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viernes, 18 de septiembre de 2026

SUB LUCE MALIGNA - Gonzalo Fontana Elboj

 

Los romanos, tras su fachada, que muchas veces la Historia y los propios historiadores nos han ofrecido, de hombres duros, sufridos y pragmáticos, o matronas rectas que no dudaban en sacrificarse en pos de la República o el Imperio, eran también  personas muy miedosas y supersticiosas, temerosas del Más Allá y en continua alerta no fuera a ser que algún envidioso les echara una maldición y los condenara a una suerte terrible. El profesor Gonzalo Fontana Elboj en su obra Sub Luce Maligna (titulo tomado de un verso aparecido en el sexto libro de la Eneida) nos ofrece un nuevo enfoque, más tenebroso, de aquellos asuntos que más atemorizaban a los romanos, es decir cómo imaginaban el árido e insípido Más Allá, cómo apaciguar a los manes y penates hogareños y a la vez como despachar a los díscolos y traviesos lémures que habitaban casas encantadas que podían hasta hacer enloquecer al más bravo de los legionarios. Por esta antología de textos latinos también veremos pasar a hombres lobos, vampiros, estrigones, muertos vivientes, brujas pirujas y todo tipo de envenenadores, asesinos y torturadores o especialistas en formular maldiciones o echa mal de ojo por pura malignidad. Los textos expuestos son muy variados, abundantes y entretenidos, dejándonos una increíble nomina de autores de gran renombre como el chismoso Suetonio o Apuleyo, los serios Tito Livio, Tácito o Séneca, o los irónicos Marcial u Horacio, entre otros que nos muestran cientos y cientos de historias increíbles y una gran copia de inusuales prodigia que aterraban y desvelaban a toda una sociedad romana en continua alerta por si alguna vez venía el hombre del saco y, quizás, se los podía llevar una noche oscura para no volver nunca más. Lo recomiendo.

Gonzalo Fontana Elboj, Sub Luce Maligna. Aragón, Contraseña Editorial, 2021, 368 páginas.


viernes, 31 de julio de 2026

MESALINA - Honor Cargill-Martin

 

En un principio hemos de hablar de un adjetivo calificativo que ya casi no se usa. Si lo buscamos en el diccionario de la RAE, sea de forma física u online, encontramos que, acerca del adjetivo mesalina reza lo siguiente: <<Mujer poderosa o aristocrática y de costumbres disolutas>> y a continuación, en un breve apunte añade que hace alusión a la emperatriz Mesalina, esposa del otrora emperador Claudio, y finalmente incide en que también es sinónimo de libertina.  Es decir, que todo lo que posterioridad recuerda de élla, de la que fue una de las grandes personalidades femeninas de la antigua Roma, es un mero cliché que casi se puede clasificar en el apartado de anécdotas sexuales de la Historia Universal. A la que fue emperatriz entre el 41 al 48 d. C, que perteneció a la eminente familia Julio-Claudia y que reinó sobre un vasto imperio, incido, se la ha deshumanizado tanto que toda su vida ha quedado en un mero relato picante y en un sinónimo de maldad, violencia y apetito sexual sobre todo gracias a los escritores clásicos que la sucedieron y que legaron tal imagen a la posteridad. Pero en verdad su historia fue más compleja y rica de lo que parece, más extensa que los burdeles que pudiera visitar, y por eso quisiera recomendarles uno de los trabajos más recientes que hablan de ella en profundidad, acerca de sus virtudes, si las tenía, y de sus terribles faltas si las tuvo. Sin más dilación les presento: Mesalina, escrito por la historiadora y arqueóloga inglesa Honor Cargill-Martin (Edhasa, 2025).

Los testimonios oficiales acerca de los primeros años de vida y juventud de Valeria Mesalina (20 – 48 d. C) son muy escasos aunque pronto tenemos noticias de ella cuando contrae matrimonio con el futuro emperador Claudio (38 d.C). Como se puede ver ella es muy joven (por lo menos con respecto a los estándares actuales) y seguramente no le debía hacer mucha gracia casarse con un hombre cuasi discapacitado y de tan poca importancia en el escalafón imperial. De la misma manera tampoco sabemos mucho acerca de los primeros años de matrimonio pero todo eso cambia cuando debido al asesinato de Calígula (41 d. C) es catapultada a la cima del mundo convirtiéndose de facto, con poco más de veinte años,  en la nueva emperatriz de Roma. Y es a partir de aquí y hasta su muerte cuando comienza el carrusel de faltas y clichés que la harán pasar a la posteridad con los apelativos, sean falsos o no, de meretriz imperial, emperatriz prostituta o simplemente de ninfómana para arriba.

domingo, 12 de julio de 2026

EL ORIGEN BELGA DE LAS PATATAS FRITAS

 

En el cómic Asterix en Bélgica, escrito e ilustrado por Gosciny y Uderzo, hay un momento en que una horda de guerreros belgas invaden un campamento romano y uno de ellos, sin querer, asusta a un soldado romano que estaba calentando una olla con aceite hirviendo. Uno de los compañeros del guerrero belga, intrigado, le pregunta qué ha pasado y el otro le responde: <<El tipo se ha derrumbado como un saco de patatas>> dándole, en ese mismo momento la idea de confeccionar un plato nuevo.

Esta escena jocosa viene a colación acerca de la idea general que se tiene –a pesar de la eterna disputa histórica que tienen con los franceses- del origen de las populares patatas fritas. Tradicionalmente se cree que para conocer su origen hemos de remontarnos a 1680 cuando el río Mosa se congeló cuando pasaba por la ciudad belga de Namur, capital de la región de Wallonia. Como la capa de hielo era tan gruesa los habitantes de la zona no podían pescar y por tanto, de la misma manera, tampoco podían freír pescado por lo que tuvieron que tirar de imaginación y del alimento que tuvieran más a mano: las patatas. Así pues comenzaron a freír patatas por primera vez en la historia ya fuera a tiras o en moneda, a gusto del consumidor, y con el tiempo esta nueva receta culinaria salto al extranjero convirtiéndola en todo un sello de identidad de la cocina belga (con perdón de la francesa, claro).


lunes, 25 de mayo de 2026

EL IMPERIO ROMANO SALE A SUBASTA: ¿QUIÉN DA MÁS?

 

Por las famosas casas de subastas como Sotheby's o Christie's, entre otras, han pasado todo tipo de artículos increíbles desde joyas de incalculable valor, cuadros de grandes pintores, incunables sacados de alguna polvorienta biblioteca, hasta misteriosas antigüedades que tras la preceptiva transacción han llegado a mover cientos de miles de millones para goce del comprador y asombro del público presente. Pero ¿alguna vez se ha subastado todo un imperio a la vez? La respuesta es que tamaña gesta  sí se realizó una vez en la antigüedad, en concreto tras la muerte –mejor asesinato- del emperador Cómodo. A finales del 192 d.C una conspiración palaciega acabó con su vida. Primero lo intentaron envenenar pero como no tuvo la gentileza de morirse en ese mismo momento, su entrenador personal acabó estrangulándolo en la bañera. Tras el regicidio los romanos encontraron con una ciudad y, por extensión, un  imperio caótico,  sin rumbo ni destino, arruinado y con una larvada disputa entre el Senado que quería volver a una antigua Republica, la guardia pretoriana que buscaba un emperador títere, y un ejército situado en las fronteras que soñaba con un emperador/dictador que limpiara la corrupción.

Así pues en el 193 d.C el senado eligió como emperador a Publio Helvio Pertinax quien nada más llegar al poder se encontró entre la espada y la pared: por un lado debía contentar los intereses de los senadores que le habían puesto en el cargo y por otro a los pretorianos a quienes les había prometido un soborno de 12.000 sestercios con el fin de asegurarse su fidelidad. Pero éstos, como solo habían recibido una parte, un buen día cuando iba camino del Palatino fue arrinconado por trescientos pretorianos quienes le dieron muerte, produciendo un vacío de poder que había que solventar de alguna manera. Por ello decidieron hacer una subasta pública del imperio para que quien quisiera pujar por él debía acudir al campamento de los pretorianos que estaba a las afueras de la ciudad. Así pues comenzaron a desfilar por allí un buen número de senadores y gente adinerada interesada en comprar la corona imperial, pero quien al final se llevó el gato al agua fue el potentado Didio Juliano quien ofreció un total de 25.000 sestercios a cada soldado para de esta manera conseguir convertirse en emperador.

miércoles, 20 de mayo de 2026

PEQUEÑA HISTORIA DE LA MITOLOGÍA CLÁSICA - Emilio del Río (ilustrado por Julius)

 

Antes del advenimiento del siglo XXI, el cine de súper héroes ya empezaba a dar sus primeros coletazos, aunque fue entrado el nuevo milenio, con la irrupción mastodóntica de las productoras capitaneadas por Marvel y DC, cuando se produjo el verdadero boom de este tipo de cine. Antes ya habían aparecido súper héroes en el celuloide de manera esporádica –todavía recuerdo el goce al visionar el Superman de 1978 interpretado por Christopher Reeve o sentir la fuerza en una galaxia muy muy lejana en la oscuridad de un cine de pueblo- pero ahora son una de las piezas angulares de la cultura de entretenimiento dando igual el formato en el que se proyecte. Los jóvenes –y lo no tan jóvenes pues yo también lo consumo- consumen con deleite las increíbles aventuras de los Vengadores o La Liga de la Justicia, se emocionan con ver a sus héroes desplegar sus armas y habilidades sobrehumanas en mundos de fantasía y coleccionan todo el merchandising que pueden, aunque solo sea para acumular polvo en una estantería. Aun así, hace muchos muchos años, en este mundo en el que vivimos, los antiguos ya gozaban de estas maravillas y se sobrecogían con las fuerzas de otros súper héroes, en este caso los dioses que vivían en el universo de la mitología. Unos tenían preferencia por uno,  otros en cambio rezaban a los del templo de enfrente, pero todas estas divinidades tenían un punto en común, la de ser increíbles, tanto que las actuales estrellas del cine han copiado sus poderes, sus habilidades y hasta sus nombres. Ese es el poder de la mitología, que es eterna, y por tanto para recordar a los más frikis del momento y más otakus del lugar todas las maravillas que hicieron grande y atemporal esos relatos de la antigüedad, el divulgador y doctor en Filología Clásica Emilio del Río los vuelve a invocar en uno de sus últimos trabajos titulado: Pequeña Historia de la mitología clásica (Espasa, 2023), además de estar ilustrado de manera kawaii –como dicen ahora los más jóvenes- por el dibujante Julius.

lunes, 27 de abril de 2026

UN IMPERIO DE RISAS - Fernando Lillo Redonet

 

Más o menos hacia la mitad de la película Amadeus (Milos Forman, 1984), aparece una escena de lo más curiosa a la par que ilustrativa con respecto al asunto que nos traemos entre manos. Mozart es citado ante el emperador austriaco José II para que se defienda de las acusaciones que le acusan de querer llevar a la opera la polémica obra de Pierre-Agustin de Beaumarchais, Las bodas de Fígaro. En un momento de la conversación uno de los asistentes informa al músico que no están allí para evaluar el nivel de sus composiciones musicales sino discutir acerca de los temas apropiados que se han de llevar a la opera. Mozart, fuera de sí le contesta lo siguiente: “Quién de nosotros no prefiere oír antes a su peluquero que a Hércules, que a Horacio o a Morfeo, personajes tan encumbrados que casi cagan mármol”. Pues bien, este ejemplo que parece no tener nada que ver con el tema del que vamos a tratar a continuación, desde mi punto de vista es la mar de pertinente ya que en el deshago verbal de Mozart se encuentra la falsa idea que se tiene de la antigüedad en general y de Roma y su imperio en particular: la de gente seria, aburrida, con cara avinagrada, estoica a más no poder, todo el día desfilando y dando discursos infumables, o bien metidos en bañeras o termas y que al rato se ponen a gritar por las calles diciendo ¡Eureka, Eureka!. Pero en verdad la realidad está bastante más alejada de esas ideas preconcebidas sacadas de sesudos libros de texto y ensayos polvorientos. A los romanos en cambio les encantaba reír, hacer bromas a diestro y siniestro, ser bufones en las fiestas que organizaban y sacarles los colores a los hombres más preclaros del momento. Así pues les invito a algo diferente, adentrarse en una parte de la historia de Roma un poco alejada de la que siempre nos han enseñado, repletas de eternas listas de nombres y conquistas y sumergirse en el último libro de Fernando Lillo Redonet: Un imperio de risas, bromas y chistes en la antigua Roma (Editorial Rhemata, 2026). No se arrepentirán, se lo aseguro.

domingo, 19 de abril de 2026

¿QUÉ TIENEN QUE VER LAS PENSIONES CON LAS CIGÜEÑAS?

 

El que ahora tengamos pensiones para la jubilación se lo debemos a las cigüeñas, esas majestuosas aves, blancas y negras, que normalmente por la festividad de San Blas (3 de Febrero) suelen volver de su viaje migratorio y posarse en los nidos hechos en los tejados –sobre todo en los de las iglesias- en palos de la luz y actualmente en nidos artificiales construidos por el hombre. Pero remontándonos al campo histórico los romanos se dieron cuenta de que las cigüeñas jóvenes cuando ya se valían por sí mismas, en vez de largarse, se quedaban a cuidar a las  otras cigüeñas más mayores o que habían sufrido algún percance y se habían quedado impedidas. Como decía, los romanos al ver esto crearon la llamada Ley de la Cigüeña (lex ciconiaria pues cigüeña en latín es ciconia, -ae) en la que se promulgaba que los hijos debían cuidar de sus mayores y que si no lo hacían tendrían que enfrentarse a la justicia.

Ambientada en esta ley el primer sistema de pensiones  de jubilación se aplicaría en el ámbito militar, en concreto en los tiempos del emperador Augusto (27 a.C – 14 d.C). Se trataba del aerarium militare y le era concedida a los soldado que hubieran completado 25 años de servicio militar ingresándoles el equivalente a 12 años de paga (que muchos cambiaban por lotes de terreno) y que para los pretorianos era de unos 20.000 sestercios –más o menos- y a los soldados de 12.000. No es de extrañar que la palabra jubilación provenga de la palabra latina jubilare que viene a significar “gritar de alegría”, pues ya no tenían que jugarse la vida en cualquier campo de batalla. También hay que señalar que muchas ciudades se planificaron ex profeso como lugar de retiro de veteranos, como por ejemplo la ciudad de Mérida que fue una colonia fundada en el 25 d. C  para los soldados licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina al terminar las guerras cántabras. Una especie de Marina d’or de la época.

viernes, 27 de marzo de 2026

A ORILLAS DEL RUBICÓN - Francisco Uría y José Luis Hernández Garvi

 

Roma, al final de la República, era un estado en franca descomposición. Un juguete en manos de codiciosos senadores y generales salva patrias que tras años de guerras intestinas habían terminado por roer sus raíces sin ningún pudor. Y a eso, de la misma manera, habría que sumar que la República era ya un sistema desfasado, bueno en otros tiempos pero que se quedaba pequeño para una Roma que por entonces daba claros síntomas de ser un futuro imperio. Por tanto las costuras se le rompían por todos los lados y los romanos, que veían estos signos de crisis, se agarraban como a un clavo ardiendo al triunvirato que les gobernaba en ese momento formado por Pompeyo Magno, el ambicioso Craso y el conquistador Cayo Julio Cesar. Aun así las tensiones entre estos tres gigantes eran claras y todo acabó por estallar con la muerte de Craso en Carras, en la lejana Partia, en el 53 a.C. Ya solo quedaban Pompeyo y César frente a frente, como dos enormes carneros a punto de darse de topetazos y en medio los sufridos romanos que iban a ser sacrificados en uno u otro bando.

martes, 13 de enero de 2026

TRAS LAS HUELLAS DE CÉSAR EN HISPANIA - Arturo Gonzalo Aizpiri

 

Creo que la primera vez que supe que el gran Julio César estuvo en la península Ibérica fue cuando de pequeño leí el cómic de Asterix en Hispania en dónde se le ve, en la primera página, pasar revista a sus legionarios después de salir victorioso de la Batalla de Munda (45 a. C) mientras al fondo aparecen unos estoicos hispanos gritando: ¡olé! Y es que en verdad, aunque las arenas del tiempo hayan conseguido borrar los pasos del gran conquistador, no hemos de olvidar que César, el amado de Venus, estuvo muchísimos años en Hispania y que su presencia fue primordial en el devenir de la Península. Llama la atención que conozcamos las historias de César en la Galia pero al contrario ignoremos que también pasó por aquí y que, por desgracia, de éste solo nos queda algún rumor, leyenda, estatua recóndita o placa anecdótica que nos diga que también cruzó por Hispania, y es por ello por lo que es necesario rescatarlo gracias a trabajos como el que les presento en esta humilde reseña: Tras las huellas de César en Hispania (Almuzara, 2025) en el que se desentierran su figura y sus rutas por España, más allá de los áridos y polvorientos tratados de Historia acercándolo, de la misma forma, a los peregrinos de Clío.

Combinando prosa histórica con la narración de viajes, nuestro escritor, a modo de Virgilio dantesco, y de la misma forma que hizo en su anterior libro: Tras las huellas de Aníbal (Almuzara, 2022) permite al lector conocer los periodos que Julio César estuvo en Hispania. En primer lugar hemos de remontarnos a cuando era un joven barbilampiño y consiguió subir el primer peldaño del cursus honorum al recibir el título de cuestor que ejercería en la Hispania Ulterior (69 a.C). Nada más llegar César se dio cuenta de las grandes cicatrices que todavía quedaban en la Península debido a las Guerras Sertorianas (77 – 72 a.C) y por ello tomando como base la ciudad de Corduba, desde el principio quiso, por un lado, tener buenas relaciones clientelares y de este modo contrarrestar la influencia pompeyana que existía en el territorio. Pero como le pasó en muchos momentos de su vida, ejerció tanta munificencia que casi le llevó a la ruina. Así pues al joven Cesar le vino bien conocer en Gades a Lucio Cornelio Balbo proveniente de una acaudalada familia comercial que había conseguido hace poco -gracias a la Lex Gavinia (72 a.C)-  la ciudadanía romana debido a los servicios prestados a Pompeyo en el anterior conflicto bélico.

martes, 29 de octubre de 2024

ASESINATO IMPERIAL - Paul Doherty

 

Una serpiente acecha en la hierba.  (Virgilio, Églogas, III.64)

Al norte de Roma se encuentra el llamado Puente Milvio, uno de los más antiguos de la Ciudad Eterna, y por el que han desfilado desde soldados romanos hasta garibaldianos, ha soportado batallas que han decidido la historia de la Humanidad, e incluso ha servido como soporte de cientos y cientos de candados con los que se demostraba amor eterno gracias a la moda que impuso la película y libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia. Pero en este caso nos vamos a retrotraer al hecho bélico y político en sí, justamente al año 312 d.C  cuando se produjo la famosa Batalla del Puente Milvio en donde el ejercito de Constantino I derrotó de forma aplastante a la huestes de Majencio, el otro emperador reinante, con lo que consiguió coronarse como líder indiscutible de la parte occidental del Imperio Romano, y años más tarde lo haría de la oriental tras vencer al otro emperador Licinio y rendirlo allá en Nicomedia (324). Pero, sin adelantar el tiempo y volviendo al éxito del Puente Milvio, esta victoria no solo fue importante en la carrera de Constantino I sino que también lo fue para la religión que en esos momentos estaba en alza en el imperio: el cristianismo. Sobre esta victoria se instauró una leyenda según la cual Constantino, antes de la batalla vio una cruz en el cielo en la que ponía: In hoc signo vinces (Con este signo vencerás). Nada más aplastar a Majencio, recoger su cuerpo del Tíber y clavar su cabeza en una pica,  impuso este crismón como nuevo símbolo de las armas del ejército romano, conociéndose desde entonces como Victor, Victorioso o Escudo de la Victoria (de ahí también el origen del crismón salmantino).

Pues bien, tras instalarse en el Palatino, Constantino quiso hacer una política de tolerancia hacia sus antiguos enemigos y reinar sobre un clima de buen entendimiento. En un principio pareciera que las aguas se tranquilizaban pero en el fondo de éllas, se movían serpientes dispuestas a picar y arruinar las victorias de Constantino y al auge de la iglesia cristiana. Y sobre esos primeros momentos y las intrigas palaciegas que existían entonces es sobre lo que se centra esta novela histórica que les traigo: Asesinato imperial, de Paul Doherty (2010). Se trata de lo que llamaríamos un thriller histórico en el que una espía llamada Claudia, al servicio de la madre de Constantino, la augusta Elena, tiene que investigar el asesinato de varias cortesanas, más bien prostitutas de alta standing, que se están produciendo en diferentes puntos de Roma, incluso hasta dentro del mismo palacio imperial. Pero lo que podría ser una mera investigación criminal que podría ser desarrollada por el servicio policial, comienza a enrarecerse debido a cómo son encontradas muertas estas mariposas de la noche: asesinadas y después de ello mutiladas tallándolas cruces tanto en las mejillas como en la frente y siempre dejando un recado haciendo referencia al lema de In hoc signo vinces. Por tanto un claro ataque a la figura del emperador como a la iglesia cristiana.

Así pues la madre de Elena, que parece manejar los hilos y los secretos tras su adorado hijo, decide que este asunto se llevado por uno de sus mejores espías que tiene en nomina en palacio: Claudia. Ésta en concreto no es una sirvienta más, sino toda una agente in rebús, que ha seguido a la Domina y Constantino desde que este emprendió camino desde Mediolanum hasta su victoria en el Puente Milvio. Como he mencionado antes Claudia es lo que llamaríamos una agente in rebús o espía profesional, bien entrenada (un 007 de la época)  que se ocupa de los trapos sucios más importantes que existen en lo más oscuro de los resortes del poder. Tienen su origen en los antiguos frumentarii o vulpes y estaban un escalón por encima de los cientos de informadores anónimos con los que se nutrían las altas esferas. Claudia, por tanto, tendrá que moverse no solo entre las trampas de palacio, sino también investigar a una siniestra figura llamada El Sicario, un asesino muy especial, casi de leyenda,  que tiene atemorizada a toda Roma y que ha sido utilizado desde tiempos del otrora Majencio y que parece tener cuentas pendientes con la emperatriz y con el nuevo emperador. Hay mucho en juego en el tablero político y por eso Claudia (o como la llama Elena, mi ratoncita) tiene que averiguar contra reloj qué está ocurriendo pues hay peligro de que tras la muertes de estas prostitutas pueda caer el propio Constantino.

Esto en lo que se refiere la trama principal de la novela, pero también es interesante el entorno en que se mueve la ratoncita Claudia. En ella el autor, Paul Doherty, nos muestra como era la Roma Bajo Imperial, el ambiente de sus calles y de sus gentes, pero sobre todo las preocupaciones ante el alzamiento del cristianismo. Un punto a favor de esta novela histórica es que no es hagiográfica con respecto a la religión sino más bien realista. Dejen que me aclare: por ejemplo no se ve a un Constantino ni a su madre convertidos al cristianismo de buenas a primeras, al contrario, hace hincapié en que ambos compaginan dicha religión con los dioses antiguos, es decir que permite la tolerancia e igualdad entre credos, además de manejar al cristianismo para sus ambiciones políticas y expansionistas con vistas al futuro ataque a la parte oriental del Imperio. A veces da la impresión de que a Constantino, mientras sea emperador, le da igual el tema de la religión, y a su queridísima madre (la que en un futuro será Santa Helena, la descubridora del Lignum Crucis, por obra y gracia del cristianismo triunfante) lo utiliza como una herramienta más, para conseguir sus fines políticos y acabar con sus enemigos. Y a todo ello se añade las presiones por parte de la alta jerarquía cristiana del momento para conseguir más prebendas del augusto con respecto a la expansión de las iglesias por el mundo conocido. Así pues puede el lector darse cuenta de la preocupación que existe en palacio por las muertes de esas prostitutas y la responsabilidad que éstas puedan salpicar al emperador y a los cristianos en general.

La novela Asesinato imperial está bien narrada y con un estilo muy directo que mantiene enganchado todo el rato al lector. Este pulso continuo es una de las marcas características de este prolífico escritor que a lo mejor lo conocen por  la archi famosa saga del hermano Fray Athelstan ambientada en el siglo XIV. Especialista por tanto en intriga histórica también describe muy bien el ambiente de los primeros años de reinado de Constantino I y cómo era esa convivencia entre los primeros cristianos y la decadente religión pagana que parece que empieza a abandonar el escabel principal y dejar paso a un nuevo tiempo donde la cruz será el signo principal.

 

Paul Doherty, Asesinato Imperial, traducción de Juan Miguel Lobo. Bóveda, 2010, 343 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: https://www.hislibris.com/asesinato-imperial-paul-doherty/

domingo, 11 de febrero de 2024

HISTORIA DEL ARTE EN CÓMIC: EL MUNDO CLÁSICO y LA EDAD MEDIA - Pedro Cifuentes

 

Perdonen que empiece esta humilde reseña como si de un abuelo cebolleta se tratara. Con respecto al estudio de la Historia, el Arte, la Literatura, ya fuera en mis tiempos o en los actuales, en nuestra niñez o primera juventud no comenzamos a conocer el canto de estas musas a base de gruesos manuales de árida lectura. Es decir que, que a no ser que uno fuera un genio en potencia, los chavales no veníamos con un Payne, un Francisco Rico o un Gombrowicz bajo el brazo, sino que ya sea la Historia o la Literatura con mayúsculas la principiamos a catar a base de libros ilustrados o pequeños volúmenes de sencilla y curiosa prosa. Ahora los más jóvenes ya tienen muchas más oportunidades de conocer el mundo y su sabiduría ancestral pues existe un amplio mercado para ello con títulos de nombre parecido en plan Mi primera… o también al estilo Pequeña Historia de…  e incluso tutoriales en Youtube para ver lo que uno desee. Pero allá por finales de los años 70 y principio de los 80 del siglo XX (que arcano parece ahora todo al volver la vista atrás) no existían esas dádivas. Yo por ejemplo comencé a interesarme por la Historia Antigua, además de caminar junto a Asterix y Obélix,  gracias a un libro que cogía asiduamente de la biblioteca del colegio titulado: Monstruos, Dioses y Hombres de la mitología griega, de un tal Michael Gibson y con unas ilustraciones preciosas de Giovanni Casselli (la editorial también tenía volúmenes parecidos pero hablándonos de Roma, China, Egipto, la India, etcétera); y los clásicos inmortales de la Literatura, los fui cultivando a través de aquellos gruesos volúmenes ilustrados de Bruguera. Así pude darles la mano por primera vez a Verne, Salgari, Dickens, Zane Grey… Y todo ello aderezado con el visionado (una vez a la semana lo echaban en los dos únicos canales que existían, La Primera y La Segunda (UHF)) de las series de Albert Barillé tituladas Erase una vez… ya fueran el Hombre, o la vida, los descubridores… Aquellos fueron verdaderamente los primeros puentes que  los jóvenes transitábamos para rendirnos a los pies de las hijas de Mnemosine.

Así que doy gracias al dios que fuere porque todavía quedan personas, muchas de ellas pertenecientes a mi generación o alrededores,  que transmiten esa llama de primaria sabiduría a los más jóvenes de hoy en día sin caer en la gazmoñería persistente ni tratarles como bebés ni sucumbir en el mundo de la censura, de lo políticamente correcto, tan de moda ahora, ocultándoles datos históricos esenciales no vaya a ser que éstos sufran un cortocircuito cerebral. Y es aquí donde tengo que destacar la serie que nos ofrece la editorial Desperta Ferro titulada Historia del Arte en cómic, escrita y dibujada por Pedro Cifuentes, profesor de la ESO en un instituto en el que seguramente hará vibrar a sus alumnos con sus conocimientos enciclopédicos al igual que ha hecho conmigo al gozar de la lectura de sus primeros dos volúmenes titulados: El Mundo Clásico y La Edad Media. El autor de esta maravilla, según he visto el historial de este buen hombre, pertenece a la escuela horaciana del enseñar deleitando (prodesse et delectare) y para ello se ha dado cuenta de la importancia que tiene en la actualidad el formato de cómic, la inmediatez, para acercar a sus estudiantes a la Historia y al mundo del Arte. Así que ha sacado a relucir sus dotes de maestro y sus pinceles para enseñar a los más jóvenes  la verdadera fiesta que es conocer el pasado de manera divertida a la vez que erudita.

Los dos primeros volúmenes, la antigüedad y la Edad Media principian una saga en la que un peculiar profesor, sosias del propio autor, embarca a sus alumnos a través del poder de la imaginación (como diría Bob Esponja) hacia atrás en el tiempo para conocer cómo ha evolucionado el arte y la historia a través de los siglos. Los alumnos son una pandilla de lo más curiosa, que remedan las costumbres y la cultura que en estos momentos impera en su imaginario. Pero El Profe, armado de su propio sable laser starwariano, poco a poco consigue atraparlos y hacerles ver las mil y una maravillas que se van a ir encontrando en su periplo por la Historia de la Humanidad. Y además no van a ir solos porque junto a ellos se van a encontrar a diferentes personalidades de la época que les van a ir mostrando, cual cicerones, como era el mundo que habitaron entonces. Por ejemplo en el tomo uno van a encontrarse con personajes como Safo, Herodoto, Homero, e incluso diosas como Atenea, entre otros, mientras que en el segundo van a disfrutar de la Edad Media con otros personajes tan peculiares como Averroes, Guillermo de Baskerville, se harán selfies con Leonardo da Vinci, Quasimodo, etcétera. Es decir, conocer la Historia y el Arte también a través de aquellos que estuvieron allí acercándolos a los de aquí y de esta manera quitar el polvo a los siglos pasados y no verlos tan tan lejanos, como si fueran de otra galaxia. Enseñar deleitando, como ya había dicho un poco más arriba, y por eso el autor se aleja de páginas y páginas de cronologías cerradas, datos y más datos sin sentido, términos artísticos e históricos sin explicación alguna, sino que siguiendo una lógica aplastante nos enseña las bases primordiales de esos ámbitos culturales para que una persona que nunca se ha acercado a este tipo de publicaciones, o solo las conozca de oídas,  lo haga no con miedo sino con el convencimiento de que esta Historia del Arte en cómic será el primer peldaño para que en el futuro  pueda aterrizar en otras lecturas que le harán vibrar con el devenir de los siglos pasados.

 


 

Junto con el dibujo, que me ha encantado por lo original y simpático que es, y con los textos y explicaciones que me han enganchado desde el principio, Pedro Cifuentes además ha querido mostrarnos esta cultura universal no desde un punto de vista europeísta sino también mostrarnos que más allá de nuestro continente también se estaban desarrollando otras formas de vida y de conocimiento, ya fuera en América, África o Asia. Además otro de los grandes valores que no quiero que se me olvide indicarles es que esta Historia del Arte en cómic está trufada de, llamémoslo así, elementos frikis que a más de uno de mi generación le harán soltar una pequeña risita: tanto en el de la antigüedad como en el de la Edad Media, además de todo el bagaje cultural y de los personajes curiosos que circulan, El Profe (Pedro Cifuentes) hará menciones a películas o personajes celebres del actual mundo retro como por ejemplo El señor de los anillos, Juego de Tronos, El jovencito Frankenstein  (o Fronkonstin, perdone usted), La Historia Interminable, El nombre de la Rosa, La Historia Interminable, El Hobbit, La princesa prometida… y así un sin fin de referencias que harán las delicias de los lectores algo ya talluditos que se acerquen por primera vez a esta fantástica saga.

Ésta continua con El Renacimiento (tomo 3) y recientemente El Barroco (tomo 4), y si quieren un buen complemento no duden en ojear también su nueva colección Historia de España en cómic que actualmente solo contiene La Prehistoria en la Península Ibérica. De todas maneras concluyo diciendo que Pedro Cifuentes es un divulgador excelente, de los de la antigua escuela, y que yo, a pesar de tener algunas agallas en cuanto al mundo histórico, la lectura de su Historia del Arte en cómic me ha hecho disfrutar un montón e incluso descubrir algunos datos que se me habían pasado por alto. Las aventuras del peculiar CPU, de la soñadora Isadora, del fortachón Tomás o de las gemelas María y Andrea, son excelentes, tanto que ojala hubiera podido acompañarles en estos cómics que en verdad, y con el corazón en la mano, deberían tener su lugar de honor en cualquier biblioteca o aula de centro educativo para que la chavalería pudiera acercarse más a las maravillas de la Historia y dejarse engatusar por ella.

Pd: El personaje que más me ha gustado es el perrillo Lomper y su amor por las columnas.

 

Pedro Cifuentes, Historia del Arte en cómic. El mundo clásico (Volumen 1). Madrid. Desperta Ferro, 2019, 91 páginas (Texto e ilustraciones: Pedro Cifuentes).

Pedro Cifuentes, Historia del Arte en cómic. La Edad Media (Volumen 2). Madrid. Desperta Ferro, 2020, 91 páginas (Texto e ilustraciones: Pedro Cifuentes).