En torno a la creación y los hechos ocurridos durante el rodaje de El Padrino hay uno que a mí me llama la atención. Todos tenemos en mente la figura de Marlon Brando cuando se nos habla acerca del capo di tutti capi de los mafiosos; con su rosa clavada en el pecho de su impecable traje negro, misterioso a la contraluz de las persianas bajadas del despacho, susurrando palabras mientras acaricia un gato, a la vez que concede dudosos favores en el día de la boda de su hija y a los que no se puede negar siendo la festividad de ese momento. Claramente es una imagen icónica clavada en nuestra mente y en la Historia del cine. Pues bien, la anécdota viene a que dicha figura pudo nunca existir ya que el propio Brando no estaba a gusto en la piel de don Vito Corleone, pues creía que interpretarlo era como romantizar la imagen de la Mafia y de sus integrantes, mostrándolos en algunos momentos como robin hoods contemporáneos.
Y razón no le faltaba, pues desde entonces, por lo menos para el imaginario público, la película, que en un principio tanto temían los mafiosos de entonces, fascinó a millones de personas, suavizando y desvirtuando la verdadera historia existente tras esta organización criminal. Así pues, alejémonos de los focos cinematográficos, de los románticos códigos de hermandad y de los clichés que se nos han vendido sobre este grupo, y permítanme que para ello les recomiende un libro del periodista italiano Giorgio Ballario titulado Eso no estaba en mi libro de la Mafia (Almuzara, 2026) en el que nos narra cual fue su verdadera historia centenaria, su origen y su actual existencia, además de desmontar los mitos que giran en torno a esta organización criminal.






