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domingo, 10 de diciembre de 2023

EL NACIMIENTO DE LAS ESCARAPELAS REVOLUCIONARIAS

 

En los comienzos de la Revolución francesa (1789) los burgueses de París se sentían atemorizados ante la fuerza de las tropas de Luis XVI y por el miedo ante el aumento de los desordenes callejeros. Así pues dichos burgueses  crearon una milicia urbana para defenderse y como los acontecimientos se desarrollaban tan deprisa no tuvieron tiempo de confeccionar uniformes ni banderas que los identificara ante la sociedad. Es por ello que el marqués de Lafayette, comandante de la Guardia Nacional, que es como se llamó esta nueva milicia, decidió crear unas cocardes (escarapelas) con los colores de la ciudad de París, es decir azul y roja y posteriormente añadir el blanco que es el símbolo de la monarquía francesa. Tras la toma de la Bastilla, los ciudadanos que apoyaban el derrocamiento del Antiguo Régimen comenzaron a ponerse estas escarapelas tricolores en los sombreros y en las solapas ya que estos colores se convirtieron en el nuevo símbolo de la Revolución además de sustituir a los de la antigua bandera nacional, es decir, la monárquica que era totalmente blanca con un flor de lis.

miércoles, 1 de enero de 2020

EL LEÓN MORIBUNDO DE LUCERNA


Una de las ciudades más bonitas de Suiza es Lucerna. Allí además poderse contemplar el Kapellbrücke (o puente de la capilla) que atraviesa el rio Reuss también se puede observar una de las esculturas al aire libre más impresionantes y sobrecogedoras que existen en el mundo: la del León Moribundo de Lucerna. Tallada en roca por el escultor danés Bertel Thorvaldsen entre 1819 y 1821 la obra nos muestra a un león herido de muerte, con evidentes signos de dolor y que reposa su cuerpo moribundo sobre un escudo con el emblema de Suiza y otro con la flor de lis perteneciente a Casa de los Borbones. Además sobre la triste figura, a la que Mark Twain llamó “el trozo de piedra más triste, conmovedor y contundente del mundo”, nos encontramos una frase en latín que reza lo siguiente: Helvetiorum fidei ac virtuti (a la lealtad y la valentía de los suizos).

Esta inscripción, y esta escultura, por descontado, tiene un por qué. Desde el siglo XVII la Casa Real Francesa tenía asignado un grupo de mercenarios de la Guardia Suiza para su cuidado personal. Pero al producirse la Revolución Francesa en 1789 su estatus cambió por completo. El 6 de Octubre de 1789 el rey fue trasladado desde el Palacio de Versalles a el de las Tullerías pero dos años después, en 1791, el rey trató de escapar al extranjero aunque fue atrapado a punto de atravesar la frontera. Debido a ello fue confinado en su nuevo hogar pero la paciencia de la ciudadanía se había agotado y en 1792 quisieron asaltar la residencia del rey provocando en un principio que cinco miembros de la Guardia Suiza fueran asesinados delante de su capitán. Luis XVI mientras tanto había conseguido refugiarse en la Asamblea Legislativa en donde, para calmar los nervios del momento, pidió a su leal guardia que se retirase a sus cuarteles de buena fe. En cuanto el capitán Dürler recibió la orden por escrito procedió a darle cumplimiento pero cuando la Guardia Suiza salió indefensa a la calle fueron masacrados sin piedad por la turba revolucionaria y sus cabezas, ensartadas en picas, paseadas por todo París. De unos 1100 guardias que había en ese momento solo sobrevivieron unos 350. Por eso debajo de la figura del león moribundo aparecen grabados los nombres y número de los soldados y oficiales asesinados junto con el de los supervivientes

Años después un oficial de la Guardia Suiza, Karl von Pfyffer Altishofen, que en el momento de la matanza estaba de vacaciones en Lucerna, quiso honrar el sacrificio de sus compañeros para lo cual comenzó a reunir dinero en 1818 con el que erigir un monumento para que todo el mundo recordara la enorme valentía que había demostrado la Guardia Suiza en el empeño de su oficio.

jueves, 21 de abril de 2016

UN CALENDARIO PARA UNA REVOLUCIÓN



Las fuerzas republicanas que habían triunfado en los primeros años de la Revolución Francesa (1789 – 1799) quisieron romper cualquier lazo que les uniera con el Antiguo Régimen. Uno de estas “cadenas”  era el mismo calendario existente en aquellos momentos, así que pensaron que había que crear uno nuevo eliminando las referencias religiosas que hubiera o cualquier imagen imperialista que recordara a la monarquía derrocada. Rápidamente se buscaron por toda Francia eruditos que lo hicieran, y los encargados de ello fueron el matemático Gilbert Romme, y los astrónomos Delambre, Laplace y Lalande. Se fijó un calendario de tipo agrícola que mostrara los fenómenos naturales que se producen con el paso de los estaciones. El resultado, además,  tenía cierto aire poético por lo que mucha gente opina que estuvo inspirado por el poeta Fabre d’ Eglantine, quien curiosamente fue guillotinado tiempo después.  Así pues la Convención Nacional decretó en 1793 que se implantara dicho calendario, y que se fijara su inició el 22 de Septiembre de 1792, un año antes, coincidiendo con la proclamación de la Republica. Es decir que el periodo desde el 22 de Septiembre de 1792 hasta el 22 de Septiembre  de 1793 se le conoció como el Año Uno de la Revolución.
En sí este nuevo calendario comenzaba el 22 de Septiembre, precisamente en el primer día del Equinoccio de Otoño y estaba dividido en 12 meses de 30 días. Por ahora nada novedoso ni rompedor, pero esos meses estaban divididos a la vez en 3 décadas de 10 días, por lo que ahora desaparecían las semanas. Los meses cambiaron totalmente de nombre quedando de la siguiente manera:

OTOÑO (-ario)
Vendimario (vendimia)
Brumario (bruma)
Frimario (escarcha)

INVIERNO (-oso)
Nivoso (nevado)
Pluvioso (lluvioso)
Ventoso (éste se traduce solo)

PRIMAVERA  (-al)
Germinal (semilla)
Floreal (flor)
Pradial (pradera)

VERANO (-idor)
Mesidor (cosecha)
Termidor (calor)
Fructidor (fruta)

Y como ya he dicho antes también se eliminaban los santos otorgándole a cada día la titularidad a una planta, un mineral, un animal o una herramienta. Por ejemplo nos podemos encontrar que el 22 de Brumario sea el día de la Castaña de Agua, o que el 29 de Floreal fuera el día de la mostaza negra. Pero  aunque sea muy evocador este calendario tenía una pega bastante grande y es  que solo le servía a los franceses y a los habitantes de sus colonias, ya que en cuanto salían de sus fronteras se daban cuenta que los demás países seguían con el Calendario Gregoriano y se hacían un lio. Afectando no solo a la política del momento sino también a las relaciones económicas con los otros estados limítrofes. Es por ello que en 1806 el general Bonaparte decidiera abolir este calendario revolucionario y volver al que tenían sus vecinos. Aunque hay que decir que éste se volvió a implantar brevemente en dos momentos principales de la historia de Francia, durante el derrocamiento del mismo Emperador en 1814 y durante el proceso revolucionario de la Comuna de París en 1871.

lunes, 16 de marzo de 2015

LAS VERDADES DE UNA CONDENADA



Desgraciadamente también fueron muchas las mujeres que fueron victimas de la guillotina durante la Revolución Francesa. Una de ellas se llamaba Madame Roland (1754-1793) y era un miembro destacado de la facción girondina. No solo iba a sus reuniones sino que también difundía sus ideas a través de los periódicos como por ejemplo El correo de Lyon. Pero sus ideas contrarias al régimen de Terror la llevaron a que un día fuera  arrestada y sentenciada a muerte. Se dice que después de sufrir un ultrajante paseo en carreta, miró a la multitud que se apretujaba para ver la ejecución y sin que el miedo traicionase su ánimo exclamó:  “Libertad, libertad… ¡Cuántos crímenes se comenten en tu nombre!”.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

A CADA UNO LO SUYO



El gran polígrafo Jean Jacques Rousseau (1712-78) cuenta que una vez una princesa oyó bajo el balcón de su palacio a la plebe gritando sin parar. Extrañada le preguntó a su sirvienta: “¿Qué sucede? ¿Por qué se lamentan?” A lo que la aludida respondió. “Porque tienen hambre y carecen de pan”. Acto seguido aquella princesa se acercó a la ventana y entre risas dijo: “¿No tienen pan? ¡Pues que coman pasteles!” Lo curioso de esta famosa frase es que la historia tradicionalmente se la ha atribuido a una persona de mayor rango que el que tenía la princesa pastelera: la reina Maria Antonieta. Y es que salvando el honor de esta regia mujer la frase no se la podemos imputar a la mujer de Luis XVI ya que cuando Rousseau escribió sobre ello en 1769, la futura reina de Francia todavía era archiduquesa de Austria.

lunes, 26 de diciembre de 2011

TERESA DE CABARRÚS



He aquí una carabanchelera de pro, pues Juana María Ignacia Teresa de Cabarrús, nació en Carabanchel Alto el 31 de Julio de 1773, y fue tan importante en la historia contemporánea que se la ha conocido con muchos nombres siendo el más conocido como Nuestra Señora de Termidor. Por ello es de justicia que la recordemos para que su talla histórica no caiga en el olvido.

Era hija del conde español Francisco Cabarrús, y gracias al elevado puesto que ostentaba, pues era ministro de finanzas de Carlos III, pudo costearla los estudios en Francia consiguiendo de esta manera una gran cultura que deslumbraría a todo el mundo. En 1778 se casó con el joven marqués Jean-Jacques-Devin de Fontenay llevando una vida meridianamente tranquila hasta que llegó la Revolución en 1789.