lunes, 8 de junio de 2026

LOS ROBOS DE NAPOLEÓN EN ESPAÑA - Francisco García del Junco

 

Uno de los momentos álgidos y más simbólicos del Apocalipsis de San Juan es cuando una voz profunda y ultraterrena anuncia la llegada de los conocidos como Los Cuatro Jinetes de la Apocalipsis montados sobre cuatro caballos de cuatro colores distintos. Uno es el Hambre, otro la Peste, el de más allá la Muerte y el que más me impresiona de todos, La Guerra, en su corcel rojo sangre. San Juan lo presenta de la siguiente manera: Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: «Ven». Entonces salió otro caballo, rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande. (Ap. 6,3-4) Como decía, por lo menos para mí, en mi imaginario es el epítome de sus otros tres compañeros ya que con su espada mortal causa la muerte de millones de soldados, engendra la peste que persigue a los cadáveres y sobre todo origina el hambre de los pocos que sobreviven a esa locura. Y, si se amplifica un poco el foco, podremos ver detrás de La Guerra a otro alazán, quizás de color tierra pero igualmente temible: La Destrucción. Y es que las guerras conllevan de la misma manera la extinción no solo del ser humano sino también de sus ciudades y edificios además de su rico patrimonio artístico.

Es triste reconocerlo, pero a día de hoy, por desgracia, las guerras son inevitables. Cójase un mapa geopolítico actual y podrán hacerse una idea. La gran mayoría nacieron con la idea de conquistar, tomar y destruir al adversario, su forma de vivir y sus ideas políticas y religiosas, pero, por ende, otros conflictos añadieron el robo y el saqueo a diestro y siniestro, de forma mecánica e industrial. Un ejemplo de ello lo vemos en la Segunda Guerra Mundial donde las fuerzas alemanas esquilmaron el patrimonio cultural del orbe en beneficio propio, y otro, aunque no a tanta  escala global, pero si trágica para nuestra historia patria, lo tenemos en nuestra propia Guerra de la Independencia ( 1808 – 18014) en donde las tropas francesas, comandadas por sus generales e instigados por el emperador Napoleón Bonaparte se dedicaron a robar, saquear y destruir, cual cuatreros, gran parte de nuestro patrimonio cultural y así enriquecerse dejando tras de sí una estela de fuego y destrucción allá por donde pasaran. Esta orgía de latrocinios e iniquidades es el tema central que pivota en torno al último libro de Francisco García del Junco que procedo ahora, de forma humilde, a reseñarles. Con todos ustedes: Los robos de Napoleón en España, editado por La Esfera de los Libros (2026).

miércoles, 3 de junio de 2026

PERO ¿QUIÉN ES BRÍOS?

 

¿Cuántas veces no hemos visto en películas, leído en libros y visto en tebeos a personajes altaneros, espadachines temerarios, y cualquier tipo de aventurero utilizar expresiones tipo “¡Voto a Bríos!” o “¡Pardiez!”? En la ficción de hoy en día no se utilizan tanto estas expresiones ya que pueden quedar un poco anticuadas y desfasadas pero hubo momentos de la Historia en las que sí se utilizaron de forma recurrente, en este caso como artimaña para que la justicia no cayera sobre uno con todo el peso de la ley. Para comprender el motivo y saber quién era ese tal Bríos hemos de acercarnos a la Biblia, a los Diez Mandamientos que Dios concedió a Moisés en el Monte Sinaí y en concreto al segundo que reza lo siguiente:

"No tomarás el nombre de Dios en vano"

Es decir que el nombre del Creador ha de ser tratado con máximo respecto y que jurar por Dios es una clara blasfemia que se castiga no solo desde el punto de vista religioso sino también legal, y más, por ejemplo, en la época de la Contrarreforma en los siglos XVI y XVII. Así pues para evitar cualquier conflicto con la ley la gente que quería renegar en un momento dado sin caer en falta debían recurrir a ciertos eufemismos y triquiñuelas como utilizar deformaciones del nombre del Dios, como votar a Bríos (¡Voto a Dios!) o pardiez (¡Por Dios!). Ejemplos de esto lo podemos ver en novelas y obras de teatro del Siglo de Oro y posteriores, hasta incluso en tebeos e historias ilustradas salidas tras la Guerra Civil Española como por ejemplo de El guerrero del antifaz que continuamente recrea formas de hablar algo engoladas ya utilizadas en siglos pretéritos.


lunes, 1 de junio de 2026

ESO NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LOS VIKINGOS - Irene García Losquiño

 

<<Estamos destinados a morir en un día determinado, pero es nuestra elección hacer lo que queramos hasta que ese día llegue>> (Ragnar Lothbrok en Vikingos)

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, sin darnos cuenta, estamos rodeados de cultura vikinga. En nuestro día a día utilizamos productos comerciales, viajamos por el mundo y gozamos de hobbies con los que desconectar del estrés cotidiano en los que las referencias al universo nórdico están a primera vista. Solo hay que estar un poco atentos ya que por ejemplo podemos acudir a nuestro trabajo en un coche de la marca Rover, que tiene como emblema la proa de un barcoluengo vikingo; escuchar la música de nuestros móviles gracias al bluetooth, aplicación que hace referencia al rey danés Harald Diente Azul; vibrar con las gestas del equipo de futbol americano Minnesota Vikings; leer escritores inolvidables que hacen referencia a la literatura nórdica como Tolkien o George R. R Martin; elegir entre ver una serie de animación japonesa como Vinland Saga o machacar los mandos de la Play con juegos como el God of War Ragnarok mientras nos tomamos un drakkar noir a la vez que pensamos que quizás este verano hagamos un crucero montados en un barco de la empresa Viking Cruise… y así cientos de referencias que nos acompañan en nuestro quehacer diario y que demuestran que en la actualidad dicha cultura está, verdaderamente, de moda.

Por un lado hay que pensar que esta nueva ola vikinga es algo bueno ya que retrotrae a nuestro imaginario colectivo una época muy interesante de la Historia, aunque por otro lado también hay que señalar que dicha sobreabundancia de datos expuestos en distintos formatos ya sea el cine o la televisión, los videojuegos, las novelas históricas y hasta la propia música, pueden, quizás,  distorsionar la verdadera historia de la Edad Vikinga y en muchos casos circunscribirla únicamente al plano bélico, a fieros y musculados guerreros pareciendo como si éstos estuvieran todo el día estuvieran saqueando a diestro o siniestro, o bien crear una historia paralela y ridícula de su vida diaria, de sus creencias y costumbres, que no tienen nada que ver con la realidad. Así pues para centrar la verdadera esencia de cómo eran los vikingos y alejarlos de cualquier visión retorcida de  la historia real o de cualquier pernicioso presentismo actual, por ello les recomiendo leer el ensayo Eso no estaba en mi libro de Historia de los vikingos escrito por la especialista en temas escandinavos Irene García Losquiño y publicado por la editorial Almuzara (2020).