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viernes, 7 de agosto de 2026

LA HISTORIA DEL GIGANTE DE FLORENCIA

 

A comienzos del siglo XV las autoridades encargadas de las obras de la Catedral de Santa María del Fiore (Florencia) decidieron instalar un total doce estatuas gigantescas en los contrafuertes de la misma catedral mostrando a los profetas bíblicos en todo su esplendor. Para que todo el mundo pudiera verlas éstas medirían alrededor de cinco metros de altura y, preferiblemente, serían realizadas en terracota pues así serían más livianas y su peso no afectaría a la integridad de la obra. Pero en 1463 los mismos encargados cambiaron de idea -seguramente debido a los avances técnicos existentes- y decidieron que el escultor Agostino di Duccio colocara una estatua de mármol en uno de los contrafuertes. Éste acudió a las canteras de Carrara y eligió un bloque descomunal de seis metros de altura que posteriormente fue trasladado a la ciudad de Florencia para poder ser esculpido. Agostino estuvo tres años trabajando dicho bloque en el taller de la catedral pero al final tuvo que renunciar alegando que dicha monstruosidad era superior a sus fuerzas. De esta manera el mármol quedó cuarenta años abandonado y aunque hubo otros escultores que también lo intentaron, al final siguieron el mismo camino. Desde entonces aquel bloque comenzó a ser conocido como “El Gigante” ya que cualquier artista que pasaba a su lado sentía pavor y reverencia ante el mastodonte pétreo que alojaba la ciudad de Florencia.

Así fueron pasando los años hasta que en 1501 los responsables de la catedral de Florencia le encargaron a un joven escultor llamado Miguel Ángel, que a la sazón tenía 26 años, que esculpiera una gran obra artística. Firmaron con él un contrato debido a dos razones: una, porque algo había que hacer con aquel bloque de mármol que se estaba echando a perder en el taller; y dos, porque aquel escultor era el único que aseguraba ver la imagen que había encerrada dentro del Gigante. Esa imagen era nada más ni nada menos que la del eterno David, con la faz terrible y con una mano a punto de descargar su arma contra el filisteo Goliath. Para trabajar construyó una estructura de tablas, a modo de andamiaje con el que podía trabajar en soledad y sin ser molestado. Durante 21 meses estuvo trabajando sin descanso (se cree que hasta dormía encima de aquel bloque), sin ayuda de ningún asistente y cayendo extenuado al final de cada día. Pero su esfuerzo tuvo recompensa y el 23 de Junio de 1503, con motivo de las fiestas de San Juan Bautista, patrono de la ciudad de Florencia, comenzó a desmontar el andamiaje mostrando orgulloso a todos su gran obra maestra, aquella nacida de un gigantesco y humilde bloque de mármol, un bloque que fue rechazado por artistas menos titánicos que el propio Miguel Ángel.


martes, 1 de octubre de 2024

PIES DESCALZOS 1: UNA HISTORIA DE HIROSHIMA - Keiji Nakazawa

 

Hay una especie de honradez en el modo en que los japoneses levantan nuevamente sus casas después de cada desastre. Pero esta vez algo había cambiado. La bomba lo había sido todo para ellos. (Hiroshima, de John Hersey)

El 6 de Agosto de 1945 es una de esas fechas claves, principales, de la Historia Contemporánea pues fue ese día donde la humanidad comenzó a temer la luz del sol. Su brillo y destrucción. Ese día, como iba diciendo, el ejército americano, tras años de guerra en el Pacífico y de desolar parte del territorio japonés a base de bombardeos ya fueran explosivos como incendiarios decidió zanjar el asunto lanzando un arma de destrucción masiva y así doblegar al resistente ejército nipón. Temprano, por la mañana, ya salido el sol naciente el bombardero Enola Gay lanzó el artefacto Little Boy sobre la ciudad de Hiroshima dado que el tiempo era excelente por aquella zona. Un hongo de varios kilómetros de altitud, precedido por una luz cegadora y mortal terminó con la vida de cientos de miles de personas en un abrir y cerrar de ojos demostrando que la humanidad había encontrado el arma perfecta para destruirse así mismo. Tres días después viendo el gobierno estadounidense que los japoneses no se rendían decidieron de nuevo arrojar otra de estas bombas atómicas, Fat Man,  sobre Nagasaki teniendo idénticos y mortales resultados. Esta nueva carnicera tuvo como resultado que días después el pueblo japonés oyera por primera vez la voz del emperador a través de la radio anunciando la capitulación del Imperio del Sol Naciente. Las lágrimas de los ciudadanos que escucharon esta noticia y la impotencia de saber que habían sido utilizados por las clases dirigentes fueron el comienzo de una dolorosa paz.

Desde ese momento la influencia de la bomba atómica en la psique de la ciudadanía japonesa se convirtió en un elemento importante de su día a día y de su cultura en general desde el mismo momento en que acabó la Segunda Guerra Mundial. Pocos años transcurrieron para que este terror y miedo reverencial a la ciencia destructiva apareciera reflejado en el cine o en sus representaciones más famosas (sobre todo en la actualidad) como son el manga y el anime. En estos medios comenzaron a aparecer historias sobre la caída de las bombas;  críticas al gobierno militar que los metió en la guerra haciéndoles creer que eran una raza superior encabezada por la figura del dios-emperador Hiro Hito; o como el pueblo japonés se fue alzando de nuevo poco a poco de las ruinas en una dura posguerra. Si uno mira con atención los mangas y animes tanto actuales como antiguos (los aparecidos tras las Segunda Guerra Mundial) uno se da cuenta que en ellos todavía salen referencias a bombas atómicas, ciudades convertidas en eriales debido a la catástrofe y radiación atómica, grandes hongos de luz, o el susodicho miedo a la ciencia desbocada, sin control. Es una constante que a cualquier persona interesada en este mundo gráfico podrá ver en obras, citando más antiguas, como Astro Boy (Osamu Tezuka), Akira (Katsuhiro Otomo), Neon Genesis Evangelion, Ghost in the Shell… solo por citar cientos y cientos de ellas. Éstas serian obras que toman referencia de esos hechos acaecidos, pero los que a mi modo de ver se centran más en lo vivido en Hiroshima y Nagasaki son, por un lado la película La tumba de las luciérnagas (1988), en el que se muestra la resistencia de los personajes infantiles ante la devastación; y por otro la obra monumental que hoy les traigo: Pies descalzos, una historia de Hiroshima, de Keiji Nakazawa (1973) que nos muestra sobre todo el horror y las consecuencias en la población civil tras el estallido de las bombas atómicas.


                                                                Akira (Katsuhiro Otomo)    

Como pueden leer en el párrafo anterior he utilizado la palabra monumental y no solo para decir que esta obra sea (y es) una obra referencial dentro del enorme universo que es el manga y el cine de animación japonés (incluso se hicieron películas posteriores, como la de 1983) sino también por su gran tamaño físico ya que en total este manga está compuesto por más de tres mil páginas que aquí en España han sido normalmente editadas en cuatro tomos bastante gruesos. Yo, en particular he de aclarar que he tardado más de una semana en leerlo. Pero, aun así, su tamaño no es óbice para señalar que nos encontramos ante una de las muestras gráficas e históricas más importantes del siglo XX, que incluso influenció a gran copia de dibujantes y narradores como por ejemplo a Art Spiegelman que no duda en aclarar que su obra Maus bebe directamente de la de Keiji Nakazawa (1939 – 2012). Este autor japonés tenía seis años cuando estalló la bomba atómica en Hiroshima y pudo observar como toda su familia falleció a consecuencia de ello viéndose solo y desvalido con su madre, y por tanto convirtiéndose en testigo directo de todos los horrores y el caos devastador plasmándolo después de manera brillante en su obra. Tras sobrevivir a aquel infierno con los años se convirtió en un mangaka de referencia en el país nipón y en el mundo de la ilustración occidental gracias a su obra Pies descalzos (Hadashi no gen). El manga, en su totalidad, nos habla del mar de fuego y destrucción que provocó el estallido de Little Boy en Hiroshima, las consecuencias psicológicas que produjo en la sociedad nipona y sobre todo los miedos y el dolor de los habitantes de esta ciudad devastada y sus alrededores, y en tomos siguientes en la dura posguerra y el renacimiento de la ciudad tras la pesadilla atómica que habían sufrido.

Como Pies descalzos es enorme, en este caso solo me voy a centrar en el primer tomo de los cuatro que componen esta magna obra. En ella nos lleva, como ya he mencionado varias veces, a la ciudad de Hiroshima unos días antes del desastre centrándose en la figura de un joven llamado Gen Nakaoka, trasunto autobiográfico del autor, y su familia, un clan antimilitarista que continuamente están recibiendo insultos y soportando el vacio de gran parte de sus vecinos debido al pensamiento pacifista del padre y que por eso son llamados antipatriotas. Tan fuerte es la influencia de los vecinos que al final incluso uno de los hermanos del protagonista tiene que alistarse casi a la fuerza, aun sabiendo que la guerra ya está perdida, para que la gente deje de hacer la vida imposible a su familia. Mientras tanto llega la fecha fatídica del 6 de Agosto y cae la bomba atómica sobre la ciudad salvándose Gen de milagro (estaba detrás de una tapia y por eso la radiación no impacta de lleno) aunque sus hermanos y su padre no tienen la misma suerte y acaban ardiendo en las ruinas de su propia casa, delante de él y su madre que casi se vuelve loca observando cómo sus seres queridos se queman vivos. Desde ahí Gen y su querida madre proceden a deambular por la ciudad arrasada buscando comida y agua y observando a la vez cientos de cadáveres desfigurados, llenos de pústulas y pieles caídas, centros de emergencias llenos a rebosar (recuérdese que más del 90% de los médicos y enfermeras murieron durante el bombardeo), y sobre todo la locura y la sinrazón de los supervivientes en aquel pandemónium. Tras ello para poder comer tienen que salir de la ciudad y volver a buscar ayuda en los pueblos de los alrededores en los que muchas veces en vez de ser acogidos por los lugareños son apartados como apestados, como parias, debido al miedo que tienen a que les infecten con la locura de la bomba o que les roben el poco arroz que les queda. Al final del primer tomo, de las primeras 780 hojas, Gen, su madre y su hermanita recién nacida deciden volver a Hiroshima, a aquel erial desierto de cascotes y casas derruidas, y comenzar una nueva vida.



                                                    Pies descalzos (Keiji Nakazawa)

En este punto hay que aclarar que el manga de Keiji Nakazawa no principia en el preciso instante de la caída de la bomba atómica, sino que aporta otros muchos más temas del antes y después del suceso y de la derivada de ella en la sociedad nipona. La bomba en sí es el epicentro de un mundo que se derrumba, de un mundo corrupto hacia un mundo mejor a través de un parto de dolor y horror en demasía. Uno de los temas principales de Pies descalzos nos habla de como los japoneses estaban muy abducidos por las soflamas del gobierno militar imperante en la que continuamente se les decía a sus ciudadanos que debían dar la vida por el suelo divino de Japón y por la figura del dios encarnado en la tierra, el emperador Hiro Hito. Es por eso que cualquier persona que se saliera del guión, que no compartiera el mensaje de sacrificio y muerte honorable debía de ser eliminada. El clavo que sobresale ha de ser machacado para igualarse a los demás. Es lo que le ocurre al padre del protagonista y a su familia que son condenados al ostracismo y golpeados por una maquinaria militarista bien engrasada y que en ese momento en concreto está a punto de colapsar. Observamos los desfiles populares, los gritos de banzai al emperador, las canciones patrióticas que se repiten de continuo y la entrega de hijos para que se sacrifiquen en aras del poder divino. Otro de las tramas es, claro está, todo lo relacionado con el desastre ocurrido tras la ola de fuego y luz que arrasa la ciudad: los protagonistas ven con sus propios ojos y sufren en sus carnes al ver gente derritiéndose y andando como auténticos zombis sin conciencia ni destino; gente comida viva por las cresas (gusanos) instaladas en sus heridas y muñones; o centros sanitarios y fosas comunes llenas a reventar. Y de esta destrucción, como si esta espiral de tragedias no tuviera fin, el mangaka también nos enseña la locura derivada de ellas al señalar la sinrazón de gente que ingiere polvos machacados de cráneos porque creen que según la medicina oriental así pueden revivir a los muertos; suicidios rituales o en grupos para expiar las culpas o para no caer en manos de los soldados americanos; ríos llenos de cadáveres inflamados que van reventando como globos unos tras otros, hasta (y este me ha impresionado mucho) una mujer llena de moscas que cree que es el espíritu de su hijo y por eso deja que se posen en ella como si fuera un burka hecho de insectos. El horror, como diría aquel Konrad.  Aparecen temas como la insolidaridad de las gentes de otros pueblos con respecto a los supervivientes de Hiroshima pues llegan a tratarlos como parias, un nolli me tangere en el que incluso les lanzan piedras o les dan palizas por miedo a que les transmitan las radiaciones de la bomba o les roben el arroz que tenían escondido. E incluso llama la atención que existiera episodios de racismo con respecto a los coreanos que habían sido llevados a rastras a Japón, ya que los pocos médicos que todavía había no les quisieran atender o se les negara un enterramiento digno al considerarlos una raza inferior.

Como se pude ver Pies descalzos es una obra maestra que no tiene piedad con el lector, hecha para estómagos duros, pero que vale la pena leer para comprender hasta dónde puede llegar la locura humana o su esperanza y bondad sin fin. El único pero que se le podría poner es el dibujo en sí pues en algunos momentos los sentimientos de los protagonistas pueden ser un tanto edulcorados, con muchas lágrimas en los ojos a cada momento y muy maniqueista en la actitud de ciertos personajes. Pero este punto hay que tomarlo con cierta precaución pues este melodrama tiene su por qué. En los años siguiente al final de la guerra mundial las ilustraciones de los mangas eran muy kawaii (adorables) tirando al trama shojo (cuasi romántico) con respecto al tema de los supervivientes de las bombas atómicas, pues esto se hacía para que el lector observara lo amable frente a la sinrazón de la guerra y las condiciones duras de las posguerra. Y aunque en un principio el manga Pies descalzos es una obra shonen (para jóvenes) la posteridad la ha colocado como una de los testimonios gráficos más importantes del siglo XX confiando en que la dureza de algunas de sus imágenes mueva a los lectores de ahora a no repetir los desastres de la antigüedad.

Keiji Nakazawa, Pies descalzos 1: Una historia de Hiroshima (Traducción de Víctor Illera y María Serna Aguirre). Barcelona, DeBolsillo, 2015, 781 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: https://www.hislibris.com/pies-descalzos-1-una-historia-de-hiroshima-keiji-nakazawa/


domingo, 11 de febrero de 2024

HISTORIA DEL ARTE EN CÓMIC: EL MUNDO CLÁSICO y LA EDAD MEDIA - Pedro Cifuentes

 

Perdonen que empiece esta humilde reseña como si de un abuelo cebolleta se tratara. Con respecto al estudio de la Historia, el Arte, la Literatura, ya fuera en mis tiempos o en los actuales, en nuestra niñez o primera juventud no comenzamos a conocer el canto de estas musas a base de gruesos manuales de árida lectura. Es decir que, que a no ser que uno fuera un genio en potencia, los chavales no veníamos con un Payne, un Francisco Rico o un Gombrowicz bajo el brazo, sino que ya sea la Historia o la Literatura con mayúsculas la principiamos a catar a base de libros ilustrados o pequeños volúmenes de sencilla y curiosa prosa. Ahora los más jóvenes ya tienen muchas más oportunidades de conocer el mundo y su sabiduría ancestral pues existe un amplio mercado para ello con títulos de nombre parecido en plan Mi primera… o también al estilo Pequeña Historia de…  e incluso tutoriales en Youtube para ver lo que uno desee. Pero allá por finales de los años 70 y principio de los 80 del siglo XX (que arcano parece ahora todo al volver la vista atrás) no existían esas dádivas. Yo por ejemplo comencé a interesarme por la Historia Antigua, además de caminar junto a Asterix y Obélix,  gracias a un libro que cogía asiduamente de la biblioteca del colegio titulado: Monstruos, Dioses y Hombres de la mitología griega, de un tal Michael Gibson y con unas ilustraciones preciosas de Giovanni Casselli (la editorial también tenía volúmenes parecidos pero hablándonos de Roma, China, Egipto, la India, etcétera); y los clásicos inmortales de la Literatura, los fui cultivando a través de aquellos gruesos volúmenes ilustrados de Bruguera. Así pude darles la mano por primera vez a Verne, Salgari, Dickens, Zane Grey… Y todo ello aderezado con el visionado (una vez a la semana lo echaban en los dos únicos canales que existían, La Primera y La Segunda (UHF)) de las series de Albert Barillé tituladas Erase una vez… ya fueran el Hombre, o la vida, los descubridores… Aquellos fueron verdaderamente los primeros puentes que  los jóvenes transitábamos para rendirnos a los pies de las hijas de Mnemosine.

Así que doy gracias al dios que fuere porque todavía quedan personas, muchas de ellas pertenecientes a mi generación o alrededores,  que transmiten esa llama de primaria sabiduría a los más jóvenes de hoy en día sin caer en la gazmoñería persistente ni tratarles como bebés ni sucumbir en el mundo de la censura, de lo políticamente correcto, tan de moda ahora, ocultándoles datos históricos esenciales no vaya a ser que éstos sufran un cortocircuito cerebral. Y es aquí donde tengo que destacar la serie que nos ofrece la editorial Desperta Ferro titulada Historia del Arte en cómic, escrita y dibujada por Pedro Cifuentes, profesor de la ESO en un instituto en el que seguramente hará vibrar a sus alumnos con sus conocimientos enciclopédicos al igual que ha hecho conmigo al gozar de la lectura de sus primeros dos volúmenes titulados: El Mundo Clásico y La Edad Media. El autor de esta maravilla, según he visto el historial de este buen hombre, pertenece a la escuela horaciana del enseñar deleitando (prodesse et delectare) y para ello se ha dado cuenta de la importancia que tiene en la actualidad el formato de cómic, la inmediatez, para acercar a sus estudiantes a la Historia y al mundo del Arte. Así que ha sacado a relucir sus dotes de maestro y sus pinceles para enseñar a los más jóvenes  la verdadera fiesta que es conocer el pasado de manera divertida a la vez que erudita.

Los dos primeros volúmenes, la antigüedad y la Edad Media principian una saga en la que un peculiar profesor, sosias del propio autor, embarca a sus alumnos a través del poder de la imaginación (como diría Bob Esponja) hacia atrás en el tiempo para conocer cómo ha evolucionado el arte y la historia a través de los siglos. Los alumnos son una pandilla de lo más curiosa, que remedan las costumbres y la cultura que en estos momentos impera en su imaginario. Pero El Profe, armado de su propio sable laser starwariano, poco a poco consigue atraparlos y hacerles ver las mil y una maravillas que se van a ir encontrando en su periplo por la Historia de la Humanidad. Y además no van a ir solos porque junto a ellos se van a encontrar a diferentes personalidades de la época que les van a ir mostrando, cual cicerones, como era el mundo que habitaron entonces. Por ejemplo en el tomo uno van a encontrarse con personajes como Safo, Herodoto, Homero, e incluso diosas como Atenea, entre otros, mientras que en el segundo van a disfrutar de la Edad Media con otros personajes tan peculiares como Averroes, Guillermo de Baskerville, se harán selfies con Leonardo da Vinci, Quasimodo, etcétera. Es decir, conocer la Historia y el Arte también a través de aquellos que estuvieron allí acercándolos a los de aquí y de esta manera quitar el polvo a los siglos pasados y no verlos tan tan lejanos, como si fueran de otra galaxia. Enseñar deleitando, como ya había dicho un poco más arriba, y por eso el autor se aleja de páginas y páginas de cronologías cerradas, datos y más datos sin sentido, términos artísticos e históricos sin explicación alguna, sino que siguiendo una lógica aplastante nos enseña las bases primordiales de esos ámbitos culturales para que una persona que nunca se ha acercado a este tipo de publicaciones, o solo las conozca de oídas,  lo haga no con miedo sino con el convencimiento de que esta Historia del Arte en cómic será el primer peldaño para que en el futuro  pueda aterrizar en otras lecturas que le harán vibrar con el devenir de los siglos pasados.

 


 

Junto con el dibujo, que me ha encantado por lo original y simpático que es, y con los textos y explicaciones que me han enganchado desde el principio, Pedro Cifuentes además ha querido mostrarnos esta cultura universal no desde un punto de vista europeísta sino también mostrarnos que más allá de nuestro continente también se estaban desarrollando otras formas de vida y de conocimiento, ya fuera en América, África o Asia. Además otro de los grandes valores que no quiero que se me olvide indicarles es que esta Historia del Arte en cómic está trufada de, llamémoslo así, elementos frikis que a más de uno de mi generación le harán soltar una pequeña risita: tanto en el de la antigüedad como en el de la Edad Media, además de todo el bagaje cultural y de los personajes curiosos que circulan, El Profe (Pedro Cifuentes) hará menciones a películas o personajes celebres del actual mundo retro como por ejemplo El señor de los anillos, Juego de Tronos, El jovencito Frankenstein  (o Fronkonstin, perdone usted), La Historia Interminable, El nombre de la Rosa, La Historia Interminable, El Hobbit, La princesa prometida… y así un sin fin de referencias que harán las delicias de los lectores algo ya talluditos que se acerquen por primera vez a esta fantástica saga.

Ésta continua con El Renacimiento (tomo 3) y recientemente El Barroco (tomo 4), y si quieren un buen complemento no duden en ojear también su nueva colección Historia de España en cómic que actualmente solo contiene La Prehistoria en la Península Ibérica. De todas maneras concluyo diciendo que Pedro Cifuentes es un divulgador excelente, de los de la antigua escuela, y que yo, a pesar de tener algunas agallas en cuanto al mundo histórico, la lectura de su Historia del Arte en cómic me ha hecho disfrutar un montón e incluso descubrir algunos datos que se me habían pasado por alto. Las aventuras del peculiar CPU, de la soñadora Isadora, del fortachón Tomás o de las gemelas María y Andrea, son excelentes, tanto que ojala hubiera podido acompañarles en estos cómics que en verdad, y con el corazón en la mano, deberían tener su lugar de honor en cualquier biblioteca o aula de centro educativo para que la chavalería pudiera acercarse más a las maravillas de la Historia y dejarse engatusar por ella.

Pd: El personaje que más me ha gustado es el perrillo Lomper y su amor por las columnas.

 

Pedro Cifuentes, Historia del Arte en cómic. El mundo clásico (Volumen 1). Madrid. Desperta Ferro, 2019, 91 páginas (Texto e ilustraciones: Pedro Cifuentes).

Pedro Cifuentes, Historia del Arte en cómic. La Edad Media (Volumen 2). Madrid. Desperta Ferro, 2020, 91 páginas (Texto e ilustraciones: Pedro Cifuentes).

miércoles, 10 de junio de 2020

EL FRACASO PASTELERO DE LEONARDO DA VINCI


 Después de su estancia en Florencia, Leonardo Da Vinci (1452 – 1519) llegó a Milán de la mano de Ludovico Sforza y además de ser contratado por sus cualidades artísticas y científicas también se encargó de ser el maestro de ceremonias de la corte privada del propio Ludovico. Por eso su mayor reto fue cuando le encargaron preparar la boda entre el propio gobernante de Milán y Beatrice D’ Este. Era sin duda alguna la boda del año y por ello Leonardo quiso dar lo mejor de sí mismo. El banquete de bodas debía realizarse en el Patio de Armas del Castillo Sforza y por eso el genio de Vinci quiso hacer algo muy especial. Lo normal en cualquier enlace nupcial es que la tarta de bodas, en un momento concreto, se coloque en el centro de la mesa pero Leonardo quiso que todo el  jardín del patio fuera una enorme tarta de polenta de 60 a 70 metros de longitud y que las trescientas personas que estaban invitadas entraran en ella y celebraran allí dentro el banquete, terminando de comerse la tarta como postre final. El día antes estaba todo preparado, pero a la mañana siguiente Leonardo acudió temprano al patio de armas para comprobar hasta el más mínimo detalle y entonces se llevó una terrible sorpresa al ver que todos los insectos, perros y gatos y demás pájaros de Milán se habían comido la tarta o la habían destrozado. Éste quedó tan afectado que en vez de ayudar a limpiar el destrozo y buscar una solución rápida, como era trasladar el banquete a otro jardín, salió corriendo.

Su fama había quedado muy afectada y a partir de aquel día todos los milaneses, al cruzarse con Leonardo le señalaban con el dedo y le recordaban que era un artista incapaz de haber dado de comer a trescientas personas. Hubiera sido normal que Ludovico también lo hubiera rechazado y expulsado de la corte pero decidió confiar en él y le propuso realizar un fresco, un mural más bien, en Santa María de la Gracia y el resultado fue una de las obras de arte más importante de la Historia Universal: La Última Cena. Así, de esta manera, Leonardo da Vinci se resarció del fracaso nupcial y pasó de ser la persona que fue incapaz de dar de comer a un grupo de cortesanos a ser el artista que había dado de comer al propio Hijo de Dios.

domingo, 8 de diciembre de 2019

EL TIEMPO NO TUVO LA CULPA


Ni por dejadez ni por olvido, sino por la guerra y la sinrazón humana el monumento griego del Partenón se encuentra hoy en el estado que todos conocemos. El templo consagrado a Atenea Partenos fue construido en la parte más alta de la acrópolis ateniense entre el 448 al 432 a. C por los arquitectos Ictinos, Calícrates y Fidias y hasta el siglo VI d. C mantuvo su función original cuando los cristianos la consagraron como una iglesia. Años después en 1456, en cambio, fueron los otomanos quienes reconvirtieron el templo griego en una mezquita a la que se le añadió al lado un minarete para que los creyentes fueran llamados a la oración. Pero las guerras de religión que mantuvieron austriacos, polacos, rusos y venecianos contra los otomanos entre 1683 y 1699 cambiaron por completo la fisonomía del Partenón. Los venecianos, tras la conquista de Mórea, quisieron ocupar Atenas y rodearon el monumento griego que por aquel tiempo había sido reconvertido en un polvorín por los otomanos. Éstos se creían a salvo dentro del complejo arquitectónico porque pensaban que quién iba a disparar contra uno de los monumentos más importantes del mundo. Pero se equivocaron porque fueron los venecianos quienes el 26 de Septiembre de 1686 bombardearon el lugar provocando que el Partenón volara en pedazos. Obviamente el templo quedó hecho pedazos y por ello siglos después, en 1806, Thomas Bruce, conde de Elgin, viendo el estado en que se encontraba el lugar quiso adquirir las esculturas y mármoles supervivientes y llevárselos a Inglaterra en donde hoy día todavía pueden ser admirados en el Museo Británico de Londres.