domingo, 1 de junio de 2025

CANTIGAS DE SANGRE - Nieves Muñoz

 

Hace un par de años, movido por la nostalgia histórica además de la cinematográfica procedí a visitar la ciudad de Zamora, localidad que por desgracia y por avatares de la vida todavía no había tenido ocasión de hollar. El primer motivo es obvio para cualquier amante de la literatura y de la Historia, pero en cuanto a la segunda, a la relacionada con el Séptimo Arte, era una deuda pendiente que tenía desde hacía muchos muchos años. Dejen que me explique: siempre –ahora también- me han gustado las películas históricas, sobre todo aquellas largas y antiguas que veía de pequeño en mi casa y que Televisión Española echaba en Semana Santa o Navidad y que, aunque algunas fueran de cartón piedra y gestos impostados, removían el magín de mi joven imaginación. Una de aquellas super producciones es, sin duda alguna, El Cid (Anthony Mann, 1961) y de ella recuerdo que una de las escenas más memorables -entre otras muchas-  era la del cerco al que Sancho II sometió a la ciudad de Zamora y en la que el traidor (o salvador) Bellido Dolfos asestó una puñalada traidora al rey castellano en una de las puertas o postigos ocultos que había en sus murallas. Pues bien, uno de los deseos ocultos que tenía al acudir a Zamora fue ver el escenario de ese cerco y sobre todo visitar el famoso postigo que tantas leyendas y canciones juglarescas dio al imaginario español. Para quien no lo sepa ese portillo sigue existiendo y está situado en una calle aledaña a la catedral. Siempre había oído hablar de él como el Portillo de la Traición, pero al acercarme de forma reverencial a sus piedras me llevé la sorpresa de encontrarme una placa que la motejaba como Puerta de la Lealtad y que Zamora le daba las gracias a Bellido Dolfos por haber matado al rey Sancho II y así haber librado a la ciudad sitiada. Como se puede ver, la línea distinción entre traición y lealtad es muy fina en nuestro país tanto en lo sentimental como en lo geográfico, cuestión de donde te toque, y que hoy todavía es latente en aquella ciudad bañada por el Duero.