martes, 12 de mayo de 2026

MODA Y POLÍTICA - Ana Velasco Molpeceres

 

“Ese azul representa millones de dólares, y muchos puestos de trabajo, y resulta cómico que creas que elegiste algo que te exime de la industria de la moda cuando, de hecho, llevas un jersey que fue seleccionado para ti por personas como nosotros, entre un montón de cosas”. Miranda Priestly en El diablo viste de Prada (2006)

Está ahí delante y no lo vemos, o no queremos verlo. Si acaso pensamos que es algo trivial, superficial y si además es caro, lo desterramos en nuestro imaginario como algo exclusivo de clases altas adineradas o snobs pedantes de última ola. El común puede pensar que la moda es algo anodino, algo destinado al campo cerrado de los modistos y modistas de renombre, el pret a porter destinado a las masas o los espectaculares desfiles que se planifican en lugares tan significados como París, Venecia o Madrid entre otros y que no va más allá del paseillo de turno. Y es una pena porque la moda no es solo ese circuito cerrado de impresiones lejanas y desconocidas sino que este arte –la moda lo es-  ha estado presente a lo largo de la Historia de la Humanidad dictando, a menudo, su configuración social, política y económica, ordenando imperios, coronando reyes y haciendo ganar elecciones a presidentes, y que muchas veces ya sea  por ignorancia o por triste desprecio no nos damos cuenta. Para ello, para que vayamos un poquito más allá de los estereotipos que nos han querido inculcar y nos haga profundizar más en este maridaje entre la moda y el poder quisiera sacar a la palestra el último trabajo de la licenciada en periodismo, historiadora del Arte y Geografía y especialista en moda Ana Velasco Molpeceres y, en concreto, su nuevo libro Moda y política, las apariencias del poder, publicado este año por Los Libros de la Catarata.

sábado, 9 de mayo de 2026

OPERACIONES ESPECIALES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL - Manuel J. Prieto


 

Las imágenes que salen en las fotos o en las ingentes cantidades de metros y metros de películas y documentales acerca de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) nos hace ver que ésta ha sido la contienda más icónica del siglo XX, más incluso que el infierno de las trincheras ocurrido unos  años antes. Las más llamativas de todas estas imágenes son sin duda alguna las que nos muestran grandes batallas con cientos de miles de soldados matándose entre sí, o donde aparecen gigantescos desembarcos anfibios lanzados a la desesperada con el único fin de liberar un continente, o las tristes y terribles imágenes de genocidios que a uno le revuelven las tripas. Podríamos decir que éste es el primer plano de una guerra que se llevó por delante a unos 80 millones de personas en todo el globo pero si agudizamos la vista y ponemos la lupa en esas fotografías o fotogramas podremos ver por detrás, quizás un tanto desvaídos, a unos cuantos soldados sucios y cansados, no por haber luchado en ese momento preciso de la victoria o la derrota sino un poco antes, preparándolo todo para que otros pudieran sobrevivir. Se podría decir que actuaron en una guerra paralela, en el anonimato, muchas veces ocultos y auspiciados en la oscuridad, en pequeñas unidades y con el fin último de conseguir el triunfo final. Y aunque el cine, sobre todo clásico, nos haya deleitado con películas acerca de estos comandos, y nos haya mostrado sus acciones como hechos cuasi novelescos hay que añadir que, al contrario, esos golpes fueron planificados al milímetro y aquellas unidades que participaron en ellas fueron auténticos héroes en sus respectivos ejércitos ya pertenecieran a los aliados o al Eje. Así que para conocer mejor aquellas acciones arriesgadas que tuvieron una gran repercusión para la consecución de  la –llamémosla- gran guerra les recomiendo el excelente ensayo de Manuel J. Prieto: Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial (La Esfera de los Libros, 2016) con el que se deleitarán conociendo los arriesgados golpes de mano que hicieron inclinarse la balanza o bien hacía un bando u otro.

lunes, 4 de mayo de 2026

EL REY QUE HABLABA DEMASIADO

 

El monarca Jorge III de la Casa de Hannover (1738 – 1820) ha pasado a la Historia con el apelativo del Rey Loco, y los periodos en los que sufría esos episodios de demencia se han conocido como “las locuras del Rey Jorge”. Las razones de la enfermedad mental de este monarca son variadas pues unos opinan que sufría un trastorno bipolar, que había sido envenenado con arsénico lo que provocaba sus continuos brotes psicóticos, e incluso hay algunos médicos expertos en la materia que creen que tal vez es un claro caso de porfiria. Es decir, que el motivo de sus trastornos no están claros, pero lo que sí ha pasado a la posteridad son una buena ristra de curiosidades entorno a su vida diaria. Por ejemplo era normal que de la noche a la mañana se pusiera a hablar de continuo, emitiendo palabras sin sentido y castigando de esta manera a los cortesanos más cercanos los cuales tenían que sentarse a su lado y simular que estaban muy interesados en lo que decía. Una vez su cháchara duró hasta ¡58 horas seguidas! Después entró en coma (me imagino que de cansancio) De igual manera a veces mantenía conversaciones cordiales con un castaño que había en su jardín pensando que era el rey de Prusia, e incluso hubo un periodo de tiempo –años-  que le dio por terminar sus frases con la coletilla: “pavo real”.

Pero el rey que convirtió a su país en una potencia marítima, derrotó a Napoleón en los campos de batalla europeos, anexionó Canadá e Irlanda a la corona inglesa y perdió sus colonias americanas en la Guerra de Independencia (1776), también mostraba otros rasgos de enfermedad mental además de una locuacidad extrema. Por ejemplo le gustaba hacer desfilar –bajo su atenta mirada-  a patitos por los parques de la mansión real, y si alguno se atrevía a salirse de la fila lo agarraba por el  pescuezo, lo introducía en agua y lo asfixiaba. Y no contento con ello se lo mostraba a los demás patos como ejemplo de lo que les pasaría si se atrevían a desafiar a su autoridad. También le gustaba hacerse pasar por muerto y oficiar su propio luto (en eso se parecía a nuestro rey Felipe V de Anjou) y se mondaba de risa cuando cabalgaba y su caballo se ponía a orinar. El sonido del abundante liquido cayendo en la hierba hacía que se mondara de la risa y se cayera de su caballo el cual, seguramente, le miraría pensando que qué le pasaba a su jinete, e incluso le gustaba correr desnudo o en camisón por el campo con la única misión de cazar lindas mariposas. Murió en 1820, a los 81 años de edad, ciego y sordo, y fue enterrado en la capilla de San Jorge, en Windsor. Como nota fílmica final indicar que en 1994 se hizo una película acerca de este monarca titulada La locura del rey Jorge, dirigida por Nicholas Hytner, que acabó llevándose un Oscar a la mejor dirección artística. Se la recomiendo.


viernes, 1 de mayo de 2026

EL ARMA QUE MÁS ODIABA LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA


 

El uso de la ballesta ya era conocida en la antigüedad. Tiene su origen en los gastrafetes griegos, en los manuballistas y arcuballistas romanas e incluso  ya era conocidas en la antigua China, pero su uso se generalizó a partir del siglo XII convirtiéndose de hecho en una de las armas más decisivas en los campos de batalla europeos. Y aunque no tenía la misma cadencia de disparo que los arcos convencionales sus virotes impactaban con más fuerza en el enemigo, eran certeros y gracias a la inclusión de palancas se podían recargar con menos esfuerzo y ser utilizados por cualquier soldado inexperto y disparadas en cualquier posición, incluso estando tumbados. Aun así también existían mercenarios especializados en su uso como por ejemplo los famosos ballesteros genoveses los cuales eran muy apreciados por su destreza y habilidad en el combate.

En verdad el uso de los ballesteros en batalla era devastador y por eso empezaron a surgir protestas con respecto a su utilización pues ¿qué era eso de que un simple peón, inculto y sin preparación pudiera abatir a distancia a un aguerrido caballero y atravesar su brillante armadura? Es por ello que en el 1139 en el Segundo Concilio de Letrán, el Papa Inocencio II prohibiese el uso de la mortífera ballesta bajo pena de excomunión pues opinaba que era “un arma detestable para Dios e indigna para los cristiano”. Y he aquí el quiz de la cuestión, en la utilización de esa última palabra (cristiano) ya que esa pena de excomunión no se aplicaba si esa arma se utilizaba contra los infieles. Entonces, pelillos a la mar

Por cierto, uno de los complementos esenciales para cualquier ballestero era la utilización de un gran escudo protector llamado pavés. Éste surgió tras la batalla de Crecy  (1346) durante la Guerra de los Cien Años ya que los ballesteros genoveses se dieron cuenta de que se encontraban desprotegidos frente al enemigo. Se trataba de un escudo enorme, cuadrado, rectangular u oblongo, de madera endurecida, que le cubría todo el cuerpo y que muchas veces estaba decorado con símbolos religiosos o heráldicos. En batalla se colocaban en el suelo clavándolos con una pica que tenía en la base y si el terreno no lo permitía también se podía instalar gracias a un travesaño de metal o madera abatible pudiendo de esta manera guarecerse de cualquier ataque y seguir recargando y disparando sin ningún problema. También tenía unas correas que servían para transportarlo de un lugar a otro. Como una mochila. Se usaron bastante en batalla hasta que irrumpieron las armas de fuego aunque después también sirvieron en combates marítimos durante los siglos XVI y XVII.


 

miércoles, 29 de abril de 2026

BREVE HISTORIA DE LOS JUDÍOS EN ESPAÑA - Paloma Díaz-Mas

 

En los tiempos que vivimos, ya sea debido a los vaivenes políticos que recorren el mundo ya sea por el ansia cultural inherente que tenemos los seres humanos de conocer otras culturas, otras religiones u otras formas de vivir, el conocimiento acerca del pueblo judío pasa por un buen momento. Hay un boom de obras literarias –novelas y ensayos – que nos acercan a la gran odisea de  este pueblo a través de la Historia, y, parafraseando al Génesis: esto es bueno; aunque, viceversa, de la misma manera puede causar cierto respeto al lector novato ante la ingente cantidad de datos existentes. Así pues, para solucionar todo tipo de dudas iniciales y adentrarnos sin miedo en este campo es interesante saber que en el mercado editorial hay un libro que puede ayudarnos a conocer de forma entretenida y didáctica cuáles han sido los momentos estelares de este pueblo con respecto a nuestra historia patria. Es por ello que les invito a bucear en la obra de Paloma Díaz-Mas: Breve Historia de los judíos en España (Catarata, 2023).

Este ensayo viene, como muy bien dice la escritora, a llenar un pequeño vacío existente con el que conocer la historia del pueblo judío en España de manera sintética (Nota: con la palabra España se viene englobar el territorio de la Península Ibérica, no el Estado actual). Es decir que con este trabajo se ofrece un primer escalón, un acercamiento directo ya que esta autora ha reunido en un solo volumen multitud de información que se encuentra dispersa en cientos de libros acerca de la cultura judía en nuestro país. En verdad, un labor excelsa de compilación. En el Paloma Díaz-Mas comienza, obviamente, desde los orígenes de los primeros asentamientos judíos en la Península situándolos en el mismísimo Imperio Romano, aunque en verdad ya se tenía noticia de que podían haberlos habido en tiempos anteriores con las primeras colonizaciones de fenicios, griegos o cartagineses. Nos adentra en la Edad Media en donde podemos hallar al pueblo judío en los reinos árabes, sobre todo en los momentos de esplendor del Califato de Córdoba o en los peores momentos a la llegada de los almorávides y almohades que restringen su religión y por ello son perseguidos por lo que muchos de ellos optan, si siguen en la Península Ibérica por acudir a los reinos cristianos en donde igualmente son aceptados aunque de la misma manera hacia la Baja Edad Media son perseguidos en terribles pogromos (1391) hasta su expulsión definitiva en 1492. Tras esta injusta y terrible decisión, los judíos sefarditas comienzan su diáspora por Occidente –Portugal y Países Bajos- el Sur hacia los reinos del Magreb, en donde no son muy bien tratados y sobre todo hacia Oriente, hacia el Imperio Otomano, en donde nunca olvidaran el sueño de Sefarad y la tierra de sus ancestros.

lunes, 27 de abril de 2026

UN IMPERIO DE RISAS - Fernando Lillo Redonet

 

Más o menos hacia la mitad de la película Amadeus (Milos Forman, 1984), aparece una escena de lo más curiosa a la par que ilustrativa con respecto al asunto que nos traemos entre manos. Mozart es citado ante el emperador austriaco José II para que se defienda de las acusaciones que le acusan de querer llevar a la opera la polémica obra de Pierre-Agustin de Beaumarchais, Las bodas de Fígaro. En un momento de la conversación uno de los asistentes informa al músico que no están allí para evaluar el nivel de sus composiciones musicales sino discutir acerca de los temas apropiados que se han de llevar a la opera. Mozart, fuera de sí le contesta lo siguiente: “Quién de nosotros no prefiere oír antes a su peluquero que a Hércules, que a Horacio o a Morfeo, personajes tan encumbrados que casi cagan mármol”. Pues bien, este ejemplo que parece no tener nada que ver con el tema del que vamos a tratar a continuación, desde mi punto de vista es la mar de pertinente ya que en el deshago verbal de Mozart se encuentra la falsa idea que se tiene de la antigüedad en general y de Roma y su imperio en particular: la de gente seria, aburrida, con cara avinagrada, estoica a más no poder, todo el día desfilando y dando discursos infumables, o bien metidos en bañeras o termas y que al rato se ponen a gritar por las calles diciendo ¡Eureka, Eureka!. Pero en verdad la realidad está bastante más alejada de esas ideas preconcebidas sacadas de sesudos libros de texto y ensayos polvorientos. A los romanos en cambio les encantaba reír, hacer bromas a diestro y siniestro, ser bufones en las fiestas que organizaban y sacarles los colores a los hombres más preclaros del momento. Así pues les invito a algo diferente, adentrarse en una parte de la historia de Roma un poco alejada de la que siempre nos han enseñado, repletas de eternas listas de nombres y conquistas y sumergirse en el último libro de Fernando Lillo Redonet: Un imperio de risas, bromas y chistes en la antigua Roma (Editorial Rhemata, 2026). No se arrepentirán, se lo aseguro.

jueves, 23 de abril de 2026

LA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MUNDO - Miguel Ángel Santamarina

 

A 81 años del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) este conflicto sigue teniendo el triste título de ser el más destructivo y sangriento de la Historia de la humanidad. A diferencia de la Gran Guerra (1914-1918), ésta se extendió por todo el mundo, desde Europa hasta el Pacífico provocando que nadie pudiera escapar de esa locura. Murieron alrededor de unos sesenta millones de personas, con su consiguiente herencia de heridos y mutilados que se estimaron en unos 30 millones de seres humanos. La guerra ya no se circunscribía solo a los campos de batalla llenos de cicatrices hechas por las trincheras por las que correteaban los soldados como hormigas, sino que las ciudades también fueron objeto del terror bélico, desapareciendo muchas de ellas entre olas de fuego mortal provocado por los bombardeos. Y a eso se le ha de añadir la crueldad extrema nunca vista hasta entonces en los campos de concentración y exterminio, las torturas llevadas hasta el extremo y el réquiem final perpetrado por las bombas atómicas caídas en Japón. De todo esto nació una era atómica y un mundo dividido en dos bloques antagónicos soterrados por totalitarismos ocultos y despiadados. Tanto fue el impacto de esta contienda que todavía hoy en día, después de tantas décadas, sigue teniendo importancia y más en un mundo en el que empiezan a sentirse de nuevo un continuo deja vu de cómo empezó todo aquello a la vez que vuelven a alzarse las banderías por distintas partes del globo. Así pues, para recordar cómo fue aquella gran guerra civil mundial y los distintos hitos históricos que se produjeron entonces, quisiera recomendarles el libro Miguel Ángel Santamarina, La guerra que cambió el mundo (Ediciones B, 2025)