viernes, 1 de mayo de 2026

EL ARMA QUE MÁS ODIABA LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA


 

El uso de la ballesta ya era conocida en la antigüedad. Tiene su origen en los gastrafetes griegos, en los manuballistas y arcuballistas romanas e incluso  ya era conocidas en la antigua China, pero su uso se generalizó a partir del siglo XII convirtiéndose de hecho en una de las armas más decisivas en los campos de batalla europeos. Y aunque no tenía la misma cadencia de disparo que los arcos convencionales sus virotes impactaban con más fuerza en el enemigo, eran certeros y gracias a la inclusión de palancas se podían recargar con menos esfuerzo y ser utilizados por cualquier soldado inexperto y disparadas en cualquier posición, incluso estando tumbados. Aun así también existían mercenarios especializados en su uso como por ejemplo los famosos ballesteros genoveses los cuales eran muy apreciados por su destreza y habilidad en el combate.

En verdad el uso de los ballesteros en batalla era devastador y por eso empezaron a surgir protestas con respecto a su utilización pues ¿qué era eso de que un simple peón, inculto y sin preparación pudiera abatir a distancia a un aguerrido caballero y atravesar su brillante armadura? Es por ello que en el 1139 en el Segundo Concilio de Letrán, el Papa Inocencio II prohibiese el uso de la mortífera ballesta bajo pena de excomunión pues opinaba que era “un arma detestable para Dios e indigna para los cristiano”. Y he aquí el quiz de la cuestión, en la utilización de esa última palabra (cristiano) ya que esa pena de excomunión no se aplicaba si esa arma se utilizaba contra los infieles. Entonces, pelillos a la mar

Por cierto, uno de los complementos esenciales para cualquier ballestero era la utilización de un gran escudo protector llamado pavés. Éste surgió tras la batalla de Crecy  (1346) durante la Guerra de los Cien Años ya que los ballesteros genoveses se dieron cuenta de que se encontraban desprotegidos frente al enemigo. Se trataba de un escudo enorme, cuadrado, rectangular u oblongo, de madera endurecida, que le cubría todo el cuerpo y que muchas veces estaba decorado con símbolos religiosos o heráldicos. En batalla se colocaban en el suelo clavándolos con una pica que tenía en la base y si el terreno no lo permitía también se podía instalar gracias a un travesaño de metal o madera abatible pudiendo de esta manera guarecerse de cualquier ataque y seguir recargando y disparando sin ningún problema. También tenía unas correas que servían para transportarlo de un lugar a otro. Como una mochila. Se usaron bastante en batalla hasta que irrumpieron las armas de fuego aunque después también sirvieron en combates marítimos durante los siglos XVI y XVII.


 

miércoles, 29 de abril de 2026

BREVE HISTORIA DE LOS JUDÍOS EN ESPAÑA - Paloma Díaz-Mas

 

En los tiempos que vivimos, ya sea debido a los vaivenes políticos que recorren el mundo ya sea por el ansia cultural inherente que tenemos los seres humanos de conocer otras culturas, otras religiones u otras formas de vivir, el conocimiento acerca del pueblo judío pasa por un buen momento. Hay un boom de obras literarias –novelas y ensayos – que nos acercan a la gran odisea de  este pueblo a través de la Historia, y, parafraseando al Génesis: esto es bueno; aunque, viceversa, de la misma manera puede causar cierto respeto al lector novato ante la ingente cantidad de datos existentes. Así pues, para solucionar todo tipo de dudas iniciales y adentrarnos sin miedo en este campo es interesante saber que en el mercado editorial hay un libro que puede ayudarnos a conocer de forma entretenida y didáctica cuáles han sido los momentos estelares de este pueblo con respecto a nuestra historia patria. Es por ello que les invito a bucear en la obra de Paloma Díaz-Mas: Breve Historia de los judíos en España (Catarata, 2023).

Este ensayo viene, como muy bien dice la escritora, a llenar un pequeño vacío existente con el que conocer la historia del pueblo judío en España de manera sintética (Nota: con la palabra España se viene englobar el territorio de la Península Ibérica, no el Estado actual). Es decir que con este trabajo se ofrece un primer escalón, un acercamiento directo ya que esta autora ha reunido en un solo volumen multitud de información que se encuentra dispersa en cientos de libros acerca de la cultura judía en nuestro país. En verdad, un labor excelsa de compilación. En el Paloma Díaz-Mas comienza, obviamente, desde los orígenes de los primeros asentamientos judíos en la Península situándolos en el mismísimo Imperio Romano, aunque en verdad ya se tenía noticia de que podían haberlos habido en tiempos anteriores con las primeras colonizaciones de fenicios, griegos o cartagineses. Nos adentra en la Edad Media en donde podemos hallar al pueblo judío en los reinos árabes, sobre todo en los momentos de esplendor del Califato de Córdoba o en los peores momentos a la llegada de los almorávides y almohades que restringen su religión y por ello son perseguidos por lo que muchos de ellos optan, si siguen en la Península Ibérica por acudir a los reinos cristianos en donde igualmente son aceptados aunque de la misma manera hacia la Baja Edad Media son perseguidos en terribles pogromos (1391) hasta su expulsión definitiva en 1492. Tras esta injusta y terrible decisión, los judíos sefarditas comienzan su diáspora por Occidente –Portugal y Países Bajos- el Sur hacia los reinos del Magreb, en donde no son muy bien tratados y sobre todo hacia Oriente, hacia el Imperio Otomano, en donde nunca olvidaran el sueño de Sefarad y la tierra de sus ancestros.

lunes, 27 de abril de 2026

UN IMPERIO DE RISAS - Fernando Lillo Redonet

 

Más o menos hacia la mitad de la película Amadeus (Milos Forman, 1984), aparece una escena de lo más curiosa a la par que ilustrativa con respecto al asunto que nos traemos entre manos. Mozart es citado ante el emperador austriaco José II para que se defienda de las acusaciones que le acusan de querer llevar a la opera la polémica obra de Pierre-Agustin de Beaumarchais, Las bodas de Fígaro. En un momento de la conversación uno de los asistentes informa al músico que no están allí para evaluar el nivel de sus composiciones musicales sino discutir acerca de los temas apropiados que se han de llevar a la opera. Mozart, fuera de sí le contesta lo siguiente: “Quién de nosotros no prefiere oír antes a su peluquero que a Hércules, que a Horacio o a Morfeo, personajes tan encumbrados que casi cagan mármol”. Pues bien, este ejemplo que parece no tener nada que ver con el tema del que vamos a tratar a continuación, desde mi punto de vista es la mar de pertinente ya que en el deshago verbal de Mozart se encuentra la falsa idea que se tiene de la antigüedad en general y de Roma y su imperio en particular: la de gente seria, aburrida, con cara avinagrada, estoica a más no poder, todo el día desfilando y dando discursos infumables, o bien metidos en bañeras o termas y que al rato se ponen a gritar por las calles diciendo ¡Eureka, Eureka!. Pero en verdad la realidad está bastante más alejada de esas ideas preconcebidas sacadas de sesudos libros de texto y ensayos polvorientos. A los romanos en cambio les encantaba reír, hacer bromas a diestro y siniestro, ser bufones en las fiestas que organizaban y sacarles los colores a los hombres más preclaros del momento. Así pues les invito a algo diferente, adentrarse en una parte de la historia de Roma un poco alejada de la que siempre nos han enseñado, repletas de eternas listas de nombres y conquistas y sumergirse en el último libro de Fernando Lillo Redonet: Un imperio de risas, bromas y chistes en la antigua Roma (Editorial Rhemata, 2026). No se arrepentirán, se lo aseguro.

jueves, 23 de abril de 2026

LA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MUNDO - Miguel Ángel Santamarina

 

A 81 años del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) este conflicto sigue teniendo el triste título de ser el más destructivo y sangriento de la Historia de la humanidad. A diferencia de la Gran Guerra (1914-1918), ésta se extendió por todo el mundo, desde Europa hasta el Pacífico provocando que nadie pudiera escapar de esa locura. Murieron alrededor de unos sesenta millones de personas, con su consiguiente herencia de heridos y mutilados que se estimaron en unos 30 millones de seres humanos. La guerra ya no se circunscribía solo a los campos de batalla llenos de cicatrices hechas por las trincheras por las que correteaban los soldados como hormigas, sino que las ciudades también fueron objeto del terror bélico, desapareciendo muchas de ellas entre olas de fuego mortal provocado por los bombardeos. Y a eso se le ha de añadir la crueldad extrema nunca vista hasta entonces en los campos de concentración y exterminio, las torturas llevadas hasta el extremo y el réquiem final perpetrado por las bombas atómicas caídas en Japón. De todo esto nació una era atómica y un mundo dividido en dos bloques antagónicos soterrados por totalitarismos ocultos y despiadados. Tanto fue el impacto de esta contienda que todavía hoy en día, después de tantas décadas, sigue teniendo importancia y más en un mundo en el que empiezan a sentirse de nuevo un continuo deja vu de cómo empezó todo aquello a la vez que vuelven a alzarse las banderías por distintas partes del globo. Así pues, para recordar cómo fue aquella gran guerra civil mundial y los distintos hitos históricos que se produjeron entonces, quisiera recomendarles el libro Miguel Ángel Santamarina, La guerra que cambió el mundo (Ediciones B, 2025)

domingo, 19 de abril de 2026

¿QUÉ TIENEN QUE VER LAS PENSIONES CON LAS CIGÜEÑAS?

 

El que ahora tengamos pensiones para la jubilación se lo debemos a las cigüeñas, esas majestuosas aves, blancas y negras, que normalmente por la festividad de San Blas (3 de Febrero) suelen volver de su viaje migratorio y posarse en los nidos hechos en los tejados –sobre todo en los de las iglesias- en palos de la luz y actualmente en nidos artificiales construidos por el hombre. Pero remontándonos al campo histórico los romanos se dieron cuenta de que las cigüeñas jóvenes cuando ya se valían por sí mismas, en vez de largarse, se quedaban a cuidar a las  otras cigüeñas más mayores o que habían sufrido algún percance y se habían quedado impedidas. Como decía, los romanos al ver esto crearon la llamada Ley de la Cigüeña (lex ciconiaria pues cigüeña en latín es ciconia, -ae) en la que se promulgaba que los hijos debían cuidar de sus mayores y que si no lo hacían tendrían que enfrentarse a la justicia.

Ambientada en esta ley el primer sistema de pensiones  de jubilación se aplicaría en el ámbito militar, en concreto en los tiempos del emperador Augusto (27 a.C – 14 d.C). Se trataba del aerarium militare y le era concedida a los soldado que hubieran completado 25 años de servicio militar ingresándoles el equivalente a 12 años de paga (que muchos cambiaban por lotes de terreno) y que para los pretorianos era de unos 20.000 sestercios –más o menos- y a los soldados de 12.000. No es de extrañar que la palabra jubilación provenga de la palabra latina jubilare que viene a significar “gritar de alegría”, pues ya no tenían que jugarse la vida en cualquier campo de batalla. También hay que señalar que muchas ciudades se planificaron ex profeso como lugar de retiro de veteranos, como por ejemplo la ciudad de Mérida que fue una colonia fundada en el 25 d. C  para los soldados licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina al terminar las guerras cántabras. Una especie de Marina d’or de la época.

lunes, 13 de abril de 2026

LA GUERRA DE LAS DOS ROSAS - Dan Jones

 

<<Ahora, el invierno de nuestro descontento se torna verano con este sol de York>> (Ricardo III, William Shakespeare)

En general uno de los hitos más importantes y renombrados de la Edad Media es, sin duda alguna, la conocida como La Guerra de las Dos Rosas (1455 – 1485) debido, sobre todo, al  sobre dimensionamiento que se le ha dado no solo desde el punto de vista historiográfico o literario –quién no recuerda aquel grito shakesperiano de “¡mi reino por un caballo!”- sino que también, hoy en día, en el celuloide podemos ver desde la regia y oscura figura de sir Lawrence Olivier en Ricardo III hasta las alusiones ficticias de George R.R. Martin trufadas de dragones y Caminante Blancos campando a sus anchas en su laberíntico Juego de Tronos. Y no es para menos pues es un momento -que casi roza lo mítico-  en el que un reino cambia de corona hasta en cinco veces; en el que aparecen reyes codiciosos y leales; guerreros enfrentados unos contra otros en continuas batallas de sangre y hierro; o donde hay nobles que chaquetean continuamente de bando. Pero aquí la dificultad estriba en que en esta guerra civil no todo es blanco o negro –o rojo, en este caso- ni los buenos son tan buenos, ni los malos tampoco lo son tanto, y en la que, con tanta danza de testas coronadas, el lector profano puede liarse. Pero, que no cunda el pánico, nos congratulamos de contar ahora con la obra de Dan Jones, titulada La Guerra de las Dos Rosas (Ático de los Libros, 2025) en la que el autor, especialista en este periodo, nos mostrará paso a paso la caída de una de las familias más míticas de la Historia, Los Plantagenet, y el nacimiento de otra igualmente poderosa: Los Tudor.

jueves, 9 de abril de 2026

¿POR QUÉ A GROENLANDIA SE LA CONOCE COMO “TIERRA VERDE”?

 

El explorador, aventurero y comerciante noruego Erik el Rojo (950 -1003) debió de ser en su tiempo una persona de mucho cuidado ya que fue acusado de haber asesinado a varias personas en su tierra natal y por eso, junto con su familia, tuvo que huir a Islandia, pero, cosas del destino, tuvo la mala suerte de que allí también fue acusado del mismo delito y a ojos de la ley eso le convertía en un proscrito  por lo que en el 982  tuvo que exiliarse a una isla cercana y e inhóspita durante tres años. Pasado ese tiempo Erik volvió a Islandia con una idea bastante clara: la de convencer a sus compatriotas de que fundaran allí una colonia, donde él había estado. No se sabe muy bien la técnica de marketing que utilizó pero pudo convencer a los habitantes de Islandia, “Tierra de hielo”, de que había encontrado una tierra abundante y muy fértil donde podían llegar a ser felices. Y la bautizó como Grönland, “Tierra verde”, que con el tiempo llegaría a ser conocida como Groenlandia. Así pues en el 985 fundó en el Sureste de la isla dos comunidades islandesas quienes no solo erigieron granjas y roturaron los campos sino que también consiguieron minerales y materiales como pieles de oso polar y marfil extraído de los colmillos de las morsas o los narvales con los que pudieron comerciar con otros pueblos esquimales del norte de la isla a los que llamaron skraelingjar que significa o bien “los que gritan” o “los que llevan pieles”. Por tanto a Erik el Rojo lo podemos considerar, además de por sus títulos anteriores, como uno de los grandes publicistas de la Historia, ya que consiguió vender el eslogan a los hambrientos islandeses de que existía una tierra en la que, prácticamente, manaba leche y miel, cuando en realidad solo una parte de Groenlandia es verde y el resto está compuesta de hielo y nieve. Aun así, a través de este engaño consiguió crear el primer asentamiento islandés  recogido en los registros históricos. Todo un merito, la verdad.


martes, 7 de abril de 2026

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA PALABRA “FREELANCE”?

 

En el actual mercado laboral es común encontrar a personas que se ofrecen como freelance, es decir que trabajan por su cuenta pero ofreciendo sus servicios a otras empresas durante cierto periodo de tiempo estableciendo una especie de contrato temporal que al acabar su labor se disuelve. Este tipo de gente, los freelance, se suelen encontrar en ámbitos como el del periodismo o el vasto universo de internet haciendo trabajos de programación o por ejemplo diseño grafico, entre otros. Pero el termino freelance no es un vocablo anglosajón de reciente cuño sino que detrás de él existe una historia bastante antigua pues ya en la novela Ivanhoe (1819), del escritor escocés sir Walter Scott, se nos habla de los freelancers o guerreros medievales que alquilaban sus armas al mejor postor. Hecho normal si descomponemos la palabra en dos: free (libre) lance (lanza). A modo de mercenarios estos freelancers ofrecían sus lanzas –aunque entiendo que también todo tipo de armas- a un señor dándoles igual el bando donde éste luchara con tal de que les pagara bien. Después, cuando se acababa la contienda, si el asunto bélico había sido satisfactorio, terminaban su contrato y procedían a buscarse la vida por otro lado. 

lunes, 6 de abril de 2026

EL EJÉRCITO CIEGO - David Toscana

 

<<Hay quienes preguntan cuál es la diferencia entre no ver nada y ver todo negro. Preguntan otras cosas. Que si se oye mejor cuando no se ve. Que si todas las mujeres son bellas. Que si se distingue entre el día y la noche. Que si seguimos soñando. Que si lloramos. A muchos les interesa indagar algún trasto sobre la muerte.>>

El 29 de Julio de 1014 se produjo la batalla de Klyuch –conocida como la de Clidio o también  la de Belasica- en la que se enfrentaron por un lado el Imperio búlgaro comandado por el emperador Samuel y por otro el entonces todo poderoso Imperio bizantino comandado por el también emperador Basilio II. Tras la desastrosa derrota del ejército búlgaro las fuerzas bizantinas, además de conseguir una victoria decisiva contra sus enemigos y el botín pertinente, capturaron un total de 15.000 soldados búlgaros que en vez de ser ejecutados allí mismo o de pedir rescate por ellos fueron llevados a Constantinopla pues el emperador bizantino tenía otros planes para ellos. Tras un periodo en prisión fueron llevados al hipódromo y allí en tandas de cien fueron sacándoles los ojos dejando tuerto a solo uno de cada partida. ¿Con qué fin? Con el de enviarlos de vuelta a la capital del Imperio búlgaro y así minar la moral del oponente. De esta manera el emperador Basilio II se otorgó el titulo de Bulgaroktonos, o lo que es lo mismo Matabulgaros. Después de esta salvajada los soldados ciegos, guiados por los tuertos, tardaron unos días en llegar a su destino y se dice que el emperador Samuel murió de un infarto al contemplar las filas y filas de compatriotas cegados que iban entrando por las puertas de la ciudad y que con voz lastimera pedían clemencia en su desgracia. Tal fue el efecto desmoralizador de esta acción que cuatro años después, en el 1018, el mismo Matabulgaros terminó de completar su conquista.

miércoles, 1 de abril de 2026

CINCO HORAS CON MARIO - Miguel Delibes

 

<<Ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres les sacas de su centro y no te sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, en seguida quieren ser señores y eso no puede ser, cada uno debe arreglárselas dentro de su clase como se hizo siempre.>>

No hace mucho escuché en un podcast a un filosofo español que al ser preguntado acerca de cuantas películas se podían ver a lo largo de una vida, éste venía a decirnos que cuando somos jóvenes y algo talluditos vemos cientos de éllas pero que cuando nos vamos acercando a una edad más provecta vamos aminorando y ya sea por nostalgia o porque nos volvemos más exquisitos, al final lo reducimos todo a un listado pequeño y exclusivo quedándonos con las que creemos que son las mejores. Pues, por lo menos a mí,  eso mismo me pasa con los libros de ficción –y, por descontado, también con el cine- que cada vez voy leyendo menos novelas actuales al considerarlas, muchas de ellas, como fotocopiadas unas de otras optando al final por los clásicos o por lecturas que me maravillaron en mi juventud. Así pues, con esta premisa me di cuenta que llevaba un tiempo sin volver a visitar la obra de Miguel Delibes (1920 – 2010) y viendo que eso no era bueno decidí enmendar el error y releer alguna de sus obras que me hubieran marcado entonces. Y, a pesar de que había leído unas cuantas suyas, todas de alta calidad, al final me decanté por Cinco horas con Mario (1966) por ser la que más me impacto en su momento.

viernes, 27 de marzo de 2026

A ORILLAS DEL RUBICÓN - Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi

 

Roma, al final de la República, era un estado en franca descomposición. Un juguete en manos de codiciosos senadores y generales salva patrias que tras años de guerras intestinas habían terminado por roer sus raíces sin ningún pudor. Y a eso, de la misma manera, habría que sumar que la República era ya un sistema desfasado, bueno en otros tiempos pero que se quedaba pequeño para una Roma que por entonces daba claros síntomas de ser un futuro imperio. Por tanto las costuras se le rompían por todos los lados y los romanos, que veían estos signos de crisis, se agarraban como a un clavo ardiendo al triunvirato que les gobernaba en ese momento formado por Pompeyo Magno, el ambicioso Craso y el conquistador Cayo Julio Cesar. Aun así las tensiones entre estos tres gigantes eran claras y todo acabó por estallar con la muerte de Craso en Carras, en la lejana Partia, en el 53 a.C. Ya solo quedaban Pompeyo y César frente a frente, como dos enormes carneros a punto de darse de topetazos y en medio los sufridos romanos que iban a ser sacrificados en uno u otro bando.

jueves, 19 de marzo de 2026

¿DE DÓNDE VIENE LA EXPRESIÓN: “BEBER COMO UNA COSACO”?


 

Además del valor y la temeridad, uno de los rasgos más famosos de los cosacos era su gusto por la bebida y por los desmanes que provocaban posteriormente estando borrachos. Era tal la afición que le tenían al vodka que, por su culpa, más de una vez estuvieron en peligro. Por ejemplo en 1663 los otomanos asaltaron por sorpresa uno de sus asentamientos fortificados después de una noche de fiesta pero los cosacos, a pesar de la resaca, se despertaron rápidamente y consiguieron expulsar a los asaltantes. Aunque otras veces no tuvieron tanto éxito ya que en 1775 el príncipe ruso Potemkin les sorprendido en mitad de una juerga y fueron derrotados de manera aplastante, dándose el caso que incluso atraparon a su atamán y éste fue llevado ante la zarina Catalina la Grande.

Pero la etiqueta internacional de borrachos  no se les asigno hasta muchos años después, al terminar las guerras napoleónicas. La fama de su valor había cruzado el Canal de la Mancha y por eso fueron invitados en 1814 a una parada militar en Londres con el fin de celebrar la victoria sobre el temido Napoleón. Los cosacos no solían ser personas sedentarias y la estancia en la capital inglesa les resultaba de lo más aburrida por lo que mataban el tiempo haciendo lo que mejor sabían: acudir a los bares y mesones a embriagarse hasta caer redondos. La bebida corría a espuertas día y noche y las juergas y los gritos eran continuos. Esa actitud llamo mucho la atención de los viandantes que muy pronto acuñaron la expresión: beber como un cosaco, frase que desde ese momento corrió por todos los rincones de Europa.

jueves, 12 de marzo de 2026

EL BUSCÓN - Francisco de Quevedo

 

En las postrimerías del siglo XVI, el poderoso imperio español comenzó a hacer aguas por todos los lados. Utilizando la manida imagen de un gigante de barro, la podredumbre iba corroyendo poco a poco sus raíces anunciando ya la futura debacle. En estos años la Península Ibérica contaba con unos siete millones de habitantes pero las continuas guerras europeas, el azote de las mortales miasmas o la expulsión de los moriscos en 1609 tuvo como consecuencia un paulatino empobrecimiento y abandono de las ciudades y sobre todo de los pueblos en donde los jóvenes ya no ven un futuro y decidían lanzarse a las metrópolis más populosas de España como eran entonces Madrid o Sevilla que ya contaban con unos 100.000 habitantes. Pero los que se prometían atar perros con longanizas pronto se daban de bruces con la realidad y se encontraban con que estas urbes no habían escapado del azote de la pobreza y hallaban calles sucias y malolientes, embarradas al ritmo de la lluvia y el ¡agua va!, sin aceras ni iluminación nocturna proclives a ser tomadas por cofradías de delincuencia y pillería compuestas por otros emigrantes pretéritos que igualmente habían surcado el camino que va de la ilusión a la desilusión.

lunes, 23 de febrero de 2026

CRIADAS Y SEÑORAS - Kathryn Stockett

 

Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante.

Casi cien años después de la finalización de la Guerra de Secesión (1861 – 1865), a mediados de los años sesenta, en Estados Unidos, los roces entre la gente de raza blanca y la gente de raza negra todavía persistían (y aún hoy, por desgracia, todavía los sigue habiendo). Como decía, en aquellos años del siglo pasado, más de once millones de personas de color que vivían en los estados del Sur sufrían un tipo de apartheid llamado segregación racial que, bajo el lema de “separados pero iguales”, mantenía totalmente apartados tanto las esferas del mundo de los blancos como la de los negros. Todo estaba dividido: los colegios, los transportes públicos, los locales de ocio, los barrios, los estadios deportivos, las tiendas… y un sin fin de lugares por los que la gente blanca entraba por una puerta y los negros por otra, por las que hubiera un cartel que dijera “colored”. ¡Hasta los urinarios y fuentes de agua potable eran distintos! Y no es que este tipo de segregación racial fuera ilegal, es que estaba amparada en aquellos estados por unos escritos llamados Leyes de Jim Crown, vigentes entre 1876 y 1965, y que limitaban el movimiento de los negros para que no se mezclaran en el ámbito de los blancos. Estaban condensadas en un librito que podía estar en cada mesilla de cada blanco, como si fuera la Biblia, y hasta poder consultarse en las bibliotecas por si alguien tenía dudas acerca de su aplicación. Leyéndolas con detenimiento vemos que eran ridículas ad nauseam como por ejemplo la que decía que una mujer blanca no podía dar el pecho delante de un hombre negro (no fuera a ser que éste se excitara) o que un peluquero negro tocara el pelo de una blanca.

lunes, 16 de febrero de 2026

GO WEST YOUNG MAN - Tiburce Oger y VV.AA

 

“Dejó atrás todo lo que conocía para hacer realidad sus sueños” (Un horizonte muy lejano, 1992)

Dos fechas claves. La primera, alrededor de 1820, el país recién nacido tras una cruenta guerra de independencia, Estados Unidos, sigue recibiendo cientos de miles de migrantes y ya no son solo holandeses e ingleses, sino también irlandeses, alemanes, escandinavos, italianos, eslavos o judíos provenientes de Europa Central. Se calcula que entre 1820 y 1860 los Estados Unidos acogieron alrededor de cinco millones personas que deseaban huir de las miserias del Viejo Mundo. Aun así, es evidente, esta explosión demográfica era imposible de soportar para las otrora Trece Colonias originales por lo que las autoridades políticas del momento decidieron aliviar la presión que soportaban algunas ciudades como, por ejemplo, Nueva York. Así pues, esto se pudo lograr, por un lado, gracias a los avances técnicos con los que afrontar la dura orografía del terreno, como el nacimiento del servicio de cartografía; la construcción de líneas férreas; o las expediciones que buscaban sendas con las que hacer avanzar a los pioneros; y por otro, no nos podemos olvidar de la importancia de la misma prensa en la que se publicitaban mensajes a toda página que prometían a los parias del mundo que al otro lado de las Montañas Rocosas se encontraba la Tierra Prometida del Oeste en la que todo el mundo tenía derecho a un número limitado de acres de tierra y en la que al echar una semilla surgían casi de milagro todo un sin fin de alimentos. La promesa dorada de ¡Ve al Oeste, muchacho y progresa con el país! caló tan profundo que en muy poco tiempo cientos de personas, la gran mayoría de ellas en enormes carros conestoga tirados por seis u ocho caballos, se encaminaron con ilusión a recorrer distintas rutas, ya fueran la Senda de Oregón, la de California, el Viejo Camino Español o el de Santa Fe.

Y ahora corramos un poco en el tiempo. Más o menos 142 años, y situémonos en 1962 cuando se estrenó la súper producción La conquista del Oeste. Realizada por varios directores, con un reparto estelar de actores del momento y proyectada en las salas de cine con el método del Cinerama, los espectadores de todo el mundo, sobre todo norteamericanos, podían sumergirse en los avatares y en la épica de cómo su país se fue fraguó desde las arriesgadas aventuras de los pioneros y tramperos que comerciaban con los nativos, pasando por cruentas guerras, hasta observar los símbolos más eternos de su país como fue la construcción del tren transcontinental. En verdad todo un carrusel de hazañas que hacían vibran al espectador. Pues bien esta forma episódica de contar un tiempo y un lugar es el que ha elegido el historietista Tiburce Oger en su recopilación de historias titulada Go West Young man (Norma Editorial, 2023) junto con una serie de importantes dibujantes con la intención de  mostrar cómo fue aquella aventura de la conquista del Oeste. Una gesta llena de peligros, valentía, injusticias, odios cainitas y esperanza.

martes, 10 de febrero de 2026

LAS MINAS DEL REY SALOMÓN - Henry Rider Haggard

 

Llama la atención lo contradictoria que podía llegar a ser la sociedad victoriana. Por un lado, el universo que había creado la reina Victoria de Inglaterra (1837 – 1901) era en sumo pacato, restrictivo en cuanto a la moral sexual, a imagen y semejanza de la familia idílica que promocionaba la propia monarca junto a su marido Alberto, pero, eso sí, solo de puertas para adentro pues la hipocresía y el doble rasero se aplicaba en todos los campos de la vida. Un ejemplo de este doble juego, a parte de la concepción moral indicada, se puede observar en que aquella sociedad tan cerrada a los influjos externos estaba cautivada por los aires de exotismo que los marinos y comerciantes británicos traían de lugares lejanos como el enigmático Oriente o la misteriosa y peligrosa África. Éstos victorianos se dejaban engatusar por las porcelanas chinas, las estampas pictóricas japonesas e incluso por la misma arquitectura oriental, mientras que se emocionaban con las noticas que salían en la prensa hablando de las hazañas perpetradas por aventureros como Livingstone, Speke o Burton, lo que en este último caso animó a la vez a otros cientos de aventureros anónimos a salir de caza, rifle en mano, por las lejanas sabanas africanas, buscando no solo correr una odisea y abatir un león o un elefante sino también conseguir la libertad y la esquiva fortuna que tal vez no podían encontrar entre los negros humos de las chimeneas londinenses.

Así, es de imaginarse que el imaginario victoriano estuviera bien abonado para que arraigaran y crecieran en él las novelas de aventuras sobre todo para aquellos que no podían costearse un viaje allende los mares y que también deseaban evocar mil y una experiencias aunque únicamente fuera navegando y cazando entre las hojas de un libro, tras tomar una copita de jerez por la noche, tras llegar de una extenuante jornada en la City, mientras se dejaba arrullar por el crepitar de un leño en la chimenea. Autores como Verne, Salgari, o Conan Doyle se volvieron muy apreciados en esos momentos, pero por encima de ellos, el escritor de aventuras británico por excelencia era sin lugar a dudas Henry Rider Haggard (1856 – 1925) que, gracias a la saga protagonizada por el infalible y astuto Allan Quatermain, trajo a las frías costas británicas no solo el aroma  africano sino también el exotismo milenario de brujas, hechiceros y reinas vengativas de tiempos arcanos. La más famosa de sus novelas es la que principia dicha saga y se trata de la celebérrima: Las minas del rey Salomón, escrita en 1885 y que por muchos es considerada la novela de aventuras por excelencia.

lunes, 2 de febrero de 2026

LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ - Antonio Iturbe

 

No importa cuántos colegios cierren los nazis, les contestaba. Cada vez que alguien se detenga en una esquina a contar algo y unos niños se siente a su alrededor a escuchar, allí se habrá fundado una escuela.

 Se dice que durante la Conferencia de Wannsee, en la que se ultimaron los detalles de la llamada Solución Final, el adjunto de Von Ribbentrop, Martin Luther, preguntó al general Reinhard Haydrich si existía un infierno para los judíos. El segundo de Himmler le miró a los ojos y sin vacilar un momento le respondió que ellos ya les habían creado uno. En verdad aquel fanático de las SS no faltó a la verdad, pues en el corazón de la conquistada Polonia, a unos 60 kilómetros de Cracovia, existía un lugar, en una localidad llamada Oswiecim (Auschwitz en alemán) en el que la Muerte trabajaba las 24 horas del día, sin descanso. El 20 de Mayo de 1940, Rudolf Höss, partiendo de unos antiguos barracones del ejército polaco comenzó a levantar el mayor campo de concentración de la historia, el Konzentrationslager Auswichtz-Birkenau, en donde perderían la vida alrededor de unos 1,3 millones de seres humanos, un 90% judíos, de los cuales 900.000 fueron asesinados inmediatamente debido a su debilidad, enfermedad o que no eran aptos para el trabajo, y otros por desnutrición, experimentación médica a cargo del doctor Mengele o gaseados y fusilados sin piedad, por puro capricho. Era en verdad un campo de exterminio peculiar, un coto de caza particular que estaba a las ordenes directas de Heinrich Himmler, y que fue conducido hasta 1943 por el SS Oberstumbannführer Höss y después, debido a la enormidad de las instalaciones y las atrocidades, por Arthur Liebehenchel y Richard Baer. Tan grande era que estaba compuesto por 3 complejos y una cincuentena de pequeñas instalaciones repartidas por toda la región. Si todavía no les ha mareado las cifras de muerte, permítanme que les desglose la composición del complejo: a) Auschwitz 1 (20/5/1940): Era el campo principal. Se calcula que allí murieron unas 700.000 personas. Eran esencialmente prisioneros de guerra, enemigos públicos políticos, soviéticos, y sobre todo judíos y, cuando la locura alcanzó cuotas de enormidad, cualquier persona de cualquier condición, sexo, religión y nacionalidad. B) Auschwitz-Birkenau (08/10/1941): era el campo de extinción inmediata. Fueron asesinadas un millón de personas, esencialmente judíos y gitanos. Y finalmente c) Auschwitz 3 (Monowitz): inaugurado el 31 de Mayo de 1942 era un campo de trabajo para fábricas de armamento y químicas.

jueves, 29 de enero de 2026

LAS GUERRAS QUE HAN MARCADO LA HISTORIA - Richard Holmes


 

“El hombre que ha tenido algo que hacer en este mundo nunca ha sido guerrero. Lo que gusta de la guerra es que la guerra se hace”. (Emile Chartier Alain)

 Antes de morir, Richard Holmes, destacado difusor de temas bélicos ambientados sobre todo en la Edad Media y la Segunda Guerra Mundial, centrado esencialmente en el universo en el que se mueve el soldado de a pie, tuvo a bien dejarnos a modo de testamento un ensayo bélico que hará las delicias de toda persona que quiera asomarse por primera vez al mundo del hierro y el barro, de la gloria y el honor, del miedo y de la derrota más triste… en definitiva, a ese lado más oscuro y brillante del ser humano que es el campo de batalla. Les hablo de su obra póstuma: Las guerras que han marcado la historia (Ariel, 2007).

 En esta obra terminal, Richard Holmes recorre más de 300 campos de batalla de todo el mundo y de toda época para ofrecernos un fresco vivo y colorido de aquellos conflictos que durante toda la existencia humana fueron decisivos para bien o para mal de sus protagonistas. Mediante temas globales que abarcan desde las arenas de la antigüedad, siguiendo por lo más oscuro de la descarnada Edad Media, las espectaculares innovaciones bélicas y el alzamiento de imperios mundiales en la Edad Moderna, hasta los campos de batalla del siglo XX con sus dos guerras mundial, el lector verá dentro de cada uno pequeños capítulos en el que se desarrollan cada batalla de manera cronológica, de una manera precisa, didáctica y muy rigorosa, sin olvidarse en cada momento de cuales fueron los movimientos de tropas, organización y planificación, sin olvidar lo más interno de cada batalla, es decir, lo que siente y padece cada soldado en cada época de la historia, haciéndonos ver a lo largo de la obra que el miedo o la sensación de nausea que podía padecer un soldado de infantería egipcio en Kadesh, también podían ser los mismos sentimientos que un joven soldado español que hubiera decidido saltar a la Sultana en plena batalla de Lepanto, o un juicioso y duro soldado alemán que estuviera a punto de perder la vida defendiendo un triste bunker en el Berlín de 1945. (Continua)

martes, 13 de enero de 2026

TRAS LAS HUELLAS DE CÉSAR EN HISPANIA - Arturo Gonzalo Aizpiri

 

Creo que la primera vez que supe que el gran Julio César estuvo en la península Ibérica fue cuando de pequeño leí el cómic de Asterix en Hispania en dónde se le ve, en la primera página, pasar revista a sus legionarios después de salir victorioso de la Batalla de Munda (45 a. C) mientras al fondo aparecen unos estoicos hispanos gritando: ¡olé! Y es que en verdad, aunque las arenas del tiempo hayan conseguido borrar los pasos del gran conquistador, no hemos de olvidar que César, el amado de Venus, estuvo muchísimos años en Hispania y que su presencia fue primordial en el devenir de la Península. Llama la atención que conozcamos las historias de César en la Galia pero al contrario ignoremos que también pasó por aquí y que, por desgracia, de éste solo nos queda algún rumor, leyenda, estatua recóndita o placa anecdótica que nos diga que también cruzó por Hispania, y es por ello por lo que es necesario rescatarlo gracias a trabajos como el que les presento en esta humilde reseña: Tras las huellas de César en Hispania (Almuzara, 2025) en el que se desentierran su figura y sus rutas por España, más allá de los áridos y polvorientos tratados de Historia acercándolo, de la misma forma, a los peregrinos de Clío.

Combinando prosa histórica con la narración de viajes, nuestro escritor, a modo de Virgilio dantesco, y de la misma forma que hizo en su anterior libro: Tras las huellas de Aníbal (Almuzara, 2022) permite al lector conocer los periodos que Julio César estuvo en Hispania. En primer lugar hemos de remontarnos a cuando era un joven barbilampiño y consiguió subir el primer peldaño del cursus honorum al recibir el título de cuestor que ejercería en la Hispania Ulterior (69 a.C). Nada más llegar César se dio cuenta de las grandes cicatrices que todavía quedaban en la Península debido a las Guerras Sertorianas (77 – 72 a.C) y por ello tomando como base la ciudad de Corduba, desde el principio quiso, por un lado, tener buenas relaciones clientelares y de este modo contrarrestar la influencia pompeyana que existía en el territorio. Pero como le pasó en muchos momentos de su vida, ejerció tanta munificencia que casi le llevó a la ruina. Así pues al joven Cesar le vino bien conocer en Gades a Lucio Cornelio Balbo proveniente de una acaudalada familia comercial que había conseguido hace poco -gracias a la Lex Gavinia (72 a.C)-  la ciudadanía romana debido a los servicios prestados a Pompeyo en el anterior conflicto bélico.

martes, 6 de enero de 2026

EL GUARDIAMARINA HORNBLOWER - C. S. Forester

 

Si de buenas a primeras, a bocajarro,  comienzo esta humilde reseña lanzándoles  el nombre del novelista Cecil Scott Forester (1899 – 1966) apuesto a que a muchos de ustedes no les sonara de nada. Aunque  los más avezados en el género de la literatura marítima quizás sí lo sepan estoy seguro de que para la gran mayoría del vulgo éste sea un escritor desconocido. Pero si les digo que este buen hombre es el responsable de que algunas de sus obras literarias se hayan convertido en películas de culto, clásicas (es decir, eternas) como La reina de África (1951), Orgullo y Pasión (1957, en España se tituló El gran cañón ¡menuda traducción!) es de suponer que la niebla empieza poco a poco a disiparse. Y si a esto, ya yendo al quiz del libro que les presento,  añadimos otra película, interpretada por Gregory Peck y Virginia Mayo, titulada El Hidalgo de los Mares (1951), que originalmente se llamó Captain Horatio Hornblower (de nuevo ¡viva la traducción hispana!) muchos de ustedes ya habrán caído en cuenta de la gran saga de aventuras que ahora les traigo.

Nuestro autor escribió entre 1937 y 1966 un total de once volúmenes ambientados en el mundo de los navíos que surcaron los mares en tiempos de la guerra que mantuvo Inglaterra contra la todopoderosa Francia de Napoleón Bonaparte entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y para ello tomó como protagonista de esta saga a un valiente marino llamado Horatio Hornblower. Es de imaginarse que el nombre del susodicho protagonista es un homenaje a otro Horatio, es decir, Nelson, héroe de Trafalgar. C. S. Forester, tomando como antecedentes a otros autores clásicos ingleses como Frederick Marryat, sobre todo su obra De grumete a Almirante (1834), y fusilando gran parte de epistolarios marítimos de la época, compuso una serie de libros en que Horatio Hornblower ira pasando, de volumen en volumen, por los diferentes grados de la marinería desde guardiamarina hasta almirante y de esta forma mostrarnos como era el arriesgado mundo en el que un brillante corso parecía comerse a toda Europa pero al que le era imposible conquistar los mares frente a unos marineros que no dudaban en dejar sus vidas en pos de la libertad de su querida Albión, pues ¿quién no se acuerda de la flamígera arenga que lanza el capitán Aubrey en la película Master and Commander (2003): “¿Queréis ver una guillotina en Picadilly? ¿Queréis llamar rey a ese andrajoso de Napoleón? ¿Qué vuestros hijos canten la Marsellesa? Señor Mowett, señor Pullings, batería de estribor.”