En un principio hemos de hablar de un adjetivo calificativo que ya casi no se usa. Si lo buscamos en el diccionario de la RAE, sea de forma física u online, encontramos que, acerca del adjetivo mesalina reza lo siguiente: <<Mujer poderosa o aristocrática y de costumbres disolutas>> y a continuación, en un breve apunte añade que hace alusión a la emperatriz Mesalina, esposa del otrora emperador Claudio, y finalmente incide en que también es sinónimo de libertina. Es decir, que todo lo que posterioridad recuerda de élla, de la que fue una de las grandes personalidades femeninas de la antigua Roma, es un mero cliché que casi se puede clasificar en el apartado de anécdotas sexuales de la Historia Universal. A la que fue emperatriz entre el 41 al 48 d. C, que perteneció a la eminente familia Julio-Claudia y que reinó sobre un vasto imperio, incido, se la ha deshumanizado tanto que toda su vida ha quedado en un mero relato picante y en un sinónimo de maldad, violencia y apetito sexual sobre todo gracias a los escritores clásicos que la sucedieron y que legaron tal imagen a la posteridad. Pero en verdad su historia fue más compleja y rica de lo que parece, más extensa que los burdeles que pudiera visitar, y por eso quisiera recomendarles uno de los trabajos más recientes que hablan de ella en profundidad, acerca de sus virtudes, si las tenía, y de sus terribles faltas si las tuvo. Sin más dilación les presento: Mesalina, escrito por la historiadora y arqueóloga inglesa Honor Cargill-Martin (Edhasa, 2025).
Los testimonios oficiales acerca de los primeros años de vida y juventud de Valeria Mesalina (20 – 48 d. C) son muy escasos aunque pronto tenemos noticias de ella cuando contrae matrimonio con el futuro emperador Claudio (38 d.C). Como se puede ver ella es muy joven (por lo menos con respecto a los estándares actuales) y seguramente no le debía hacer mucha gracia casarse con un hombre cuasi discapacitado y de tan poca importancia en el escalafón imperial. De la misma manera tampoco sabemos mucho acerca de los primeros años de matrimonio pero todo eso cambia cuando debido al asesinato de Calígula (41 d. C) es catapultada a la cima del mundo convirtiéndose de facto, con poco más de veinte años, en la nueva emperatriz de Roma. Y es a partir de aquí y hasta su muerte cuando comienza el carrusel de faltas y clichés que la harán pasar a la posteridad con los apelativos, sean falsos o no, de meretriz imperial, emperatriz prostituta o simplemente de ninfómana para arriba.






