domingo, 11 de junio de 2023

EL ORIGEN DE LA PALABRA VATICANO

 

En la ciudad de Roma, al Oeste, más allá de las míticas siete colinas de Roma y del Campo de Marte, cruzando el rio Tíber se encuentra la llamada Colina Vaticana (en latín Vaticanus Mons). En el siglo I dicha zona estaba fuera de la ciudad y por eso fue el lugar escogido por el emperador Calígula (37-41 d.C.) para construir un circo de carreras de caballos, en una finca que había pertenecido a su madre Agripina, además de una necrópolis en donde con el tiempo se construiría la Basílica de San Pedro y se fijaría la actual Ciudad - Estado del Vaticano. Pero ¿por qué este lugar se llamaba así en concreto? Para conocer la etimología de esta colina lo primero que hay que saber es que no existe una sola respuesta a esta cuestión sino tres en concreto. La primera nos viene a decir que Vaticano es una derivación del latín vates o lo que es lo mismo “leer la buenaventura”. Se cree que en aquellos tiempos las mujeres y hombres que se dedicaban a este oficio ponían sus puestos en la orilla occidental del Tíber y que por eso a aquella colina se la conocía como “el lugar de los vates”. En cambio otros opinan que proviene del latín vate “poeta”, y que por tanto en vez de ser el sitio donde acuden los futurólogos era “el lugar de los poetas”. Y finalmente una tercera corriente opina que este nombre proviene de Vaticum, un pueblo etrusco que allí moraba y del nombre de su diosa Vatika, aunque en parte esta tercera opinión encajaría perfectamente con la primera y la segunda ya que es bien sabido que el pueblo etrusco tenía fama de ser expertos en leer los vaticinios y determinar que iba a pasar en el futuro.

sábado, 27 de mayo de 2023

EL ORIGEN DEL DÍA DE LA AMAPOLA

 

Es costumbre que cada 11 de Noviembre los británicos conmemoren el Día de la Amapola, o del Recuerdo, en memoria del Armisticio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) colocándose en la solapa una amapola de papel, llamada poppy, en recuerdo a los muertos que hubo en aquella contienda y también en todas las guerras posteriores en las que sus soldados participaron. Estas flores o poppys son confeccionadas por los veteranos de dichas guerras y posteriormente vendidas para recaudar fondos por los representantes de la Real Legión Británica. Pero ¿por qué asociar a la bella amapola roja con el recuerdo de la crueldad de un campo de batalla? Parece ser que el origen de esta tradición viene de la época de las guerras napoleónicas cuando un escritor se dio cuenta de que en un campo de batalla crecían un gran número de estas flores. Además, pasado el tiempo, durante la Primera Guerra Mundial, un médico canadiense, el teniente coronel John McRae escribió el famoso poema En los campos de Flandes el cual reza lo siguiente:

En los campos de Flandes
crecen las amapolas.
Fila tras fila
entre las cruces que marcan nuestras tumbas.
Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
su voz apagada por el fragor de los cañones.

Somos los muertos.
Hace pocos días vivíamos,
cantábamos auroras, veíamos el rojo del crepúsculo,
amábamos, éramos amados.
Ahora yacemos, en los campos de Flandes (…)

Desde entonces la flor de la amapola roja se hizo famosa como símbolo de los caídos en combate. Pero no solo esta bella flor aparece en las calles o en los desfiles conmemorativos sino que cada primero de Julio también existe la costumbre de arrojar cientos de ellas a un enorme cráter del campo de batalla del Somme (Francia) conocido como la Grande Mine. Este enorme agujero de 30 metros de profundidad y 100 de diámetro, fue provocado por un enorme explosivo que estalló en 1916 y que dio el pistoletazo de salida de una de las mayores carnicerías de la que de forma ilusoria fue conocida como “la guerra que iba a acabar con todas las guerras”.

jueves, 25 de mayo de 2023

CUERVO: NATURALEZA, HISTORIA Y SIMBOLISMO - Boria Sax

 

Nevermore

Por la zona en la que vivo no suelo verlos. Alguna vez creo ver alguno que parece despistado, puesto en lo alto de un contenedor o en el alfeizar de un edificio alto, pero poco más. Les deben gustar otras zonas más campestres. Aunque aquí tengo que matizar lo del concepto de despistado. Nada más alejado de la realidad, ni nada más falso que creer que un cuervo, hijo de la rama de los córvidos, se encuentra perdido como las palomas o los gorriones que, estos sí, parecen estar sin hacer nada solo pretendiendo unas migajas de comida caídas de alguna mesa de bar. Si tienen oportunidad y ven a alguno párense un momento y observen que a pesar de sus cortos saltitos y su ronco graznido no deja de dar puntada sin hilo en sus acciones. Además de mirar cara a cara al ser humano, sin temor, sus actos denotan cierta superioridad pues saben que son parte principal en la Historia del ser humano, que siempre han estado ahí (muchas veces sin que nos demos cuenta) y que su egregia figura ha impregnado no solo dicha historia sino también el arte, la literatura, la religión y los pensamientos psicológicos del ser humano. Así pues, para reconocer la importancia de estos córvidos el escritor y profesor Boria Sax escribió este interesantísimo ensayo titulado, como no, Cuervo: Naturaleza, historia y simbolismo (Siruela, 2019) y que, es justo reconocerlo, me tuvo enganchado varios días leyéndolo a la espera de que alguno de ellos se subiera a la escultura de Palas Atenea que tenía frente a mí.

Me lo encontré de casualidad. A pesar de que me encantan los animales no suelo frecuentar mucho la zona de zoología en la biblioteca de mi calle. Pero un día, al acercarme allí, vi que tenían este volumen en la zona de novedades, y como me gustó la portada decidí echarle un vistazo… y en verdad que fue amor a primera vista. Se puede aducir que me lo leí en dos días porque no es muy grueso (213 páginas) pero en verdad no fue por ese dato sino porque hurté tiempo al tiempo y así estuve todo un fin de semana, junto a él, apoltronado en el viejo sillón donde suelo leer de claro en claro. Pero vayamos al grano y digamos de qué va este libro. A pesar de que parezca carne de zoología es un libro que a mi parecer es inclasificable ya que toca un gran número de temas a cada cual más apasionante. Por un lado, evidentemente, sobre todo en su introducción habla de la familia de los córvido y sus curiosas actividades, para después pasar a la imagen que se ha tenido de éstos, ya sean cuervos, grajos, grajillas, chovas, urracas o arrendajos, en cuanto a la relación histórica con el ser humano, en los símbolos literarios y artísticos, su función en las religiones del mundo, sus mitologías, e incluso finalmente en el cine y otros mass media de la actualidad. En verdad este ensayo es toda una mina de curiosidades y anécdotas en torno a los cuervos que uno no hace más que asombrarse.

De forma muy amena Boria Sax hace un recorrido sobre la figura elegante y poderosa de los córvidos y su influencia en la Historia. Comienza por su importancia en la Biblia (acuérdese del cuervo que soltó Noé por encima del mar abisal) y como estos influyeron en Grecia, Egipto y Roma. En las riberas del Nilo le tenían bastante aprecio pero en Grecia, en cambio, la negra silueta de los cuervos era tomada con respecto y algo de miedo pues le consideraban como heraldo de los dioses, proféticos, a la vez que fuerza oscura y desconocida de la naturaleza; mientras que en Roma eran estimados por su importancia en temas de adivinación. Es decir, en la antigüedad los córvidos eran elementos simbólicos sobre todo en relación a los mitos. Pero todo esto cambió en la Edad Media y en La Edad Moderna ya que, debido a los periodos de hambruna y guerra, al verles alimentarse de los muertos pronto fueron considerados mensajeros de la muerte y he aquí una de las taras que han tenido que soportar estos animales a lo largo de la Historia. Aun así su importancia es máxima en temas religiosos y mitológicos como se puede apreciar en las leyendas vikingas, hindúes, orientales, en las leyendas taoístas, e igualmente al aparecer de forma principal en los libros de leyendas, fábulas, novelas románticas y victorianas, en las películas y en las series actuales (quién no se acuerda del cuervo de tres ojos, mensajero en los reinos de Juego de Tronos o en el archiconocido cuervo que atemorizaba al amado de Leonor en el homónimo poema de Poe, también retratado en la Casa Árbol del Terror de Los Simpson)

Cuervo, naturaleza, historia y simbolismo, es, a mi modo de ver, una joya de libro, una manera excelente de hacer un recorrido por la Historia y todas sus variantes a lomos de estas aves tan pícaras e inteligentes y conocer la gran carga simbólica que éstos han tenido en todas las culturas que han existido sobre el planeta. Un trabajo que vale la pena leer, se lo aseguro.

Boria Sax. Cuervo, naturaleza, historia y simbolismo. Madrid. Ediciones Siruela, 2019, 213 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: 

 https://www.hislibris.com/cuervo-naturaleza-historia-y-simbolismo-boria-sax/

miércoles, 24 de mayo de 2023

LA CALVICIE DE JULIO CÉSAR

 

Al igual que a muchos hombres y mujeres en la actualidad, a los romanos les preocupaba el cuidado de su cabello. Acudían a las peluquerías llamadas tonstrinae en las que los peluqueros (tonsor) y su igual femenino (tonstrix) no solo cortaban los cabellos y los peinaban sino que también a petición del cliente les podían dar un masaje capilar y echarles productos para evitar que en un futuro se quedaran calvo ya que la alopecia era uno de los mayores terrores estéticos que temían sufrir. Y uno de aquellos romanos que más miedo tenían quedarse calvo era el dictador Julio César (100 – 44 a.C). A pesar de que era un hombre bastante frugal en lo que respecta al comer y al beber en cambio se preocupaba bastante por su aspecto físico en el que gastaba auténticas fortunas y muchas horas en el tocador aunque no lo hacía por vanidad sino con fines políticos ya que, como afirma Suetonio, “no se resignaba a ser calvo, ya que más de una vez había comprobado que esta desgracia provocaba burla de sus detractores” (Vida de César, 45) Por tanto contemplaba la caída del cabello como un signo de debilidad, vejez y falta de potencia sexual.

Así que para luchar contra la alopecia, además de echarse algún producto milagroso, gustaba de peinarse hacia delante e incluso consiguió que el Senado le concediese la gracia de llevar puesta permanente una corona de laurel para tapar la incipiente calva. En verdad un hecho sin precedentes ya que antes de este capricho estético la corona de laurel solo se llevaba en las fiestas dedicadas al dios Apolo (representante de esta planta como bien se puede leer en la leyenda trágica de Apolo y Eurídice). Aun así, aunque Julio César tuviera miedo de mostrar su calvicie y que la asociaran con posibles debilidades, como era muy inteligente el dictador supo darle la vuelta a la situación y permitir que sus soldados asociaran su fama de adultero con su propia alopecia. Por ejemplo, aunque interiormente no le hiciera mucha gracia, dejaba que sus legiones durante la cabalgata que se producía en sus triunfos le llamaran adultero calvo (moechus calvus) y que previnieran a los hombres de que guardaran a sus mujeres porque había hecho acto de presencia “el varón de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres”. Afirmación un tanto machista e hipócrita cuando en cambio a su mujer Pompeya la había acusado de adulterio en los rituales de la Bona Dea al proclamar aquello de que  “La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”.

domingo, 21 de mayo de 2023

¿QUÉ ERA LA LEY DE TALIÓN?


                                                         (Foto: Wikimedia Commons)

En la antigüedad existían (y existen) distintas formas de impartir justicia basadas en que un único dios (o dioses) delegaban esta función a través de sus gobernantes terrenales lo cual justificaba que un rey o emperador pudiera aplicar la pena de muerte sin ningún cargo de conciencia pues convertía a éstos en meros tramitadores de las ordenes que recibían de un ser superior. Una de aquellos reglamentos de justicia era la famosa Ley de Talión (del latín tallos o tale que significa “idéntico” o “semejante” y que en español deriva en la palabra “tal”) plasmada en el Código de Hammurabi y en el Antiguo Testamento, y que se basa en la reciprocidad existente entre el delito y su castigo subsiguiente acabando muchas veces en la ejecución del asesino. Es decir quitar una vida por otra en un acto de venganza en vez de confiar en una posible reinserción del acusado. O como dice la Biblia: ojo por ojo, diente por diente, pan por pan.

Hammurabi (1792 – 1750 a.C) fue el sexto rey de Babilonia y en 1753 a.C  procedió a redactar el llamado Código como podemos ver esculpido en una estela de diorita negra de dos metros y medio de altura que en la actualidad se encuentra en el Museo del Louvre, en París. En ella observamos como Shamas, dios de la justicia, sentado en un trono le entrega al rey Hammurabi un código donde viene estipulado el tipo de leyes que ha de aplicar entre los hombres (o lo que es lo mismo convierte a Hammurabi en un mero recadero de los dioses librándole de cualquier culpa). En éste código, y en las numerosas copias que se debieron de repartir por todo el reino, se plasma el principio jurídico de la Ley de Talión compuesto de 282 artículos acabando muchos de ellos en la condena a muerte del acusado. Con esta ley se intenta intimidar al delincuente a la vez que dar un marco de estabilidad jurídica y social en todo el Imperio babilónico. Pero aunque se muestran los distintos tipos de castigos dependiendo de la clase social a la que pertenezca una persona, al leer con detenimiento este reglamento tan estricto nos damos cuenta que quienes más sufren por ello son las clases más desfavorecidas. Nada nuevo bajo el sol.