viernes, 1 de mayo de 2026

EL ARMA QUE MÁS ODIABA LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA


 

El uso de la ballesta ya era conocida en la antigüedad. Tiene su origen en los gastrafetes griegos, en los manuballistas y arcuballistas romanas e incluso  ya era conocidas en la antigua China, pero su uso se generalizó a partir del siglo XII convirtiéndose de hecho en una de las armas más decisivas en los campos de batalla europeos. Y aunque no tenía la misma cadencia de disparo que los arcos convencionales sus virotes impactaban con más fuerza en el enemigo, eran certeros y gracias a la inclusión de palancas se podían recargar con menos esfuerzo y ser utilizados por cualquier soldado inexperto y disparadas en cualquier posición, incluso estando tumbados. Aun así también existían mercenarios especializados en su uso como por ejemplo los famosos ballesteros genoveses los cuales eran muy apreciados por su destreza y habilidad en el combate.

En verdad el uso de los ballesteros en batalla era devastador y por eso empezaron a surgir protestas con respecto a su utilización pues ¿qué era eso de que un simple peón, inculto y sin preparación pudiera abatir a distancia a un aguerrido caballero y atravesar su brillante armadura? Es por ello que en el 1139 en el Segundo Concilio de Letrán, el Papa Inocencio II prohibiese el uso de la mortífera ballesta bajo pena de excomunión pues opinaba que era “un arma detestable para Dios e indigna para los cristiano”. Y he aquí el quiz de la cuestión, en la utilización de esa última palabra (cristiano) ya que esa pena de excomunión no se aplicaba si esa arma se utilizaba contra los infieles. Entonces, pelillos a la mar

Por cierto, uno de los complementos esenciales para cualquier ballestero era la utilización de un gran escudo protector llamado pavés. Éste surgió tras la batalla de Crecy  (1346) durante la Guerra de los Cien Años ya que los ballesteros genoveses se dieron cuenta de que se encontraban desprotegidos frente al enemigo. Se trataba de un escudo enorme, cuadrado, rectangular u oblongo, de madera endurecida, que le cubría todo el cuerpo y que muchas veces estaba decorado con símbolos religiosos o heráldicos. En batalla se colocaban en el suelo clavándolos con una pica que tenía en la base y si el terreno no lo permitía también se podía instalar gracias a un travesaño de metal o madera abatible pudiendo de esta manera guarecerse de cualquier ataque y seguir recargando y disparando sin ningún problema. También tenía unas correas que servían para transportarlo de un lugar a otro. Como una mochila. Se usaron bastante en batalla hasta que irrumpieron las armas de fuego aunque después también sirvieron en combates marítimos durante los siglos XVI y XVII.


 

miércoles, 29 de abril de 2026

BREVE HISTORIA DE LOS JUDÍOS EN ESPAÑA - Paloma Díaz-Mas

 

En los tiempos que vivimos, ya sea debido a los vaivenes políticos que recorren el mundo ya sea por el ansia cultural inherente que tenemos los seres humanos de conocer otras culturas, otras religiones u otras formas de vivir, el conocimiento acerca del pueblo judío pasa por un buen momento. Hay un boom de obras literarias –novelas y ensayos – que nos acercan a la gran odisea de  este pueblo a través de la Historia, y, parafraseando al Génesis: esto es bueno; aunque, viceversa, de la misma manera puede causar cierto respeto al lector novato ante la ingente cantidad de datos existentes. Así pues, para solucionar todo tipo de dudas iniciales y adentrarnos sin miedo en este campo es interesante saber que en el mercado editorial hay un libro que puede ayudarnos a conocer de forma entretenida y didáctica cuáles han sido los momentos estelares de este pueblo con respecto a nuestra historia patria. Es por ello que les invito a bucear en la obra de Paloma Díaz-Mas: Breve Historia de los judíos en España (Catarata, 2023).

Este ensayo viene, como muy bien dice la escritora, a llenar un pequeño vacío existente con el que conocer la historia del pueblo judío en España de manera sintética (Nota: con la palabra España se viene englobar el territorio de la Península Ibérica, no el Estado actual). Es decir que con este trabajo se ofrece un primer escalón, un acercamiento directo ya que esta autora ha reunido en un solo volumen multitud de información que se encuentra dispersa en cientos de libros acerca de la cultura judía en nuestro país. En verdad, un labor excelsa de compilación. En el Paloma Díaz-Mas comienza, obviamente, desde los orígenes de los primeros asentamientos judíos en la Península situándolos en el mismísimo Imperio Romano, aunque en verdad ya se tenía noticia de que podían haberlos habido en tiempos anteriores con las primeras colonizaciones de fenicios, griegos o cartagineses. Nos adentra en la Edad Media en donde podemos hallar al pueblo judío en los reinos árabes, sobre todo en los momentos de esplendor del Califato de Córdoba o en los peores momentos a la llegada de los almorávides y almohades que restringen su religión y por ello son perseguidos por lo que muchos de ellos optan, si siguen en la Península Ibérica por acudir a los reinos cristianos en donde igualmente son aceptados aunque de la misma manera hacia la Baja Edad Media son perseguidos en terribles pogromos (1391) hasta su expulsión definitiva en 1492. Tras esta injusta y terrible decisión, los judíos sefarditas comienzan su diáspora por Occidente –Portugal y Países Bajos- el Sur hacia los reinos del Magreb, en donde no son muy bien tratados y sobre todo hacia Oriente, hacia el Imperio Otomano, en donde nunca olvidaran el sueño de Sefarad y la tierra de sus ancestros.

lunes, 27 de abril de 2026

UN IMPERIO DE RISAS - Fernando Lillo Redonet

 

Más o menos hacia la mitad de la película Amadeus (Milos Forman, 1984), aparece una escena de lo más curiosa a la par que ilustrativa con respecto al asunto que nos traemos entre manos. Mozart es citado ante el emperador austriaco José II para que se defienda de las acusaciones que le acusan de querer llevar a la opera la polémica obra de Pierre-Agustin de Beaumarchais, Las bodas de Fígaro. En un momento de la conversación uno de los asistentes informa al músico que no están allí para evaluar el nivel de sus composiciones musicales sino discutir acerca de los temas apropiados que se han de llevar a la opera. Mozart, fuera de sí le contesta lo siguiente: “Quién de nosotros no prefiere oír antes a su peluquero que a Hércules, que a Horacio o a Morfeo, personajes tan encumbrados que casi cagan mármol”. Pues bien, este ejemplo que parece no tener nada que ver con el tema del que vamos a tratar a continuación, desde mi punto de vista es la mar de pertinente ya que en el deshago verbal de Mozart se encuentra la falsa idea que se tiene de la antigüedad en general y de Roma y su imperio en particular: la de gente seria, aburrida, con cara avinagrada, estoica a más no poder, todo el día desfilando y dando discursos infumables, o bien metidos en bañeras o termas y que al rato se ponen a gritar por las calles diciendo ¡Eureka, Eureka!. Pero en verdad la realidad está bastante más alejada de esas ideas preconcebidas sacadas de sesudos libros de texto y ensayos polvorientos. A los romanos en cambio les encantaba reír, hacer bromas a diestro y siniestro, ser bufones en las fiestas que organizaban y sacarles los colores a los hombres más preclaros del momento. Así pues les invito a algo diferente, adentrarse en una parte de la historia de Roma un poco alejada de la que siempre nos han enseñado, repletas de eternas listas de nombres y conquistas y sumergirse en el último libro de Fernando Lillo Redonet: Un imperio de risas, bromas y chistes en la antigua Roma (Editorial Rhemata, 2026). No se arrepentirán, se lo aseguro.

jueves, 23 de abril de 2026

LA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MUNDO - Miguel Ángel Santamarina

 

A 81 años del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) este conflicto sigue teniendo el triste título de ser el más destructivo y sangriento de la Historia de la humanidad. A diferencia de la Gran Guerra (1914-1918), ésta se extendió por todo el mundo, desde Europa hasta el Pacífico provocando que nadie pudiera escapar de esa locura. Murieron alrededor de unos sesenta millones de personas, con su consiguiente herencia de heridos y mutilados que se estimaron en unos 30 millones de seres humanos. La guerra ya no se circunscribía solo a los campos de batalla llenos de cicatrices hechas por las trincheras por las que correteaban los soldados como hormigas, sino que las ciudades también fueron objeto del terror bélico, desapareciendo muchas de ellas entre olas de fuego mortal provocado por los bombardeos. Y a eso se le ha de añadir la crueldad extrema nunca vista hasta entonces en los campos de concentración y exterminio, las torturas llevadas hasta el extremo y el réquiem final perpetrado por las bombas atómicas caídas en Japón. De todo esto nació una era atómica y un mundo dividido en dos bloques antagónicos soterrados por totalitarismos ocultos y despiadados. Tanto fue el impacto de esta contienda que todavía hoy en día, después de tantas décadas, sigue teniendo importancia y más en un mundo en el que empiezan a sentirse de nuevo un continuo deja vu de cómo empezó todo aquello a la vez que vuelven a alzarse las banderías por distintas partes del globo. Así pues, para recordar cómo fue aquella gran guerra civil mundial y los distintos hitos históricos que se produjeron entonces, quisiera recomendarles el libro Miguel Ángel Santamarina, La guerra que cambió el mundo (Ediciones B, 2025)

domingo, 19 de abril de 2026

¿QUÉ TIENEN QUE VER LAS PENSIONES CON LAS CIGÜEÑAS?

 

El que ahora tengamos pensiones para la jubilación se lo debemos a las cigüeñas, esas majestuosas aves, blancas y negras, que normalmente por la festividad de San Blas (3 de Febrero) suelen volver de su viaje migratorio y posarse en los nidos hechos en los tejados –sobre todo en los de las iglesias- en palos de la luz y actualmente en nidos artificiales construidos por el hombre. Pero remontándonos al campo histórico los romanos se dieron cuenta de que las cigüeñas jóvenes cuando ya se valían por sí mismas, en vez de largarse, se quedaban a cuidar a las  otras cigüeñas más mayores o que habían sufrido algún percance y se habían quedado impedidas. Como decía, los romanos al ver esto crearon la llamada Ley de la Cigüeña (lex ciconiaria pues cigüeña en latín es ciconia, -ae) en la que se promulgaba que los hijos debían cuidar de sus mayores y que si no lo hacían tendrían que enfrentarse a la justicia.

Ambientada en esta ley el primer sistema de pensiones  de jubilación se aplicaría en el ámbito militar, en concreto en los tiempos del emperador Augusto (27 a.C – 14 d.C). Se trataba del aerarium militare y le era concedida a los soldado que hubieran completado 25 años de servicio militar ingresándoles el equivalente a 12 años de paga (que muchos cambiaban por lotes de terreno) y que para los pretorianos era de unos 20.000 sestercios –más o menos- y a los soldados de 12.000. No es de extrañar que la palabra jubilación provenga de la palabra latina jubilare que viene a significar “gritar de alegría”, pues ya no tenían que jugarse la vida en cualquier campo de batalla. También hay que señalar que muchas ciudades se planificaron ex profeso como lugar de retiro de veteranos, como por ejemplo la ciudad de Mérida que fue una colonia fundada en el 25 d. C  para los soldados licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina al terminar las guerras cántabras. Una especie de Marina d’or de la época.

lunes, 13 de abril de 2026

LA GUERRA DE LAS DOS ROSAS - Dan Jones

 

<<Ahora, el invierno de nuestro descontento se torna verano con este sol de York>> (Ricardo III, William Shakespeare)

En general uno de los hitos más importantes y renombrados de la Edad Media es, sin duda alguna, la conocida como La Guerra de las Dos Rosas (1455 – 1485) debido, sobre todo, al  sobre dimensionamiento que se le ha dado no solo desde el punto de vista historiográfico o literario –quién no recuerda aquel grito shakesperiano de “¡mi reino por un caballo!”- sino que también, hoy en día, en el celuloide podemos ver desde la regia y oscura figura de sir Lawrence Olivier en Ricardo III hasta las alusiones ficticias de George R.R. Martin trufadas de dragones y Caminante Blancos campando a sus anchas en su laberíntico Juego de Tronos. Y no es para menos pues es un momento -que casi roza lo mítico-  en el que un reino cambia de corona hasta en cinco veces; en el que aparecen reyes codiciosos y leales; guerreros enfrentados unos contra otros en continuas batallas de sangre y hierro; o donde hay nobles que chaquetean continuamente de bando. Pero aquí la dificultad estriba en que en esta guerra civil no todo es blanco o negro –o rojo, en este caso- ni los buenos son tan buenos, ni los malos tampoco lo son tanto, y en la que, con tanta danza de testas coronadas, el lector profano puede liarse. Pero, que no cunda el pánico, nos congratulamos de contar ahora con la obra de Dan Jones, titulada La Guerra de las Dos Rosas (Ático de los Libros, 2025) en la que el autor, especialista en este periodo, nos mostrará paso a paso la caída de una de las familias más míticas de la Historia, Los Plantagenet, y el nacimiento de otra igualmente poderosa: Los Tudor.

jueves, 9 de abril de 2026

¿POR QUÉ A GROENLANDIA SE LA CONOCE COMO “TIERRA VERDE”?

 

El explorador, aventurero y comerciante noruego Erik el Rojo (950 -1003) debió de ser en su tiempo una persona de mucho cuidado ya que fue acusado de haber asesinado a varias personas en su tierra natal y por eso, junto con su familia, tuvo que huir a Islandia, pero, cosas del destino, tuvo la mala suerte de que allí también fue acusado del mismo delito y a ojos de la ley eso le convertía en un proscrito  por lo que en el 982  tuvo que exiliarse a una isla cercana y e inhóspita durante tres años. Pasado ese tiempo Erik volvió a Islandia con una idea bastante clara: la de convencer a sus compatriotas de que fundaran allí una colonia, donde él había estado. No se sabe muy bien la técnica de marketing que utilizó pero pudo convencer a los habitantes de Islandia, “Tierra de hielo”, de que había encontrado una tierra abundante y muy fértil donde podían llegar a ser felices. Y la bautizó como Grönland, “Tierra verde”, que con el tiempo llegaría a ser conocida como Groenlandia. Así pues en el 985 fundó en el Sureste de la isla dos comunidades islandesas quienes no solo erigieron granjas y roturaron los campos sino que también consiguieron minerales y materiales como pieles de oso polar y marfil extraído de los colmillos de las morsas o los narvales con los que pudieron comerciar con otros pueblos esquimales del norte de la isla a los que llamaron skraelingjar que significa o bien “los que gritan” o “los que llevan pieles”. Por tanto a Erik el Rojo lo podemos considerar, además de por sus títulos anteriores, como uno de los grandes publicistas de la Historia, ya que consiguió vender el eslogan a los hambrientos islandeses de que existía una tierra en la que, prácticamente, manaba leche y miel, cuando en realidad solo una parte de Groenlandia es verde y el resto está compuesta de hielo y nieve. Aun así, a través de este engaño consiguió crear el primer asentamiento islandés  recogido en los registros históricos. Todo un merito, la verdad.