Uno de los
olores más característicos de las salas de cine es el de las palomitas recién hechas.
Pero ¿sabías de donde viene la costumbre de comer este aperitivo cuando vamos a
ver alguna película? Pues precisamente hemos de remontarnos nada más ni nada
menos que al Crack bursátil de 1929. En aquellos días tan inciertos y tristes
de la Gran Depresión el producto más barato de comer era el maíz y como mucha
gente solo podía entretenerse yendo a ver películas, los pobres arruinados
aprovechaban las proyecciones cinematográficas para ingerir este producto con
avidez.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
sábado, 24 de octubre de 2015
AFORTUNADO EN EL TRABAJO DESDICHADO EN AMORES
Una de las
verdades más grandes relacionadas con la vida sentimental de Felipe II es que
nunca tuvo suerte con las mujeres. En total tuvo cuatro esposas: María Manuela
de Portugal, María de Tudor, Isabel de Valois y finalmente Ana de Austria.
Parecía que la Muerte le perseguía pues sobrevivió a las cuatro. Y casi lo
mismo pasó con su progenie oficial. Por ejemplo con su última esposa tuvo cinco
hijos. El primogénito Fernando falleció a los siete años. Después le seguirían
el infante Carlos Lorenzo, Diego Félix y la pequeña Infanta María. En este
último caso hubo un hecho muy llamativo pues aquí podemos ver como en aquel
mundo palaciego todavía iban de la mano la ciencia y la superstición. Parece
ser que cuando la reina, Ana de Austria, alumbró a su hija quedó tan exhausta
que se negaba a comer. Pasaban los días y su majestad estaba consumiéndose poco
a poco ante los ojos de los médicos que se veían impotentes ante la situación.
Así pues Felipe II creyendo que eran unos incompetentes mandó llamar de
inmediato al fraile agustino Alonso de Orozco para que intercediera por el alma
de su esposa y rogara a Dios para que se salvara. Se le preparó una sala
especial toda rodeada de altares y crucifijos pero cuando llegó ante el rey lo
primero que pidió fue asar una perdiz
entera y una loncha de tocino. Después de que se los prepararan se encerró con
la moribunda y, como si fuera un milagro, a los pocos días la reina comenzó a
recuperar sus fuerzas.
Pero la alegría
no duró tanto pues a los ocho meses Ana de Austria volvió a enfermar y murió en
la localidad de Talavera la Real debido a una fuerte gripe. Felipe II quedó
desolado, pero se tuvo que consolar pensando que por lo menos la Muerte había
respetado a su único heredero, el futuro Felipe III.
jueves, 15 de octubre de 2015
DESEANDO PARIR ESPAÑA
En 1679, el
enfermizo rey español Carlos II, se casó con la sobrina del rey Luis XIV de
Francia, María Luisa de Orleans, pero debido al gran número de achaques que
sufría el monarca no lograba engendrar un varón con el que asegurarse su descendencia.
No solo los nobles esperaban que se consumara el matrimonio sino que también el
pueblo estaba ansioso por ello ya que aunque no eran expertos en política,
sabían muy bien que si el rey no lograba tener varón posiblemente en un futuro
habría guerras por alzarse con el trono hispano. Es por ello que entre el
pueblo madrileño fue corriendo de boca en boca la siguiente coplilla:
Parid, bella flor de lis,
Que en aflicción tan extraña,
Si parís, parís España,
Si no parís, a París.
Y como estaba cantado, la reina murió
diez años después sin engendrar varón.
lunes, 12 de octubre de 2015
EL REGALO DEL MEJOR ALCALDE DE MADRID
Algunos
historiadores otorgan esta anécdota a Federico el Grande, pero por la forma en
que se desarrolla propiamente se ajusta más a la bonhomía del rey español
Carlos III que a la figura del otro personaje citado. Ya verán. Ocurrió una
tarde de invierno en que el monarca estaba escribiendo unas cartas en su
despacho cuando se dio cuenta de que se estaba quedando sin tinta para continuar
su labor. Para solventar este despiste llamó con una campanilla al ayuda de cámara
que ese día estaba de guardia pero tras esperar un buen rato nadie acudió.
Volvió a repetir la operación, e igualmente con el mismo resultado. Extrañado,
Carlos III salió al pasillo y se encontró en una silla cercana al ayuda de cámara,
medio tirado, roncando como un lirón. Pero cuando el rey lo iba a despertar
malhumorado se dio cuenta de que de uno de los bolsillos le asomaba un billete.
Con cuidado lo cogió y leyó lo siguiente: “Querido hijo mío: desde que por la
recomendación de ese gran señor estás en palacio y me vienes socorriendo con la
parte de las propinas que te corresponden, tus dos pobres hermanas y yo hemos
salido de la espantosa miseria en que nos dejaste, y tenemos pan y comer y
ropas con que abrigarnos. Hijo mío, te doy las gracias por la bondad de tu
corazón, y te bendigo como al mejor y más amante de los hijos…”.
Emocionado, el
rey volvió a introducir el papel en el bolsillo junto con un cartucho de
monedas, y acto seguido, tras volver a entrar en el despacho, llamó de nuevo
con más fuerza al durmiente. Ahora sí éste hizo acto de presencia y tras dejar
que se disculpara por la tardanza, Carlos III le preguntó por el bulto que se
adivinaba en su bolsillo. Cuando el lacayo metió la mano y sacó el cartucho se
puso blanco, y rápidamente aseguró que alguien le había introducido esas
monedas en el traje para incriminarle por robo. El rey se levantó y poniéndole una
manos en el hombro, le recriminó que pensase que fuera un malvado el que le
había dado esa pequeña fortuna y no otra persona que, a lo mejor, quería
simplemente su bien y el de su familia. Entonces comprendió que había sido su
majestad el que le había dado el cartucho y de rodillas, llorando a sus pies, agradeció de todo corazón que hubiera sido la
mano del rey el que le había hecho aquel regalo. Entonces Carlos III le
respondió lo siguiente: “La mano de Dios, para hacer bien, lo mismo obedece a
la intención de un rey que a la de un labriego: cualquiera que sea la persona,
el impulso, la acción, es de Dios. Envía ese dinero a tu madre, y dile que yo
cuido de ella y de ti”.
sábado, 10 de octubre de 2015
BATIENDO RECORDS EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA
¿Sabías que cuando
los españoles llegaron al Nuevo Mundo, es decir a América, no solo conquistaron
grandes territorios, sino que también consiguieron proezas deportivas que
perduraron a través de los siglos? Ocurrió en 1519 cuando uno de los
lugartenientes de Hernán Cortes, Diego de Ordaz (1480- 1532), propuso que un
grupo de soldados subiera con él al volcán Popocatepetl
(también llamado Nahuatl o Montaña
Humeante por los aztecas) para demostrar a los indígenas que no había reto
imposible que los españoles no pudieran hacer. En total ascendieron alrededor
de 5452 metros de altitud, y al llegar a la cima del quinto pico más alto de
América aquellos aguerridos guerreros no se dieron cuenta de que habían
conseguido una proeza escaladora que no sería superada por el hombre hasta
trescientos años después cuando los alpinistas y aventureros empezaran a
interesarse por otra montaña aún más alta: el Himalaya. Cuando llegaron al
campamento base fueron recibidos por sus compañeros como héroes pero en cambio
los indígenas se lo tomaron bastante mal ya que consideraban a aquel volcán durmiente como sagrado y que
por tanto la hazaña de los españoles había sido sacrílega.
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