput mundi. Tanto Fernando como ella
misma, y como era normal entonces, desean establecer una serie de alianzas con
distintos reinos europeos a través del casamiento de sus hijos, con el fin de
cercar al enemigo del momento: Francia. Pero lo que promete ser unos
casamientos regios de primer orden, se convierten en una auténtica maldición a
través de muertes, como la del primogénito Juan, o de enfermedades mentales
como la de la mítica Juana, que no harán otra cosa que ir minando la fortaleza
y salud de Isabel. Las desgracias familiares, al final de su vida, se ceban en
ella provocando que el 26 de Noviembre de 1504 la reina muera dejando al estado
en una verdadera zozobra política, con lo que ocasiona, igualmente de rebote,
que en un futuro una nueva monarquía entre en juego en la Península: Los
Austrias. Pero eso será otra historia de otra época de esplendor hispánico.