viernes, 10 de junio de 2022

LA MUJER OLVIDADA - Isaías Lafuente

 

«Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad del género humano en política, para que la política sea cosa de dos» (Clara Campoamor)

A finales del 2020, con todo el lío de la pandemia del coronavirus, hubo una noticia que pasó de puntillas. No es que fuera algo a nivel mundial, pero si tuvo bastante simbolismo dentro de nuestro país: la nueva denominación de la estación de tren madrileña de Chamartín pasó a renombrase Madrid Chamartín-Clara Campoamor. Pero… ¿Quién era la tal Clara y por qué había sido tan importante para incluirla en una estación tan señera de la capital española? Esta pregunta se la hicieron en algunos medios de comunicación y éstos, a la vez, la trasladaron a algunas personas a ras de calle. En un principio, cuando vi las estadísticas de las encuestas, no me llamó la atención que los hombres no supieran la respuesta, pero por desgracia que muchas mujeres desconocieran este dato daba cuenta del gran daño que había hecho la educación patriarcal durante tantos cientos de años al excluir a las mujeres relevantes de la Historia, ya que en su gran mayoría no sabían que Clara Campoamor había sido la responsable de que en España existiera el voto femenino desde 1931, mucho antes que en otros países de rancio abolengo democrático. Es por ello que el título del libro que hoy les traigo, escrito por el escritor y profesor Isaías Lafuente, esté tan bien traído: La mujer olvidada (Temas de Hoy, 2006).

A mediados del siglo XX, en España y gran parte del mundo, pero sobre todo centrándonos en nuestro país, la mitad de su población, es decir la mujeres, eran ignoradas, vilipendiadas, minusvaloradas, tomadas como sirvientas del marido, esclavas del hogar o como meras fábricas de procreación, de crisol de bebés. No se las tenía en cuenta en la vida social sino también en la política. Pero como diría Bob Dylan «The Times They Are a-Changin'» o lo que es lo mismo los vientos de la historia empezaban a soplar y a sanar el aire viciado y rancio del Congreso de los Diputados. Y para ello nació Clara Campoamor (1888 – 1972) para devolverle a la mujer su dignidad y su igualdad ante la ley. El libro de Isaías Lafuente nos trae la vida de esta valiente mujer a modo de biografía novelada y nos muestra sus vivencias desde que nació en Madrid, en el Barrio de Maravillas (hoy Malasaña), pasando por sus años de formación académica, su gran lucha por conseguir el sufragio femenino, logró titánico en el que incluso tuvo que luchar contra su propio partido, el Partido Radical, y sus adláteres de otros partidos de izquierdas o de derechas, hasta sus años de exilio al comenzar la Guerra Civil, y su muerte en Lausana añorando su patria, su tierra natal.

Hasta el siglo XIX el derecho al voto era exclusivamente masculino. No fue hasta la llegada de la Segunda República (1931-1939) cuando la mujer obtuvo por fin el derecho a dar su opinión en las urnas. La llegada del nuevo régimen trajo nuevas esperanzas a la sociedad pero aunque parezca increíble algo tan de justicia como es el derecho femenino no estuvo exento de polémica en las Cortes. Una gran mayoría de los diputados estaban de acuerdo en poner en práctica el sufragio femenino pero en lo que no se aclaraban era a que sector de las mujeres otorgarlo: ¿a las solteras y viudas, a las casadas aunque discutieran con su marido acerca de quién votar en las próximas elecciones, o a toda la población femenina en general? Y lo que es más curioso, eran las propias mujeres diputadas quienes estaban enfrentadas por este tema. Por ejemplo Margarita Nelken y Victoria Kent no estaban, en ese momento, dispuestas a otorgar el voto a las mujeres ya que pensaban que darles esa oportunidad era darles votos a los elementos más reaccionarios como eran la derecha y la iglesia y que incluso podían ser manipuladas por sus maridos. Aunque les doliera opinaban que no era el momento de otorgarlo sino más adelante cuando la República fuera más fuerte. En cambio, frente a ellas se encontraba Clara Campoamor que disentía al decir que era necesario el sufragio femenino por justicia y dignidad. Al final ganó esta segunda opción (161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones) y las mujeres, por fin,  alcanzaron el justo derecho a votar. Llama la atención que en las elecciones de 1933 fueran a votar seis millones de electoras y que la derecha ganase. Debido a ello las izquierdas les echaron la culpa a las mujeres de estos resultados, aunque actualmente se sabe que los votos femeninos fueron muy repartidos, al igual que el de los hombres, y que hubo también un buen número de abstenciones de ambos sexos.

Por un lado valoro positivamente este libro de Isaías Lafuente por acercarnos la figura de Clara Campoamor y enseñar a las generaciones presentes y futuras quien fue el artífice del reconocimiento del derecho al voto femenino en aquellas Cortes republicanas del 1 de Septiembre de 1931. Es todo un trabajo de devolver la dignidad a una persona que merece estar, o tener un capítulo completo, en los libros de Historia de España de los institutos. De esta biografía me han llamado la atención muchas cosas que desconocía ya que normalmente la concesión del voto femenino siempre (si es que aparecía) era una mera nota a pie de página. Es conocido el gran debate que sostuvieron tanto Clara Campoamor como Victoria Kent, pero lo que más me ha llamado la atención fueron los palos en la rueda que de continuo le ponían sus propios correligionarios de los partidos republicanos y de izquierdas tanto del Partido Radical de Alejandro Lerroux como de Acción Republicana. Que los sectores ultramontanos y reaccionarios de derechas y los eclesiásticos pusieran obstáculos era previsible, pero que aquellos que supuestamente defendían (de boquilla) el sufragio femenino y que tuvieran miedo a él, es algo que me ha escandalizado y llenado de vergüenza. Clara Campoamor se sintió sola, abandonada por todos, vilipendiada incluso por algunos sectores de mujeres, pero aun así consiguió su propósito final. Fue una lucha titánica que Isaías Lafuente recoge de manera excelente en su trabajo.

Aun así le tengo que poner una falta. Lo siento. El libro tiene diálogos tanto con personajes reales e históricos del momento y también otros con personajes ficticios que adoban la trama de la odisea de Clara Campoamor. Y es en algunos de estos diálogos donde veo el fallo pues a veces parecen un tanto artificiales (a mi modo de ver) y puestos con calzador. Ha habido uno que me ha parecido un tanto artificioso como cuando Clara vuelve de San Sebastián a Madrid en tren, si no me falla la memoria, y habla con un anciano el cual le da una clase sobre la Primera República y su visión pesimista del futuro del nuevo gobierno. Así, a bocajarro. Aun así, el resto del libro es notable como reivindicación de una mujer que trajo o quiso traer la modernidad paritaria a nuestra patria, poniendo un primer peldaño para que la mujer fuera reconocida más allá del hogar, romper ese techo de cristal y llegar a tener una voz propia y  ser tanto elegible en las Cortes como a poder elegir al candidatos que ella deseara con el fin de conseguir un mundo más justo. En verdad un libro que vale la pena leer. 

 También podeis leer mi reseña en la página de Hislibris:  

https://www.hislibris.com/la-mujer-olvidada-clara-campoamor-y-su-lucha-por-el-voto-femenino-isaias-lafuente/

lunes, 6 de junio de 2022

EL GALLO GALO

 

Ya desde la antigüedad, en la Galia se empezó a usar al gallo como símbolo del lugar debido a que el termino latino gallus designaba a la vez las palabras “galo” y “gallo” .Esto lo podemos ver representado en monedas y otros utensilios utilizados por los ancestros de los actuales franceses. Pero con la caída del Imperio Romano el uso de este símbolo despareció y durante la Edad Media no volvió a utilizarse hasta el siglo XIV cuando en otro imperio, en este caso el Sacro Imperio Romano Germánico, decidió volver a usar el gallo como exponente de todo lo francés. Desde entonces este animal estuvo presente en la idiosincrasia del país ya fuera en imágenes de reyes, en el arte en general, en cuberterías, monedas e incluso como emblema guerrero pues por ejemplo lo vemos montado en un cañón durante la Revolución Francesa. Aunque llama la atención que a napoleón Bonaparte nunca le gustó el gallo como emblema porque lo considera un ser débil para ser la encarnación de todo un imperio emergente. Aun así, desde mediados del siglo XIX se oficializó su utilización como emblema oficial del país, junto con Marianne, y ya lo podemos ver en ornamentos de las diferentes repúblicas posteriores, en los uniformes de los soldados, en los panfletos bélicos de la Primera Guerra Mundial en la que el poderoso gallo lucha contra el águila imperial alemana, como sello de Estado, y hasta como la efigie orgullosa de los equipos deportivos nacionales.

jueves, 2 de junio de 2022

CUANDO EL EMPERADOR ERA DIOS - Julie Otsuka

 

Fue realmente cruel y duro. Recoger y evacuar en 48 horas fue algo imposible. Viendo a madres completamente desconcertadas con sus hijos llorando por necesidad y negociantes aprovechándose y ofreciendo precios de robo, me dieron ganas de matar a los responsables de aquello sin el menor escrúpulo de mi corazón.  (Joseph Yoshisuke)

No sé si se acuerdan de la película Karate Kid. Sí, aquella en que el sensei Miyagi decía aquello de “dar cera, pulir cera”, y lo de “la patada de la grulla”. Para muchos aquél es uno de los recuerdos cinematográficos de nuestra juventud, pero curiosamente, en particular, yo de él tengo otro. Si se acuerdan bien a mitad de película, antes del gran torneo, el alumno Danielle Larusso entra de noche en casa de su maestro y para sorpresa suya se lo encuentra todo borracho vistiendo uniforme de la Segunda Guerra Mundial. Pero no un traje japonés, sino americano, lo que indica que luchó bajo bandera estadounidense. Danielle, tras llevárselo con suavidad a la cama ve una carta antigua, ya amarillenta y manoseada, en la que se notifica que la mujer del soldado Miyagi murió en el Campo de Prisioneros de Manzanar mientras él luchaba a sangre y fuego en las aguas del Pacifico. De ahí la etílica y triste celebración. En verdad, una escena emotiva. Pues bien, me acuerdo que cuando terminé por primera vez de ver aquella película (e intentar hacer posteriormente la grulla en la piscina) me quede con la duda de saber qué era aquello de Manzanar. ¿Campos de concentración en Estados Unidos? ¿En la cuna de la libertad? Años después, tras investigar un poco más descubrí que durante la guerra mundial los americanos, por miedo a tener quintacolumnistas dentro de su país, habían encerrado a cientos de japoneses que residían en aquellos lugares. Intenté buscar más información, pero en español no encontré nada más, aunque hay que decir que tuve la fortuna de hallar en una biblioteca una pequeña pero impresionante novela titulada Cuando el Emperador era Dios, de Julie Otsuka que narra la odisea que vivieron los japoneses de ascendencia americana durante aquellos años en el que, por desgracia, importó más el color de la piel que los verdaderos sentimientos de una persona.

La escritora nos transmite con tono emotivo y prosa bellísima la historia de una solitaria madre japonesa que un soleado día de 1942 observa por casualidad un cartel en una oficina de correos de su localidad anunciando que todos los japoneses de la localidad han de abandonar sus casas inmediatamente debido a que son sospechosos de ser enemigos de su país y deben acudir a la estación de tren para ser conducidos a un lugar de aislamiento en Utah. Con toda tranquilidad asume la noticia y como si fuera un día más prepara su casa y familia para partir a lo desconocido. En su forma de actuar se aplica el mantra japonés shikata ga nai (no puede hacerse nada al respecto) A partir de entonces la novela se puede dividir perfectamente en cinco fases:  1) el proceso de deportación de la madre y sus dos hijos; 2) el largo y tedioso viaje en tren hacia Utah en el que nuestros protagonistas se encuentran con otros compatriotas que tampoco entienden el por qué de este exilio si ellos y sus antepasados son tan americanos como el propio Tío Sam; 3) la vida en el campo de concentración, y los padecimientos que sufren allí, pero esta vez narrado por el hijo; y finalmente dos regresos: primero el de la madre a su casa, la cual ha sido habitada por otros personas oportunistas; y, lo más trágico, el regreso del marido, posteriormente, el cual llega destrozado tanto física como mentalmente.

Nada de lo que escribe Julie Otsuka es inventado. Y si además se le añade que esta escritora americana es de ascendencia japonesa, la credibilidad y la profundidad literaria es si cabe más grande. Ésta no nos escribe un tratado de historia sobre los campos de concentración japoneses en Estados Unidos sino que los evoca a través de las vivencias sufridas por una madre y sus hijos. Es en verdad una historia terrible de plasmar en el papel. Se sabe que tras el ataque nipón a la zona de Pearl Habour en Hawaii en 1941 se desató, sobre todo en el Oeste del país un auténtico pánico con respecto a todo lo japonés. El racismo que ya anteriormente había existido aumentó de manera exponencial, llegándose hablar abiertamente del peligro amarillo que los japs (como llamaban a los japoneses) representaba para Estados Unidos. E incluso estos ataques no solo eran efectuados por la población civil, de la calle, sino que también desde el Congreso o los medios de comunicación se instó al presidente a que hiciera algo con aquellos que se podían convertir en posibles espías del Imperio del Sol Naciente y llegar además a hacer actos de sabotaje en territorio americano. Un ejemplo de ello: Una víbora es una víbora, sin importar donde se abra el huevo. De la misma manera, un japonés-estadounidense, nacido de padres japoneses, se convierte en un japonés, no en un estadounidense.  Nada más disparatado pues hay que recordar que esta población se consideraba tan patriota como aquellos que tenían la misión de vengar las injurias niponas. Pero todo fue inútil pues en Febrero de 1942 el presidente Franklin Delano Roosevelt firmó la Orden 9066 por el que se conminaba a que se construyeran diez campos de concentración en el interior del país en el que se debían encerrar a los 120.000 japoneses que vivían en Estados Unidos (uno de ellos fue el de Manzanar). Tenían 48 horas para abandonar el hogar, lo que produjo que mucha gente se aprovechara de ellos comprándoles las casas y enseres a precios irrisorios. Tras un penoso viaje llegaban a sus lugares de orígenes donde sufrieron durante años un sin fin de privaciones, frio y calor extremo, que produjeron un gran número de muertes debido también a la falta de asistencia sanitaria. E incluso algunos perdieron la vida al intentar traspasar los límites fijados ya que los guardias tenían orden de disparar a matar.

Allí estuvieron encerrados durante toda la  guerra, y cuando ésta acabó solo les dieron un billete de tren y 25 dólares para que rehicieran sus vidas. Pero éste no fue el fin de su calvario ya que al llegar a sus antiguos hogares descubrieron que la gran mayoría de ellos habían sido violentados y además tuvieron que enfrentarse a las miradas hostiles de sus convecinos que les culpaban de las muertes de sus hijos. Durante algún tiempo nadie se disculpó con estos ciudadanos invisibles y solo recibieron de la administración una mísera pensión. La disculpa oficial no llegó hasta 1988.

Y si al principio de la reseña comenzaba hablando de una película, me gustaría terminarla citándole una frase de otra. En este caso se trata de El mayordomo (2014). En ella un sirviente de la Casa Blanca, al recorrer un antiguo asentamiento de esclavos, comenta voz en off: Oímos hablar de campos de concentración, pero estos campos existieron doscientos años aquí mismo, en Estados Unidos. Y aunque hable sobre otra de las grandes vergüenzas americanas, puede extrapolarse perfectamente a esta bella novela de Julie Otsuka, pues llama la atención que un país que se jacta de ser el baluarte de la libertad haya consentido tener en su propia tierra estos lugares de humillación y terror sin sentido.  Cuando el Emperador era Dios, no es una novela, en extensión, grande, pero si enorme por su mensaje y magistral en su forma escrita. Directa, sencilla e impactante son los tres adjetivos más claros que se le puede aplicar a un libro que saca a la luz una historia desconocida y de la que tenemos que aprender para no repetir nunca jamás errores pasados.

 

También pueden leer mi reseña en la página Hislibris: https://www.hislibris.com/cuando-el-emperador-era-dios-julie-otsuka/

lunes, 16 de mayo de 2022

LOS SECRETOS DEL VATICANO - Corrado Augias

 

Para el Vaticano, todo lo que no es sagrado es secreto

 

El tiempo pasa. As time goes bye, como diría aquel. A través de los siglos los imperios se alzan con todo su esplendor y posteriormente, como fruta madura, vuelven a sumergirse en el olvido. Los reyes coronados con diademas de oro en su preclara testa ceden sus poderes al hijo o al usurpador que les sigue, y el pueblo, sufrida grey, aunque parezca que sigue anclado en el mismo discurrir crece y decrece al ritmo de la tecnología armamentística y los bienes sociales. Pero en este sube y baja de la historia, en esta montaña rusa del tiempo, existen algunos poderes terrenales, con ramificaciones celestiales, que se mantienen inalterables a pesar de los envites destructivos que los siglos cambiantes han ofrecido. Una de estos lugares es la ciudad-estado del Vaticano, uno de los países más pequeños del mundo pero que atesora más historia y poder que muchos imperios y reinos, y que pese a estar reducido, sobre todo a los Pactos de Letrán, a su mínima representación territorial, también se le añade ese componente misterioso y enigmático que lo hace atractivo a cualquier historiador.

 

Y es aquí donde suelen aparecer éstos, atraídos por la milenaria historia vaticana, para configurar verdaderos ensayos que derivan desde el típico libro de enigmas esotéricos relacionados con la iglesia, hasta el sesudo estudio, a veces auténticos plomazos, en el que el escritor se despacha a gusto dándonos fechas y fechas sobre el Vaticano haciendo que el lector se aleje rápidamente del libro. Pero aquí, también surgen otros tipos de historiadores, gracias a Dios, que establecen una justa merindad entre lo que es jugoso ensayo histórico y curiosidades, produciendo el inmediato acercamiento de aquellos lectores que anteriormente habían huido ante áridas exposiciones sin corazón ni apasionamiento. Entre estos últimos sabios destaca sobre todo el nombre de Conrado Augias, que con libros como el que tengo entre mis manos en este momento, Los secretos del Vaticano, hacen que el devenir histórico de la ciudad santa, no solo sea atrayente sino altamente adictiva. Gracias a esta obra podremos no solo conocer como ha ido cambiando el poder del Vaticano, sino entender de manera precisa cómo funciona y cuál ha sido su pasado. De manera rigurosa y amena a la vez, con un gran aparato crítico serio a sus espaldas, Conrado Augias nos enseña la historia del Vaticano desde la mismísima época romana hasta nuestros días sin omitir detalle ninguno. Pero como sabe que los datos son solo una ayuda y no un fin, esta narración vaticana se realiza a través de sus misterios y secretos más profundos o más conocidos. Junto con el pasado más conocido el autor lo ejemplifica con los secretos más desconocidos por los aficionados a la musa Clío. Se habla no solo del pasado y recovecos más profundos del edificio santo sino también de los papas y la sombra que han proyectado detrás de ellos, las más de las veces negra como la noche. Aparecen asuntos complicados y vergonzantes como el periodo de la “pornocracia”, los turbios tejemanejes de la banca de la época del cardenal Marcinkus, o por ejemplo la enigmática muerte de su santidad el Papa Juan Pablo I, deceso relacionado en algunos casos como el envenenamiento.

 

Pero el autor del libro, Conrado Augias, no solo se centra en el edificio en sí o en sus dirigentes, sino que también lanza sus redes hacia personas que han tenido relación con él y que han dejado su impronta entre sus paredes, como, me viene ahora a la cabeza, la reina Cristina de Suecia, grandes artistas como Miguel Ángel, o los intrépidos y eficientes guardianes suizos. Augias nos enseña en esta obra todo un micromundo de poder, intrigas, confabulaciones, milagros, y demás asuntos mundanos que harían empequeñecer a cualquier thriller de moda. Pocas historias podrá conocer el lector que sea más enganchante que la historia del Vaticano. Les aseguro que las paginas de Los secretos del Vaticano, les atrapará durante horas en una auténtica trama de difícil escape, pues el ritmo que imprime a cada hoja es vibrante y didáctico a la vez.

jueves, 5 de mayo de 2022

COMETAS EN EL CIELO - Khaled Hosseini

 


 

Por ti lo haría mil veces más.

Con la caída de Kabul, la capital de Afganistán, en manos de los talibanes todos los telediarios dirigieron sus focos hacía qué pasaba en aquel país, en aquella tierra que se había convertido para muchos países en una autentica ratonera. ¿Cómo era posible que los fanáticos talibanes hubieran vuelto al poder? ¿Cómo se había permitido que éstos hubieran vuelto a salir de sus agujeros y cuevas más profundas y en una especie de marcha relámpago hubieran conseguido expulsar de su territorio a las potencias más poderosas del mundo? Cientos de periodistas se hacían estas preguntas y el público desde sus confortables sillones de sus casas veía estupefacto como una banda de barbudos se paseaba por las principales calles del país, kalashnikov en mano, imponiendo nuevamente un régimen de terror feudal. Los corresponsales nos decían cómo iba a ser el nuevo gobierno talibán y las restricciones que se iban a imponer a los hombres y, por desgracia, sobre todo a las mujeres. Pero hubo una de ellas que me llamó mucho la atención: la prohibición de volar cometas. ¿Por qué? ¿Acaso era algo tribal, religioso que atentaba contra la figura de Ala o Mahoma? Yo en verdad me incliné acerca de que se trataba de la palabra que más temen esos fanáticos religiosos: la libertad. Una cometa, aunque se sujete con un hilo reforzado de vidrio se mueve a donde quiera. El viento la lleva de acá para allá sin ningún tipo de culpa ni resentimiento.Y este tema de las cometas voladoras fue lo que hizo que me interesara por un libro que mucha gente de mi entorno se había leído y yo, la verdad, había dejado aparcado en una estantería lejana.

El libro se titula Cometas en cielo, escrito por el médico afgano-estadounidense Khaled Hosseini. A todos mis parientes cercanos les había encantado, junto con otros que escribió después, así que con estas buenas recomendaciones y con todo el trasfondo de la caída de Kabul en este año 2021 me animé a leerlo y he de decir que me ha enganchado y entretenido desde el principio hasta el final sobre todo por dos motivos, uno el literario y otro por el contexto histórico que maneja. En cuanto al literario he de comentar que Cometas en el cielo nos habla de la historia cuasi biográfica del autor centrada en la figura de un joven afgano Amir, perteneciente a la clase media alta de Kabul que junto a su buen amigo Hassan, del clan hazara, tienen una infancia como cualquier otra, con sus tragedias y secretos escondidos, pero que los vaivenes históricos de su país hará que abandone su país y acabe como exiliado en Estados Unidos. Un día, estando ya casado y siendo un reconocido escritor, recibe una llamada telefónica, desde Pakistán, de un antiguo socio de su padre y este le comenta que para enmendar una terrible falta de su pasado que había desembocado en la ruptura de la amistad que tenía con su amigo Hassan, ha de volver a Kabul y allí exorcizar sus demonios.

Todo este planteamiento puede parecer un poco melodramático, tipo de telenovela barata de media tarde, en la que nada histórico está presente, pero lo que hace que ésta sobresalga de este maraña lacrimógena es que el autor sabe fusionar muy bien la historia del protagonista con el contexto histórico en el que está sumergido su país desde 1973 hasta la actualidad. A través de los ojos y vivencias de Amir y su padre Babá, observamos distintos hitos en la historia de Afganistán, ese estado “tapón” entre varios imperios como el ruso, el británico, el persa o China, y que ha hecho fracasar a tantos ejércitos que han pasado por sus valles y pasos.

Asistimos a la infancia de Amir en el mismo momento en que Daud Kan instala en 1973 una república derrocando a una monarquía centenaria, bien instalada, pasando por distintos estados republicanos (como por ejemplo la Revolución de Saur) hasta su fin con la llegada de los rusos y las atrocidades que estos hicieron sufrir a la población afgana lo que provocó a la vez en los años 80 la ayuda de los Estados Unidos a los muyahidines (acuérdese uno de Rambo III y la exaltación y publicidad que hace de éstos el temible mercenario mientras busca al coronel Truman atrapado por un alto oficial ruso). Tras el abandono ruso del estado afgano el país se ve envuelto en una terrible guerra civil, tal vez más cruenta y destructiva que la misma ocupación extranjera, que finaliza cuando los talibanes del mulá Omar se alzan con la victoria haciendo que Afganistán vuelva al mismo Medievo en el únicamente vale la ley de una sharia más estricta y deshumanizada. Esto ocurrió en 1996 pero cinco años después, en 2001, con el terrible atentado de la Torres Gemelas en Estados Unidos, las potencias occidentales, viendo vínculos del gobierno talibán con el terrorismo internacional que había provocado ese atentado, invadieron el país derrocando el régimen talibán y ocupando el país hasta este año en que de nuevo, en una especie de rendevous cíclico, los talibanes se han hecho con las riendas del estado.

Todos estos devenires, muy resumidos, son los que va viendo nuestro protagonista, el telón de fondo por el que se va moviendo y que le van marcando el camino a seguir en su periplo desde su infancia y juventud en ese país hasta el exilio y su vuelta donde ha de redimir sus pecados. Además la novela Cometas en el cielo nos muestra el espíritu del pueblo afgano, como vivían y viven en los diferentes regímenes que han ido sufriendo y cómo han afrontado los periodos de guerra que han destrozado un territorio que prometía tanto y que ha quedado reducido a polvo y escombros. Gustos culinarios, costumbres ancestrales, la existencia de los distintos clanes que conviven en sus fronteras, formas de pensar… todo ello podemos leer en esta novela que es de las que atrapan de principio a fin y de las que al terminar tienes ganas de saber más de una cultura que vive entre el cliché y el desconocimiento a partes iguales.

Un libro que les recomiendo para comprender, o empezar a comprender, qué es lo que está ocurriendo en aquella parte del mundo que muchos expertos consideran el centro geopolítico mundial.

También pueden leer mi reseña en el blog Hislibris 

https://www.hislibris.com/cometas-en-el-cielo-khaled-hosseini/