jueves, 22 de enero de 2015

UN PRESIDENTE EN APUROS



Durante la Guerra de Sucesión (1861-1865) el entonces presidente de los Estados Unidos de América, Abraham Lincoln fue detenido por una patrulla nocturna de su propio ejército mientras estaba supervisando el frente de batalla. El motivo, olvidarse del santo y seña establecido. Lincoln les preguntó a los guardias si no sabían quién era, y uno de ellos le respondió: “La verdad es que su cara me recuerda a un sello de correos usado”.

martes, 20 de enero de 2015

EL ESPÍA DEL PRUDENTE - Santiago Morata



Tres días y tres noches estuvo don Quijote con Roque (Lupercio), y si estuviera trescientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida.

(El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, Libro II – Miguel de Cervantes Saavedra)

Cuando hablamos de espías lo primero que se nos viene a la cabeza son imágenes de agentes súper secretos, estilo James Bond, o agencias que operan en las sombras tipo CIA, KGB o la extinta STASI. Pero aunque nos gusten los trajes espectaculares, armas sofisticadas y tomar un Martini  con vodka mezclado no agitado, hemos de reconocer que esto del espionaje es casi igual de antiguo que la humanidad y que ya desde la antigüedad los reyes o grandes conquistadores necesitaron de poderes ocultos para conocer el número de soldados del enemigo y sus puntos débiles. Así pues, por tanto, es normal que durante la Edad Moderna también existieran en Europa movimientos de espías en un mundo en el que las naciones intentaban alzarse unas encima de otras por conseguir la supremacía continental. En aquellos años los países no disponían de increíbles sedes secretas sino que el punto cardinal de donde partían los espías se concentraba en los embajadores o representantes de un país en el extranjero. Estos no solo tenían la misión de representar a los reyes en tierra extraña sino también de crear una red de espionaje con el que controlar los movimientos de su zona y enviar periódicamente información a su territorio nacional para conocer los movimientos de los posibles enemigos.

viernes, 16 de enero de 2015

¿QUÉ ES LA MÁQUINA DE ANTICITERA?



Se trata de un artilugio descubierto en 1901 por un grupo de pescadores cerca de la Isla de Anticitera, al noroeste de Creta, que todavía hoy desconcierta a los científicos. Esta máquina de bronce está compuesta de un conjunto de engranajes, parecidos a un reloj y se optima que tiene alrededor de 2100 años de antigüedad. ¿Qué tiene de especial? Se cree que tiene la capacidad de medir la posición del Sol y las fases lunares utilizando los métodos científicos del astrónomo, geógrafo y matemático griego Hiparco. E incluso es capaz de calcular cuando se van a producir eclipses de Sol y Luna. ¡Algo inaudito! En la actualidad, esperándose encontrar más funciones increíbles a este artilugio, los expertos en esta materia creen que también era capaz de fijar con exactitud cuando se debían celebrar los Juegos Olímpicos.

jueves, 15 de enero de 2015

EL CIENTÍFICO TIRO POR LA CULATA



Un soleado día de 1726 el científico Johannes Bartholamäus Adam Beringer, profesor de la universidad alemana de Würzurb,  encontró unos fósiles nunca vistos hasta entonces. Este buen hombre no salía de su asombro al contemplar unos pedazos de piedra perfectamente conservados en los que aparecían gran tipo de animales: lagartos con sus características anatómicas intactas, abejas con sus panales, o arañas con sus telas increíblemente plasmadas… E incluso aparecían representadas de manera fidedigna las figuras del sol, la luna, las estrellas, además de algún cometa. Tiempo después escribió un libro titulado Lithographiae Wirceburgensis hablando sobre estos descubrimientos.

Pero lo que no sabía este buen hombre es que había sido víctima de una broma pesada. Un profesor de geografía y algebra llamado Ignatz Roderick, y un bibliotecario de la misma universidad, Georg von Eckhardt, habían maquinado un plan para divertirse a costa de la credulidad de  Beringer. Para ello mandaron esculpir en piedra un gran número de fósiles increíbles, y posteriormente enterrarlos donde normalmente el científico solía buscarlos. Al principio, cuando se produjo el hallazgo los bromistas no paraban de reírse y felicitarse por lo ingeniosos que habían sido. Pero cuando Beringer les comunicó que iba a publicar su libro se dieron cuenta que se habían pasado de graciosos, así que decidieron sacarlo del error. Se reunieron con él y le confesaron que todo había sido una broma cruel y que los fósiles que había desenterrado eran falsos. Pero fue inútil  puesto que Beringer siguió insistiendo, ante el asombro de los bromistas, que aquellos hallazgos eran verdaderos y que siempre defendería sus teorías. Cosa que hizo en su libro a pesar de las advertencias de sus amigos.

miércoles, 14 de enero de 2015

LA GRAN NIEBLA DE 1952



Una de los grandes inconvenientes de la Revolución Industrial ha sido el alto nivel de contaminación que se produce en muchas de las ciudades del planeta. Esta polución puede acarrear graves problemas de salud en los ciudadanos, e incluso llevarlos a la muerte sobre todo a personas que tengan problemas respiratorios. El caso de contaminación atmosférica más mortífera que se ha conocido hasta ahora  se produjo a mediados del siglo XX en las Islas Británicas, en concreto en Londres. Se trata de la Gran Niebla de 1952. A principios de Diciembre de ese año, llegó del norte un frente frio tan crudo que obligó a los londinenses a quemar grandes cantidades de carbón en masa para evitar morirse de congelación. La pega es que debido a las graves carestías que existían debido a la posguerra, la gente utilizó carbón de mala calidad, rica en azufre creando un enorme humo negro que terminó fusionándose con la típica niebla londinense (fog).
Esta niebla era tan densa que obligó a las autoridades a clausurar el tráfico de la ciudad para evitar accidentes  y cerrar las salas de cine y conciertos ya que además de que las personas casi no las podían encontrar, la niebla que se colaba por debajo de las ventanas o puertas impedía ver el espectáculo.  Al principio se pensó que esta era una neblina algo atípica pero pasadas las semanas los médicos descubrieron que habían muerto ya 4000 personas, y al finalizar esta rareza atmosférica  el número total de fallecidos sumó un total de 8000, en su mayoría debido a graves problemas respiratorios a los que se había añadido la gran polución habida.

sábado, 10 de enero de 2015

ENVIAR AL OSTRACISMO



 Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el ostracismo es una exclusión voluntaria o forzosa de los oficios públicos, a la cual suelen dar ocasión los trastornos políticos. El origen de este término proviene de la antigua Grecia. Se trataba de una institución política de Atenas, creada en el siglo V a. C., que servía para expulsar de manera preventiva a los posibles enemigos internos que hubiera en la ciudad o sus alrededores. Su nombre viene del modo en que se votaba, puesto que los nombres de las personas que se querían desterrar se inscribían con un punzón sobre un óstrakon, que literalmente significaba “tejuelo” o “trozo de vasija”. Llama la atención que en otros lugares de Grecia esta forma de destierro se llamara petalismo, ya que la sentencia se pergeñaba, con sumo cuidado, sobre una hoja de árbol o pétalon.

El creador del ostracismo fue Clístenes, quien a finales del siglo VI a. C reformó de arriba abajo toda la política ateniense. El procedimiento para expulsar a alguien de la ciudad era el siguiente. En primer lugar se celebraba una asamblea al año en la que se preguntaba a los asistentes si había necesidad de convocar una ostrakophoria  o sesión para expulsar a alguien. Si el voto era positivo se convocaba otra asamblea en el ágora de Atenas. Para que hubiera quórum debían haber por los menos seis mil personas presentes, y es por ello que estas sesiones especiales se fijaran en días festivos para que la gente que vivía en el campo también pudieran asistir para dar su voto. Posteriormente, se recontaban todas las óstraka (plural de óstrakon) y si había mayoría se procedía a emitir el nombre de la persona a desterrar. La pena, en general, era de diez años, y como la sentencia era preventiva, es decir que todavía no había hecho nada a la ciudad, al condenado se le daban diez días para que pusiera en orden sus pertenencias y se despidiera de sus familiares. Además no se le humillaba públicamente ni se le confiscaban sus propiedades. E incluso se dieron casos en que el desterrado pudo volver antes al ser llamado por la asamblea ateniense al producirse alguna crisis interna en la ciudad debido a algún conflicto bélico. Esto le ocurrió, por ejemplo, a Alcibíades el Viejo, Arístides el Justo o Jantipo, padre de Pericles, durante las Guerras Médicas.