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jueves, 14 de mayo de 2026

EL CAPITÁN BLOOD - Rafael Sabatini

 

<<Quo, quo, scelesti, ruitis? >> (Horacio).

A finales del siglo XVII, el trono de Inglaterra estaba ocupado por el rey Jacobo II (1685 -1688), un monarca católico –el último que han tenido- al que gran parte de sus súbditos acusaban de déspota, mal político y sobre todo de ser un papista que estaba a las ordenes de Roma. Es por ello que durante su reinado se produjera el descontento y algún que otro intento de levantamiento contra el orden establecido, como por ejemplo la conocida Rebelión de Monmouth, también llamada de Pichfork (1685) en el que un aventurero llamado James Scott, duque de Monmouth, se atribuía ser hijo ilegitimo de Carlos II y aspiraba a conseguir el trono. El 6 de Julio de ese mismo año se produjo la Batalla de Sedgemoor en el que las fuerzas del aspirante fueron destrozadas, su líder decapitado, y como consecuencia se puso en marcha una fuerte represión contra los que habían sobrevivido al envite. Unos fueron ahorcados ipso facto por haber luchado contra el rey Jacobo y otros acusados de traidores por haber apoyado la revuelta o haber acogido a rebeldes en el hogar. Tantos fueron los racimos de cuerpos que pendían de los arboles que al final se optó por deportar a las colonias caribeñas a los que se pudrían en prisión debido, sobre todo, a la  falta de cuerdas y maderas con las que fabricar más horcas. Y es en este torbellino de guerras y ejecuciones sumarias, traiciones y deshonor, donde nuestro protagonista, Peter Blood, de profesión medicinae baccalaureus (es decir graduado en medicina) hace acto de presencia debido a una carambola fatal del destino.

sábado, 22 de abril de 2023

LA MODA PIRATA DE LLEVAR PENDIENTES

 

La literatura y el cine nos han mostrado la figura del fiero capitán pirata, sobre todo la de aquellos que surcaron los mares en los siglos XVI al XVIII, con su equipamiento básico compuesto por la pata de palo, el parche en el ojo y algún que otro mono o loro subido a su hombro entonando aquello de Ron, ron, ron, la botella de ron. Pero también nos ha señalado otro de los complementos básicos que han portado estos piratas en la ficción: los pendientes. ¿Por qué los llevaban o por qué se los ha representado con ellos? Existen distintos tipos de teorías, desde la más práctica hasta la más supersticiosa. Veamos: por un lado se cree que el origen de esta moda se la debemos al marino, pirata y explorador Francis Drake (1540 – 1596) el cual se colocó un aro de oro en la oreja tras cruzar el cabo de Hornos en 1578 (hay que recordar que tanto este cabo como el de Buena Esperanza en el sur de África eran los pasos más temibles para los marineros). Así que por ello quedó la costumbre entre la tripulación que cuando un barco atravesase alguno de estos cabos se pusieran un pendiente como prueba de valor. De igual manera se cree que el motivo por el que los piratas llevaban pendientes colgando de la oreja servía para pagar el entierro si morían en tierra firme o si su cuerpo era arrastrado por las corrientes marinas hasta alguna playa. Pero esta teoría no es muy fiable ya que hay que recordar que la mayoría de los piratas morían en alta mar y sus cuerpos eran arrojados por la borda. Y finalmente tenemos la teoría más supersticiosa de todas y es la que reza que los piratas consideraban que el oro de los pendientes les servía como escudo ante las adversidades pues éste les salvaría de cualquier desgracia.