Una serpiente acecha
en la hierba. (Virgilio, Églogas, III.64)
Al norte de Roma
se encuentra el llamado Puente Milvio, uno de los más antiguos de la Ciudad
Eterna, y por el que han desfilado desde soldados romanos hasta garibaldianos,
ha soportado batallas que han decidido la historia de la Humanidad, e incluso
ha servido como soporte de cientos y cientos de candados con los que se
demostraba amor eterno gracias a la moda que impuso la película y libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia.
Pero en este caso nos vamos a retrotraer al hecho bélico y político en sí,
justamente al año 312 d.C cuando se
produjo la famosa Batalla del Puente Milvio en donde el ejercito de Constantino
I derrotó de forma aplastante a la huestes de Majencio, el otro emperador
reinante, con lo que consiguió coronarse como líder indiscutible de la parte
occidental del Imperio Romano, y años más tarde lo haría de la oriental tras
vencer al otro emperador Licinio y rendirlo allá en Nicomedia (324). Pero, sin
adelantar el tiempo y volviendo al éxito del Puente Milvio, esta victoria no
solo fue importante en la carrera de Constantino I sino que también lo fue para
la religión que en esos momentos estaba en alza en el imperio: el cristianismo.
Sobre esta victoria se instauró una leyenda según la cual Constantino, antes de
la batalla vio una cruz en el cielo en la que ponía: In hoc signo vinces (Con este signo vencerás). Nada más aplastar a Majencio,
recoger su cuerpo del Tíber y clavar su cabeza en una pica, impuso este crismón como nuevo símbolo de las
armas del ejército romano, conociéndose desde entonces como Victor, Victorioso o Escudo de la Victoria (de
ahí también el origen del crismón salmantino).
Pues bien, tras
instalarse en el Palatino, Constantino quiso hacer una política de tolerancia
hacia sus antiguos enemigos y reinar sobre un clima de buen entendimiento. En
un principio pareciera que las aguas se tranquilizaban pero en el fondo de éllas,
se movían serpientes dispuestas a picar y arruinar las victorias de Constantino
y al auge de la iglesia cristiana. Y sobre esos primeros momentos y las
intrigas palaciegas que existían entonces es sobre lo que se centra esta novela
histórica que les traigo: Asesinato
imperial, de Paul Doherty (2010). Se trata de lo que llamaríamos un
thriller histórico en el que una espía llamada Claudia, al servicio de la madre
de Constantino, la augusta Elena, tiene que investigar el asesinato de varias
cortesanas, más bien prostitutas de alta standing,
que se están produciendo en diferentes puntos de Roma, incluso hasta dentro del
mismo palacio imperial. Pero lo que podría ser una mera investigación criminal
que podría ser desarrollada por el servicio policial, comienza a enrarecerse
debido a cómo son encontradas muertas estas mariposas de la noche: asesinadas y
después de ello mutiladas tallándolas cruces tanto en las mejillas como en la
frente y siempre dejando un recado haciendo referencia al lema de In hoc signo vinces. Por tanto un claro
ataque a la figura del emperador como a la iglesia cristiana.
Así pues la
madre de Elena, que parece manejar los hilos y los secretos tras su adorado
hijo, decide que este asunto se llevado por uno de sus mejores espías que tiene
en nomina en palacio: Claudia. Ésta en concreto no es una sirvienta más, sino
toda una agente in rebús, que ha
seguido a la Domina y Constantino desde que este emprendió camino desde
Mediolanum hasta su victoria en el Puente Milvio. Como he mencionado antes
Claudia es lo que llamaríamos una agente
in rebús o espía profesional, bien entrenada (un 007 de la época) que se ocupa de los trapos sucios más
importantes que existen en lo más oscuro de los resortes del poder. Tienen su
origen en los antiguos frumentarii o vulpes y estaban un escalón por encima
de los cientos de informadores anónimos con los que se nutrían las altas
esferas. Claudia, por tanto, tendrá que moverse no solo entre las trampas de
palacio, sino también investigar a una siniestra figura llamada El Sicario, un
asesino muy especial, casi de leyenda,
que tiene atemorizada a toda Roma y que ha sido utilizado desde tiempos
del otrora Majencio y que parece tener cuentas pendientes con la emperatriz y
con el nuevo emperador. Hay mucho en juego en el tablero político y por eso
Claudia (o como la llama Elena, mi ratoncita)
tiene que averiguar contra reloj qué está ocurriendo pues hay peligro de que
tras la muertes de estas prostitutas pueda caer el propio Constantino.
Esto en lo que
se refiere la trama principal de la novela, pero también es interesante el
entorno en que se mueve la ratoncita
Claudia. En ella el autor, Paul Doherty, nos muestra como era la Roma Bajo
Imperial, el ambiente de sus calles y de sus gentes, pero sobre todo las
preocupaciones ante el alzamiento del cristianismo. Un punto a favor de esta
novela histórica es que no es hagiográfica con respecto a la religión sino más
bien realista. Dejen que me aclare: por ejemplo no se ve a un Constantino ni a
su madre convertidos al cristianismo de buenas a primeras, al contrario, hace hincapié
en que ambos compaginan dicha religión con los dioses antiguos, es decir que
permite la tolerancia e igualdad entre credos, además de manejar al
cristianismo para sus ambiciones políticas y expansionistas con vistas al
futuro ataque a la parte oriental del Imperio. A veces da la impresión de que a
Constantino, mientras sea emperador, le da igual el tema de la religión, y a su
queridísima madre (la que en un futuro será Santa Helena, la descubridora del Lignum Crucis, por obra y gracia del
cristianismo triunfante) lo utiliza como una herramienta más, para conseguir
sus fines políticos y acabar con sus enemigos. Y a todo ello se añade las
presiones por parte de la alta jerarquía cristiana del momento para conseguir
más prebendas del augusto con respecto a la expansión de las iglesias por el
mundo conocido. Así pues puede el lector darse cuenta de la preocupación que
existe en palacio por las muertes de esas prostitutas y la responsabilidad que
éstas puedan salpicar al emperador y a los cristianos en general.
La novela Asesinato imperial está bien narrada y
con un estilo muy directo que mantiene enganchado todo el rato al lector. Este
pulso continuo es una de las marcas características de este prolífico escritor
que a lo mejor lo conocen por la archi famosa
saga del hermano Fray Athelstan ambientada en el siglo XIV. Especialista por
tanto en intriga histórica también describe muy bien el ambiente de los
primeros años de reinado de Constantino I y cómo era esa convivencia entre los
primeros cristianos y la decadente religión pagana que parece que empieza a
abandonar el escabel principal y dejar paso a un nuevo tiempo donde la cruz
será el signo principal.
Paul Doherty, Asesinato Imperial, traducción de Juan
Miguel Lobo. Bóveda, 2010, 343 páginas.
También podéis
leer mi reseña en la página de Hislibris: https://www.hislibris.com/asesinato-imperial-paul-doherty/