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lunes, 9 de diciembre de 2019

PROHIBIDO TROCEAR CUERPOS HUMANOS


Hubo un tiempo en que la Iglesia prohibía diseccionar cuerpos humanos. Los artistas y futuros médicos, muchas veces en connivencia con sepultureros o religiosos que no hacían ascos a aceptar unas monedas a cambio, permitían a los primeros realizar estas operaciones en el más absoluto secreto, a la débil luz de unas pobres velas y siempre con miedo a ser sorprendidos y ajusticiados a continuación. Fue el papa Bonifacio VIII (1235 – 1303) quien en 1300 decretó que estaba prohibido diseccionar, cortar o hervir trozos de un cuerpo bajo pena de ser excomulgados y ahorcados si se era reincidente en el delito. Según parece esta era una costumbre muy seguida por los cruzados quienes para transportar a uno de sus compañeros caídos en combate procedían a despedazarlo y hervirlo en una gran tinaja para que al final solo quedaran los huesos y así poder transportarlos de manera más sencilla para entregárselos a sus familiares y darles una sepultura digna. A la Iglesia nunca le gustó esta práctica por lo que emitió dicho decreto el cual, después, se malinterpretó y se extendió a cualquier disección que se realizara con fines anatómicos.

miércoles, 14 de febrero de 2018

LAS PRIMERAS PALABRAS DE UN GENIO



Debido a sus grandes logros científicos, como por ejemplo haber postulado la Ley de la Gravitación Universal, Sir Isaac Newton (1643 – 1727) fue elegido miembro de la Cámara de los Lores. A partir de entonces, y desde ese día, todos los miembros de esa institución, ya fueran tories o whigs, deseaban oír sus primeras palabras. Pero pasaba el tiempo y el gran científico no despegaba los labios en ningún momento. Como si todo aquel mundo de la política no le interesara nada. En cambio un buen día, en medio de una sesión, pidió la palabra. ¡Aquello era extraordinario! En un clima de gran excitación, Newton se levantó y cuando los reunidos ya esperaban oír un discurso que pasara a la posteridad, éste levantó un brazo, lo giró hacia un lado y dijo: “Querría rogarles que cerraran esa ventana de la derecha pues entra una corriente de aire espantosa”. Y ante el asombro de todos se sentó de nuevo en su escaño y no volvió a decir nada.

miércoles, 25 de octubre de 2017

EL PRIMER CENTRO DE TRANSFUSIÓN DE LA HISTORIA



A comienzos de la Guerra Civil Española (1936 – 1939), el doctor barcelonés Frederic Durán-Jordá acudió al Hospital 18, en Montjuic, con la intención de trabajar con los heridos que llegaban desde el frente de batalla. Después de estar unos días colaborando y curando heridas sin descanso empezó a darse cuenta de que la necesidad de sangre que debía transfundirse era superior a la que podía ofrecer un paciente en las transfusiones directas, además de observar que en la mayoría de las ocasiones dicha sangre llegaba a cuentagotas al frente (y eso si llegaba). Así que junto con  el Servicio de Sanidad del Ejército Republicano creó el primer centro de transfusión de sangre del mundo. La misión que tenía este Servicio Oficial era almacenar la sangre conseguida mediante donaciones y después o bien llevarla a los militares a través de unidades móviles o bien a los civiles que igualmente sufrían bajo los bombardeos.

sábado, 24 de junio de 2017

LOS DIENTES DE WATERLOO



A lo largo de la Historia siempre ha existido un interés por la odontología y el cuidado de los dientes, ya sea con fines médicos como estéticos. Pero llama la atención como en el siglo XVIII y parte del XIX este interés se convirtió en toda una moda entre los más ricos de Inglaterra. Según parece eran muchos los burgueses que demandaban piezas dentales para arreglarse la boca ya que gran parte de ellos las tenían en mal estado con los dientes picados y ennegrecidos debido muchas veces por el abuso del azúcar y por los nuevos tratamientos blanqueadores que al estar compuestos de un fuerte acido desgastaban el esmalte y provocaban caries y suciedad en los dientes. Es decir que quien no sufría fuertes dolores de muelas le faltaba alguna pieza y en un mundo como aquel en el que la apariencia lo era todo la demanda de dentaduras postizas era un verdadero negocio. ¿De dónde salían los cientos de dientes que el mercado necesitaba? Pues de varios sitios. O bien se los quitaban a los condenados a muerte tras ser ejecutados en la horca, o eran “donados” por los más pobres con el fin de conseguir alguna moneda o un mendrugo de pan; o incluso eran obtenidos de los mismos cementerios donde eran arrancados por los resureccionistas (o profanadores de tumbas) en la oscuridad de la noche.

También se podían hacer de otros materiales como por ejemplo el marfil, pero aun así el mercado no llegaba a saciarse del todo por lo que el comienzo de las llamadas Guerras Napoleónicas (1803 – 1815) fue toda una bendición para los mercaderes de este producto. ¿Qué mejor sitio para obtener piezas para fabricar una dentadura postiza que en un campo de batalla en donde habían caído miles de soldados en lo mejor de su vida? Incluso se ponían anuncios en los periódicos en los que se compraban a tanto dientes traídos desde el mismísimo continente europeo. Todo valía con tal de asegurar un buen suministro. Y el gran pelotazo económico llegó precisamente en el combate final de aquella contienda: La Batalla de Waterloo (18 de Junio de 1815). Allí murieron alrededor de 50.000 jóvenes. Tras la batalla los ejércitos en liza se retiraron de aquel lugar de muerte, y después de que éstos se marcharan llegó de nuevo otro tipo de ejército: los saqueadores de cadáveres. Hubo quienes cogían los restos personales de los muertos en combate además de las armas, y en cambio otros, conocidos como bodysnatchers, tenían una única misión, la de arrancar uno a uno los dientes de los soldados para hacerlos llegar posteriormente a Albión. Aquello fue un auténtico maná para los comerciantes de piezas dentales pues no era lo mismo vender un diente de un cadáver que podía producir enfermedades que uno extraído de un forzudo soldado caído en Waterloo. Obviamente el precio de este último era más elevado. El problema vino cuando el mercado se saturó ya que eran muchos los dientes “extraídos” en el continente que se tenían que quedar en los almacenes a la espera de que fueran utilizados. Aun así los dientes de Waterloo eran sinónimo de calidad y se tiene constancia de que siguieron utilizándose hasta 1851. La aparición de las piezas hechas de porcelana y la fabricación de dentaduras postizas de vulcanita provocaron que la industria de dientes humanos cayera en picado convirtiéndose hoy en día en una mera anécdota bastante truculenta de tiempos pasados.

sábado, 18 de marzo de 2017

UN CALENDARIO PARA GREGORIO



Uno de los grandes fallos del Calendario Juliano (creado por el propio Julio César en el 46 a.C), es que no correspondía totalmente con el año completo. Es decir que tenía un desfase de 11 minutos, o lo que es lo mismo un retraso de tres días cada cuatro siglos. Puede parecer poco, pero con el paso del tiempo este retraso se estaba convirtiendo en un problema sobre todo para el calendario litúrgico. El Concilio de Nicea (325), entre otras disposiciones, siempre fijaba el comienzo de la Pascua el siguiente domingo a la primera luna llena del equinoccio de primavera, o sea el 21 de Marzo (he ahí porque Semana Santa siempre cae en fechas distintas y tiene luna llena) Pues bien, en el siglo XVI el desfase de días del Calendario Juliano era tan grande que la Semana Santa estaba a punto de caer en Febrero. Algo impensable dentro de la Iglesia.

Es por ello que el Papa Gregorio XIII (1502 – 1585)  reunió a un consejo de sabios presidido por el jesuita alemán Clavius los cuales llegaron a la conclusión de que para evitar el desfase se tendría que eliminar de raíz diez días del año. Así pues cuando se instauró el nuevo Calendario Gregoriano, el jueves 4 de Octubre de 1582, el día siguiente no fue el viernes 5, como sería lo más lógico,  sino que se transformó en el viernes 15 de Octubre. Como consecuencia de ello 1582 solo tuvo 355 días, dando como resultado que al año siguiente, 1583, la Semana Santa cayera en la fecha prevista.  Los países católicos como España, Portugal y Francia lo adoptaron rápidamente, pero los protestantes, Inglaterra o Alemania, tardaron un poco más y lo hicieron en el siglo XVIII, mientras que los ortodoxos lo acogieron en el XX.

Como curiosidad, el paso del Calendario Juliano al Gregoriano afectó a mucha gente, pero sobre todo a Santa Teresa de Jesús ya que murió el 4 de Octubre de 1582, el mismo día de la aplicación del nuevo calendario. Es por ello que la santa, con las nuevas directrices, estuvo diez días sin enterrar hasta el viernes 15 de Octubre (aunque se hizo al día siguiente del fallecimiento).