lunes, 21 de abril de 2014

EL LUNES DE AGUAS



Junto con la Universidad y los pasos procesionales de Semana Santa, El Lunes de Aguas, es una de las grandes tradiciones de la muy noble ciudad de Salamanca. El nombre de esta festividad viene de que se celebra el lunes siguiente al lunes de Pascua y que se realiza en las orillas del río Tormes. Allí se reúne todo el mundo para pasar el día juntos, comer unos buenos hornazos, bailar y beber hasta que el cuerpo aguante. Pero ¿de dónde viene esta tradición? Hay que remontarse a mediados del siglo XVI cuando el rey Felipe II fue a contraer matrimonio a Salamanca. Este rey, como era muy serio y religioso quedó asombrado de que los jóvenes estudiantes estuvieran casi todos los días de fiestas por lo que emitió un edicto para evitar este descontrol durante las fiestas religiosas. Así pues, durante la Cuaresma se debían hacer ayuno y abstinencia; igualmente se prohibía cualquier tipo de celebración no religiosa; y lo que era más importante se cerraban los burdeles trasladando a las prostitutas al otro lado del río Tormes. Felipe II mandó que el Padre Lucas hiciera cumplir este edicto, y tanta animadversión se granjeó en el cuerpo estudiantil que se le puso el mote de Padre Putas.

Pero acabada la Pascua, el lunes siguiente era el día señalado para que las prostitutas volvieran a Salamanca. La alegría de los jóvenes era tanta que iban a buscarlas al Tormes haciéndolas un pasillo en la orilla y en el puente festejando el regreso de sus queridas meretrices. También se dice que era el mismo Padre Lucas, alias Padre Putas quien las trasladaba en barca de un lado a otro hasta Salamanca. Allí mismo, en las frías orillas del río se bailaba y se comía en un auténtico estallido de felicidad por haber abandonado la seriedad y la dureza de la Cuaresma. Esta tradición paso de año en año hasta hoy, aunque actualmente el ambiente es más calmado y  pareciéndose más a un típico día de campo.

domingo, 20 de abril de 2014

¡QUE EL PADRE DE LOS DIOSES TE GUARDE!



En la antigua Grecia, el filosofo Aristóteles y el médico Hipócrates creían que cuando alguien estornudaba era síntoma de que estaba enfermo o que pronto iba a morir. Para evitar esa desgracia aconsejaban que cuando eso pasara la persona sana le dijera inmediatamente: “¡Que goces de buena salud!” o “¡Que Zeus te guarde!” Igualmente Pitágoras opinaba que cuando alguien estornudaba se le escapaba un poquito de alma por lo que al momento había que rezar a los dioses para que volviera a su sitio.

En cambio los romanos creían que el estornudo no era signo mortal, al revés, anunciaba una próxima enfermedad y que a través de él se expulsaban espíritus malvados. De ahí que también invocaran buenos presagios al futuro enfermo.

sábado, 19 de abril de 2014

BREVE HISTORIA DE LA INQUISICIÓN - José Ignacio de la Torre



Entonces en centenares de plazas de mercado de Europa, los dignatarios eclesiásticos observaban los cuerpos ennegrecidos de sus antagonistas... quemarse y consumirse dolorosamente, y la propia gran misión de ellos para con la humanidad reducirse a polvo y cenizas con ellos. (H. G. Wells)

 

Aunque no encaje mucho hablar del grupo cómico Monty Python en una reseña sobre un libro que trata de la Inquisición, me gustaría remitirles a uno de sus famosos sketches en los que, ataviados con trajes cardenalicios, unos patosos religiosos todavía recorren Inglaterra al grito de ¡The Spanish Inquisition! Las caras que ponen están desencajadas, ojos alucinados y rostro de perversidad. Todo ello, claro esta, para mover a la hilaridad de los televidentes. Pero, aunque sea muy gracioso, detrás de las risas y el gozo se mueve en la sombra la imagen grotesca y paródica que ha quedado de esta institución en la Historia dentro del imaginario popular. Fuera de los círculos académicos pocas personas son las que juzgan de manera equilibrada el papel de la Inquisición, limitando su campo de visión a la imagen deformada de los cronistas y a máquinas de torturas que se hallan cogiendo polvo en los museos, como por ejemplo (les recomiendo que lo vean) el Museo de la Tortura situado en el bonito pueblo de Santillana de Mar (Cantabria). Poco queda de verídico y ecuánime sobre una de las instituciones más represoras y siniestras que han existido con el correr de los siglos, por lo que es necesario tener una idea clara de cuál era el reverso tenebroso de una Iglesia la cual por un lado tendía una rama de olivo a los creyentes y por otra condenaba a penas terribles a cualquier persona que pensara distinto y se saliera de la ortodoxia impuesta desde Roma o Aviñón. Para resolver esta situación y encajar debidamente las piezas son necesarios libros valientes, decididos y bien hilvanados como el de José Ignacio de la Torre, Breve Historia de la Inquisición (2014) editado por Nowtilus.

LOS JARDINES COLGANTES DE BABILONIA



Fueron construidos entre el 605 a.C y el 562 y desde que la vieron los griegos las consideraron como una más de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Las mandó levantar el gran rey Nabucodonosor II como prueba de amor hacia su esposa Amitis, ya que ésta añoraba en demasía las bellas montañas de su Persia natal, y no a Semiramis como dice la leyenda popular. Los Jardines Colgantes se hallaban alojados junto a la muralla y se elevaban unos 50 metros a base terrazas de mayor a menor pudiéndose llegar a la más pequeña gracias a una gran escalera. Para que las plantas pudieran sobrevivir recibían el agua del mismo río Éufrates haciendo que el verdor fuera perenne en cualquier época del año, a lo que hay que añadir que cada terraza estaba sostenida por una multitud de columnas huecas rellenas de tierra en las que estaban las raíces de los árboles y las plantas. Una de las cosas que maravilló a Alejandro Magno al entrar en la mítica Babilonia fue observar el complicado y estudiado sistema de riego que existía en cada terraza el cual permitía llevar el agua desde el río hasta la cima.

Los Jardines Colgantes sobrevivieron a guerras y conspiraciones pero en el 126 a. C desaparecieron cuando los persas conquistaron la ciudad destruyendo uno de las grandes logros de la raza humana.

viernes, 18 de abril de 2014

¿QUÉ ERA UN NOMÉNCLATOR?



Según la Wikipedia, un nomenclátor: es un catálogo de nombres geográficos, el cual, en conjunto con un mapa, constituye una importante referencia sobre lugares y sus nombres. Pero aunque actualmente es así, en su origen un nomenclátor significaba otra cosa bien distinta. En Roma, sobre todo para los grandes personajes de las elites, era muy importante tanto ser reconocido como saber el nombre de todas las personas con las que se cruzaba en el Foro o en alguna fiesta organizada por un patricio. Como recordar todas las caras era algo casi imposible era típico que los hombres influyentes fueran acompañados de un esclavo llamado Nomenclátor, el cual tenía que saberse todos los nombres para después susurrárselos a su señor para que de este modo no cayera en un renuncio ((incluso en las fiestas o reuniones les chivaban en qué triclinium debía tumbarse). Pero si un nomenclátor no se acordaba o se equivocaba en cuanto volviera al hogar era castigado duramente por su amo. Por ejemplo el emperador Augusto era muy exigente con éstos y se lamentaba continuamente de que su nomenclátor personal era muy malo recordando nombres. Según cuenta Macrobio en sus Saturnales una vez que su esclavo iba al Foro le llamó y le dijo lo siguiente:

Lleva esta carta de recomendación, pues allí no conoces a nadie.

Aun así, también se sabe de romanos que no necesitaban de este tipo de esclavos ya que tenían una memoria prodigiosa. Catón el Menor era muy respetado porque recordaba todos los nombres, al igual que uno de los Escisiones e incluso el emperador Adriano que continuamente corregía a sus nomenclátores diciéndoles que con que una sola vez que le dijeran el nombre del invitado él ya se acordaba de por vida. La carrera “profesional” de este tipo de esclavos dependía de su buena memoria. Como nota irónica Séneca se quejaba de los nomenclátores seniles que con el paso del tiempo olvidaban las caras y se inventaban los nombres que le decían a su amo durante las fiestas.

jueves, 17 de abril de 2014

LA MALA ESTRELLA DE EURÍPIDES



Podemos considerar al dramaturgo Eurípides (480 – 406 a.C) como uno de los hombres más desgraciados y con más mala suerte de la antigua Grecia. Aunque su nacimiento parecía indicar que iba a ser una persona afortunada, ya que vino al mundo el mismo día de la victoria de Salamina frente a los persas en la embocadura del estrecho de Euripo (de ahí su nombre), su infancia estuvo llena de tristeza pues todos los días veía a sus padres, el tabernero Mnesarchos y la tabernera Clito, andar a la greña continuamente. Después intentó ser atleta, pintor, maestro de retórica y filosofo pero fracasó en cada uno de estos cometidos. En cambio empezó a despuntar en otro campo, el de la Tragedia. Los eruditos del tema consideraban sus obras como excelentes, mientras que al gran público le aburrían, lo que provocaba en Eurípides una constante desazón.

Además de vivir amargado, también sufría de halitosis y cada vez que hablaba con la gente éstos solían mantenerse alejado de él. Su muerte fue parecida a una tragedia pues fue devorado por una jauría de perros, que según algunas fuentes fue azuzada por uno de sus competidores en el escenario. Y lo que es el colmo de la mala suerte, unos cuantos años después de su muerte al lado de la tumba salió a la superficie un manantial de aguas ponzoñosas, que al igual que la halitosis que sufría el finado, hacía que nadie quisiera acercarse a su última morada.

miércoles, 16 de abril de 2014

EL CORONEL CORBU



La mascota del dictador comunista rumano, Nicolae Ceausescu (1918-1989), se llamaba Corbu, y se trataba de un labrador negro que le había regalado el líder del Partido Liberal británico. Inmediatamente, el camarada Corbu, fue elevado al rango de coronel del ejército, y cuando era paseado por las calles iba siempre en limusina y rodeado por una fuerte escolta. Como correspondía a su rango sus habitaciones tenían televisión y teléfonos de oro, y como no era un perro cualquiera su comida también era de alto standing pues todas las semanas recibía desde Gran Bretaña unas galletas de lujo que le eran enviadas desde allí por el embajador de Rumania en Londres.