Cesar y Cleopatra de Jean-Léon Gérôme (1866)
Julio César,
tras su victoria en la batalla de Farsalia (48 a. C) arribó a las costas
alejandrinas con la intención, por un lado, de reclamar el cuerpo de su mortal
enemigo, Cneo Pompeyo Magno, a la vez que mediar en la disputa que en esos
momentos sostenía Cleopatra VII con su hermano Ptolomeo XIII. Aquel verano fue
de lo más intenso y justamente en esos momentos nació una de las leyendas más
conocidas de la Historia, la que nos muestra como Cleopatra, reina de Egipto a
la vez que encarnación de la diosa Isis,
se presentaba de improviso ante el victorioso César enrollada en una
alfombra que portaba su fiel Apolodoro. La escena es de lo más famosa y así ha
quedado marcada en el imaginario popular, pero en honor a la verdad tiene visos
de ser falsa debido, por un lado, a una mala traducción hecha siglos después y
por otro lado a cómo este peculiar encuentro se ha reflejado en el universo
cinematográfico.
El historiador y
filósofo Plutarco en sus Vidas Paralelas,
con respecto a esta mítica performance,
narra lo siguiente:
<<Ésta, tomando consigo a uno de sus amigos, el siciliano
Apolodoro, subió a una pequeña embarcación y abordó el palacio real cuando
reinaba ya la oscuridad; como no había otro modo de pasar desapercibida, se
metió en un fardo de mantas cuan
larga era, y Apolodoro, atando el fardo
con una correa, la introdujo a presencia de César, quien se quedó prendado de
Cleopatra gracia a esta su primera artimaña, encontrándola descarada, y que
después, cautivado por su conversación y su gracia, la reconcilió con su
hermano a fin de que compartiera el reino con él.>>
Hasta aquí todo
parece correcto pero el quiz de la cuestión es la utilización de las palabras
“fardo de mantas”. Nuestro escritor utiliza la palabra griega estromatodesmos que viene a significar
“ropa de cama” o “manta”, y si precisamos aún más designaría a un saco de lino
en el que se metía dicha ropa que se ataba posteriormente. Pero en el siglo
XVIII los hermanos John y William Langhorne hicieron una nueva traducción de
las Vidas Paralelas de Plutarco y en
este caso sustituyeron las palabras “fardo de mantas” por “alfombra”. Este
cambio semántico puede parecer raro e inocuo pero en aquellos años esta palabra
en inglés hacía referencia a un tejido fino que cubrir las camas o mesas. Luego
ya en el siglo XIX la palabra “alfombra” acabó significando lo que hoy en día entendemos
como tejido que se pone en el suelo y se enrolla cuando no se usa.
Además, a esto
hay que añadir que el cine a lo largo del siglo XX, influenciado por esta mala
traducción y las plasmaciones pictóricas que se habían realizado con
posterioridad, también incluyó esta falsa anécdota en películas como Cleopatra (1934), interpretada por
Claudette Colbert, o la impresionante y costosísima Cleopatra (1963) igualmente inmortalizada por Elizabeth Taylor. Así
pues, debido a una mala traducción y a las imágenes que el celuloide nos ha ido
mostrando, la leyenda de la alfombra ha quedado asociada al primer encuentro
entre César y Cleopatra y consolidada a machaca martillo en el imaginario
popular aunque sea falsa y nunca se produjera de esa manera.