domingo, 16 de agosto de 2026

MI MUNDO PERDIDO - Astrid Lindgren

 

Como muchos de los que pintan canas (entre los que yo mismo me incluyo) el primer contacto que tuvimos con la escritora de literatura infantil Astrid Lindgren (1907 – 2002) y su personaje Pippi Calzaslargas,  fue a través de una serie sueca que llegó a las televisiones de nuestro país en 1974 a través del único medio audiovisual que entonces existía: Televisión Española. Nos fascinaba la valentía de su protagonista, la fuerza que tenía al levantar un caballo o que era –si mal no recuerdo- hija de un mítico pirata. Pero en verdad lo que a mí me llamaba más la atención era la seguridad que mostraba y que no necesitaba de la aprobación de los mayores para hacer el bien y tomar sus propias decisiones. Es decir, que era un personaje que no caía en la ñoñería ni en la infantilización extrema (como muchas de las series infantiles de hoy en día). Y es que la autora de Pippi Calzaslargas es el ejemplo perfecto de cómo hacer un buen libro infantil, sin caer en rosados clichés que tomen por tontos a su público tanto infantil como adulto.

Así pues, para conocer a Astrid Lindgren y aprender cómo insufló estos pensamientos en sus novelas y cuentos les recomiendo que lean el libro “Mi mundo perdido” (Kokinos, 2025) en el que descubrirán cómo se formó la mente de una autora que legó a la posteridad libros tan maravillosos como el que ya les he nombrado, o “Ronia, la hija del bandolero”, “Los hermanos Corazón de León”… entre otros. A través de un lenguaje sencillo (que no simple) a la vez que directo, nuestra autora nos ofrece una autobiografía no canónica alejada de aquellas que desde el primer momento hablan de forma aséptica acerca del día de su nacimiento, del tupido y rico árbol genealógico de sus ancestros o de sus pesares en la vida... al revés, Astrid esencialmente se centra en su infancia y en su predilección por escribir libros destinados a los niños, su público preferido. Ofrece por un lado retazos de su vida, como era la granja de Näs, cercana al pueblo de Vimmerby, cómo eran sus vecinos y sus amados padres,  junto con reflexiones y recuerdos sobre cómo debe ser la literatura destinada a los niños y los errores que se cometen al escribir este tipo de libros. Lo importante, según Astrid Lindgren, es hablar al niño que todos tenemos todavía dentro y aceptar las maravillas y el asombro que atesora el universo infantil. En definitiva, un libro ideal para conocer a esta escritora, su mundo interior, y volver a gozar con las imágenes de ese niño del que a lo mejor ya no nos acordamos. En verdad, recomiendo su lectura.

Astrid Lindgren, Mi mundo perdido, traducción de Ulla Ljungström y Esther Rubio. Madrid, Kokinos, 2025, 151 páginas.


viernes, 7 de agosto de 2026

LA HISTORIA DEL GIGANTE DE FLORENCIA

 

A comienzos del siglo XV las autoridades encargadas de las obras de la Catedral de Santa María del Fiore (Florencia) decidieron instalar un total doce estatuas gigantescas en los contrafuertes de la misma catedral mostrando a los profetas bíblicos en todo su esplendor. Para que todo el mundo pudiera verlas éstas medirían alrededor de cinco metros de altura y, preferiblemente, serían realizadas en terracota pues así serían más livianas y su peso no afectaría a la integridad de la obra. Pero en 1463 los mismos encargados cambiaron de idea -seguramente debido a los avances técnicos existentes- y decidieron que el escultor Agostino di Duccio colocara una estatua de mármol en uno de los contrafuertes. Éste acudió a las canteras de Carrara y eligió un bloque descomunal de seis metros de altura que posteriormente fue trasladado a la ciudad de Florencia para poder ser esculpido. Agostino estuvo tres años trabajando dicho bloque en el taller de la catedral pero al final tuvo que renunciar alegando que dicha monstruosidad era superior a sus fuerzas. De esta manera el mármol quedó cuarenta años abandonado y aunque hubo otros escultores que también lo intentaron, al final siguieron el mismo camino. Desde entonces aquel bloque comenzó a ser conocido como “El Gigante” ya que cualquier artista que pasaba a su lado sentía pavor y reverencia ante el mastodonte pétreo que alojaba la ciudad de Florencia.

Así fueron pasando los años hasta que en 1501 los responsables de la catedral de Florencia le encargaron a un joven escultor llamado Miguel Ángel, que a la sazón tenía 26 años, que esculpiera una gran obra artística. Firmaron con él un contrato debido a dos razones: una, porque algo había que hacer con aquel bloque de mármol que se estaba echando a perder en el taller; y dos, porque aquel escultor era el único que aseguraba ver la imagen que había encerrada dentro del Gigante. Esa imagen era nada más ni nada menos que la del eterno David, con la faz terrible y con una mano a punto de descargar su arma contra el filisteo Goliath. Para trabajar construyó una estructura de tablas, a modo de andamiaje con el que podía trabajar en soledad y sin ser molestado. Durante 21 meses estuvo trabajando sin descanso (se cree que hasta dormía encima de aquel bloque), sin ayuda de ningún asistente y cayendo extenuado al final de cada día. Pero su esfuerzo tuvo recompensa y el 23 de Junio de 1503, con motivo de las fiestas de San Juan Bautista, patrono de la ciudad de Florencia, comenzó a desmontar el andamiaje mostrando orgulloso a todos su gran obra maestra, aquella nacida de un gigantesco y humilde bloque de mármol, un bloque que fue rechazado por artistas menos titánicos que el propio Miguel Ángel.


lunes, 3 de agosto de 2026

¿QUÉ TIENEN EN COMÚN UN PISTOLERO Y LA MANO DE UN MUERTO?


 

En la película El hombre que mató a Liberty Balance (1962), acerca de los mitos que crearon el llamado Salvaje Oeste, uno de los protagonistas acuña la siguiente frase: "Cuando la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda." Pues bien, uno de esos iconos que forjaron dicha leyenda fue un pistolero llamado James Butler Hickok (1837 – 1876) más conocido como “Will Bill” (El salvaje Bill). Durante su vida hizo de todo: fue aventurero, conductor de diligencias, comisario en distintos pueblos, explorador en la Guerra de Secesión junto al ejército de la Unión, pistolero o tahúr. Y fue justamente en éste último ejercicio donde halló su muerte. Ocurrió en la localidad de Deathwood (Dakota del Sur) -otro enclave mítico del Salvaje Oeste- cuando Hickok entró en el saloon Nuttal & Mann's para echar una partida de póker. Rápidamente echó un vistazo al local buscando una mesa de juego que tuviera una silla de junto a una pared y cómo no encontró ninguna se tuvo que conformar con sentarse en una que daba la espalda a la entrada. Y fue este detalle el que le llevó a la muerte pues cuando estaba enfrascado en una ronda entró por la puerta un antiguo enemigo llamado Jack McCall y, sin previo aviso, le descerrajó un tiro por la espalda dejándolo seco en el mismo momento.

Aunque parezca que la leyenda de James Butler Hickok, alias “Will Bill” iba a terminar allí de forma tan abrupta, la verdad es que ésta prosiguió en el tiempo ya que un momento antes de ser asesinado a traición éste tenía en la mano cuarto cartas: dos ases y dos ochos, y estaba a la espera de que el crupier le diera una quinta. Cuando la gente que había alrededor fueron a recoger su cuerpo se dieron cuenta que Hickok no había soltado las cuatro cartas que tenía en su poder en el momento del disparo. Desde entonces quedó fijado en el imaginario de los jugadores de póker que estar en posesión de una mano compuesta por dobles parejas de ases y ochos (preferentemente picas y tréboles) es un símbolo de mala suerte, conociéndose desde entonces como The dead man´s (la mano del muerto). De la misma manera, un siglo después el apellido Hickok quedó inscrito en el Salón de la Fama del Póker.

viernes, 31 de julio de 2026

MESALINA - Honor Cargill-Martin

 

En un principio hemos de hablar de un adjetivo calificativo que ya casi no se usa. Si lo buscamos en el diccionario de la RAE, sea de forma física u online, encontramos que, acerca del adjetivo mesalina reza lo siguiente: <<Mujer poderosa o aristocrática y de costumbres disolutas>> y a continuación, en un breve apunte añade que hace alusión a la emperatriz Mesalina, esposa del otrora emperador Claudio, y finalmente incide en que también es sinónimo de libertina.  Es decir, que todo lo que posterioridad recuerda de élla, de la que fue una de las grandes personalidades femeninas de la antigua Roma, es un mero cliché que casi se puede clasificar en el apartado de anécdotas sexuales de la Historia Universal. A la que fue emperatriz entre el 41 al 48 d. C, que perteneció a la eminente familia Julio-Claudia y que reinó sobre un vasto imperio, incido, se la ha deshumanizado tanto que toda su vida ha quedado en un mero relato picante y en un sinónimo de maldad, violencia y apetito sexual sobre todo gracias a los escritores clásicos que la sucedieron y que legaron tal imagen a la posteridad. Pero en verdad su historia fue más compleja y rica de lo que parece, más extensa que los burdeles que pudiera visitar, y por eso quisiera recomendarles uno de los trabajos más recientes que hablan de ella en profundidad, acerca de sus virtudes, si las tenía, y de sus terribles faltas si las tuvo. Sin más dilación les presento: Mesalina, escrito por la historiadora y arqueóloga inglesa Honor Cargill-Martin (Edhasa, 2025).

Los testimonios oficiales acerca de los primeros años de vida y juventud de Valeria Mesalina (20 – 48 d. C) son muy escasos aunque pronto tenemos noticias de ella cuando contrae matrimonio con el futuro emperador Claudio (38 d.C). Como se puede ver ella es muy joven (por lo menos con respecto a los estándares actuales) y seguramente no le debía hacer mucha gracia casarse con un hombre cuasi discapacitado y de tan poca importancia en el escalafón imperial. De la misma manera tampoco sabemos mucho acerca de los primeros años de matrimonio pero todo eso cambia cuando debido al asesinato de Calígula (41 d. C) es catapultada a la cima del mundo convirtiéndose de facto, con poco más de veinte años,  en la nueva emperatriz de Roma. Y es a partir de aquí y hasta su muerte cuando comienza el carrusel de faltas y clichés que la harán pasar a la posteridad con los apelativos, sean falsos o no, de meretriz imperial, emperatriz prostituta o simplemente de ninfómana para arriba.

miércoles, 29 de julio de 2026

HISTORIA DEL INFIERNO - Georges Minois

 

El Infierno es, si es que existe, el último sitio a donde cualquier persona cuerda desee ir (a excepción de los satánicos, claro está) Aun así, a pesar de lo tenebrosa que pueda ser su existencia y de las terribles torturas que se practiquen en sus cóncavas moradas, hay que reconocer que es una de las entidades del Más Allá que más influido en el pensamiento de la humanidad ya sea en su vertiente artística, religiosa, o filosófica. Desde que el hombre, en sus orígenes, ha tenido idea de que quizá había un lugar oscuro destinado a los muertos, lo ha imaginado de distintas formas, lo ha llamado de diferentes maneras y ha creído -de momento nadie ha venido a contárnoslo- cómo éste está configurado. Es desde luego una historia de lo más fascinante pues la concepción y percepción de esta luctuosa morada es reflejo claro de cómo ha evolucionado el pensamiento y los temores de la Humanidad a lo largo de su Historia. Así pues, para mostrarnos como nuestros ancestros han pergeñado  el Reino del Señor de las Moscas, les invito a leer el ensayo de Georges Minois: Historia del Infierno (Siruela, 2026).

jueves, 23 de julio de 2026

¿DE DÓNDE VIENE LA EXPRESIÓN "MORDER EL POLVO"?


Hoy día utilizamos la expresión morder el polvo cuando alguna persona o entidad en concreto, como por ejemplo un conjunto deportivo, pierde de forma estrepitosa y de paso ha sido vencido de la forma más humillantemente posible. También la podemos utilizar como un deseo de que así ocurra en un futuro, pero hace siglos esta expresión era más dura y visceral ya que hacía referencia a la forma de morir de un guerrero o de un valeroso caballero. En la Edad Media cuando uno de éstos era herido de muerte y no podía luchar más o bien era descabalgado y se sentía en trance de perder la vida, es decir cuando eran vencidos en el campo de batalla o en un torneo, con una mano agarraban un puñado de polvo, se lo introducían en la boca y acto seguido lo mordisqueaban. Puede parecer un gesto extraño o de enajenación temporal antes del triste destino que les esperaba pero en verdad era un beso que, simbólicamente, daban a la Madre Tierra en agradecimiento a lo mucho que ella les había dado además del deseo de ser acogidos en breve en su seno.

 

lunes, 20 de julio de 2026

ROBINSON CRUSOE – Daniel Defoe

 

En el Pacífico Sur, frente a las costas de Chile hallamos nos encontramos con el Archipiélago de Juan Fernández compuesto por las islas de Robinson Crusoe (hasta 1966 como Más a Tierra), Alejandro Selkirk (al igual que la anterior, hasta 1966, era conocida por Más a Fuera) y el islote de Santa Clara. De todos estos, podrá observarse que el que tiene más connotaciones literarias –y también turísticas– es sin duda el primero, haciendo referencia a la inmortal obra de Daniel Defoe: Las aventuras de Robinson Crusoe, publicada en 1719. Según parece  el escritor británico se inspiró en la vida del marinero escocés Alexander Selkirk (1672-1721) quien a principios del siglo XVIII se embarcó  en el barco Five Ports como contramaestre pero que debido a las desavenencias que tuvo con su capitán –llámese motín en román paladino- fue castigado a ser abandonado en una isla desierta en mitad del Océano, en concreto la isla de Juan Fernández,  para que allí se muriera purgando su delito. Así se las gastaban entonces. Pero este marinero debía de ser duro de pelar porque consiguió sobrevivir por sus propios medios después de cinco años, ser rescatado y llegar sano y salvo de nuevo a Inglaterra en donde se dedicó a recorrer el país contando sus aventuras a todo aquel que quisiera escucharle y darle alguna moneda. Seguramente en alguna de esas plazas o posadas Defoe debió escucharle en primera persona y que de ahí surgiera la semilla para escribir una de las mejores novelas de todos los tiempos, a la que al principio titulo como La vida y las extrañas y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero, pero que para jóvenes y adultos siempre será conocida como Las aventuras de Robinson Crusoe o simplemente Robinson Crusoe.

sábado, 18 de julio de 2026

LA GRAN EVASIÓN PERO ESTA VEZ EN VERSIÓN ALEMANA


 

En 1963 se estrenó la película La gran evasión, dirigida por John Sturges, en la que se cuenta la historia real de cómo 76 prisioneros americanos e ingleses consiguieron fugarse del Stalag Luft III, en la actual Polonia, en la noche del 24 al 25 de Marzo de 1944. El largometraje se convirtió en uno de los grandes clásicos del cine bélico, pero pocos sabían entonces que también hubo otra fuga parecida, en este caso, en Norteamérica aunque esta vez protagonizada por soldados alemanes. Y es que durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos hubo alrededor de 540 campos de prisioneros alemanes, repartidos por cinco Estados y que llegaron a albergar un total de 370.000 reos. En uno de ellos, el Papago Park (Phoenix, Arizona) a dos días de celebrarse la Navidad de 1944, 25 de estos prisioneros se fugaron con la intención de llegar a México y desde allí embarcarse hasta Alemania.

Los prisioneros alemanes, al igual que hicieron sus homólogos aliados en Europa, se prepararon a conciencia para poder escaparse y de esta manera asegurarse el éxito final. Comenzaron a excavar un túnel que les llevara más allá de los alambres de espino y para ello, de la misma manera que en la película, iban esparciendo la arena sobrante por las zonas de recreo del campo. También elaboraron documentos falsos, tiñeron sus ropas de betún para no ser detectados por la noche y así aprovechar la oscuridad del momento; robaron varios mapas de algunos coches oficiales; fabricaron brújulas e incluso consiguieron algunos dólares vendiendo parafernalia nazi a sus captores. Así pues aprovechando que había un punto ciego en el complejo fueron saliendo al exterior, reptando por una galería de 50 metros, en turnos de dos o tres prisioneros y de esta manera llegaron a fugarse un total de 25 de ellos que enseguida se pusieron camino de México.

miércoles, 15 de julio de 2026

¿DE DÓNDE VIENE LA EXPRESIÓN: SER MÁS CHULO QUE UN OCHO?

 

No sé si esta expresión se pronuncia en otras partes de España (creo que sí) pero en Madrid es común oírla cuando observamos a una persona un tanto arrogante, arrebatadora a la par que  dominante. Vamos, un tío echaó palante. Al parecer el germen de esta frase hay que buscarla en el tranvía número 8, inaugurado en 1881, que recorría la capital desde la Puerta del Sol, pasando por la Calle Preciados, Plaza de Santo Domingo, Calle de Leganitos y los paseos de San Marcial, y San Antonio de la Florida hasta finalizar en los alrededores del Parque de la Bombilla (Puente de los Franceses). Tiempo después la línea se ampliaría hasta el antiguo Hipódromo situado en los actuales Nuevos Ministerios. Los chulapos y chulapas de Madrid utilizaban este tranvía cuando iban a los bailes de este parque, en especial en las grades festividades como por ejemplo la verbena de San Antonio de la Florida. Esta zona estaba llena de bares y restaurantes alternándose entre ellos jardines y merenderos en los que la gente desplegaba los manteles y a la sombra de los árboles gozaban de sus viandas. Es por ello que en aquellos días de jolgorio el tranvía número 8 se llenara de gente muy bien vestida portando sus flores en el ojal y sus mantones bien floridos. Los vecinos que veían pasar dicho tranvía por la rivera del Manzanares quedaban asombradas al ver a tanta gente guapa viajando junta por lo que pronto acuñaron la expresión: ser más chulo que un ocho.

Lo del Parque de la Bombilla también tiene su explicación. Se cree que se llamaba así por un bar situado en la zona de la Florida y que tenía un cuadro en el que aparecía representada una bomba y que todo el mundo lo conocía de haberlo visto alguna vez. También hay quien achaca este apelativo -el de la Bombilla- porque había cientos de pequeñas bombillas que iluminaban el parque; aunque lo más seguro es que se deba a la existencia de una Casa de Bombas, dos grandes maquinas de vapor situadas al pie de la Montaña del Príncipe Pío, y que antes de la existencia del Canal de Isabel II propulsaban y distribuían el agua a la ciudad.