viernes, 28 de febrero de 2014

ESTAR EN BABIA



Sin saberlo conocemos este lugar por la expresión “estar en Babia” que viene hablarnos de una persona que no se entera de lo que le están diciendo o que es muy despistada. Pues bien Babia existe y es una bella región leonesa que servía a los reyes medievales del lugar como escenario natural, debido al buen clima de la zona, para cazar y descansar tras una dura jornada cinegética. Es por ello que cada vez que un cortesano preguntaba dónde estaban sus majestades enseguida le respondían que “estaban en Babia”.

jueves, 27 de febrero de 2014

CERVANTES Y AMADEO DE SABOYA



Se dice, se comenta y se rumorea que el duque de Aosta, Amadeo I de Saboya, rey de España entre 1870 y 1873, a pesar de ser tener buenas intenciones y una gran planta física, también era un monarca bastante gafe además de ser, según opinan sus detractores, un tanto iletrado al revés que su esposa, la culta Maria Victoria dal Pozzo della Cisterna. Se apoyan sobre todo en un hecho ocurrido nada más desembarcar en España en 1870 ya que una vez cuando al iba de paseo por Madrid en una carroza uno de los cicerones que le enseñaban la ciudad le hizo ver que pasaban al lado de la casa de Cervantes. El rey, sin cortarse un pelo dijo lo siguiente:

Aunque no haya venido a verme, iré pronto a saludarlo.

¡Toma ya! Pero aun así, y rompiendo una lanza en su defensa, me parece excesivo que se le llamara inculto y que dijeran que nunca había abierto un libro, ya que leía mucho, sobre todo una gran variedad de novelas pornográficas francesas. Algo es algo…

miércoles, 26 de febrero de 2014

EL ORIGEN DE LA TORTILLA DE PATATAS

Es difícil esclarecer cuando se rompieron los primeros huevos para hacer una rica tortilla de patatas. Existen historiadores que incluso remontan su origen ¡a los incas! pues entre aquella gente era conocida la llamada torta de papa que era una especie de tortilla de patatas pero sin huevos. En Europa, los mismos historiadores la retrotraen hasta el imperio romano, en concreto al denominado ovorum o torta romana hecha de leche y huevos pero sin patatas. En mi modesta opinión a ambas delicias culinarias no se las puede dar el nombre de tortilla de patatas pues evidentemente les falta el ingrediente principal: el huevo.

En cambio es más creíble fijar la aparición de este plato tan típicamente español durante la Primera Guerra Carlista. Parece ser que fue lo único bueno que trajo este sangriento conflicto. Según se dice una vez al general carlista Zumalacarregui se le había echado la noche encima en tierras navarras y no encontraba un lugar donde cenar. En medio de la negrura vislumbró una choza y al entrar en ella pidió a una mujer que le hiciera algo de comer pues venía hambriento. La mujer, asustada por tan importante visita, tuvo que improvisar un plato a base de los pocos alimentos que pudo encontrar en su alacena: unas patatas, una cebolla y dos huevos. Tanto gusto al general aquella tortilla que de inmediato mandó a sus edecanes que a partir de aquel momento ese fuera el plato principal con el que se alimentaran a las tropas que sostenían el duro Sitio de Bilbao.

Durante mucho tiempo Navarra se llevó el honor de ser el inventor de la tortilla de patatas, pero hace poco se descubrió un documento anterior enviado en 1917 a las Cortes en el que por partida doble se afianza como cuna de este plato. Se trata del Memorial de la Ratonera y en el se denuncia el mal estado de los labriegos navarros. Uno de sus párrafos dice así:

Sólo dos o tres huevos en tortilla para cinco o seis, porque nuestras mujeres la saben hacer grande y gorda con pocos huevos mezclando patatas, atapurres de pan u otra cosa.

Parecía que todo estaba dicho pero un reciente estudio efectuado por Javier López Linaje, científico titular del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC), asegura que el origen de la tortilla de patatas es anterior al Memorial de la Ratonera y mucho más que el Sitio de Bilbao. El estudioso fecha su origen en 1798 en el venerable pueblo de Villanueva de la Serena (Badajoz) cuando dos nobles del lugar Joseph de Tena Godoy y Malfeyto y el marqués de Robledo buscaron un alimento para evitar la hambruna en los campos españoles hecho a base de tortitas a la sartén compuestas esencialmente de patatas y huevos.

La polémica esta servida, y si quieren discutir sobre ella no duden hacerlo delante de un buen plato de esta delicia hecha con o sin cebollas… que esa será otra eterna discusión sin solución inmediata.


martes, 25 de febrero de 2014

EL TANQUE HACE ACTO DE PRESENCIA



El 15 de Septiembre de 1916, en el estancado frente de batalla del Somme, ante las miradas atónicas de los alemanes atrincherados hizo su aparición una nueva arma que buscaba cambiar el rumbo de la guerra: el tanque (en concreto el modelo Mark I). A lo largo de la tierra de nadie avanzaban a una velocidad de dos kilómetros por hora una especie de gigantes pepinos de hierro inmunes a los disparos de las metralletas alemanas. El alto mando inglés se las prometía muy felices pensando que gracias a este invento en breve podrían estar paseando por Berlín, pero como fue norma general durante todo el conflicto fracasaron en sus expectativas ya que muchos de aquellos tanques, aunque imbuían terror al enemigo haciendo que salieran despavoridos de sus trincheras, algunos acabaron cayendo en grandes agujeros o perforados por balas de acero. El domino del tanque en el campo de batalla tendría que esperar a otra guerra futura.

Pero ¿por qué a este ingenio se le llamaba tanque? Se sabe que  mientras se construía en secreto y se embalaban las piezas dentro de grandes cajas, para evitar que los espías alemanes que pululaban por Inglaterra informaran a sus superiores, se hizo correr el rumor que eran tanques de agua portátiles destinados a las tropas inglesas acantonadas en el caluroso frente de Mesopotamia. Lo curioso del asunto es que tampoco el nombre de tanque era el original sino W.C. Las cajas al principio tenían escritas estas letras en grande pero la gente se puso tan pesada diciendo que lo que iba a la guerra eran retretes para acabar con el kaiser que el oficial al mando de embalar las piezas cambio estas letras por las de tank, es decir tanque en español.

Fuente: La Primera Guerra Mundial contada para escépticos, de Juan Eslava Galán

lunes, 24 de febrero de 2014

LA VERDADERA LOGIA MEDIEVAL



Actualmente el término “logia” nos trae a la mente imágenes de órdenes secretas y conspiranoicas, en las que masones, rosacruces o templarios desean gobernar el mundo con artes oscuras. Pero, en honor a la verdad, esa palabra no tiene nada que ver con todas esas leyendas urbanas, ya que “logia” era esencialmente el lugar o espacio donde trabajaban los masones (maçon significa obrero en francés) mientras construían las catedrales en la Edad Media. Normalmente se situaban al lado de la catedral y tenía varias funciones. En primer lugar servía como obrador donde se guardaban las herramientas y elementos de trabajo al terminar la jornada. También la logia era utilizada como refugio paras que los albañiles y canteros se refugiaran para comer al mediodía y durmieran la siesta, y sobre todo cuando hacía mal tiempo en invierno trabajar bajo techo.

Una logia era, por tanto, una especie de casa-oficina hecha de madera o piedra en la que cabrían alrededor 12 o 20 albañiles. Tenían mesas de trabajo y tableros donde hacer dibujos. Incluso utilizaban el suelo de yeso para trazar esquemas y detalles de la obra que estaban haciendo. A veces la logia también se utilizaba como lugar donde un maestro cantero administraba justicia , fijaba las horas de trabajo y regulaba las normas que cada operario debía seguir.

sábado, 22 de febrero de 2014

DECIDNOS, ¿QUIÉN MATÓ AL CONDE? - Néstor Luján



Pues bien, si sólo el hallarse presente en un asesinato imprime a un hombre el carácter de cómplice; si solamente por se espectador incurrimos en la falta al mismo tiempo que el culpable, se sigue de aquí necesariamente que, en las matanzas del Circo, la mano que asesta el golpe fatal no está más teñida de sangre que la del que pasivamente mira. No puede estar puro de toda sangre el que anima a verterla y el espectador no es más que un cómplice si aplaude al asesino o reclama en su favor premios.
(L. Cecilias Firmianus, “Lactantius”. De mortibus persecutorum)

Era un secreto a voces. Todo el mundo sabía que iba a pasar pero nadie hizo nada. Era como si una tormenta eléctrica se avecinara y todos callaran y se escondieran detrás de los postigos de las ventanas mientras que el futuro finado era el único desconocedor de su propia muerte. Ocurrió un 21 de Agosto de 1622 y todavía hoy sigue siendo uno de los grandes enigmas de la Historia de España. ¿Quién fue? ¿En qué y a quién benefició el cruel asesinato a sangre fría de Juan de Tassis, segundo Conde de Villamediana? Muchos son los interrogantes que a día de hoy, siglos después, se siguen investigando a la luz de nuevos legajos sacados a la luz de las más recónditas bodegas de los archivos reales. Unos apuntan a ajustes de cuentas y faldas, otros a pecados nefandos, mientras que la gran mayoría ponen la diana de la culpabilidad en las altas esferas de coronadas testas. Es curioso, pero parece que en el Madrid de los Austrias, con sus calles embarradas de lluvia y escasa iluminación nocturna, al igual que un poblachón de campo, era muy dado a esos tipos de crímenes, como por ejemplo el del secretario de Juan de Austria, Juan de Escobedo… pero éste en concreto tuvo algo especial, algo morboso y esperado, pues parecía que mientras se taladraba el cuerpo del Conde de Villamediana, la ciudad aguantara la respiración esperando haberse librado del problemático noble. Se han escrito libros, buena copia de ellos, sobre el tema, desde ensayos hasta poemas, y desde novelas hasta obrillas de teatro, aunque, a mi modo de ver, la obra que les presento a continuación Decidnos, ¿quién mató al Conde? del polígrafo Néstor Lujan, Premio Internacional de Novela en 1987, aúna toda la esencia, espíritu y conocimiento de aquella época esplendorosa a la vez que barroca en sus claroscuros de poder, corrupción y aceros rotos de Plutón.

viernes, 21 de febrero de 2014

LUCHADORES PANTAGRUÉLICOS



Durante los Juegos Olímpicos en Grecia los deportistas seguían una dieta muy rígida y estricta. ¿Todos?, no, todos no, pues los que competían en boxeo, lucha y pancracio se les administraba en la comida y las cenas grandes cantidades de carne para que de esta manera ganasen peso, pues en aquellos tiempos se pensaba que la ingesta de kilos y kilos de comida favorecían al deportista que practicaba estas disciplinas olímpicas. Por tanto muchas veces sus cuerpos, debido a esta continua sobrealimentación, tendían a la obesidad mórbida. Este hecho lo confirma el dramaturgo Euripides en su obra Autólico al decir que éstos eran:

Esclavos de sus mandíbulas y victimas de sus vientres.

Hoy todavía podemos ver en representaciones artísticas griegas claros ejemplos de cuerpos abotargados, deformes y de enormes barrigas enraizados con otros que buscan la inmortalidad aunque sea a base de buenos filetones.