Tras un parto
malogrado la reina Isabel de Portugal, esposa del emperador Carlos V, murió el
1 de Mayo de 1539 con tan solo 36 años de edad. Esta muerte causó una gran pena
a su esposo quien organizó una comitiva fúnebre que iría desde Toledo hasta el
sepulcro de Granada donde descansan los restos de sus abuelos los Reyes
Católicos. Para tan penosa misión el emperador designó a Francisco de Borja (1510
– 1572) como responsable de escoltar el cuerpo y de identificarlo al llegar a
su destino final. En Granada la comitiva procedió a abrir el féretro, pero un fuerte
hedor a podredumbre hizo retroceder a los caballeros que había a su alrededor
(cosa normal después de haber andando con el cuerpo de la difunta por media
España y a pleno sol). El arzobispo de la ciudad, con un pañuelo en la nariz,
hizo jurar a los caballeros presentes que en verdad aquella era la emperatriz
Isabel, cosa que hicieron, pero hubo que se quedó callado: don Francisco de
Borja. El arzobispo se sorprendió de la actitud del marqués y le instó a que
jurara poniendo su mano sobre el puño de su espada. A pesar de esto, Francisco,
tras ver el cuerpo abotargado y corrupto de su querida emperatriz, digo con
gran solemnidad que desde ese mismo momento hacía voto de no volver a servir a
ningún señor que se pudiera morir. Tiempo después, tras el fallecimiento de su
esposa, Francisco de Borja renunció a su título y a sus heredades e ingreso en
la Compañía de Jesús.
jueves, 18 de abril de 2019
sábado, 13 de abril de 2019
¿QUIÉNES ERAN LOS GROOM OF THE STOOL?
Uno de los
oficios más peculiares, a la par que asqueroso, de la Historia, fue el Groom of the Stool más
conocido como los limpiaculos de la
realeza. Este trabajo, el de tener aseado el trasero real, era practicado por
funcionarios de la corte que debían estar listos en cualquier momento a la
espera de que el rey los llamara. Incluso a veces tenían que portar wáteres portátiles
por si las ganas se producían fuera de palacio. Llama la atención que aunque
este trabajo pueda parecer denigrante, en verdad había disputas entre las
familias nobles para ver quien ocupaba este cargo tan especial pues la
intimidad que se producía al defecar conducía muchas veces a que los reyes les hicieran
confidencias a sus limpiaculos y que incluso se hicieran amigos íntimos, como
por ejemplo le sucedió a Enrique VIII de Inglaterra con su groom of the stool
particular.
Pero no solo los
reyes de Europa tenían limpiaculos especializados. El Vaticano también disponía
de ellos, pero allí eran llamados Caballeros del baño. Un titulo bastante fino,
como se puede ver. Hacían el mismo oficio que los anteriores y de manera igualmente
eficaz, aunque hubo un papa que quiso prescindir de ellos y convertirse en el
primer pontífice en ir al servicio él solito. Se trataba de Anastasio II y
quiso prescindir de ellos porque por un lado los veía innecesarios y por otro
le ponían nervioso al vaciar las tripas.
lunes, 8 de abril de 2019
LA SUERTE DE VENUS - Steven Saylor
“Y cuando
buscaba la suerte de Venus en las tabas, siempre me salían los Perros funestos”.
(Propercio, Elegías IV, VIII, 45-46)
Egipto siempre
estuvo en la agenda de Roma. Cada vez que ampliaba su imperio por el Mediterráneo,
a cada paso que daba, nunca se olvidaba de la tierra de los faraones. Los hijos
de la loba esperaron pacientemente la oportunidad de meter mano a las grandes
plantaciones del Nilo y obtuvieron su premio aprovechando las profundas
disputas que existían en el linaje de
los Lagidas. Tras la muerte del rey Soter de Egipto, el trono fue ocupado por
Alejandro II (Ptolomeo XI) el cual, supuestamente, legó derechos de tutelaje a
Roma. Pasado el tiempo, y tras un reinado típico en esos pagos (es decir
convulso y sangriento) Ptolomeo XII, alias Auletes
(debido a que en sus juergas gustaba de tocar la flauta) se convirtió en el
nuevo monarca. Desde entonces el senado romano no cejó de airear el testamento
de Alejandro II en el que legaba Egipto a Roma. En el 59 a. C, Julio César, cónsul
en esos momentos, anunció que aceptaba al rey Ptolomeo Auletes como “Amigo y
Aliado del Pueblo Romano” dejando inmortalizado este hecho en una placa de mármol
en un templo del Capitolio… a cambio, claro está, de pagar un suculento
chantaje de treinta y cinco millones de denarios. Ptolomeo, para recuperar el
desembolso que había hecho exprimió a su pueblo hasta que éstos no pudieron
aguantar más provocando una gran revuelta que obligó por un lado a que éste tuviera
que huir mientras que a la vez Roma se apoderaba de Chipre. Los dientes de la
loba estaban cada vez más cerca de la desembocadura del Nilo. Egipto estaba en
un total descontrol y por ello, una delegación de eminentes alejandrinos,
encabezados por Dion de Alejandría, decidió acudir al senado de Roma para
denunciar el descontrol del país. Éste es el preámbulo con el que comienza la
cuarta aventura (según la serie original) de las aventuras de Gordiano el
Sabueso: La suerte de Venus, escrita
por el novelista Steven Saylor.
Gordiano ya ha
vivido anteriormente emocionantes aventuras y ha sido testigo presencial de grandes
hitos de la historia romana, desde la revuelta de esclavos de Espartaco hasta
la sublevación de Catilina en el consulado de Cicerón, pero en esta nueva
entrega nuestro detective se adentra en un mundo para el que no está preparado
desde el principio. Con la excusa de la llegada a Roma de su antiguo mentor, el
Sabueso, ya afincado en el
prestigioso barrio del Palatino, con más años y más hijos a cuestas, se da
cuenta que aquel lugar de lujo y opulencia en el que se ha afincado es verdaderamente una
trampa mortal en el que las personas con menos escrúpulos morales consiguen
sobrevivir. Un hecho trágico ocurrido con motivo de la llegada de la delegación
alejandrina le introduce en el universo de una nueva generación de decadentes
romanos presididos por los hermanos Clodio y Clodia, el enigmático Cátulo o los
desaprensivos Marco Celio o Milón, entre otros, en el que la miseria y el ocaso
reinan por doquier. Veneno, cuchillos y homicidios son el pan nuestro de cada
día en el Palatino y es en este lugar donde Gordiano ha de poner sus cincos
sentidos en alerta máxima si quiere sobrevivir.
En esta entrega
aparecen también dos elementos que van a descolocar un poco a nuestro
protagonista. Por un lado el poder femenino y la sororidad existente entre
todas las mujeres que desfilan por este caso (hay un momento en el que el mismo
Gordiano piensa, de forma irónica, que existen túneles secretos por debajo de
Roma por el que circulan e intrigan
todas las mujeres de la ciudad) mientras que por otro lado la religión romana y
las religiones traídas allende los mares, sobre todo la relacionada con la
adoración a la diosa Cibeles, aportan pistas y enigmas con las que ha de tratar
Gordiano a lo largo de la investigación si quiere tener éxito. La suerte de Venus es una novela
histórica de misterio que por su calidad y emoción mantiene enganchado al
lector a la espera de que a cada revuelta y sorpresa podamos hallar al homicida
en cuestión. Historia de Roma, por no decir de una República decadente, junto
con dosis de misterio, acción y una chispa de vida cotidiana hacen de esta
nueva entrega de las aventuras de Gordiano, el Sabueso, una de las mejores de
la saga sin duda alguna.
jueves, 4 de abril de 2019
LITERATURA UNIVERSAL EN 100 PREGUNTAS - Felipe Díaz Pardo
“Tiene que haber
algo en los libros, cosas que no podemos imaginar para hacer que una mujer
permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica
por nada”.
(Fahrenheit 451, Ray Bradbury)
Marcus Brody, el
amigo intimo de la familia Jones en la película Indiana Jones y la última cruzada, tras utilizar una estilográfica
contra un nazi, exclama sonriente a todo el que quiera oírle: “La pluma es más
poderosa que la espada”. Y esta en lo cierto, a lo largo de la historia la
lengua, plasmada en cientos de miles de obras literarias, ha influido más que
las armas y que las imposiciones dictatoriales. He aquí su poder, no solo para llevarnos a mundos y universos infinitos de sabiduría
y placer sino también para insuflar un alma pura en las conciencias de todo
aquel que decida abrir las tapas de un libro. Este es el miedo que sentían los
bomberos de Fahrenheit 451 cuando
decían aquello de que: "Un libro en
manos de un vecino es como un arma cargada”. Pero en verdad, a los libros y a
las obras literarias no hay que temerlas, al revés, hay que reverenciarlas,
adorar esos monumentos del saber humano y a la vez enriquecernos con ellas
comprendiendo cómo han evolucionado hasta el día de hoy desde la antigüedad hasta
nuestros días. Para ello les recomiendo el ejemplar que tengo ahora entre mis
manos titulado Literatura Universal en
100 preguntas, escrito por Felipe Díaz Pardo (Nowtilus, 2019).
Dar a conocer
toda esta historia es un trabajo ingente e imposible de resumir en un solo
libro. Para ello se necesitarían cientos de volúmenes solamente para que viéramos
un mínimo resplandor de la maravilla que es la letra escrita. Es por ello que
el autor ha decidido ofrecernos un primer vistazo mediante preguntas claves y
curiosas englobadas en distintas secciones como son los géneros literarios, los
estilos literarios, cómo inflamaron las conciencias de la sociedad en que
fueron escritas o por ejemplo los distintos tipos de historias y argumentos que
circulan entre las obras universales. El objetivo de nuestro autor es dar a
conocernos la literatura y como ésta se ha plasmado a través de los distintos
puntos del planeta y en las distintas etapas de la historia. Esto lleva
directamente al lector a asombrarse y a sentirse atraído por este tesoro que
son las letras universales. Y es que en cierto modo Literatura universal en 100 preguntas está orientado, según mi modo
de ver tras una primera lectura (alguna que otra caerán posteriormente) hacia,
o bien estudiantes jóvenes que se quieran aventurar por los caminos de las letras
y disfrutar con la intención de no ahogarse en un mar de tediosos volúmenes, o
bien hacia lectores que ya estén avezados en este campo y que deseen redescubrir
grandes clásicos de manera novedosa.
Es decir que el
punto en este libro es enganchar o reenganchar de nuevo al fascinante mundo de
la literatura universal. Gracias a la amenidad y tono divulgativo de este
volumen el autor consigue que disfrutemos con algo que los iletrados tildan de
tedioso. Además, gracias a las 100 preguntas que nos propone Felipe Díaz Pardo,
la persona que abra estas páginas va a tener la imperiosa necesidad de
investigar algunos de los asuntos claves que aparecen, con lo que podrá
completar la curiosidad que le ha abierto alguna pregunta en concreto. He de
reconocer que esta lectura ha sido de lo más provechosa pues no solo ha
despejado ciertas dudas que tenía con tal o cual movimiento literario, o algún
autor en concreto sino que me ha hecho pasar un buen rato con un gran número de
curiosidades en las que no había caído. Esta obra es un gran canto a la
historia universal desde sus orígenes hasta la actualidad, además de hacer un
enorme homenaje al mundo femenino y a las obras que han creado, desde Safo
hasta el mismo momento de hoy. Literatura
universal en 100 preguntas es uno de esos volúmenes que se convierten en libros de cabecera, de
referencia obligatoria me atrevería a decir, que hará las delicias de aquellos
que están (estamos) enamorados de las efímeras letras que navegan en el
proceloso mar de Literatura con mayúsculas. Una buena obra con la que se
disfruta y aprende a partes iguales. Se lo aseguro.
martes, 2 de abril de 2019
ARO, EL GUERRO LOBO - Augusto Rodríguez de la Rúa
“… el más avanzado de entre los pueblos vecinos a estos (los celtíberos),
es el conjunto de los llamados vacceos…” (Diodoro Sículo)
Cuenta la
leyenda, o Estrabón (que es lo mismo), que una vez un viajero griego desembarcó
en Emporión y en cuanto pudo conseguir un burro que le llevara al interior de la
Península, le preguntó al arriero que le había vendido el animal qué camino
debía seguir. Éste le dijo a sotto voce que tuviera cuidado con el pueblo
de al lado pues todos eran unos ladrones. Nuestro aventuro fue al siguiente
pueblo y cuando volvió a preguntar por el siguiente le dijeron, nuevamente, que
anduviera con pies de plomo pues sus moradores eran todos unos violadores de
mucho cuidado… y así fue de lugar en lugar oyendo siempre que los pueblos
siguientes eran malvados. Puede parecer una anécdota chusca pero
curiosamente es la idea que ha quedado
en el imaginario público desde tiempos remotos: que los españoles somos unos
individualistas que no soportamos a nuestros vecinos; que somos incapaces de
unirnos para conseguir un fin común; y que si alguna vez lo hacemos es para
acabar a palos entre nosotros. Es decir un pueblo cainita donde los haya.
Pero aunque la
mayoría de las veces ha sido así, este hecho no voy a negarlo, a lo largo de la
historia ha habido hitos que han tirado por tierra esta afirmación general. Uno
de esos momentos excepcionales hay que buscarlo en los mismos tiempos en los
que he basado mi anterior anécdota. Iberia, tiempo de conflictos entre romanos
y cartagineses, siendo los primeros los que se llevaron el gato al agua. Época
dura a la vez que inolvidable en que dos super potencias se jugaban el todo por
el todo en una batalla singular que tenía como premio el control del Mediterráneo.
Varias veces guerrearon entre sí, y siempre que lo hacían a su lado llevaron
soldados mercenarios, destacando entre ellos los ferreos íberos o los honderos
baleáricos con sus certeras hondas. Pues bien es en aquellos años donde el
escritor Augusto Rodríguez de la Rúa sitúa su novela histórica Aro, el guerrero lobo (Nowtilus 2015).
El autor nos lleva al año 210 a. C, cuando nuestro protagonista siente que su
mundo idílico de fértiles cosechas y amantísima familia está en peligro al
saber que los romanos han desembarcado en la Península Ibérica para luchar
contra los cartagineses. Dentro de sus entrañas sabe que los hijos de Roma no
van a contentarse con derrotar a los púnicos sino que viendo las grandes
riquezas existentes van a querer quedarse con la parte del león, es decir toda
Hispania. Y como vaticinó tiempo atrás Escipión acabó aplastando a Aníbal y Asdrúbal,
provocando que los romanos sean los nuevos señores de sus tierras. Es una ola
que no puede parar y muy pronto se acercan a su hogar, a la zona de los pueblos
vacceos. Por lo tanto, y ante la llamada de sus vecinos carpetanos, ha de tomar
una dura resolución: luchar contra las poderosas legiones romanas, o bien
someterse cual buey al yugo. Obviamente decide lo primero y nuestro
protagonista, Aro, se embarca en una increíble aventura para salvar a su
familia, su pueblo y su alma de las garras de los hijos de la loba.
Aunque Augusto
Rodríguez de la Rúa no es un historiador profesional, hay que congratularse al
observar que esta novela sigue la dirección de los escritores que últimamente
han decidido fijar su mirada en el mundo prerromano y al momento en que éste
entró en lucha contra los romanos. Gracias a este tipo de libros el lector
interesado en la novela histórica aprende que antes de que una caligae romana hollara la Península
había pueblos con una historia propia y muy rica. Y claro está nuestro autor
igualmente nos habla de ella, sobre todo de los vacceos, al mismo tiempo que
nos hace disfrutar con la disposición impresionante de las legiones romanas en
batalla. En su escritura destaca un estilo directo y poco rebuscado que
potencia la acción directa de la aventura y que mantiene en vilo al lector. Así
pues no duden en leer las primeras páginas de Aro, el guerrero lobo, pues en ellas pronto conocerá cómo hubo una
vez un hombre que, como otros muchos caudillos hispanos, no dudó ningún momento
en poner su escudo delante las todopoderosas espadas romanas para defender todo
aquello que siempre respetó por encima de todo: la libertad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




