domingo, 17 de marzo de 2019

EL ORIGEN DE LAS PAGAS EXTRAS EN ESPAÑA


A no ser que el trabajador reciba la paga o pagas prorrateadas, es decir repartidas a lo largo de 14 mensualidades, éste suele recibir dos pagas extras al año conociéndose familiarmente como la de Verano y la de Navidad. ¿De dónde viene esta costumbre? Pues hemos de buscarla en los años más cruentos de la postguerra española. En 1944 el general Franco decidió recompensar a los españoles por los sacrificios que estaban realizando otorgándoles una paga extra correspondiente a una semana de salario en el mes de Diciembre con motivo de la Natividad del Señor y así ayudar a los españoles con las compras de Navidad.
Tanto éxito tuvo esta medida que dos años después, en 1947, el Ministerio de Trabajo quiso añadir una nueva paga extra pero esta vez coincidiendo con un día señalado en el calendario franquista: el día del Alzamiento Nacional (18 de Julio de 1936). Como ven ya tenemos dos pagas extras, aunque con el paso de los años subió de una mera gratificación semanal a una mensual. Con la llegada de la democracia estas pagas siguieron realizándose pero, debido al carácter laico y democrático de esta nueva etapa pasaron a llamarse extras de Verano y de Navidad.

sábado, 16 de marzo de 2019

LA FAMILIA DEL PRADO - Juan Eslava Galán



El Museo del Prado recibe a lo largo del año alrededor de más de tres millones de visitas. Todos quieren ver las grandes obras de Goya, Velázquez, Durero, El Bosco, Tiziano, Tintoretto… y extasiarse contemplando la excelente colección de esculturas, tapices y dibujos que atesora. Es difícil apreciarlo todo en un día no solo debido a la enormidad de las colecciones sino también porque la extensión del edificio hace imposible que puedan ser exhibidas todas a la vez. La razón de ello hay que buscarlo en el origen de este museo: en 1785 cuando Carlos III mandó la construcción de  este edificio al arquitecto Juan de Villanueva, quiso que fuera un Gabinete de Ciencias Naturales. De ahí la razón de porque existe al lado suyo el Parque Botánico de Madrid. Fue la esposa de Fernando VII, María Isabel de Braganza, quien convenció a su esposo para que lo convirtiera en el Real Museo de Pinturas y Esculturas. Aunque en un principio la invasión napoleónica truncó sus planes ya que los franceses lo convirtieron en establo para caballos, nada más terminar la Guerra de Independencia Fernando VII quiso que el edificio volviera a recuperar su status como museo, como sigue siendo hoy en día. El 19 de Noviembre de 1819 se abrieron sus puertas al público y los primeros visitantes pudieron admirar un total de 311 pinturas de la Colección Real, todas ellas de autores españoles. Desde entonces han pasado 200 años desde aquella inauguración y es por eso que todos nosotros, en este 2019 debemos felicitar al Museo del Prado por haberse convertido en una de las pinacotecas más importantes del mundo.

Del Museo del Prado se han escrito cientos de libros. Se ha teorizado sobre cada cuadro que hay colgado en sus muros e incluso se han especulado sobre el aire que hay en el interior de Las Meninas. Por eso, lo que me ha llamado la atención es la nueva mirada que aporta el prolífico escritor Juan Eslava Galán en su libro La Familia del Prado (Planeta, 2018). A través de una visita realizada con su nieta Minerva, Eslava Galán nos muestra como los retratos de los reyes, reinas, príncipes, infantes, y demás personajes que habitaban las cortes austriacas y borbónicas se asemeja a un  gigantesco álbum de familiar que está a la vista de todo aquel que quiera asomarse a las salas del Museo del Prado. El atento abuelo explica con todo detalle a su querida nieta cada peculiaridad de cada lienzo ya sea desde el aspecto físico del retratado, sus vestimentas, y cada mínimo rasgo que nos lleve a conocer la personalidad de aquel ser inmortalizado en eterna pintura. Además, a través del extenso paseo que nos hace nuestro cicerone particular, sabremos todo lo relacionado con las cortes que reinaron en España hasta el día de hoy, sus cortesanos y la gente del común que influyeron en el día a día de cada persona noble. Y todo ello trufado con un buen número de deliciosas anécdotas que harán muy entretenido el divagar por las estancias del museo.

Al igual que en toda reunión familiar alguien saca un álbum de familia y se sabe al dedillo los intríngulis más íntimos de cada persona que aparece en él, Eslava Galán, con su tono peculiar a camino entre la erudición y el sano humor, y apoyándose muchas veces en los documentos y chismorreos de los embajadores extranjeros ubicados en España (sobre todo los venecianos que eran los más puntillosos y cotillas en este campo)  desnuda los aspectos más secretos y soterrados de aquellos que nos gobernaron durante siglos. Veremos a reyes locos, avaros, oscuros, enfermos de sexo y desequilibrados a la vez que nos asombraremos con las costumbres palaciegas que había en sus tiempos. También hay que añadir que este paseo por el Museo del Prado nos hace ver también cómo fueron las condiciones y penurias de las reinas e infantas y como a pesar de vivir en palacios y mansiones rodeadas de riquezas y sirvientes la mayoría de las veces eran auténticas prisioneras en jaulas de oro siendo utilizadas de continuo cual monedas de cambio entre las distintas casas reales de Europa, como era la norma de entonces. Como bien afirma el autor, la reinas eran simples continuadoras de la estirpe real, conejas que continuamente estaban pariendo hasta que lograran obtener un varón apto con el que perpetuar el linaje. Es por eso que muchas de ellas murieran o bien de soprepartos o bien a manos de los médicos que había en la corte.

La Familia del Prado es un libro excelente muy recomendable para leer en este bicentenario pues además de hacernos conocer los detalles más íntimos de aquellos reyes y reinas que nos habla Juan Eslava Galán también nos sirve como acicate para acercarnos y perdernos entre sus las salas mirando con nuevos ojos a la gran familia que nos observa desde unos lienzos inmortalizados por el tiempo. Así pues les conmino que se acerquen al museo pues de vez en cuando es recomendable saludar a la familia.

miércoles, 13 de marzo de 2019

CARAVAGGIO: EL PINCEL Y LA ESPADA - Milo Manara


...Caravaggio estaba muy perturbado, inquieto, indiferente a su propia existencia: muchas veces se acostaba completamente vestido, con el puñal (del que nunca se separaba) a su lado... Incluso cuando se vestía normalmente iba armado, así́ que parecía más un espadachín que un pintor. (Howard Hibbard)

Al igual que el viento del Oeste rasga las negras nubes de la más oscura tormenta, de la misma manera  aquel estallido de luz conocido como el Renacimiento vino a despertar al hombre de su milenario letargo. Muy pronto comenzó a darse cuenta que ya no era solamente un Dios penitente el que regía su destino sino que era él mismo el que era el centro del Universo. Los artistas hicieron que los colores cobraran de nuevo vida y dejaran de ser opacos bajo la penumbra de la sempiterna cruz medieval. Una explosión de esperanza corría por las calles, y no solo los descubrimientos allende los mares corroboraban este hecho, sino que una miríada de artistas como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Bramante, Rafael… se convertían en los emisarios de la alegría del uomo novi. Esta novedad duró siglo y medio, y como los artistas, por muy genios que sean, no pueden durar eternamente, muy pronto surgió una nueva generación que no solo iba a perfeccionar este arte renacido, sino que de igual manera lo iban a llevar a un estadio más elevado (si eso era posible). Uno de estos artistas, ya de corte barroco, se trataba de un pintor venido de un pueblecito del Norte de Italia, cercano a Milán, llamado Michelangelo Merisi (1571 – 1610), pero que el destino y la gloria hará que sea más conocido por el nombre de su localidad de origen: Caravaggio.

De este Michelangelo, auténtico sucesor de aquel otro que unió las dedos de Dios y Adán, se ha escrito buena copia de libros y trabajos en Historia del Arte, y parece que actualmente algunos novelistas empiezan a atreverse a pergeñar su figura para conocimiento general de este artista que verdaderamente vivió agarrando con una mano un pincel primoroso mientras que con la otra asía con ímpetu una afilada espada. Y más original si cabe es mostrar al mundo la vida y obra de Caravaggio en un nuevo formato: el cómic. El principal culpable de ello es el eminente ilustrador italiano Milo Manara (alias de Maurillo Manara) quien con su habitual pericia nos ofrece el primer volumen de la vida del pintor transalpino Caravaggio, el pincel y la espada (Norma Editorial, 2015). Nada más leer estas líneas seguramente el caro lector se preguntara “¿Cómo es posible que el auténtico rey del cómic erótico (que no pornográfico, esto hay que distinguirlo) se atreve a dibujar al genio del naturalismo italiano?” Es una buena pregunta, a mí también me sorprendió, pero después de gozarlo me di cuenta que en verdad era el historietista ideal para hablarnos de un artista tan agresivo y violento como genial a la hora de pintar y renovar con su pincel el arte católico en aquella Roma de finales del siglo XVI  y principios del XVII  en donde un simple desliz  o una equivocación en el código moral de la época te podía llevar a encontrarte un palmo de acero en el estomago.

Esta primera parte abarca los años de iniciación como artista en Roma entre 1592 y 1606, prescindiendo de su anterior etapa en su tierra cuando entró como aprendiz en el taller del pintor milanés Simone Peterzano, que a la vez había sido discípulo de Tiziano. Manara nos lleva justamente al año en que entra en Roma y como poco a poco consigue ascender peldaños dentro del mundo artístico romano. Aunque el historietista se toma algunas licencias sobre la forma en que Caravaggio se instala en la Ciudad Eterna, éstas no difieren mucho de la realidad. Aquel mismo año de 1592 verdaderamente se traslada a Roma junto a su tío Ludovico y acaba siendo alojado en casa de Pandolfo Pucci, canónigo de San Pedro, a quien el pintor pronto le puso el sobrenombre de “monseñor ensalada” debido a la escasa comida que recibía. Pero aunque en poco tiempo su cuerpo bajara de peso, el residir con un canónigo de esta clase le acarreó tener contactos en las altas esferas eclesiásticas, y en 1595 cambio de residencia pasando a vivir en el Palacio Madama, en donde se convirtió de la noche a la mañana en el pintor preferido del cardenal Francesco María del Monte, embajador en Roma de la todopoderosa familia Medici, el cual pasó a la historia como primer mecenas del artista.

Aunque Caravaggio ya comenzaba a ser tomado en serio unos años antes de entrar al servicio del cardenal Medici debido a las innovaciones que hacía en la pintura, es con éste con quien consigue alcanzar cuotas pictóricas excelentes, y aunque no le agrada en demasía que utilice a muchachos indigentes y prostitutas como modelos para sus obras (Muchacho mordido por un lagarto, Baco, o Santa Catalina de Alejandría) le deja hacer al observar los increíbles resultados que obtiene. Como premio se le permite no solo portar espada como un caballero, sino también decorar la Capilla Contarelli en la Iglesia de San Luis de los Franceses, en donde asombrara a todos con el tríptico inspirado en la vida de San Mateo. Aun así, este cómic de Manara no es una simple sucesión de viñetas de logros pictóricos. Le interesa que todos éstos graviten en torno al temperamento de Caravaggio y sus aventuras en aquella Roma atiborrada de burdeles, reyertas y duelos a espada, en donde soldados licenciados y proxenetas de baja estofa convierten las calles en verdaderos campos de batalla. Es por ello que junto a los magníficos y eternos lienzos del artista podamos observar sus devaneos con meretrices ávidas de carne joven y borrachos sedientos del licor de Baco. Llama la atención que mientras pinta se atiene a las directrices, mal le pese, de la Iglesia Trentina, pero luego se desfogue insultando y siendo agresivo entre camaradas de parranda. Este mundo abigarrado, violento, y lleno de claroscuros es el que le interesa a Manara.

Pero sigamos con las peripecias de Michelangelo Merisi. Es en el nacimiento de siglo cuando explota su creatividad y muestra al mundo obras maestras como La Cena de Emaús, La Muerte de la Virgen, o El Entierro de Cristo. Vemos como los crea, la trastienda de cada pincelada, los sórdidos modelos que a veces utiliza, pero observamos en él que cada día se va volviendo más peligroso y oscuro. Es ya tan famoso en Roma que incluso se permite la licencia de insultar a sus competidores e incluso amenazarlos si hablan mal de él. En 1604 es denunciado por un camarero de una taberna a quien ha agredido, y en varias ocasiones acaba siendo encerrado en la cárcel de Tor Di Nona. Aun así sigue creando, pero en 1605 su estrella le abandona ya que es elegido como pontífice Pablo V el cual prefiere el arte de Guido Reni. Caravaggio se vuelve intratable, depresivo y decide morder la mano que le da de comer. Abandona a Del Monte y en un asunto turbio motivado por unas faldas, que ocasiona la muerte de un proxeneta llamado Ranuccio Tomassoni,  decide huir rápidamente de Roma. Es el año 1606.

Aquí termina la primera parte de Caravaggio, el pincel y la espada, aunque es una pena ya que deja al lector con las ganas de saber que destino le espera al prófugo pintor. Nos encontramos, por tanto, con una novela gráfica (como ahora gustan de llamar a los cómics) preciosista, directa, en la que Manara despliega sus artes para ofrecernos un fresco de una Roma barroca exuberante y peligrosa a la vez. El dibujo es minucioso, colorista y muy personal, ya que nos muestra las dos facetas principales de Caravaggio: el divino pintor, y el humano artista amigo de delincuentes, prostitutas, y que no duda en llevar a sus lienzos sacros las facciones de proscritos por la sociedad. Caravaggio es un pintor en el que la luz y la oscuridad pugnan continuamente una contra otra, al igual que la ciudad que le ve crecer es una mezcla de antigua gloria y decadencia extrema. Así pues, en resumen les recomiendo sumergirse en la pintura de Manara y que se dejen deslumbrar por la belleza y peligrosidad de aquel pintor que, al igual que aquel otro Michelangelo, no se dejó humillar por nadie.

jueves, 7 de marzo de 2019

BREVE HISTORIA DEL ARTE NEOCLÁSICO - Carlos Javier Taranilla de la Varga



La finalidad de todo hombre honesto que coge la pluma, la paleta o el cincel es hacer atractiva la virtud y ridículo y ocioso el vicio. (Diderot)

Cada época de la Historia tiene su propio arte representativo. La Edad Media tuvo, al principio, un recogimiento religioso bien expresado en el llamado Románico donde la espiritualidad se escondía entre gruesas paredes de iglesias y chiquitas ventanas que casi no dejaban pasar la luz. Avanzado aquel tiempo, con el resurgimiento de las ciudades y el poder de la burguesía aquellas iglesias recoletas comenzaron a estirarse y a ser más complicadas en donde el color lo inundaba todo con una belleza suprema. Eran los años del gótico. Pero con la llegada de la era de los descubrimientos el ser humano comienza a tomar importancia de nuevo y es por eso que los artistas y estudiosos centran su mirada en el ser de la antigüedad y en sus obras artísticas. El nuevo hombre es el centro del universo. Llegamos aquí al Renacimiento. Aunque pasado el tiempo, la nueva religiosidad trentina y el esplendor de las cortes europeas demandan un nuevo arte más florido y lo encuentran en las complicadas siluetas y en la pasión exacerbada del barroco. Y entonces llegamos al periodo que ahora nos interesa. El siglo XVIII es el siglo de la Razón por excelencia donde todo es analizado, corregido y depurado a la luz de las nuevas ciencias que surgen en Europa. A mediados del siglo XVIII y hasta el primer tercio del XIX, más o menos, es cuando nace un nuevo estilo: el Neoclásico o Nuevo Clasicismo. En principio, a ojos de los libros de la Historia del Arte, este estilo queda a veces un poco arrinconado, por no decir marginado, frente a sus antecesores o predecesores al tacharlo de simple copia renacentista, y nada más lejos de la realidad pues el arte Neoclásico es uno de los movimientos más interesantes que ha dado la Historia. Así pues les invito a que hagan un hueco en su vida y abrir el apasionante libro de Carlos Javier Taranilla de la Varga, Breve Historia del arte Neoclásico, con el que podrán deleitarse con las vivencias de un movimiento contemporáneo de lo más interesante.

El autor sitúa el neoclasicismo sobre tres pilares principales: ideológicos, estéticos y sociales. En cuanto al primero recuerda que el siglo de nacimiento de este movimiento está presidido por gobiernos influenciados por ideas ilustradas que a la vez son sustentadas por la adoración que existe alrededor de la diosa Razón. Es por tanto un movimiento en que impera la proporción y el estudio de las formas. De ahí que el siguiente aspecto nos lleve a los aspectos estéticos ya que el neoclasicismo está en contra, de frente, al Barroco y sobre todo a los excesos de la decoración Rococó. Lo importante es el equilibrio tanto en la arquitectura, escultura o pintura. Y finalmente esta nueva etapa artística debe su influencia a la antigüedad, aunque sea esencialmente a una antigüedad grecorromana idealizada al desconocer (o querer desconocer) el proceso arcaico  de ella. Este tiempo neoclásico coincide con las excavaciones y descubrimientos que desenterraron las ciudades, por ejemplo, de Pompeya y Herculano arrasadas por el Vesubio en el 79 d.C. Hay que recordar que uno de los responsables de este boom arqueológico hay que buscarlo en la figura del aragonés Roque Joaquín de Alcubierre que estaba a las ordenes del que fuera Carlos III de España.

Avanzado el siglo XIX a este estilo influenciado por la antigüedad se le llamó Clásico o Académico y tuvo como origen los ya mencionados descubrimientos arqueológicos en Italia casi a mitad del siglo XVIII. La Revolución Francesa y las conquistas napoleónicas expandieron sus ideales por toda Europa y tuvo buena acogida en países como Alemania, España, Inglaterra o el Imperio Austrohúngaro, y claro está toda Italia que gracias a los Grand Tour se había convertido en el centro del arte mundial. Es por tanto un arte universal que traspasa fronteras y que finalmente llega incluso a América, tanto al Norte como al Sur. En el campo de la arquitectura los artistas se fijarán en el modelo de los antiguos palacios y lugares públicos griegos y romanos, e incluso adoptaran a veces elementos de los egipcios como son los obeliscos. Y claro todo en un color prístino blanco ya que desconocían que los edificios y esculturas antiguas eran  policromados. Esta arquitectura neoclásica se implantara en nuevos y grandes edificios funcionales como son bancos, bolsas de comercios, mercados, estaciones de ferrocarril, , museos, bibliotecas, parlamentos… e incluso redibujaran las grandes ciudades abriendo plazas, calles o avenidas. Ciudades como París, Madrid, Londres, Viena, San Petersburgo, Washington, Buenos Aires o Ciudad de México, entre otras muchas se llenaron de estos edificios y planos arquitectónicos. Los temas en la escultura y la pintura casi siempre derivan hacia los mismos temas históricos. Las estatuas son frías, rígidas, descoloridas, sin alma, donde dioses y héroes reinan por encima de todo. La pintura sigue lo cánones ideológicos de la época y frente al color predomina la línea recta y el dibujo bien trazado. Se fija, por ejemplo en los primeros años de la pintura de Rafael. Y, claro está, pintan cuadros en los que aparecen escenas históricas grecolatinas, épicas a la vez que emotivas, en las que se ensalzan los valores patrios e imperiales. Finalmente aclarar que el movimiento neoclásico no se ciñe solo a la arquitectura, escultura o pintura sino que también influye en la decoración de los hogares e incluso en las vestimentas de los caballeros y damas, en los libros que se leen o las formas de hacer política (Despotismo Ilustrado).

En Breve Historia del Arte Neoclásico, Carlos Javier Taranilla además de exponer los puntos principales de este arte, igualmente lo circunscribe a una época histórica de lo más emocionante. Nos habla sobre los últimos coletazos que estaba sufriendo el Antiguo Régimen en todas partes de Europa, pero sobre todo en Francia. Decadencia que con el tiempo acabará desembocando en la famosa Revolución Francesa para pasar a continuación a la épica de Napoleón Bonaparte que con sus logros militares consigue exportar los ideales revolucionarios a casi todos los rincones. También nos enseña los aspectos más importantes de la Revolución Industrial, los procesos de independencia sufridos en España, Estados Unidos o Iberoamérica. Así mismo asistiremos a la decadencia del Imperio Español a finales del siglo XVIII y principios del XIX y como fue el movimiento neoclásico en España y como influenció en nuestros artistas, ciudades y obras de arte. Así pues les invito a leer este completo ensayo en donde el arte y la historia se fusionan para hacernos comprender de manera muy entretenida y erudita como fueron aquellos años en que el mundo había redescubierto la antigüedad.