miércoles, 30 de marzo de 2022

EL VEREDICTO DE CÉSAR - Steven Saylor

 

“Si la nariz de Cleopatra hubiese sido algunas líneas más corta, toda la faz de la tierra sin duda hubiera cambiado.” (Blaise Pascal)

Y de nuevo nos encontramos siguiendo las andanzas de Gordiano el Sabueso, en concreto su octava aventura (si descontamos las tres precuelas y sus dos libros de relatos). Pero a diferencia de sus anteriores novelas que se centran en su mayoría en Roma o en territorios cercano a la Urbs, ésta en concreto nos lleva a un mundo más exótico y lejano, a Alejandría, a lo que se consideraría el granero de Roma. Estamos en el año 48 a.C y Gordiano, junto con su esposa y sus sirvientes se encaminan, más bien navegan, en dirección a Egipto para cumplir uno de los sueños de su querida esposa Bethesda (sumergirse en el Nilo) y de paso hacer un viajecito que tan merecido lo tiene esta pareja sin par. Pero de lo que no se ha dado cuenta Gordiano (o no ha querido) es que no ha elegido muy bien la época para realizar este trayecto pues fue justamente en ese tiempo cuando las fuerzas de Julio César derrotaron, o más bien destrozaron, a las de Pompeyo Magno en Farsalia, y este último acabó huyendo con su exigua flota a pedir ayuda al faraón-niño Ptolomeo XIII para, por un lado huir de su ignominia y a la vez reclutar fuerzas para un futuro. Así que sin comerlo ni beberlo, Gordiano y sus allegados llegan justamente cuando se produje el trágico asesinato de Pompeyo y la llegada de César a Alejandría. Es por ello que, sin comerlo ni beberlo, se ve envuelto en lo que podíamos llamar las famosas Guerras Alejandrinas o Batalla del Nilo (47).

Podríamos tomar la novela de El veredicto de César como una continuación, muy directa, de su anterior aventura, La adivina de Roma, ya que a diferencia de otras novelas de la saga de Roma Sub Rosa ésta se tiene que leer muy de seguido ya que no es posible demorarla mucho en el tiempo pues el lector podría perderse muchos datos y referencias anteriores. Desde mi punto de vista esta novela es la menos detectivesca de ellas, ya que del 100% de toda la novela solo en un 15% se produce una investigación criminal. Es como si a Steven Saylor solo le interesara más el hecho histórico que narra que meter una thriller. A veces me ha dado la impresión de que lo ha introducido más como tributo a sus lectores. Con calzador. De todas maneras a mi no me ha importado que por una vez, sirva como excepción puntual, este hecho detectivesco no aparezca como nos tiene acostumbrado, pues la novela histórica en sí y toda lo que narra en torno a los hechos ambientados en Alejandría y Egipto en aquel año crucial de la historia romana han sido soberbios.

Y es que la novela me ha enganchado de principio a fin. Steven Saylor nos lleva a la llegada de Julio César a Alejandría tras el descalabro de Cneo Pompeyo y no solo nos muestra el punto de vista romano, sino que a través de los tumbos que va dando Gordiano nos sitúa otras veces en la óptica de los egipcios de aquel tiempo; en como eran las tropas de Ptolomeo XIII y de cómo vivía o sufría el pueblo en aquellos días. Es un paseo por el delta, por las calles de alejandrinas y por sus monumentos y palacios que vale la pena frecuentar. Además la lectura de El veredicto de César también es un regalo para todos aquellos que adoramos la película Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz (1963). Aquí he de apuntar que Saylor no fusila la película, ya que se apoya en autores como Dion, Apiano, Suetonio, Plutarco, Plinio o Lucano, pero a los amantes de este film si nos pone el vello de punta leer frases o rememorar escenas ya conocidas. Ver aparecer a Cleopatra envuelta en la alfombra, a César recorrer los pasillos de los inmensos palacios alejandrinos o defender su perímetro de las huestes de Aquilas y del populacho enfebrecido; observar las truculencias de Potino o las miradas desdeñosas de Ptolmeo, entre otros y otras cosas hacen que esta novela se convierta en algo especial.

El veredicto de César es de esas novelas históricas que casi todo el mundo sabe lo que va a ocurrir dentro de sus páginas pero el ver que el autor resucita de nuevo la figura de sus personajes principales y recorre con mano diestra los entornos y ambientes de aquel Egipto sumergido en plena guerra civil, y que además lo haga con mano diestra hace que sea una lectura deliciosa además de entretenida y si a eso le añadimos una pizquita de misterio que la complemente tenemos un libro inolvidable para cualquier amante de la narrativa histórica de primer orden.

 

 

También pueden leer mi reseña en el blog Hislibris 

https://www.hislibris.com/el-veredicto-de-cesar-steven-saylor/

domingo, 13 de febrero de 2022

EL TATUADOR DE AUSCHWITZ - Heather Morris

 

No sé quién me dijo una vez que incluso una flor podría crecer en el asfalto. Es decir que la vida se abre paso a través de los lugares y momentos más duro de la Historia, de las realidades más crueles que el ser humano pueda afrontar. Esto es lo que en esencia nos cuenta la autora Heather Morris en la novela que la catapultó a la fama: El tatuador de Auschwitz (2018). En ella nos narra la historia de amor y supervivencia que tienen que superar por un lado Lale Sokolov y su amada Gita Sokolov en el infierno creado en la tierra llamado Auschwitz. Lale era un judío eslovaco que en 1942 cree aceptar un trabajo fuera de su tierra para así poder huir de la persecución a la que está sometido su pueblo. Pero el tren que lo transporta no le lleva al destino que le habían prometido sino que acaba en el campo de concentración más sanguinario y famoso que ha existido: Auschwitz-Birkenau. En un principio se adapta a las labores inhumanas que le van imponiendo las SS y a las palizas que indiscriminadamente reparten los kapos de los distintos bloques hasta que un día conoce a otro preso, que le introduce en el oficio de Tätowierer, es decir ser tatuador y poner los números de referencia en los brazos de los presos que van entrando en aquel monstruo de sangre y muerte. Con el tiempo va adquiriendo destreza en su oficio y llegar a ser un preso cualificado que incluso llega a recibir una vivienda propia fuera de los bloques donde se encuentran hacinados sus compañeros de infortunio. Pero esta vida se trastoca porque un día conoce a una mujer que hará que vuelva a latir su corazón, el cual creía estar muerto al ver día a día el sufrimiento y el asesinato que se reparte por doquier. A partir de aquí el amor colma su vida y ambos, Gita y Lale, luchan para sobrevivir y que su eterno idilio pueda volar más allá de las alambradas de aquel campo de exterminio.

Nos encontramos con una novela histórica que en un principio nos puede parecer igual a otras del mismo tema: campo de concentración/supervivencia/testigo del horror nazi. Pero cuando nos vamos adentrando en ella observamos que existe algo más. Por un lado, es verdad, es nuevamente un libro que nos presenta a un testigo de aquella máquina de destrucción nazi y nos muestra los terrores que en ella habitaban. Pero también nos acerca a ciertas cosas que otras novelas del mismo género no enseñan normalmente, como por ejemplo el amor entre presos. Yo la consideraría como un testimonio de supervivencia, de lograr salvar una unión, un romance más allá de la muerte que sobrevuela el campo de concentración. Gita y Lale sobre todo hacen lo indecible por defenderlo de cualquier ataque que surja y ponerlo a salvo del Holocausto al que están siendo sometidos. Nos encontramos por tanto con una historia que toca la fibra sensible del lector a la vez que nos enseña por dentro como estaba organizado metódicamente aquel lugar habitado por la Señora de la Guadaña. La autora conoció casualmente a Lale Sokolov en Australia y decidió poner por escrito esta historia antes de que se la llevara la desmemoria del Tiempo y es por eso por lo que creo que es interesante que se acerquen a ella y descubran el interesante relato de cómo dos judíos eslovacos decidieron plantar cara a su terrible destino y luchar contra él portando el escudo del amor verdadero. No les voy a contar si lo consiguen o no, eso depende de cuándo quieran averiguarlo al abrir las páginas de El tatuador de Auschwitz. En verdad se lo recomiendo.

Esta reseña mía también la pueden ver en la página de HisLibris:  

https://www.hislibris.com/el-tatuador-de-auschwitz-heather-morris/

lunes, 3 de mayo de 2021

¿QUIÉNES FUERON LOS ARGIRÁSPIDAS?

 

Los argiráspidas (Escudos de Plata), también conocidos como Hipaspistas, fueron la infantería de élite de la falange macedónica comandada por el gran Alejandro Magno (356 – 323 a. C). Este cuerpo especial, conformado por los mejores hombres del ejército macedónico se colocaban, armados con sus escudos plateados y sus cascos de estilo tracio, en el flanco derecho de la formación de batalla entre la infantería regular y la caballería y además de luchar de forma aguerrida en lo peor del combate también eran utilizados o bien para liderar el asalto a las ciudades, o para realizar acciones de comando, o también para ser la mismísima guardia personal del rey.

Los argiráspidas eran tan buenos luchadores que a la muerte de Alejandro Magno, teniendo incluso la mayoría de ellos una media de edad de sesenta años, siguieron luchando en las Guerra de los Diádocos, o lucha entre los que fueron generales de Alejandro. Con su reputación intacta siguieron guerreando una década más en este caso al lado del general Éumenes aunque lo traicionaron en la Batalla de Gabiene en la que se pasaron al bando de Antígono. Es por eso que este último general después de la batalla recelara de ellos y decidiera desterrarlos a la satrapía oriental de Aracosia en donde al final desaparecen de la Historia.

domingo, 2 de mayo de 2021

LA DUQUESA DE ALBA: LA NOBLE MÁS CASTIZA DE TODAS

 

A lo largo del siglo XVIII, sobre todo hacia mediados y finales, se puso de moda entre los nobles hispanos la costumbre, por diversión, de disfrazarse como la gente corriente o de baja cuna, más concretamente como los manolos y manolas de los barrios más humildes. Lo hacían en sus fiestas privadas o incluso para mimetizarse entre los plebeyos cuando emprendían alguna aventura a altas horas de la noche. Y la que era la más manola de todas era sin lugar a dudas María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Silva-Bazán, la famosa duquesa de Alba (1762 – 1802). Cuando era joven había vivido en uno de sus palacios, en concreto el de Lavapiés, y allí, al principio, le gustaba ver a través de los visillos o a escondidas a los majos y majas que pasaban cerca de palacio, pero con el tiempo paso de simple mirona a querer imitarlos y vestirse como ellos escapándose muchas veces de su residencia para ir a barrios más castizos donde poder divertirse. Además también hizo suya la costumbre de ir acompañada de un petimetre que era a fin de cuentas un tipo vestido a la última que solía acompañar a las damas casadas de alta alcurnia mientras el marido estaba ocupado en otros quehaceres; hacer la corte a su dueña (sin llegar a propasarse); chapurrear algo de francés, y saber bailar los últimos bailes de moda. La duquesa, entre fandango y fandango (que era por aquella época un baile muy atrevido) se dejaba ver vestida de maja o manola en cualquier parte como por ejemplo las corridas de toros, los estrenos teatrales, o cualquier espectáculo que ofrecieran las calles de Madrid. No le importaba ya que, a pesar de ser noble, no tenía que pedir permiso a las altas esferas y le gustaba exhibir su libertad allá donde fuere.