
Perdonen que
empiece esta humilde reseña como si de un abuelo cebolleta se tratara. Con respecto al estudio de la Historia, el
Arte, la Literatura, ya fuera en mis tiempos o en los actuales, en nuestra
niñez o primera juventud no comenzamos a conocer el canto de estas musas a base
de gruesos manuales de árida lectura. Es decir que, que a no ser que uno fuera
un genio en potencia, los chavales no veníamos con un Payne, un Francisco Rico
o un Gombrowicz bajo el brazo, sino que ya sea la Historia o la Literatura con
mayúsculas la principiamos a catar a base de libros ilustrados o pequeños
volúmenes de sencilla y curiosa prosa. Ahora los más jóvenes ya tienen muchas más
oportunidades de conocer el mundo y su sabiduría ancestral pues existe un
amplio mercado para ello con títulos de nombre parecido en plan Mi primera… o también al estilo Pequeña Historia de… e incluso tutoriales en Youtube para ver lo que uno desee. Pero allá por finales de los
años 70 y principio de los 80 del siglo XX (que arcano parece ahora todo al
volver la vista atrás) no existían esas dádivas. Yo por ejemplo comencé a
interesarme por la Historia Antigua, además de caminar junto a Asterix y Obélix,
gracias a un libro que cogía asiduamente
de la biblioteca del colegio titulado: Monstruos,
Dioses y Hombres de la mitología griega, de un tal Michael Gibson y con unas
ilustraciones preciosas de Giovanni Casselli (la editorial también tenía
volúmenes parecidos pero hablándonos de Roma, China, Egipto, la India,
etcétera); y los clásicos inmortales de la Literatura, los fui cultivando a
través de aquellos gruesos volúmenes ilustrados de Bruguera. Así pude darles la
mano por primera vez a Verne, Salgari, Dickens, Zane Grey… Y todo ello
aderezado con el visionado (una vez a la semana lo echaban en los dos únicos
canales que existían, La Primera y La Segunda (UHF)) de las series de Albert
Barillé tituladas Erase una vez… ya
fueran el Hombre, o la vida, los descubridores… Aquellos fueron verdaderamente
los primeros puentes que los jóvenes transitábamos
para rendirnos a los pies de las hijas de Mnemosine.
Así que doy gracias
al dios que fuere porque todavía quedan personas, muchas de ellas
pertenecientes a mi generación o alrededores,
que transmiten esa llama de primaria sabiduría a los más jóvenes de hoy
en día sin caer en la gazmoñería persistente ni tratarles como bebés ni
sucumbir en el mundo de la censura, de lo políticamente correcto, tan de moda
ahora, ocultándoles datos históricos esenciales no vaya a ser que éstos sufran
un cortocircuito cerebral. Y es aquí donde tengo que destacar la serie que nos
ofrece la editorial Desperta Ferro titulada Historia
del Arte en cómic, escrita y dibujada por Pedro Cifuentes, profesor de la
ESO en un instituto en el que seguramente hará vibrar a sus alumnos con sus
conocimientos enciclopédicos al igual que ha hecho conmigo al gozar de la
lectura de sus primeros dos volúmenes titulados: El Mundo Clásico y La Edad
Media. El autor de esta maravilla, según he visto el historial de este buen
hombre, pertenece a la escuela horaciana del enseñar deleitando (prodesse et delectare) y para ello se ha
dado cuenta de la importancia que tiene en la actualidad el formato de cómic,
la inmediatez, para acercar a sus estudiantes a la Historia y al mundo del
Arte. Así que ha sacado a relucir sus dotes de maestro y sus pinceles para enseñar
a los más jóvenes la verdadera fiesta
que es conocer el pasado de manera divertida a la vez que erudita.
Los dos primeros
volúmenes, la antigüedad y la Edad Media principian una saga en la que un
peculiar profesor, sosias del propio autor, embarca a sus alumnos a través del
poder de la imaginación (como diría Bob Esponja) hacia atrás en el tiempo para
conocer cómo ha evolucionado el arte y la historia a través de los siglos. Los
alumnos son una pandilla de lo más curiosa, que remedan las costumbres y la
cultura que en estos momentos impera en su imaginario. Pero El Profe, armado de
su propio sable laser starwariano, poco a poco consigue atraparlos y hacerles
ver las mil y una maravillas que se van a ir encontrando en su periplo por la
Historia de la Humanidad. Y además no van a ir solos porque junto a ellos se
van a encontrar a diferentes personalidades de la época que les van a ir
mostrando, cual cicerones, como era el mundo que habitaron entonces. Por
ejemplo en el tomo uno van a encontrarse con personajes como Safo, Herodoto,
Homero, e incluso diosas como Atenea, entre otros, mientras que en el segundo
van a disfrutar de la Edad Media con otros personajes tan peculiares como
Averroes, Guillermo de Baskerville, se harán selfies con Leonardo da Vinci, Quasimodo, etcétera. Es decir,
conocer la Historia y el Arte también a través de aquellos que estuvieron allí
acercándolos a los de aquí y de esta manera quitar el polvo a los siglos
pasados y no verlos tan tan lejanos, como si fueran de otra galaxia. Enseñar
deleitando, como ya había dicho un poco más arriba, y por eso el autor se aleja
de páginas y páginas de cronologías cerradas, datos y más datos sin sentido,
términos artísticos e históricos sin explicación alguna, sino que siguiendo una
lógica aplastante nos enseña las bases primordiales de esos ámbitos culturales
para que una persona que nunca se ha acercado a este tipo de publicaciones, o
solo las conozca de oídas, lo haga no
con miedo sino con el convencimiento de que esta Historia del Arte en cómic
será el primer peldaño para que en el futuro
pueda aterrizar en otras lecturas que le harán vibrar con el devenir de
los siglos pasados.

Junto con el
dibujo, que me ha encantado por lo original y simpático que es, y con los
textos y explicaciones que me han enganchado desde el principio, Pedro
Cifuentes además ha querido mostrarnos esta cultura universal no desde un punto
de vista europeísta sino también mostrarnos que más allá de nuestro continente
también se estaban desarrollando otras formas de vida y de conocimiento, ya fuera
en América, África o Asia. Además otro de los grandes valores que no quiero que
se me olvide indicarles es que esta Historia
del Arte en cómic está trufada de, llamémoslo así, elementos frikis que a más de uno de mi generación
le harán soltar una pequeña risita: tanto en el de la antigüedad como en el de la
Edad Media, además de todo el bagaje cultural y de los personajes curiosos que
circulan, El Profe (Pedro Cifuentes) hará menciones a películas o personajes
celebres del actual mundo retro como por ejemplo El señor de los anillos, Juego
de Tronos, El jovencito Frankenstein (o Fronkonstin, perdone usted), La Historia Interminable, El nombre de la Rosa, La Historia Interminable, El Hobbit, La princesa prometida… y así un sin fin de referencias que harán
las delicias de los lectores algo ya talluditos que se acerquen por primera vez
a esta fantástica saga.
Ésta continua
con El Renacimiento (tomo 3) y
recientemente El Barroco (tomo 4), y
si quieren un buen complemento no duden en ojear también su nueva colección Historia de España en cómic que
actualmente solo contiene La Prehistoria
en la Península Ibérica. De todas maneras concluyo diciendo que Pedro
Cifuentes es un divulgador excelente, de los de la antigua escuela, y que yo, a
pesar de tener algunas agallas en cuanto al mundo histórico, la lectura de su Historia del Arte en cómic me ha hecho
disfrutar un montón e incluso descubrir algunos datos que se me habían pasado
por alto. Las aventuras del peculiar CPU, de la soñadora Isadora, del fortachón
Tomás o de las gemelas María y Andrea, son excelentes, tanto que ojala hubiera
podido acompañarles en estos cómics que en verdad, y con el corazón en la mano,
deberían tener su lugar de honor en cualquier biblioteca o aula de centro
educativo para que la chavalería pudiera acercarse más a las maravillas de la
Historia y dejarse engatusar por ella.
Pd: El personaje
que más me ha gustado es el perrillo Lomper y su amor por las columnas.
Pedro Cifuentes,
Historia del Arte en cómic. El mundo
clásico (Volumen 1). Madrid. Desperta Ferro, 2019, 91 páginas (Texto e
ilustraciones: Pedro Cifuentes).
Pedro Cifuentes,
Historia del Arte en cómic. La Edad Media
(Volumen 2). Madrid. Desperta Ferro, 2020, 91 páginas (Texto e ilustraciones:
Pedro Cifuentes).