jueves, 8 de diciembre de 2016

CHARLOT, UN PERSONAJE IMPROVISADO



El personaje cómico de Charlot, creado por el inimitable Charles Spencer “Charlie” Chaplin (1899 – 1977) es no solo uno de los iconos más importantes de la Historia del Cine sino también de la Historia del Siglo XX. Su manera de andar, de comportarse, o de reír ha sido imitada una y otra vez hasta la saciedad, y no creo que haya persona en el mundo que no reconozca su peculiar atuendo. Pero ¿cómo nació el personaje de Charlot y por qué va vestido de esa manera?

En 1914 el director y productor de cine Mack Sennett  estaba buscando un actor que diera vida a un divertido vagabundo que debía aparecer en una pequeña comedia titulada Carreras sofocantes. Buscó y rebuscó en la lista de actores que tenían en nómina los estudios Keystone pero no encontró nadie que le pareciera bien. Desesperado salió a la calle y dio la casualidad que por allí pasaba un joven actor inglés llamado Charlie Chaplin. Después de echarle un vistazo le propuso hacer el papel de vagabundo pero con la condición de que debía de dejar todo lo que estaba haciendo y ponerse a rodar en seguida. Chaplin accedió y se metió ipso facto en los vestuarios de la compañía para vestirse y salir rápidamente a escena. Nadie le había dicho como vestirse y es por ello que tuvo que improvisar sobre la marcha. Empecemos desde la cabeza a los pies:

-Para el bombín tuvo que coger prestado uno del suegro del actor cómico Fatty Arbuckle que además de estarle pequeño estaba algo chafado debido a que su obeso yerno se había sentado encima.
-El bigote se lo preparó como el que llevaba el actor Mack Swain y que rememoraba a los que se pusieron de moda cuando las Guerra Boers.
-Le cogió una chaqueta roída y llena de polvo, unos dicen que al actor Chester Conklin y otros que a Charles Avery. Pero ya sea de uno o de otro, igualmente le estaba pequeña.
-Los pantalones que lleva pertenecían al mismísimo Fatty Arbuckle, y por eso se ve que le están caídos de lo grandes que son.
-Y finalmente los zapatos eran del actor cómico Ford Sterling. Éste era todo un gigante y es por ello que calzaba un 48. Chaplin, para que no se le salieran al andar, se los cambió de pie y esa es una de las razones por las que al andar parece que va anadeando.

En cambio lo único que era de su propiedad era el bastón. Cuando salió del vestuario Sennett le pidió explicaciones de por qué se había vestido así. Chaplin le describió el personaje de la siguiente manera:
“No es uno, es muchos. Es un tipo polifacético. Un vagabundo y un caballero. Un soñador, pero con sentido práctico. Te puede hacer creer que es un profesor de física o un jugador de polo, y aunque es un tipo orgulloso, no tiene inconveniente en recoger del suelo una colilla, robar el caramelo de un niño y, si está enrabietado, dar una patada en el culo a una dama.”
Había nacido el mítico Charlot.

jueves, 1 de diciembre de 2016

BLONDI, LA MASCOTA DE HITLER



Aunque parezca mentira una de las aficiones de Adolf Hitler eran los perros. Incluso llegó a afirmar que el mejor momento del día era aquel en se encontraba con su perra,  una hembra de pastor alemán llamada Blondi. Fue su secretario personal y jefe de la Cancillería Martin Bormann el que se la regaló y desde aquel día fueron uña y carne. Paseaban juntos, descansaban uno al lado del otro, y le enseñaba toda clase de trucos, como saltar alto, dar la patita, coger un palo o una pelota que el Führer le tirara lejos… Quién sabe si a lo mejor, en aquellos momentos de juego Hitler se acordaba de aquel otro perrillo que lo acompañó en las frías trincheras de la Primera Guerra Mundial.  Pasaron toda la contienda juntos pero cuando los rusos estaban a punto de tomar Berlín en 1945 y acabar la guerra de forma definitiva, la amistad entre amo y mascota se torció de forma dramática. Hitler, antes de suicidarse, decidió probar el cianuro con su ella y sus cachorritos para ver si el veneno era lo suficiente efectivo para cuando él lo tomara. De esta forma tan triste acabó sus días Blondi, el amigo más intimo que nunca tuvo el Führer.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

UN LUDÓPATA INVENTA EL EMPAREDADO



John Montagu (1718 – 1792), además de ser IV conde de Sandwich, fue lord del Almirantazgo, vicetesorero de Irlanda, embajador en Madrid y secretario de Estado. Es decir uno de los grandes personajes de la época, y aunque a él siempre le hubiera gustado que le recordaran por sus hazañas  pasará a la historia por ser la persona que dio a luz uno de los inventos culinarios más importantes que existen: el sándwich. Parece ser que el señor Montagu tenía su lado oscuro ya que era un amante de los vicios, un glotón empedernido y sobre todo un fanático de los juegos de azar, como por ejemplo las cartas. Un día de 1762 que estaba sentado a la mesa junto con sus amigos de parranda, le entró mucha hambre y como no quería esperar mucho tiempo a que le preparan una comida le dijo a uno de los sirvientes que le preparara un aperitivo consistente en dos rodajas de pan y que además pusiera dentro unas tajadas de carne. Tanta sorpresa causó que sus amigotes quisieron probarlo y como el invento les gustó mucho pidieron que les hicieran otro para el camino. Acababa de nacer el sándwich como lo conocemos hoy en día. Pronto se popularizó en Londres y muchos nobles y personas del pueblo llano empezaron a pedirlo en las tiendas y a preparar en sus propias casas una comida al estilo del conde de Sandwich. Curiosamente cuando el propio capitán James Cook descubrió las islas Hawaii originalmente las llamó  Islas Sandwich en honor al lord Almirantazgo… ¿o porque tal vez se estuviera comiendo uno en el momento en que las divisó en el horizonte?

martes, 29 de noviembre de 2016

CURIOSIDADES DE LA FERIA DE ABRIL



Cada año cuando llega el mes de Abril la ciudad de Sevilla se engalana con sus mejores galas y sus habitantes no dudan un momento en acercarse a un lugar en concreto de la ciudad a celebrar la mundialmente famosa Feria de Abril. Sevillanas vestidas de faralaes y jóvenes agraciados luciendo palmito recorren el Real de la Feria buscando divertirse a base de bailes, jarana, y tapas aderezadas de deliciosa manzanilla. Esa es la imagen típica y tópica que los forasteros tienen de la fiesta. Pero pocos de éstos son los que saben el verdadero origen de la Feria y cuál es el oscuro secreto que ocultan las explanadas donde se realizan.

Por ejemplo ¿sabían ustedes quiénes fueron sus fundadores? Puede pensarse que al ser una fiesta puramente andaluza sus creadores deberían ser oriundos de aquellos lugares. Pues no, siento decirlo. Según parece desde la Edad Media ya existía en la ciudad y alrededores una feria de ganado, y fue en el siglo XIX cuando dos empresarios venidos de fuera pensaron revitalizar esta feria que se estaba perdiendo poco a poco. En 1846 José María de Ybarra, oriundo de Bilbao, y Narciso Bonaplata, originario de Barcelona, presentaron a las autoridades de Sevilla el proyecto de una nueva Feria que trajera lustre a la ciudad. Un año después, en 1847,  la reina Isabel II dio el visto bueno a la idea y decreto que entre el 19 de Abril y el 21 de ese mes se celebrara por todo lo alto la Feria Ganadera de Sevilla. Ésta se celebró en el Prado de San Sebastián hasta 1973, y a partir de entonces el Real de la Feria se traslado al Barrio de la Tablada en el distrito de Los Remedios. En un principio la Feria era puramente ganadera, es decir compra y venta de ganado, pero poco a poco se fueron poniendo puestos de comida y bebida con los que alegrar a los tratantes. Pasado el tiempo estos puestos fueron comiéndole terreno a la venta de ganado, y aunque sus fundadores se opusieron a ello no pudieron hacer nada por evitar que la Feria se transformara en la fiesta que es hoy en día.

Y ahora pasemos a un dato oscuro que a lo mejor, incluso algunos sevillanos, desconocen de la Feria. ¿Sabían que los lugares donde se realiza han tenido mucho que ver con el devenir de la Inquisición? Pues sí, parece ser que donde se festejaba la antigua Feria, en el llamado Prado de San Sebastián (en donde hoy está la Diputación de Sevilla) era una explanada donde se quemaban herejes en el tiempo más duro de la Inquisición. Y para colmo, en donde se festeja hoy, es decir en el Barrio  de la Tablada, era otro quemadero donde la Santa Inquisición ponía un patíbulo de tablas en el que ajusticiaba a los pobres reos que caían en sus manos. De ahí el nombre de La Tablada.

lunes, 28 de noviembre de 2016

MANOS BLANCAS NO OFENDEN



En el idioma español uno de los refranes o dichos populares más machistas que existen es aquel que reza lo siguiente: “Manos blancas no ofenden”. Este refrán, que recoge el título de una obra de Calderón de la Barca, viene a decir que la acción de una mujer no insulta al honor de un hombre. Y además de ser un refrán poco correcto llama la atención que fuera una de las causas que llevaron de rebote al país a las llamadas Guerras Carlistas. ¿Cómo fue esto posible? Hemos de remontarnos al siglo XIX, precisamente a 1829. Ese año se produjo la muerte de la tercera esposa de Fernando VII, María Josefa Amalia de Sajonia. No solo era triste el fallecimiento, sino también preocupante ya que no dejaba ningún hijo varón para suceder a su padre. Es por ello que meses después Fernando VII volviera a casarse con su sobrina, María Cristina Borbón-Dos Sicilias, quien, desgraciadamente, y desde el punto de vista de la época, tampoco solucionó el asunto al dar a luz en poco tiempo dos niñas: María Isabel Luisa, y María Luisa Fernanda. Así pues no le quedó más remedio al monarca que emitir en 1830 un real decreto, conocido como la Pragmática Sanción en el que derogaba la Ley Sálica fijada por Felipe V, con lo que al morir el rey su primera hija ocuparía el trono (en este caso sería con el sobrenombre de  Isabel II).

Este devenir de circunstancias no contentó a los estamentos más reaccionarios de la corte, quienes estuvieron al acecho de cualquier cambio que les pudiera beneficiar. Y esa oportunidad les llegó dos años después. En Septiembre de 1832, el ministro de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo Calomarde, aprovechando que el rey estaba bastante enfermo le convenció para que volviera a reinstaurar la Ley Sálica con el que facilitaría el ascenso al trono de un hombre, en concreto el hermano del rey, Carlos María Isidro de Borbón. Pero cuando la hermana de la reina, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, se enteró de lo ocurrido acudió a palacio y viendo que su cuñado había mejorado algo hizo que firmara otro decreto en el que volvía a abolir la Ley Sálica. Calomarde, avisado de lo que estaba ocurriendo, se presentó de nuevo ante el rey e intento que firmara otro decreto revocador, lo que propició una de las escenas más rocambolescas que hayan ocurrido en la corte española. Luisa Carlota se acercó al ministro oportunista y le propinó una bofetada tan grande que incluso los cortesanos que estaban cerca quedaron congelados. Como decía, tan grande debió de ser el guantazo que años después Benito Pérez Galdós dijo que había sido “la más sonora bofetada que se ha dado”. Calomarde aguanto de pie, y con estoica indiferencia, aunque con el carrillo encarnado, dijo a los asistentes la famosa frase: “Manos blancas no ofenden”. A lo que, según algunos dicen, Luisa Carlota le respondió: “Pero hacen daño”.