«Árboles lloran por las lluvias y montañas por los aires, así lloran mis ojos por ti, querida amante. En tierras ajenas yo me voy a morir, frente a mí hay un anhelo que con sus ojos me mira; llorar quiero y no puedo, mi corazón suspira. Vuelvo y digo: ¿Qué va a ser de mí? En tierras ajenas yo me voy a morir» (Canción Sefardí)
Se les conoce como Sefardíes, judíos venidos y exiliados de Sefarad (palabra derivada del hebreo con el se conoce España) y guardan como oro en paño un pequeño artilugio más importante que su vida. No son joyas, manuscritos ajados o alguna sagrada mezuzá... se trata solamente de una llave. ¿Qué tiene ésta de especial? Es solamente un adminículo pero para ellos representa más que eso, pues es un recuerdo de aquellas casas que tuvieron que abandonar hace más de quinientos años en una de las deportaciones más tristes que ha vivido la Historia. Esas llaves las conservan como auténticas reliquias pasando de generación en generación como recordatorio de un tiempo en el que vivieron en el hogar de sus ancestros. Los judíos expulsados en 1492 creyeron que algún día regresarían, que antes o después volverían a meter esas llaves por la ranura de la puerta y todo quedaría en un mal sueño. Uno más de todas las pesadillas que habían vivido durante siglos... pero esta vez no fue así, esperando siglo tras siglo que acabara la infausta diáspora. Se les conoce como Sefardíes, y podemos decir que son uno de los nuestros.






