En 1963 se estrenó la película La gran evasión, dirigida por John Sturges, en la que se cuenta la historia real de cómo 76 prisioneros americanos e ingleses consiguieron fugarse del Stalag Luft III, en la actual Polonia, en la noche del 24 al 25 de Marzo de 1944. El largometraje se convirtió en uno de los grandes clásicos del cine bélico, pero pocos sabían entonces que también hubo otra fuga parecida, en este caso, en Norteamérica aunque esta vez protagonizada por soldados alemanes. Y es que durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos hubo alrededor de 540 campos de prisioneros alemanes, repartidos por cinco Estados y que llegaron a albergar un total de 370.000 reos. En uno de ellos, el Papago Park (Phoenix, Arizona) a dos días de celebrarse la Navidad de 1944, 25 de estos prisioneros se fugaron con la intención de llegar a México y desde allí embarcarse hasta Alemania.
Los prisioneros alemanes, al igual que hicieron sus homólogos aliados en Europa, se prepararon a conciencia para poder escaparse y de esta manera asegurarse el éxito final. Comenzaron a excavar un túnel que les llevara más allá de los alambres de espino y para ello, de la misma manera que en la película, iban esparciendo la arena sobrante por las zonas de recreo del campo. También elaboraron documentos falsos, tiñeron sus ropas de betún para no ser detectados por la noche y así aprovechar la oscuridad del momento; robaron varios mapas de algunos coches oficiales; fabricaron brújulas e incluso consiguieron algunos dólares vendiendo parafernalia nazi a sus captores. Así pues aprovechando que había un punto ciego en el complejo fueron saliendo al exterior, reptando por una galería de 50 metros, en turnos de dos o tres prisioneros y de esta manera llegaron a fugarse un total de 25 de ellos que enseguida se pusieron camino de México.






