domingo, 8 de diciembre de 2019

EL TIEMPO NO TUVO LA CULPA


Ni por dejadez ni por olvido, sino por la guerra y la sinrazón humana el monumento griego del Partenón se encuentra hoy en el estado que todos conocemos. El templo consagrado a Atenea Partenos fue construido en la parte más alta de la acrópolis ateniense entre el 448 al 432 a. C por los arquitectos Ictinos, Calícrates y Fidias y hasta el siglo VI d. C mantuvo su función original cuando los cristianos la consagraron como una iglesia. Años después en 1456, en cambio, fueron los otomanos quienes reconvirtieron el templo griego en una mezquita a la que se le añadió al lado un minarete para que los creyentes fueran llamados a la oración. Pero las guerras de religión que mantuvieron austriacos, polacos, rusos y venecianos contra los otomanos entre 1683 y 1699 cambiaron por completo la fisonomía del Partenón. Los venecianos, tras la conquista de Mórea, quisieron ocupar Atenas y rodearon el monumento griego que por aquel tiempo había sido reconvertido en un polvorín por los otomanos. Éstos se creían a salvo dentro del complejo arquitectónico porque pensaban que quién iba a disparar contra uno de los monumentos más importantes del mundo. Pero se equivocaron porque fueron los venecianos quienes el 26 de Septiembre de 1686 bombardearon el lugar provocando que el Partenón volara en pedazos. Obviamente el templo quedó hecho pedazos y por ello siglos después, en 1806, Thomas Bruce, conde de Elgin, viendo el estado en que se encontraba el lugar quiso adquirir las esculturas y mármoles supervivientes y llevárselos a Inglaterra en donde hoy día todavía pueden ser admirados en el Museo Británico de Londres.