<<Hay quienes preguntan cuál es la diferencia entre no ver nada y ver todo negro. Preguntan otras cosas. Que si se oye mejor cuando no se ve. Que si todas las mujeres son bellas. Que si se distingue entre el día y la noche. Que si seguimos soñando. Que si lloramos. A muchos les interesa indagar algún trasto sobre la muerte.>>
El 29 de Julio de 1014 se produjo la batalla de Klyuch –conocida como la de Clidio o también la de Belasica- en la que se enfrentaron por un lado el Imperio búlgaro comandado por el emperador Samuel y por otro el entonces todo poderoso Imperio bizantino comandado por el también emperador Basilio II. Tras la desastrosa derrota del ejército búlgaro las fuerzas bizantinas, además de conseguir una victoria decisiva contra sus enemigos y el botín pertinente, capturaron un total de 15.000 soldados búlgaros que en vez de ser ejecutados allí mismo o de pedir rescate por ellos fueron llevados a Constantinopla pues el emperador bizantino tenía otros planes para ellos. Tras un periodo en prisión fueron llevados al hipódromo y allí en tandas de cien fueron sacándoles los ojos dejando tuerto a solo uno de cada partida. ¿Con qué fin? Con el de enviarlos de vuelta a la capital del Imperio búlgaro y así minar la moral del oponente. De esta manera el emperador Basilio II se otorgó el titulo de Bulgaroktonos, o lo que es lo mismo Matabulgaros. Después de esta salvajada los soldados ciegos, guiados por los tuertos, tardaron unos días en llegar a su destino y se dice que el emperador Samuel murió de un infarto al contemplar las filas y filas de compatriotas cegados que iban entrando por las puertas de la ciudad y que con voz lastimera pedían clemencia en su desgracia. Tal fue el efecto desmoralizador de esta acción que cuatro años después, en el 1018, el mismo Matabulgaros terminó de completar su conquista.
Éste sería el punto de inicio histórico con el principia la nueva novela de David Toscana titulada El ejército ciego (Alfaguara, 2026) en el que uno de los capturados, recientemente cegado por las hordas bizantinas, narra en primera persona el momento en el que les fueron sacados los ojos en el hipódromo y cómo posteriormente se encaminó con sus compañeros de desgracia en un incierto viaje hacia la capital del imperio búlgaro. En un principio puede parecer que nos acercamos a una novela histórica truculenta ya que aunque el tema no es agradable el autor utilizando un estilo sobrio, creativo y en algunos casos llegando a lo burlesco hace que su lectura se convierta en agradable y entretenida. Nuestro protagonista responde a las preguntas morbosas que le hacen continuamente sus compatriotas como por ejemplo: cómo se siente al sacarle a uno los ojos y como se hace; qué es lo último que se ve y si después se ve algo si no te los han sacado del todo; o qué sueñan los ciegos… Y así de continuo. Pero éste en vez soltarles o bien una retahíla de improperios o bien una respuesta que mueva a la compasión, más bien les cuenta cómo lo hicieron –lo de sacar ojos- y cómo era aquel curioso ejercito compuesto por una variopinta personajes muy peculiares.
Y es que este es uno de los puntos fuertes de este relato, la presentación de estos curiosos ciegos y las situaciones tan surrealistas que a veces se presentan. Ciegos que custodian ollas con ojos en salmuera como si fueran auténticos tesoros; ciegos malabaristas o trileros jugando con sus propios ojos; mujeres que los roban; un panadero que hace música con cráneos o incluso un profesional bizantino que ostenta con orgullo el titulo de Sacaojos y que parece que por aquellos tiempos era un oficio de renombre; y así gran copia de personajes que David Toscana va presentado en un tapiz de historias increíbles llenas de simbolismos y folclore de aquella zona. Con todos estos mimbres, la historia no cae en el horror per se, sino que gracias al humor, al desenfado como lo cuenta el protagonista y sobre todo a la colección de relatos que rozan el realismo mágico hace que el lector tenga entre sus manos una novela histórica que narra un hecho atroz pero de una forma amena y divertida.
Pd: Esta novela fue galardonada con el Premio Alfaguara 2026.
David Toscana, El ejército ciego. Madrid, Alfaguara, 2026, 240 páginas.
