El explorador, aventurero y comerciante noruego Erik el Rojo (950 -1003) debió de ser en su tiempo una persona de mucho cuidado ya que fue acusado de haber asesinado a varias personas en su tierra natal y por eso, junto con su familia, tuvo que huir a Islandia, pero, cosas del destino, tuvo la mala suerte de que allí también fue acusado del mismo delito y a ojos de la ley eso le convertía en un proscrito por lo que en el 982 tuvo que exiliarse a una isla cercana y e inhóspita durante tres años. Pasado ese tiempo Erik volvió a Islandia con una idea bastante clara: la de convencer a sus compatriotas de que fundaran allí una colonia, donde él había estado. No se sabe muy bien la técnica de marketing que utilizó pero pudo convencer a los habitantes de Islandia, “Tierra de hielo”, de que había encontrado una tierra abundante y muy fértil donde podían llegar a ser felices. Y la bautizó como Grönland, “Tierra verde”, que con el tiempo llegaría a ser conocida como Groenlandia. Así pues en el 985 fundó en el Sureste de la isla dos comunidades islandesas quienes no solo erigieron granjas y roturaron los campos sino que también consiguieron minerales y materiales como pieles de oso polar y marfil extraído de los colmillos de las morsas o los narvales con los que pudieron comerciar con otros pueblos esquimales del norte de la isla a los que llamaron skraelingjar que significa o bien “los que gritan” o “los que llevan pieles”. Por tanto a Erik el Rojo lo podemos considerar, además de por sus títulos anteriores, como uno de los grandes publicistas de la Historia, ya que consiguió vender el eslogan a los hambrientos islandeses de que existía una tierra en la que, prácticamente, manaba leche y miel, cuando en realidad solo una parte de Groenlandia es verde y el resto está compuesta de hielo y nieve. Aun así, a través de este engaño consiguió crear el primer asentamiento islandés recogido en los registros históricos. Todo un merito, la verdad.






