sábado, 22 de marzo de 2014

EL DESAHUCIO DE GÓNGORA



Una de las rivalidades más cultas que han existido en la literatura española se produjo en el siglo XVII de la mano de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, ambos representantes de dos maneras de concebir la poesía: el culteranismo contra cultismo. Este pique comenzó a fraguarse en 1600 cuando la Corte se encontraba en Valladolid. En aquellos días, un joven Quevedo, para darse a conocer y hacerse algo de publicidad, publicó una serie de ácidos versos ridiculizando al poeta cordobés. A partir de entonces, ambos escritores no pararon diariamente de insultarse, acusando uno al otro de ser de origen judío mientras que el otro le motejaba rápidamente de bujarrón. Por el momento estos roces no pasaban de ser meramente literarios, pero en 1625 Quevedo pasó a la acción no dudando en tomar medidas drásticas contra su competidor. Por ello en lo más duro del invierno de aquel año mandó a una patrulla de soldados para que lo desahuciaran.

¿Cómo fue posible esto? Pues muy sencillo. Parece ser que en aquellos años Quevedo había amasado una pequeña fortuna gracias a sus aventuras italianas, además de gozar de los favores de la Corte, siendo en esos momentos el poeta favorito de Felipe IV. Casualidades de la vida se entero de que su rival vivía en una casa propiedad suya desde 1617 situada en la calle del Niño, justamente en el castizo Barrio de las Letras. Pues bien, al revés que Quevedo, Góngora estaba pasando estrecheces económicas y había dejado una letra por pagar. Así pues, en cuanto supo del impago le denunció a las autoridades demandando que le echaran a la calle. Cosa que pasó al momento.

Quevedo incluso se personó en el mismo momento del desahucio y además de reírse en la cara del avejentado poeta cordobés, gritó a todo el mundo que tendría que desinfectar y desgongorizar la vivienda quemando unos versos de Garcilaso de la Vega a modo de exorcismo literario. Góngora, con 64 años, se encontró en la calle con una mano delante y otra detrás. Gravemente enfermo volvió a Córdoba muriendo en 1627 sintiéndose abandonado por todos.