miércoles, 23 de julio de 2014

EL REGALO DE UN CALIFA A SU AMADA



Llama la atención que durante la ocupación musulmana de la Península Ibérica, a los califas, sultanes, emires y grandes dignidades les gustaran el tipo de mujer que se puede ver en el Norte de España y no en sus tierras de origen, es decir altas, volubles, y a ser posibles rubias y con ojos azules. Un ejemplo de ello lo podemos ver en torno a una leyenda que se tejió alrededor del gran Abderraman III y la construcción de la fabulosa ciudad de Medina Zahara. Se dice que este emplazamiento lo mando hacer el califa en honor a su esclava cristiana Zahara, de la cual estaba muy enamorado. Parece ser que ésta añoraba mucho los campos de su infancia y sus montes nevados y como el regalo que le había hecho su señor no conseguía tampoco consolarla, Abderraman mandó inmediatamente que se plantaran a lo largo del perímetro de la nueva ciudad cientos de almendros en flor para que a la caída de su hoja diera la impresión de que estaba nevando.

lunes, 21 de julio de 2014

CHAPEROS DE ROMA



Mucho se ha escrito sobre la prostitución femenina en la antigua Roma, y pocos son los libros que dejan algún hueco para hablar de la otra prostitución, la masculina. Y es que en la Ciudad Eterna y sus provincias también la hubo y en abundancia, a la par que la practicada por las mujeres. Ya ab urbe condita existieron los prostitutos, pues en el  226 a.C se aprobó la Ley Escatinia que prohibía este tipo de actos, aunque nunca surtió efecto. E incluso también se quisieron prohibir en la época del emperador Alejandro Severo en el 222, pero la actuación de ellos se siguió dando en tabernas, termas… y sobre todo alrededor de ciertos tugurios situados cerca del pons Sublicius. Un cliente que se adentraba en el laberinto de habitáculos de un prostíbulo podía solicitar cualquier tipo de prostituto del catálogo: afeminados, fuertes, peludos, agresivos… Dependía de las preferencias del solicitante y si quería ser dominador o dominante. Pero entre todos ellos los preferidos por los homosexuales eran los llegados de Alejandría, Siria o el Norte de África.

También existía otro tipo de prostitución masculina orientada a dar placer a las mujeres mayores o poco agraciadas. Eran una especie de gigolos que vendían su cuerpo o bien por vicio o meramente por el dinero. Este último caso era el más común. Su asistencia podía ser solicitada en el mismo establecimiento, a donde la mujer, si era discreta, iba tapada con una estola para que no la identificara nadie, o a domicilio entrando por la puerta de atrás y llegando a la habitación del cliente guiado por un sirviente.

viernes, 18 de julio de 2014

EL GUSTO JAPONES POR LAS CABEZAS



Aunque nos parezca extraño o bárbaro, una de los souvenirs que los samuráis se traían de la batalla eran las cabezas cortadas de sus enemigos. Al soldado caído se le decapitaba, y acto seguido se le limpiaba la sangre y peinaba para que fuera presentable. También se le ennegrecían los dientes con un tinte llamado ohaguro. Esto se hacía porque los dientes blancos eran un símbolo de dignidad y como había caído derrotado por tanto perdía un poco del honor que anteriormente tuviera. Después la perfumaban y colocaban en una peana de madera tallada con un rotulo debajo de la barbilla en la que se ponía el nombre y el rango del vencido. El nuevo dueño de la cabeza la presentaba ante el alto mando y éstos interpretaban la expresión del samurai muerto para ver si auguraba algo. Por ejemplo si tenía los ojos cerrados era una buena señal, pero si tenía alguno abierto se planteaba un debate acalorado entre los presentes sobre si seguir o no la guerra.

Por esta información podemos deducir que los samuráis eran muy conscientes de la brevedad de la vida y por ello, sabiendo que a lo mejor al día siguiente era su cabeza la que podía estar en la peana de madera, se acicalaban a conciencia. Antes de entrar en batalla se peinaban y perfumaban el casco con incienso, pues era de mal gusto que quien fuera a decapitarlos lo encontrara sucio y maloliente. Este ritual incluso nos puede recordar que también a los antiguos soldados espartanos les gustaba trenzarse el cabello unos a otros antes de entrar a matar.

Todo esto puede parecer muy limpio y ordenado pero hubo veces en que las cabezas no recibieron el trato que debieran. Se cuenta que en una batalla librada en Corea en 1592 los soldados japoneses cortaron un total de 3000 cabezas y como no se podían llevar tantas a casa decidieron abreviar el trámite y les cortaron las narices que posteriormente las encurtieron metiéndolas en barriles.

miércoles, 16 de julio de 2014

LOS BAILES QUE SE PRACTICABAN EN EL CONGRESO DE VIENA



Al derrotar a Napoleón en 1814, las potencias vencedoras se reunieron en Viena en un congreso para reorganizar el continente y formar un bloque unido para que no se repitieran los errores del pasado y aniquilar de una vez por todas las posibles revoluciones liberales que se dieran en un futuro e implantar en cada país una monarquía absoluta. Muchos dirigentes, ya fueran reyes o políticos, se dieron cita en la capital austriaca, y aunque les movían asuntos de alta importancia, hay que constatar que también hubo tiempo para la diversión en forma de conciertos, banquetes y bailes. Según cuentan los cronistas del momento en los salones de los distintos palacios vieneses se practicaron un buen numero de bailes y aunque no especificaron cuáles hay que señalar que ninguno de ellos fue el famoso vals vieneses. Los escritores y cineastas nos han mostrado un ambiente muy anacrónico ya que en aquellos años el vals estaba muy mal visto pues los aristócratas creían que era una aberración que las parejas estuvieran enlazadas y girando continuamente. Además es imposible que se bailaran pues los grandes compositores de esta danza, Joseph Lanner o Strauss padre, todavía eran muy jóvenes.

En cambio el baile que seguramente practicaron los grandes dignatarios fueron el clásico minué en el que se podía tocar tímidamente las puntas de los dedos o el Deutscher Tanz, que también se atrevían a bailar algunos en ambientes menos sofisticados.

martes, 15 de julio de 2014

EL JUEGO DE REYES



Durante la Edad Media la Playstation de la época era sin lugar a dudas el juego del ajedrez. Desde el pobre labriego hasta los ricos hombres no había nadie que no se resistiera a mover las piezas por el tablero. Tanta importancia tenía que incluso el mismísimo rey Alfonso X el Sabio escribió, o mandó que le escribieran, el famoso Libro de los Juegos o Libro del ajedrez, dados y tablas. Para muchos el ajedrez era un pasatiempo más, pero para una persona en concreto significó la diferencia entre estar vivo o muerto. Se llamaba Yusuf y era el hermano del rey Mohamed VII de Granada. Éste, temiendo que le quitaran el trono, mandó encerrarlo en el Castillo de Salobreña. Pasó el tiempo y el rey de Granada quiso eliminar de una vez a su hermano así que envió un mensajero al castillo ordenando al alcaide que le entregara la cabeza de Yusuf. Se dio la coincidencia de que en ese preciso momento ambos estaban jugando una disputada partida de ajedrez,  por lo que Yusuf pidió como última voluntad que le dejaran terminar el juego. Después de una hora, nuestro protagonista dio jaque mate al alcaide, pero cuando se estaban ultimando los preparativos para su ejecución llegaron de improviso unos mensajeros anunciando la muerte de Mohamed VII. Así pues aquel condenado se coronaba ahora como sultán de Granada con el título de Yusuf III. Cuenta la tradición que el alcaide del castillo rogó a su nuevo soberano le permitiera quedarse con el alfil con el que había sido derrotado como recuerdo de aquellas partidas de ajedrez que tanto habían amenizado aquellos años de cautiverio.

lunes, 14 de julio de 2014

EL GUARDAINFANTES



¿Sabes que es un guardainfante? Pues no, no se trata de un guardián de niños, sino de una prenda femenina consistente en una enorme estructura de varillas y aros, cubierto por una gran enagua que daba forma de campana a las mujeres de clases acomodadas y del siglo XVII. El motivo de por qué se le llama así se debe a la mala fama que muchos moralistas de la época otorgaron a esta prenda, pues creían que esa forma tan exagerada lo único que motivaba era que en su interior se pudiera ocultar el amante de una dama haciendo que ésta cayera en flagrante adulterio. Pero ya fuera por estas quejas o debido a lo dificultoso que era mover este vestido, muy pronto cayó en el olvido. Como curiosidad indicar que a veces algunas damas adornaban esta prenda portando una pequeña pistola colgada de una cinta. Hay quienes dicen que se trata de un simple adorno, mientras que otros creen que era un medio de defensa del honor en una época que a veces podía ser muy poco caballeresca.

domingo, 13 de julio de 2014

UN CABALLO COMO JOEY



La película de Steven Spielberg War Horse (Caballo de Batalla) nos muestra uno de los datos menos conocidos de la Primera Guerra Mundial, la gran masacre de caballos que se produjo en el mundo embarrado de las trincheras durante aquellos cuatro años de locura colectiva. Aunque la cifra de muertes es mayor en el bando alemán, se calcula que perecieron un total de ¡8 millones de caballos! Para ejemplificar esta cifra tan terrible se cree que solamente en el frente occidental los ingleses perdieron 256.000 de sus monturas ya fueran ametralladas o reventando mientras portaban pesados cañones y otros pertrechos. Son muchas las historias que nos hablan de heroicidades de equinos durante la contienda, pero existe una entre ellas que nos recuerda mucho a la que Spielberg nos presentó en pantalla. Ocurrió en 1917 en una localidad de Oriente Próximo llamada Lajj cuando el 13º de Húsares Británicos se lanzó a la carga, a imitación de aquellas del siglo XIX, contra un convoy turco sin darse cuenta que éste estaba fuertemente pertrechado y defendido por su propia infantería que a golpe de metralleta acabó segando la vida a la mitad de los valientes jinetes ingleses. Entre las perdidas se encontraba el capitán Eve, y a pesar de que buscaron a su caballo Caprice, no consiguieron encontrarlo. Tal vez escapó asustado por el ruido de los cañones y las balas al igual que su colega Joey en Caballo de Batalla. Pasó el tiempo y éste acabó apareciendo en un regimiento indio de caballería. En cuanto su viuda se enteró del hecho lo reclamó y le fue llevado a Inglaterra con todos los honores para que tuviera un recuerdo de su amado capitán.