Sin lugar a dudas Odiseo o Ulises, como les guste llamar al hijo de Anticlea y Laertes, rey de Ítaca, es el héroe de la literatura griega arcaica más humano que existe y que se ha tomado como copia de cientos de héroes posteriores de literaturas ulteriores. Mientras que los guerreros que aparecen en la Ilíada parecen hechos de una sola pieza, sin resquemores ni dudas, en cambio Odiseo, fecundo en ardides, no solo es el más humano ya que no solo tiene miedo de morir sino que también engaña para sobrevivir y desafía a los mismos dioses y engendros mitológicos que se topan con él en su regreso a los brazos de su amada Penélope que no para de hilar y deshilar el mismo tapiz una y otra vez para engañar a los pretendientes que se comen su comida y toman a sus sirvientas pensando que éste se halla muerto en alguna isla de locura. La Odisea es el libro de aventuras por excelencia y de él se han escrito multitud de estudios y novelas y se han rodado otras tantas películas que toman como referencia las desventuras de aquél que lo único que quiere es dejar la guerra atrás y volver a besar a su esposa. Así pues, ahora, nos encontramos de nuevo con otro libro, en este caso una novela histórico-mitológica, que en un principio nos vuelve a contar lo mismo pero desde una óptica un poco distinta, más bien complementaria, en la que el autor nos hace la siguiente pregunta: ¿Y sí la epopeya del héroe griego, aquella que nos contó el ciego Homero fuera solamente una pantalla y por detrás hubiera habido algo más que éste nos escondió, algo que salvó el mundo y que nos hizo libres del capricho de los dioses olímpicos? Curiosa premisa ¿no? Así pues le dejo con la novela Odisea, de Javier Negrete (HarperCollins, 2026).






