domingo, 31 de marzo de 2019

LA PEDRADA QUE ACABÓ CON UN REY


El rey de Castilla Enrique I tuvo una de las muertes más absurdas de la Historia de España. Cuando murió su padre Alfonso VIII dio la casualidad de que el infante solo tenía  10 años de edad por lo cual el difunto monarca había dejado escrito en su testamento que hasta que alcanzara la edad adulta fuera su madre, Leonor de Inglaterra, quien se ocupara de la regencia. Pero Leonor no pudo soportar la pérdida de su esposo y a los pocos días también le siguió con lo que la regencia pasó a manos de la hermana mayor de Enrique, la reina Berenguela. Parece que la vida se fue calmando poco a poco aunque tres años después de los hechos ocurridos sucedió algo que nadie podía prever. Un buen día Enrique estaba jugando con otros niños en el palacio episcopal de Palencia y alguno de ellos, o bien el mismo futuro monarca, quiso simular una pequeña batalla tirándose piedras mutuamente. Pero con tan mala fortuna que una de ellas impacto de lleno en la cabeza de Enrique matándolo en el acto. Esto ocurrió el  6 de Junio de 1217. El reino se había quedado de nuevo sin rey. Los nobles al principio quisieron ocultar esta desgracia y se llevaron el cuerpo del difunto Enrique a la localidad de Tariego de Cerrato pero pasado un tiempo su hermana trasladó sus restos al monasterio de las Huelgas en Burgos, en donde reside hoy en día en un pequeño sepulcro sustentado por cuatro leones.