jueves, 31 de julio de 2014

¡COMO SUBA Y TE PILLE…!



Desde el principio de los tiempos, por ignorancia, la humanidad ha considerado a los cometas como mensajeros de terribles desgracias. Ora anunciaban una guerra, ora un brote de peste, o la muerte de monarca que podía cambiar el destino de un imperio. Todo el mundo lo temía… ¿todos?... no, en verdad todos no, pues hubo alguien que no dudo en enfrentarse a él con sus propias armas: el Papa Calixto III. Cuenta la tradición que en 1456 los astrónomos del Santo Padre le avisaron de que en la bóveda celeste había aparecido un gran cometa (en concreto era el cometa Halley) y que se sin prisa ni pausa se dirigía hacía Roma. Rápidamente pensó que se trataba de un símbolo de mal agüero, tal vez una posible amenaza por parte de los turcos, pero en vez de caer en el pánico lo primero que hizo fue proclamar una bula en la que decretaba la excomunión de aquel cuerpo brillante, y acto seguido, mientras los demás romanos no paraban de rezar temblorosos en las distintas iglesias de la Ciudad Eterna, ni corto ni perezoso se subió a lo alto del palacio papal y con un hisopo comenzó a rociar el aire en dirección al cometa. ¡Habría que haberlo visto agitar el puño en dirección al Cometa Halley!

miércoles, 30 de julio de 2014

EL ORIGEN DEL TÉRMINO “PROTESTANTE”



¿Por qué a los luteranos también se les llama protestantes? Es un error muy común creer que este término nació en el mismo momento que Martín Lutero clavó sus 95 Tesis contra las indulgencias en la puerta de la capilla del castillo de Wittenberg un 31 de Octubre de 1517. Pero en honor a la verdad esta palabra, que viene a ser un símbolo de la “reforma religiosa”, apareció unos cuantos años después en la ciudad alemana de Speyer (Spira). Un buen día los luteranos de aquella localidad se reunieron en asamblea y parece ser que protestaron de manera vehemente contra los decretos establecidos por el emperador Carlos V, quien les censuraba sus ideas y manifestaciones religiosas. En alemán el adjetivo protestante se escribe protestantisch, y muy pronto esta denominación pasó a Francia e Inglaterra transcrita como protestant, y en los países del sur de Europa se acabó escribiendo como protestante.

martes, 29 de julio de 2014

NO HAY DINERO QUE POR BIEN NO HUELA



Uno de los rasgos más importantes del emperador Vespasiano era su gran avaritia. No pensemos que estoy utilizando un término peyorativo, al revés, ya que este adjetivo aplicado a este gobernante romano se puede traducir como ahorrador. Un ejemplo de ello podemos apreciarlo en alguno de sus actos ya que una tuvo una fijación perpetua por sanear las cuentas públicas y por luchar contra los excesos y el derroche financiero. Aun así, algunos escritores como Suetonio vieron en estas acciones claros síntomas de codicia. Una de las anécdotas que mejor explica esta posible falta es la referida a la tasa que puso este emperador por orinar en las bacinillas de las letrinas públicas. Aunque pueda parecer una locura hay que explicar que el líquido resultante era utilizado posteriormente por los curtidores y bataneros para clarear las togas de los senadores. Pues bien, parece que este impuesto fue bastante impopular pues incluso su hijo Tito le reprochó haber puesto precio a la orina. Pero su padre, ni corto ni perezoso, cogiendo unas monedas de un saquito que tenía cerca se las puso debajo de la nariz y le preguntó si olían mal. Tito tuvo que confesar que no, a lo que Vespasiano, con una sonrisilla, repuso: “Pues esto es el producto de la orina”. Y de ahí la expresión Pecunia Non Olet (El dinero no huele)

lunes, 28 de julio de 2014

LA OBSESIÓN MILENARISTA DE ADOLF HITLER



Desde el principio, en casi todos los discursos de Adolf Hitler (1889 – 1945) se repetía continuamente la siguiente expresión: El Reich de los Mil Años. Por ejemplo el 1 de Septiembre de 1933 el dirigente alemán se dirigió a su pueblo diciendo que su legado perduraría en el tiempo y que sería un Tausendjähriges Reich (o Reich de los Mil Años). Seis años después el ministro Goebbels matizó este discurso y cambió el término por el de Gran Reich Alemán. Como se puede ver el Führer tenía una especie de obsesión con esta idea. Y aunque pueda parecer paranoico (que lo era) esta fijación con el milenarismo no era gratuita sino que le venía dada por una costumbre alemana que hunde sus raíces en la misma Edad Media.

En aquella época  el monje Gioacchino da Fiore (1130 – 1202) distinguía tres etapas en la historia de la humanidad: la del Padre (perteneciente al Antiguo Testamento); la del Hijo (es decir, el Nuevo Testamento); y la del Espíritu Santo en la que aparecería un nuevo Mesías que gobernaría un total de mil años e inauguraría un Tercer Imperio que enlazaría con la venida del hijo de Dios y el Reino de Cristo. Ya entonces se pensó que la persona que encarnaba a este nuevo Mesías era el emperador Federico II (1194 – 1250). Pero no fue así. Tiempo después los ilustrados y pensadores como Friedrich Hegel pensaron que este reino milenario había llegado con la edad de la Razón, e incluso a principios del siglo XX todavía se seguía pensando. Fue entonces cuando Arthur Moeller van den Bruck (1876 – 1925) acuño en 1923 la expresión Das Dritte Reich (El Tercer Reich). Éste opinaba el Sacro Imperio Romano Germánico era el primer Reich; que el creado por Bismarck era el segundo; y que el tercero estaba a punto de llegar. Adolf Hitler, por lo tanto, solo tuvo que recoger esta idea como suya y proclamar a los cuatro vientos que su gobierno era la encarnación del Tercer Imperio (Reich) y que sería una etapa gloriosa que duraría mil años. Menos mal que solo fueron doce. Todo un alivio.

Fuentes: Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, de Rosa Sala Rose

viernes, 25 de julio de 2014

EL ORIGEN DE LA PALABRA “OLMECA”



¿Sabías que los aztecas pusieron a las gentes de la zona baja del golfo de México el nombre de “olmecas”? En el idioma azteca esta palabra viene a significar “gente del hule” pues los habitantes de ese sitio vivían esencialmente de la recolección del hule o caucho de los árboles con el que posteriormente fabricaban las pelotas para jugar a un juego ritual muy de moda en la zona de Mesoamérica. Los olmecas también vivían de un líquido que actualmente vuelve loco a todo el mundo: el petróleo. Lo recogían de los efluvios que había en los pantanos y ríos o del chapapote que flotaba cerca de la orilla del mar. Con el petróleo impermeabilizaban las canoas y chozas y también hacían bolas para venderlas en los mercados.

miércoles, 23 de julio de 2014

EL REGALO DE UN CALIFA A SU AMADA



Llama la atención que durante la ocupación musulmana de la Península Ibérica, a los califas, sultanes, emires y grandes dignidades les gustaran el tipo de mujer que se puede ver en el Norte de España y no en sus tierras de origen, es decir altas, volubles, y a ser posibles rubias y con ojos azules. Un ejemplo de ello lo podemos ver en torno a una leyenda que se tejió alrededor del gran Abderraman III y la construcción de la fabulosa ciudad de Medina Zahara. Se dice que este emplazamiento lo mando hacer el califa en honor a su esclava cristiana Zahara, de la cual estaba muy enamorado. Parece ser que ésta añoraba mucho los campos de su infancia y sus montes nevados y como el regalo que le había hecho su señor no conseguía tampoco consolarla, Abderraman mandó inmediatamente que se plantaran a lo largo del perímetro de la nueva ciudad cientos de almendros en flor para que a la caída de su hoja diera la impresión de que estaba nevando.

lunes, 21 de julio de 2014

CHAPEROS DE ROMA



Mucho se ha escrito sobre la prostitución femenina en la antigua Roma, y pocos son los libros que dejan algún hueco para hablar de la otra prostitución, la masculina. Y es que en la Ciudad Eterna y sus provincias también la hubo y en abundancia, a la par que la practicada por las mujeres. Ya ab urbe condita existieron los prostitutos, pues en el  226 a.C se aprobó la Ley Escatinia que prohibía este tipo de actos, aunque nunca surtió efecto. E incluso también se quisieron prohibir en la época del emperador Alejandro Severo en el 222, pero la actuación de ellos se siguió dando en tabernas, termas… y sobre todo alrededor de ciertos tugurios situados cerca del pons Sublicius. Un cliente que se adentraba en el laberinto de habitáculos de un prostíbulo podía solicitar cualquier tipo de prostituto del catálogo: afeminados, fuertes, peludos, agresivos… Dependía de las preferencias del solicitante y si quería ser dominador o dominante. Pero entre todos ellos los preferidos por los homosexuales eran los llegados de Alejandría, Siria o el Norte de África.

También existía otro tipo de prostitución masculina orientada a dar placer a las mujeres mayores o poco agraciadas. Eran una especie de gigolos que vendían su cuerpo o bien por vicio o meramente por el dinero. Este último caso era el más común. Su asistencia podía ser solicitada en el mismo establecimiento, a donde la mujer, si era discreta, iba tapada con una estola para que no la identificara nadie, o a domicilio entrando por la puerta de atrás y llegando a la habitación del cliente guiado por un sirviente.