lunes, 24 de noviembre de 2025

EN ESTE RINCÓN DEL MUNDO – Fumiyo Kouno

 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras arrojarse las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de Agosto de 1945 respectivamente, el país del Sol Naciente vio nacer de sus cenizas un nuevo tipo de escritura conocida como genbaku bungaku, que podría traducirse como “la literatura surgida de la bomba atómica”. En concreto el altavoz de esta corriente literaria serian los llamados hibakusa o personas de todas las edades que habían sobrevivido a las cientos de miles de muertes provocadas por Little Boy y días después por Fatman. Los hibakusa en esencia, y aunque fueron maltratados durante años por sus mismos compatriotas que los motejaban de parias, solamente querían contar sus propias experiencias, como habían sobrevivido y enseñar a todo el mundo el dolor y el horror que habían visto y experimentado a su alrededor. Claros ejemplos vivientes de lo que nos espera si los humanos seguimos exhibiendo músculo para ver quien tiene el arma más grande con el que aniquilar al contrario.

Del vientre de esta literatura de la bomba atómica han surgido auténticas obras maestras niponas como son, por poner una ejemplo de las cientos que existen: Flores de verano, de Tamiki Hara (1947), Ciudad de cadáveres, de Ota Yoko (1948), Cuadernos de Hiroshima, de Kenzaburo Oe (1965) o incluso, solo por citar uno más de la ingente producción de esta corriente, Lluvia negra, de Masuji Ibuse (1966). El impacto emocional que tuvo el estallido cegador de las bombas atómicas y la subsiguiente siega de vidas incluso salto al mundo de las imágenes (recuerden aquello de que una imagen vale más que mil palabras), en concreto al manga, como la monumental obra de Keiji Nakazawa, Pies descalzos (1973), que ya fue reseñada en esta santa casa, o por ejemplo el bello retrato de época dibujado por la mangaka Fumiyo Kono: En este rincón del mundo (2015). Como curiosidad biográfica, esta hermosa historia está plasmada por una dibujante a la que en su infancia sus padres casi no le dejaban leer mangas. Ironías de la vida.

miércoles, 8 de octubre de 2025

EL VIAJE A NINGUNA PARTE - Fernando Fernán-Gómez

 

“—Pero ¿dónde está nuestro maná? ¿Dónde está el maná de los cómicos? ¿En qué tierra caerá que sea nuestra tierra? Nosotros no somos de ninguna parte. Somos del camino… Cuando el pueblo del Señor iba hacia la tierra prometida, ni siquiera iba por un camino. Iba por un desierto. Por eso no salió nadie a decirles: Ese maná es mío, ese dinero de los cineastas es mío. Nosotros hemos venido a trabajar a Navahonda, que es vuestro pueblo, pero ahora sois vosotros los que queréis dejarnos sin nuestro pan; y digo nuestro porque el trabajo de las películas es cosa nuestra, de los cómicos. Y queréis dejarnos sin él porque no somos de ningún pueblo. Pero ¿por qué somos del camino? Porque, como muy bien ha dicho vuestro alcalde, y con mejores palabras que las mías, por cierto, la gente necesita reír. Y nosotros les llevamos la risa. Y también tenemos hambre. Y también nos falta trabajo.”

Fue un noble oficio que desapareció hace ya mucho tiempo, pero que como dice el personaje principal de la novela que les reseño: “Hay que recordar… hay que recordar”. Se trataba de los llamados cómicos a la legua, herederos del antiguo oficio de hacer reír a la gente, ya desde los tiempos  de la Comedia del Arte, que no solo caminaban kilómetros y kilómetros con sus tristes bártulos sino que incluso tenían prohibido pernoctar en los pueblos donde actuaban,  como mínimo a una legua (de ahí su nombre). Duro trabajo el de aquellos que nos hacían reír y que no hace mucho tiempo incluso se les negaba tierra sagrada allá donde fenecieran. En España, antes de la irrupción de los mass media a mediados del siglo XX, era común ver a grupos de pequeñas compañías rurales andando por los caminos polvorientos que previamente, tras pactarlo con el ayuntamiento de turno o cacique del momento, representaban sus sencillas obras de teatro en cafés, bares, pequeñas salas de baile u oscuros casinos llenos de humo de cigarros puros a precios irrisorios y que después les dejaban (ya en nuestro siglo) dormir en las posadas, y tras varias representaciones (si había suerte) volvían a los caminos, a dejarse las suelas de los zapatos y la salud en el frio de las sendas, hasta la siguiente parada. En nuestra literatura patria ya hemos visto referencias a este tipo de oficio en obras como Ñaque o ¡Ay, Carmela! de José Sanchís Sinisterra, pero en donde podemos apreciarlo en toda su dimensión es en la novela de Fernando Fernán Gómez: El viaje a ninguna parte (1985).

lunes, 15 de septiembre de 2025

ORGULLO Y PREJUICIO - Jane Austen

 

«La imaginación de una dama va muy rápida y salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio en un momento»

La escritora inglesa Jane Austen (1775 – 1817) no era un ente aislado de la sociedad ni del mundo que le tocó vivir pues aunque una parte de la crítica, de manera errónea, haya motejado sus novelas como meros divertimentos burgueses, ella sabía en qué mundo vivía y como supo aprovecharse de él y reflejarlo en cada uno de sus escritos inmortales. A Jane le tocó en suerte una etapa en continuo cambio pues no nos hemos de olvidar que vio con sus ojos caer el llamado Antiguo Régimen y alzarse uno nuevo, con dolor y sangre, en una Europa que parecía congelada. La podemos situar en la llamada época georgiana, en la que cuatro reyes de igual nombre, Jorge, pertenecientes a la dinastía alemana de los Hannover, les tocó distintas suertes en su reinado sobre todo a Jorge III, también conocido como el Rey Loco y finalmente a Jorge IV o época de Regencia que es en la más podemos centrar  la figura de Jane Austen (y también a Los Bridgerton en el campo de la ficción). El inmovilismo del pasado va resquebrajándose a golpes de cincel: la nueva filosofía de la Ilustración y la hipocresía del Despotismo Ilustrado, las guerras napoleónicas (1793 – 1815) y sobre todo la Revolución Industrial o agrícola que conseguirá mejorar el nivel de vida de cientos de miles de personas a la vez que relanzar el comercio a escala mundial.

Este sería el apasionante marco histórico en que el vivió Jane Austen pero además fueron unos años muy importantes en el ámbito literario anglosajón y que fueron cruciales en la posterior creación literaria de las obras de nuestra escritora. El XVIII fue sin lugar a dudas una de las épocas doradas de la literatura inglesa pues en el campo de la novela podemos hallar a grandes escritores como Daniel Defoe, Jonathan Swift, Henry Fielding e incluso a Horace Walpole con su Castillo de Otranto en el que ya se atisbaban los preludios de lo que sería conocido como el Prerromanticismo. Jane Austen leyó y se empapó de todos estos autores, de sus influencias, y aunque era anterior al romanticismo supo de su valor al igual que de la naciente novela gótica. Y no solo tuvo estas novelas como punto de apoyo para sus escritos sino que también estuvo muy influenciada por grandes poetas como Wordsworth y Coleridge. Y es en este punto donde aparece uno de los elementos que más van a estar presente en sus obras. Recuerden que antes de este párrafo, en el contexto histórico que antes exponía, hablaba de la Revolución Industrial sobre todo enfocada a lo agrícola. Uno de sus derivadas filosóficas es que debido a ella, por lo menos en Inglaterra, se instala una idea, ya antigua, acerca del antiguo-nuevo beatus Ille o alabanza de la naturaleza. Todo inglés con posibles empieza a añorar la sencillez del mundo rural y ¿qué mejor exponente que los burgueses terratenientes que como Jane Austen vivían en fincas o mansiones rodeadas de ubérrimos campos y amables vecinos con los que vivir y a la vez entablar amistades y relaciones íntimas?

miércoles, 16 de julio de 2025

PAPEL CON MARCA DE AGUA - Goran Petrovic

 

En la actualidad lo tenemos en demasía. Basta con abrir cualquier cajón, observar la mesa de trabajo o rebuscar en cualquier carpeta que, si no ocurre nada raro, allí habrá un buen fajo de papeles. Listos para ser usados, a pesar de que los medios electrónicos en muchos casos parece que hagan inútil su uso Pero a todos estos ordenadores, tabletas, móviles, ebooks, etc, quítenle la electricidad y verán cómo se vuelven inútiles con el tiempo. Aun así el papel siempre está ahí, de mejor o peor calidad (ahora, desgraciadamente, cada vez peor), puro o de sucedáneo de celulosa que enseguida se vuelve amarilla. Fábricas y más fábricas hacen rollos gigantescos de papel, de varios kilómetros de longitud que sueñan, éstos, con que alguien –tal vez- trace sobre ellos las líneas que marquen una época, que emocionen a un corazón helado, que provoquen odios y guerras y, en fin, que sea utilizado con inteligencia y no llevar a ser simples burruños tirados en una papelera. Como decía, ahora el papel está en todos los sitios y se fabrica en masa pero hubo una época, ya hace muchos siglos, en que dicha elaboración y su uso posterior eran todo un arte en el que competían las ciudades entre sí. Cuál era el más perfecto, el más blanco o el más cremoso en su uso. Pues bien ese amor (apunten esta palabra, porque es importante) por la literatura y por los sentimientos puros que se desprende de ellos son la base sobre la que se asienta una de esas novelas que desde que se leen por vez primera ya sabe uno que se convertirá con el tiempo en un auténtico clásico. Les hablo del último libro del autor serbio Goran Petrovic: Papel con marca de agua (Sexto Piso, 2024).

La novela que el autor nos presenta puede en un principio parecer pequeña en extensión, pero ya saben lo que se dice de los frascos minúsculos y las esencias, y nuestra obra, que humildemente les reseño es, esencialmente, una joya para los sentidos, para los paladares más exquisitos y saborear cada palabra que Goran Petrovic ha vertido en sus hojas. El amor (recuerden que les dije que no olvidaran esta palabra) es el verdadero leiv motiv de esta novela, de principio a fin: A finales del siglo XIV en el reino de Nápoles la reina Giovanna II está enamorada – de nuevo- de un cortesano llamado Pandolfo Alopo más conocido por su sobrenombre de Pandolfello Pisopo. No es un amante más pues la reina, a la que llaman La Insaciable, parece que ahora sí está verdaderamente enamorada y para demostrarle su verdadero amor decide transmitir sus sentimientos en la hoja de papel más pura que exista y no hay lugar donde mejor papel fabriquen que en la cercana ciudad de Amalfi. Según observo en el Google Maps la distancia entre ambas ciudades es de unos 60 kilómetros de distancia, una hora y pico de viaje, que si se hace en coche tal vez duré menos. Pero en aquellos años, en el alborear del nuevo siglo, la distancia era la misma pero los medios de transportes eran más lentos y se podía tardar alrededor de dos días a buen ritmo y si la compañía no era muy grande. Pero en este caso no lo es pues la enamoradiza e insaciable Giovanna II, aquella que al igual que se come una manzana hace desaparecer (sic) a sus amantes, no duda en acudir a la ciudad amalfitana con una troupe de un centenar de soldados, sirvientes, cocineros, y nada más ni nada menos que un total de diez poetas, los diez mejores de Nápoles (a cada cual más loco y caprichoso) a los que encargará la misión de confeccionar la deseada carta de amor. Aun así, la reina se va a topar con un inconveniente al intentar conseguir el mejor papel del mundo para su misiva: la Congrega de Cartari, los mismos que celosamente lo fabrican.

domingo, 1 de junio de 2025

CANTIGAS DE SANGRE - Nieves Muñoz

 

Hace un par de años, movido por la nostalgia histórica además de la cinematográfica procedí a visitar la ciudad de Zamora, localidad que por desgracia y por avatares de la vida todavía no había tenido ocasión de hollar. El primer motivo es obvio para cualquier amante de la literatura y de la Historia, pero en cuanto a la segunda, a la relacionada con el Séptimo Arte, era una deuda pendiente que tenía desde hacía muchos muchos años. Dejen que me explique: siempre –ahora también- me han gustado las películas históricas, sobre todo aquellas largas y antiguas que veía de pequeño en mi casa y que Televisión Española echaba en Semana Santa o Navidad y que, aunque algunas fueran de cartón piedra y gestos impostados, removían el magín de mi joven imaginación. Una de aquellas super producciones es, sin duda alguna, El Cid (Anthony Mann, 1961) y de ella recuerdo que una de las escenas más memorables -entre otras muchas-  era la del cerco al que Sancho II sometió a la ciudad de Zamora y en la que el traidor (o salvador) Bellido Dolfos asestó una puñalada traidora al rey castellano en una de las puertas o postigos ocultos que había en sus murallas. Pues bien, uno de los deseos ocultos que tenía al acudir a Zamora fue ver el escenario de ese cerco y sobre todo visitar el famoso postigo que tantas leyendas y canciones juglarescas dio al imaginario español. Para quien no lo sepa ese portillo sigue existiendo y está situado en una calle aledaña a la catedral. Siempre había oído hablar de él como el Portillo de la Traición, pero al acercarme de forma reverencial a sus piedras me llevé la sorpresa de encontrarme una placa que la motejaba como Puerta de la Lealtad y que Zamora le daba las gracias a Bellido Dolfos por haber matado al rey Sancho II y así haber librado a la ciudad sitiada. Como se puede ver, la línea distinción entre traición y lealtad es muy fina en nuestro país tanto en lo sentimental como en lo geográfico, cuestión de donde te toque, y que hoy todavía es latente en aquella ciudad bañada por el Duero.

jueves, 15 de mayo de 2025

LOS PERROS DE ESSEX - Dan Jones

 

“Porque el que hoy derrama su sangre conmigo será mi hermano”.

(Enrique V, William Shakespeare)

Primero el marco general: En el caluroso verano de 1346 el rey de Inglaterra Eduardo III (1312-1377), creyéndose agraviado e insultado por el rey de Francia Felipe VI (1293-1350), que no le reconocía sus derechos al trono francés y que le había confiscado sus tierras en el país galo, desembarcó en las costas de Normandía al frente de 15.000 hombres y, durante el seis semanas de fuego y sangre, se dedicó a arrasar todas las ciudades que encontraba a su paso, (Valognes, Carentan, Sain-Lo, Caen…) hasta llegar al bosque de Crecy, ya pasado el rio Somme, donde infligió al rey francés una dura derrota que pasaría a los libros de Historia como una de las primeras grandes batallas que se producirían en la mítica Guerra de los Cien años (que en verdad duró 116 desde 1337 a 1453). El eco de esas semanas, según cuentan las crónicas laudatorias, llegaron a las costas inglesas y los britanos tuvieron la suerte de conocer la valentía de sus caballeros, los hechos de armas, las hazañas del rey y de su hijo Eduardo (motejado más tarde como El Príncipe Negro por el color de su armadura) y el arrojo de sus bravos condes. Pero, como decía antes, ese es el marco general que nos han vendido los escritores de entonces, los que solo glosan a los vencedores, pero lo que en verdad nos interesa ahora son esos trazos pequeños, esas pinceladas casi desapercibidas que se ven el gran cuadro. El periplo de aquellos soldados de a pie, de aquellos arqueros, en fin, de aquella chusma prescindible sin la cual no habrían sido posible esas grandes batallas ni esas brillantes campañas. Esto sería el dibujo interior que nos propone no el pintor sino el escritor Dan Jones en su primera novela histórica titulada: Los perros de Essex (Ático de los Libros, 2024) que inaugura una saga de aventuras continuada este año por Los lobos de invierno (Ático de los Libros, 2025).

viernes, 9 de mayo de 2025

MOLL FLANDERS - Daniel Defoe

 

“Me sentí libre del temor de que alguien pudiera testificar contra mí, porque todos los que tuvieron algo que ver conmigo habían sido ahorcados o deportados. Se me conocía por el nombre de Moll Flanders y aunque hubiera tenido la desgracia de ser detenida diría que me llamaba de otro modo y no podrían achacarme mis antiguos delitos.”

La novela picaresca, aquella en la que un o una joven ha de ascender por la cucaña social desde lo más bajo a lo más alto, a base de astucias y sucios engaños, no es un género que se circunscriba sólo al ámbito geográfico español ya que en otras partes de Europa también se cultivó con bastante éxito. Un ejemplo de ello lo tenemos en la literatura inglesa donde autores como  Jonathan Swift o Daniel Defoe dieron tintes picarescos a sus novelas más populares en donde además de la ascensión social de sus protagonistas, de la misma forma también se observa en particular una feroz crítica al sistema político de la época y a la humanidad en general. En este caso vamos a centrar nuestro enfoque en el último autor que les he mencionado, Daniel Defoe (1660 – 1731) y en concreto a una de sus obras literarias más famosas: Moll Flanders (1722) en donde podremos observar uno de los más claros ejemplos de esta novela picaresca, en la que la protagonista, a base de ingenio y falta de escrúpulos decide salir del negro limo en donde la sociedad la ha abandonado en la niñez y para ello no duda en saltarse todas las hipocresías sociales de la época.