martes, 13 de enero de 2026

TRAS LAS HUELLAS DE CÉSAR EN HISPANIA - Arturo Gonzalo Aizpiri

 

Creo que la primera vez que supe que el gran Julio César estuvo en la península Ibérica fue cuando de pequeño leí el cómic de Asterix en Hispania en dónde se le ve, en la primera página, pasar revista a sus legionarios después de salir victorioso de la Batalla de Munda (45 a. C) mientras al fondo aparecen unos estoicos hispanos gritando: ¡olé! Y es que en verdad, aunque las arenas del tiempo hayan conseguido borrar los pasos del gran conquistador, no hemos de olvidar que César, el amado de Venus, estuvo muchísimos años en Hispania y que su presencia fue primordial en el devenir de la Península. Llama la atención que conozcamos las historias de César en la Galia pero al contrario ignoremos que también pasó por aquí y que, por desgracia, de éste solo nos queda algún rumor, leyenda, estatua recóndita o placa anecdótica que nos diga que también cruzó por Hispania, y es por ello por lo que es necesario rescatarlo gracias a trabajos como el que les presento en esta humilde reseña: Tras las huellas de César en Hispania (Almuzara, 2025) en el que se desentierran su figura y sus rutas por España, más allá de los áridos y polvorientos tratados de Historia acercándolo, de la misma forma, a los peregrinos de Clío.

Combinando prosa histórica con la narración de viajes, nuestro escritor, a modo de Virgilio dantesco, y de la misma forma que hizo en su anterior libro: Tras las huellas de Aníbal (Almuzara, 2022) permite al lector conocer los periodos que Julio César estuvo en Hispania. En primer lugar hemos de remontarnos a cuando era un joven barbilampiño y consiguió subir el primer peldaño del cursus honorum al recibir el título de cuestor que ejercería en la Hispania Ulterior (69 a.C). Nada más llegar César se dio cuenta de las grandes cicatrices que todavía quedaban en la Península debido a las Guerras Sertorianas (77 – 72 a.C) y por ello tomando como base la ciudad de Corduba, desde el principio quiso, por un lado, tener buenas relaciones clientelares y de este modo contrarrestar la influencia pompeyana que existía en el territorio. Pero como le pasó en muchos momentos de su vida, ejerció tanta munificencia que casi le llevó a la ruina. Así pues al joven Cesar le vino bien conocer en Gades a Lucio Cornelio Balbo proveniente de una acaudalada familia comercial que había conseguido hace poco -gracias a la Lex Gavinia (72 a.C)-  la ciudadanía romana debido a los servicios prestados a Pompeyo en el anterior conflicto bélico.

Y es en este periplo gaditano donde se produce unos de los episodios o parteaguas más importantes en el destino del amado de Venus. Se trata –encuadrado en la leyenda- de las lágrimas que vertió en un santuario de la isla de Santi Petri (hoy de San Fernando) junto a una estatua de Alejandro Magno, y al sueño profético que tuvo en el que mantenía relaciones con su madre –entendemos que era la Madre Tierra, esperemos- hechos catárticos ambos que le estimularon a abandonar la provincia a todo correr y conseguir en Roma subir más escalones en la carrera política y de esta forma alcanzar la gloria que tanto añoraba ante el rostro pétreo de Alejandro. Tras su derrochadora edilidad, el pontificado máximo y las turbulentas desgracias que vivió durante la famosa Conjura de Catilina, en el 61 a. C César volvió de nuevo a la  Hispania Ulterior pero ya como pretor en donde pudo colmar, de momento, sus ambiciones actuando en las II Guerras Lusitanas con el fin de castigar los actos de pillaje y bandidaje que éstos cometían, apoyados por otras tribus hispanas. Por ello armó un formidable ejército con el que consiguió derrotar a las tribus que se iban poniendo por delante hasta empujarlas hasta el mismísimo Océano Atlántico, arrinconándolas en la misma península de Peniche (Portugal). Y no contento con ello, junto con otros navíos enviados desde Gades fue en dirección a las Casiterides hasta Brigantium. Gracias a todo ello César pudo conseguir un gran botín, más clientes para su red clientelar –que le vendría bien en un futuro- y sobre todo consolidar la soberanía romana en el centro y noroeste peninsular y en la franja atlántica hasta Galicia. 

Pero el tiempo que pasó Julio César en Hispania, como muy bien nos explica Arturo Gonzalo Aizpiri, no solo le sirvió como trampolín en su carrera política sino que hubo dos veces más en las que dejó su huella en el destino de la Península. En concreto durante la gran guerra civil romana  (49 – 45 a.C) que sostuvo contra su antiguo socio y ahora enemigo Pompeyo, y el epilogo que cerraba ésta.  En la primera fase tras controlar Roma y la Península Itálica, y con la intención de acabar con las legiones pompeyanas comandadas por Afranio en la Citerior y por Varrón en la Ulterior, César se encamina de nuevo a Hispania para afianzar su flanco occidental y así evitar molestias cuando se dirija a derrotar a Pompeyo en Oriente. Tras derrotar a Afranio en Ilerda, el ejército de Varrón y sus aliados empiezan a desertar provocando posteriormente la rendición de este último por lo que de nuevo Hispania queda controlada por las fuerzas cesarianas. Pero tras acabar la guerra civil, Julio César tiene que volver sus ojos a Iberia ya que todavía tiene que acabar con los rescoldos rebeldes personificados en los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto, que deciden, tras varios escarceos, presentar batalla en Munda (¿Montilla? o ¿Urso?) en la que son aplastados por las fogueadas tropas de César. Después y junto a su ahijado Octavio toma grupas a Roma en donde al año siguiente será asesinado a los pies de su antiguo y eterno amigo-enemigo.

En total más de 20 años estuvo Julio César en Hispania.  ¡Ahí es nada! ¡Cómo para que no hubiera huellas de su paso por nuestra Península! Pues he aquí el segundo quiz del libro que nos presenta Arturo, nuestro infatigable viajero. Con él recorreremos, rastreando el recuerdo cesariano, grandes y míticas ciudades como Gades, Córdoba, Sevilla, Tarragona, Lérida,... y de la misma manera hollaremos polvorientos caminos que nos conducirán a vetustas prospecciones arqueologías no solo romanas sino también de antiguos pueblos prerromanos en donde influyó la figura de aquel que dejó caer lágrimas ante la estatua de Alejandro Magno. Veremos placas, estatuas, míticos y gloriosos campos de batalla y  hasta árboles –supuestamente- milenarios y sabremos de las ciudades que éste fundó o por su furia destruyó. Y lo que es más importante, podremos conocer no solo una pintoresca copia de personas, sean estos arqueólogos expertos o no, sino también lugares de la vida cotidiana en los que tomarse un vaso de bon vino, o simplemente sentarse a escuchar la tranquilidad del piar de los pájaros y por qué no la tonada del sueño eterno que Julio César, el bien amado de los dioses, dejó en Hispania.

Coda final: no podía despedir esta reseña sin mencionar los maravillosos y evocadores dibujos personales con los que están trufadas las páginas de este gran trabajo de recuperación histórica. Hechos a mano, a pie de obra, se nota que se han realizado con  amor permitiendo que el lector pueda adentrarse aun más en las excelencias que narra y desee recorrer y conocer los mismos lugares que nuestro autor ha visto y andado. Y es por eso que solo me queda decirle: ¡Gracias por tu labor, Arturo!

 

Arturo Gonzalo Aizpiri, Tras las huellas de César en Hispania. Córdoba, editorial Almuzara, 2025, 260 páginas.

También podeis leer mi reseña en la página web de Hislibris: https://hislibris.com/tras-las-huellas-de-cesar-en-hispania-arturo-gonzalo-aizpiri/

martes, 6 de enero de 2026

EL GUARDIAMARINA HORNBLOWER - C. S. Forester

 

Si de buenas a primeras, a bocajarro,  comienzo esta humilde reseña lanzándoles  el nombre del novelista Cecil Scott Forester (1899 – 1966) apuesto a que a muchos de ustedes no les sonara de nada. Aunque  los más avezados en el género de la literatura marítima quizás sí lo sepan estoy seguro de que para la gran mayoría del vulgo éste sea un escritor desconocido. Pero si les digo que este buen hombre es el responsable de que algunas de sus obras literarias se hayan convertido en películas de culto, clásicas (es decir, eternas) como La reina de África (1951), Orgullo y Pasión (1957, en España se tituló El gran cañón ¡menuda traducción!) es de suponer que la niebla empieza poco a poco a disiparse. Y si a esto, ya yendo al quiz del libro que les presento,  añadimos otra película, interpretada por Gregory Peck y Virginia Mayo, titulada El Hidalgo de los Mares (1951), que originalmente se llamó Captain Horatio Hornblower (de nuevo ¡viva la traducción hispana!) muchos de ustedes ya habrán caído en cuenta de la gran saga de aventuras que ahora les traigo.

Nuestro autor escribió entre 1937 y 1966 un total de once volúmenes ambientados en el mundo de los navíos que surcaron los mares en tiempos de la guerra que mantuvo Inglaterra contra la todopoderosa Francia de Napoleón Bonaparte entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y para ello tomó como protagonista de esta saga a un valiente marino llamado Horatio Hornblower. Es de imaginarse que el nombre del susodicho protagonista es un homenaje a otro Horatio, es decir, Nelson, héroe de Trafalgar. C. S. Forester, tomando como antecedentes a otros autores clásicos ingleses como Frederick Marryat, sobre todo su obra De grumete a Almirante (1834), y fusilando gran parte de epistolarios marítimos de la época, compuso una serie de libros en que Horatio Hornblower ira pasando, de volumen en volumen, por los diferentes grados de la marinería desde guardiamarina hasta almirante y de esta forma mostrarnos como era el arriesgado mundo en el que un brillante corso parecía comerse a toda Europa pero al que le era imposible conquistar los mares frente a unos marineros que no dudaban en dejar sus vidas en pos de la libertad de su querida Albión, pues ¿quién no se acuerda de la flamígera arenga que lanza el capitán Aubrey en la película Master and Commander (2003): “¿Queréis ver una guillotina en Picadilly? ¿Queréis llamar rey a ese andrajoso de Napoleón? ¿Qué vuestros hijos canten la Marsellesa? Señor Mowett, señor Pullings, batería de estribor.”

Pero antes de ser el un todo poderoso almirante que mande la flota real, Hornblower tuvo que ir escalando los peldaños de la jefatura y el primero de todos ellos lo vemos en su primer libro y del que vamos a hablar a continuación: El guardiamarina Hornblower (1950). La novela no se estructura a través de una única historia sino que cada capítulo es un relato distinto los cuales se van engarzando unos con otros y que nos muestra por un lado el aprendizaje y las aventuras de este nuevo guardiamarina además de hacernos ver como eran los navíos de la época, sus costumbres y sus luchas contra la Francia revolucionaria. La novela que les presento podríamos encuadrarla a finales del siglo XVIII cuando un joven, flaco, mareado e imberbe Hornblower se embarca en el buque Justinian, amarrado al fondeadero de Spithead. A partir de ahí y en cada capítulo veremos cómo pasa de ser un acomplejado guardiamarina a convertirse en un valeroso oficial ya sea en ese barco o en el Indefatigable el cual es uno de tantos que se encargar de mantener un férreo bloqueo naval frente a las costas de Francia. Hornblower, mientras aprende la mecánica de un navío de guerra y de cómo desenvolverse en ellos, nos hace participes de sus aventuras en el susodicho bloqueo ya sea en momentos de calma o de enfrentamiento frente otros buques homónimos franceses. Además de las capturas de barcos mercantes enemigos, también Hornblower se bate de forma valerosa en grandes batallas navales, de penol a penol, e incluso llega a participar en una acción anfibia para llevar soldados monárquicos franceses (èmigrés) hasta la costa gala y luchar contra las fuerzas revolucionarias en nombre de Luis XVII. Estas son solo algunas de las aventuras que aparecen en la novela y me reservo contarles algunas más, sobre todo las del final, ya que sería desvelarle demasiado de la trama (no como hace el resumen del ejemplar de Edhasa que sin ningún pudor te dice como acaba el libro. Un tanto negativo para la editorial).

A diferencia de otros novelas de este tipo en las que nos podemos perder en la terminología marinera (a mi me pasaba continuamente con las de Patrick O’Brian)  las novelas de la saga de Hornblower son ideales para leer sin tener que tener al lado un diccionario de términos navales. En su gran mayoría se enfoca más en la aventura y psicología del protagonista o personajes que hay alrededor y en cómo era la vida cotidiana en los navíos ingleses. Destaca también sobre cómo era la burocracia de ascensos, y la actitud de los barcos en los momentos de simple singladura como en los de ferreos combates. Además, C.S. Forester sitúa a los barcos en toda su complejidad y contexto, es decir no solo son simples fragatas o navíos armados hasta los dientes que se dedican a cazar barcos enemigos y lanzarse bombas ¡zumba zumba! con gran aparatosidad sino que los sitúa en un tiempo histórico concreto y en otras zonas de acción menos espectaculares siendo tanto vigilantes en el bloqueo continental como realizando distintos tipos de misiones de hostigamiento a las costas o a los barcos mercantes. Este es en esencia el punto fuerte del primer libro de la serie.

El punto negativo, y yo creo que en gran parte de las novelas históricas navales escritas por ingleses, es que siempre pecan de lo mismo: el orgullo patrio frente a otras nacionalidades. C.S. Forester ofrece una visión sesgada y en muchos casos subjetiva de cómo era la disciplina en los buques de guerra en donde todos marinos y todos los movimientos del barco son cuasi perfectos. Es como si el barco en sí fuera una maquina increíblemente bien engrasada que se mueve de manera increíble en cualquier dirección. Y esto, claro está, en contraposición con los barcos y marinos de otros países. Los franceses (a los que los marinos ingleses motejan de ranas) y los españoles también son cobardes, vagos y perezosos, indisciplinados y, nosotros en concreto, sucios, sádicos y malolientes. El pack completo. A esto, los barcos ingleses son la quinta esencia, por mucho que los cañoneen se mantienen en pie mientras que los franceses e hispanos o bien naufragan con solo mirarlos o son anticuados que casi se hunden en cuanto les embiste la primera ola atlántica. Estos serían los puntos negativos que he apreciado en la lectura del libro de la saga de C.S. Forester: El guardiamarina Hornblower.

Pero a pesar de estos puntos en contra, a mi modo de ver, y pasando por alto ese espíritu interno tan británico de mirar a todo el mundo por encima del hombro, esta novela histórica tiene más cosas a favor que lo hacen muy entretenida y emocionante para quien guste de o bien volver a embarcarse en un barco de su graciosa majestad o bien quienes se quieran iniciar en la lectura de libros de guerra a bordo de grandes navíos y sentir el zarandeo del mar bajo sus pies sin temor a marearse. Tanto el primer libro que les traigo a mención, El guardiamarina Hornblower, como los diez libros restantes han tenido una gran transcendencia no solo en el mundo cinematográfico, ya que además de la película de Gregory Peck que les he mencionado posteriormente se hizo una serie entre 1998 y 2001 con el actor Ioan Gruffud (a los que les guste Marvel les sonara de Mr. Fantástico, líder de Los 4 Fantásticos) bastante buena, sino que también han dejado huella en muchas sagas literarias posteriores que tratan del mismo tema. Y de la misma manera, los avatares de este joven oficial, su rápida resolución ante los problemas, su valentía y arrojo, y su preocupación por los que lo rodean incluso influenciaron el imaginario popular británico, tanto, que hasta un almirante inglés, en vísperas de una gran batalla de la Segunda Guerra Mundial, frente a sus hombres se atrevió a decirles: “Caballeros, en nuestro lugar, ¿qué habría hecho Hornblower?”. Sea verdad, o sea mera leyenda urbana, lo que nos enseña esta afirmación es que las aventuras literarias de Hornblower han inflamado el espíritu de cientos de miles de lectores por lo que finalmente solo me queda decirles: buena lectura y buena singladura.

C.S. Forester, El guardiamarina Hornblower, traducción de Aleida Lama Montes de Oca. Barcelona, Edhasa, 1997, 378 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página web de Hislibris: https://hislibris.com/el-guardiamarina-hornblower-c-s-forester/

lunes, 22 de diciembre de 2025

VICTORIAN PSYCHO - Virginia Feito

 

Muerte por todas partes.

Su majestad imperial, la reina Victoria de Inglaterra (1819 - 1901) tuvo con su amado e idolatrado esposo, el príncipe Alberto (1819 – 1861), un total de nueve hijos. En la mayoría de los cuadros y grabados de época observamos a una modélica familia en la que los rostros de los padres rebosan de alegría y amor paterno filial y sus hijos, como corresponde, se muestran juguetones a la par que solícitos. Una imagen burguesa, de familia ideal, que rápidamente fue proyectada a sus ciudadanos quienes no solo idolatraban a su reina sino que de inmediato quisieron imitar las costumbres y las formas de vida equilibradas que veían en dichos cuadros o grabados y que en muchos casos llegó a convertir los hogares pudientes en verdaderas cárceles de oro, en presidios donde la estricta etiqueta ahogaba y asfixiaba el día a día de sus habitantes. Cuanto más se siguiera ese libro de etiqueta victoriana y más se  cuidara de impermeabilizar los estratos sociales más cerca se estaría no solo de las buenas costumbres antes sus vecinos sino también de la imagen idealizada que ofrecía la corona inglesa. Y todo este seguidismo desembocó, obviamente, en un mundo donde tras las puertas de las mansiones convivían sin ningún problema la hipocresía, la vergüenza y los malos tratos a partes iguales. En verdad la sociedad victoriana, sobre todo la de la burguesía o la nobleza era una sociedad pútrida, como la manzana que por fuera se ve lustrosa pero que por dentro, al cortarla, está repleta de gusanos quienes en este caso devoraban el corazón del imperio del que se decía que gobernaba las olas.

Como decía el mundo victoriano, frente a la pompa y circunstancia, estaba plagado de oscuridades, de una violencia extrema que se reflejaba a diario en la hambruna de las clases bajas, la enorme tasa de mortalidad infantil, la violencia que ejercían las bandas de ladrones (acuérdese uno de la que comandaba el dickensiano Fajin) o el terror que infligían los asesinos en serie como por ejemplo el archiconocido y escurridizo Jack el Destripador. Y a esta negra pesadilla que parece estar más allá de las ventanas de las mansiones y palacios de los más pudientes, los supuestos guardianes de la moral, sin quererlo o sin ver más allá de su soberbia, han dejado entrar un girón de esa niebla de maldad, hija de esa violencia, en sus salones y en sus habitaciones. En sus pensamientos y depravaciones más privadas, esa ola homicida tiene un nombre y un apellido, Winifred Notty, y para conocerla mejor, en profundidad, les invito a que se adentren en la última novela que ha escrito Virginia Feito titulada: Victorian Psycho (Lumen, 2025). A las puertas de la mansión de Ensor House, en Yorkshire, llega una nueva institutriz (que no niñera), la anteriormente citada Winifred Notty, contratada por los ricos señores Pounds. Una mansión antigua, arcana, cuasi medieval, en mitad de los valles de Yorkshire, un lugar tan alejado de Londres,  resguardado y tranquilo en donde nadie podría oír tus gritos. Un lugar ideal en donde Winifred podrá educar a los dos hijos del matrimonio, Andrew y Drusilla… aunque en verdad nadie, ni los señores ni los criados, saben el motivo real de por qué está allí, qué es lo que busca entre aquellas frías paredes y por qué tras su imagen de hielo se adivinan unas oscuras nubes preñadas de terror, locura y sangre que están a punto de descargar, como lágrimas, sobre las vidas de los hipócritas habitantes de Ensor House.

Y nada más poner los pies en aquella gran mansión nos adentramos en un universo sofocante en donde el peligro acecha en cada esquina por donde merodee la enigmática institutriz. El libro de Virginia Feito, además de ser un hibrido entre un thriller, una historia costumbrista, de época o un relato de terror a la antigua usanza, entre otros ingredientes, todo ello sazonado con una buena ración de humor y una pizquita de gore, es una novela en donde sentimos desde el principio agobiados, asfixiados por el ambiente de las paredes recargadas hasta la nausea, o por el frio de las losas de algunos pasillos que parecen meternos de lleno en la húmeda cripta de un ancestral castillo abandonado. Ensor House, un mundo lleno de contrastes y en el que todo el tiempo estamos a la espera de que la venganza de Notty se cumpla. ¿Cuándo? Pues cuando ella lo desee, sin prisa pero sin pausa. Todo a su tiempo. Ya lo dice ella al poco de comenzar la novela:

                Estamos a principios de otoño, el frío no se ha hecho esperar, y dentro de tres meses todos los habitantes de esta casa estarán muertos.

En concreto la fecha del la eclosión mortuoria será en las fiestas navideñas, y hasta ese momento la mansión se llenara de hechos enigmáticos que conducirán con paso seguro a un abismo de locura de sesos y sangre. La protagonista, podríamos decir, es un sosias de otro asesino en serie de otro tiempo lejano, y de otra línea temporal y ficcional: Hannibal Lecter. Al igual que éste psicópata, Winifred Notty se sacia, literalmente, con el ansia de sangre y carne que producen sus asesinatos y se recrea en el ambiente de elegante putrefacción tanto mental como sensorial. Además, al leer la novela Victorian Psycho me ha parecido detectar que la institutriz sufre de una enfermedad conocida como insensibilidad congénita al dolor la cual es una condición genética (presente al nacer) en que no se puede percibir el dolor físico. Y esta insensibilidad le vendrá perfectamente para ir cometiendo todo tipo de atrocidades y analizarlas sin caer en la trampa de la moralidad, como si realizara un inocente experimento en un laboratorio. Es desde luego un personaje fascinante a la par que peligroso, un verdadero ángel de la muerte que los inconscientes dueños de Ensor House han dejado entrar en sus vidas.

Pero esa aparente y letal apatía de Notty, ese ver las acciones y momentos desde la barrera, ser mera espectadora acerca de los asuntos que ocurren entre las paredes donde ella mora, sirve al lector para comprender como es aquel microcosmos victoriano en donde todas las inmoralidades de su tiempo están a la orden del día: maltrato a los niños, desdén hacia las mujeres que continuamente han de doblegarse bajo la sombra del patriarcado más duro e inflexible, vejadas como si fueran menores intelectualmente,  los abusos que sufren los criados y demás trabajadores de la casa… Virginia Feito le mete una buena patada a la sociedad victoriana en la que viven los personajes de la novela, además de dejarnos de vez en cuando referencias culturales y científicas de aquellos tiempos y que serán esenciales para comprender el horror que el lector se va a encontrar entre sus páginas. Y a todo ello el lector también sabrá apreciar los pequeños homenajes a escritores de aquellos tiempos como por ejemplo Charles Dickens y su Canción de Navidad o extrapolaciones de otros iconos literarios como son la corrupción de la Casa Usher de Poe, o los cuentos de fantasmas a lo Henry James que cuentan los criados en las cocinas la Noche de Navidad mientras sus amos se atiborran como cerdos (sic) en el piso de arriba del Gran Salón.

La pregunta, por tanto, que recorre Victorian Psycho todo el tiempo es: ¿Quién es Winifred Notty y por qué está obsesionada con los habitantes de Ensor House? Al igual que hace Virginia Feito en algunas partes del libro en los que la protagonista rompe la cuarta pared te digo, caro lector, que para eso te vas a tener que leer la novela de cabo a rabo (ahora te estoy guiñando un ojo), aunque te advierto que cuando pongas los pies en esa alocada mansión de Yorkshire abandones toda esperanza de volver sobre tus pasos ya que el horror y la buena literatura te va a enganchar desde el primer momento y no te va a abandonar hasta  el último escalofrío del día de Navidad.

Nota final: señalar que éste es el primer libro que leo de esta autora tan cotizada dentro de nuestro país como fuera de ella, y que ahora me arrepiento de no haber leído su obra anterior La señora March (espero solventarlo muy pronto) Por ello, y para que se vea el exitazo y calidad que desprenden sus escritos, les dejo un cotilleo hollywoodiense pues en estos momentos en los que escribo esta humilde reseña se está rodando la película basada en la última novela que les he señalado (con Elizabeth Moss como protagonista) y que la autora ya ha firmado igualmente para rodar en un futuro Victorian Psycho. En verdad las productoras se rifan sus libros por la calidad que desprenden.

Virginia Feito, Victorian Psycho, traducción de Gemma Rovira Ortega. Barcelona, Lumen, 2025, 216 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: https://hislibris.com/victorian-psycho-virginia-feito/

martes, 16 de diciembre de 2025

EN BUSCA DEL FUEGO - J. H. Rosny

 

En 1981 el cineasta Jean-Jacques Annaud sorprendió a los críticos en particular y al público en general con una película titulada En busca del fuego, en la que de manera “realista” representaba un mundo ya perdido y que devolvía al hombre prehistórico a su verdadera esencia, quitando falsas y fantasiosas ideas cinematográficas que se habían ido representando sobre éste en donde incluso llego hasta convivir con dinosaurios. Una locura temporal se mire por donde se mire. Luego este mismo director nos extasió con otras grandes películas como, por ejemplo: El nombre de la rosa (1986), El oso (1988), Siete años en el Tíbet (1997) o Enemigo a las puertas (2001), entre otras, quedando En busca del fuego algo sepultada, solo accesible para los muy cafeteros en el mundo cinéfilo, amén de que incluso entre éstos también hay quienes ignoraban que este film está basado en una novela homónima de un escritor belga, pilar básico de la ciencia ficción moderna,  llamado Joseph Henri Honore Boex (1856 – 1940) más conocido con el seudónimo de J.H. Rosny.

La historia que nos ofrece este novelista comienza con un desastre pues la tribu de los Oulhamr – ulhamr u ougmar en otras traducciones- son atacados por otra tribu y le es robado el mayor tesoro que tienen: el fuego. En su loca carrera nocturna, entre gritos y muertos, acaban en una ciénaga, expuestos a la fría climatología y a los animales depredadores. Habiendo perdido el fuego, por tanto, solo les queda morir y pasar a la nada. Pero en medio del dolor se organiza una partida de búsqueda con el fin de recuperarlo y son enviados a la aventura, por un lado, un grupo comandado por Naoh, el hijo del Leopardo, junto con sus dos buenos amigos Nam y Gaw, y por otro el arrogante y sanguinario Aghoo, hijo del Uro, y sus dos hermanos. Aquí comienza la búsqueda que no solo reportara seguridad a los Oulhamr sino también grandes riquezas para el que traiga el fuego además del corazón de Gamla, la hija del jefe Fauhm.

Un grupo se dirige a Poniente y otro a Oriente, pero el libro se centra más en las vivencias de Naoh y compañía y a través de ella el escritor desplegara delante de nosotros, con una prosa poética a la vez que envolvente, preciosista en muchos casos, las maravillas y horrores que irán encontrando en el camino. Los temibles osos, el rugiente león gigante y su compañera la artera tigresa o los imponentes señores de las llanuras: los enormes mamuts de afilados colmillos. Pero Naoh no solo tiene que enfrentarse a la naturaleza hostil sino que también conocerá, luchará y se hermanará a otras tribus a lo largo y ancho del camino como por ejemplo los temibles Devoradores de cadáveres o los Enanos rojos, los enigmáticos Hombres de pelo azul e incluso los prácticos Hombre sin hombros que enseñaran a nuestros protagonistas un secreto en relación a la conquista del fuego. Es en verdad toda una novela de supervivencia pues el hombre prehistórico, sin fuego, es un hombre desvalido pues éste le da todo en esta vida: calor en los días fríos, defensa contra los animales, calentar la comida para que sea más apetitosa o incluso poder endurecer el asta de las lanzas con las que cazar y defenderse de los invasores.

El lector podrá encontrar en la novela En busca del fuego aventuras, amor, riesgos continuos, momentos emocionantes, una prosa bella, además de poner al hombre prehistórico en el medio y en el momento que le corresponde, y todo eso enseñándonos que muchas veces se consiguen más  fines con la bondad que con la sangrienta crueldad. Postdata: si al leer En busca del fuego, se quedan con más ganas de hincarles el diente a otras novelas ambientadas en la Prehistoria, les informo que ésta tiene continuación en El león de las cavernas (1918) y Helgvor, el guerrero del Río Azul (1929).

Buenas lecturas.

J.H. Rosny, En busca del fuego & El león de las cavernas & Vamireh, traducción de Rafael Marquina, Fernando Valera. Madrid, Valdemar, 2001, 736 páginas.


lunes, 24 de noviembre de 2025

EN ESTE RINCÓN DEL MUNDO – Fumiyo Kouno

 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras arrojarse las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de Agosto de 1945 respectivamente, el país del Sol Naciente vio nacer de sus cenizas un nuevo tipo de escritura conocida como genbaku bungaku, que podría traducirse como “la literatura surgida de la bomba atómica”. En concreto el altavoz de esta corriente literaria serian los llamados hibakusa o personas de todas las edades que habían sobrevivido a las cientos de miles de muertes provocadas por Little Boy y días después por Fatman. Los hibakusa en esencia, y aunque fueron maltratados durante años por sus mismos compatriotas que los motejaban de parias, solamente querían contar sus propias experiencias, como habían sobrevivido y enseñar a todo el mundo el dolor y el horror que habían visto y experimentado a su alrededor. Claros ejemplos vivientes de lo que nos espera si los humanos seguimos exhibiendo músculo para ver quien tiene el arma más grande con el que aniquilar al contrario.

Del vientre de esta literatura de la bomba atómica han surgido auténticas obras maestras niponas como son, por poner una ejemplo de las cientos que existen: Flores de verano, de Tamiki Hara (1947), Ciudad de cadáveres, de Ota Yoko (1948), Cuadernos de Hiroshima, de Kenzaburo Oe (1965) o incluso, solo por citar uno más de la ingente producción de esta corriente, Lluvia negra, de Masuji Ibuse (1966). El impacto emocional que tuvo el estallido cegador de las bombas atómicas y la subsiguiente siega de vidas incluso salto al mundo de las imágenes (recuerden aquello de que una imagen vale más que mil palabras), en concreto al manga, como la monumental obra de Keiji Nakazawa, Pies descalzos (1973), que ya fue reseñada en esta santa casa, o por ejemplo el bello retrato de época dibujado por la mangaka Fumiyo Kono: En este rincón del mundo (2015). Como curiosidad biográfica, esta hermosa historia está plasmada por una dibujante a la que en su infancia sus padres casi no le dejaban leer mangas. Ironías de la vida.

En este rincón del mundo seguimos las peripecias de Suzu Urano, joven de la localidad de Eba, que es bastante inquieta, muy despistada, y a la que le encanta dibujar. Pero aunque le esto último le emociona no puede dedicarse a ello y junto a su humilde familia se ocupa de la recogida y distribución de las conocidas algas nori. Pero un día, cuando cumple 18 años, y como era costumbre en aquellos tiempos, se concierta su matrimonio con otra familia y debe viajar a Kure, otra ciudad no muy lejana de la suya y que se halla en la prefectura de Hiroshima. Allí, sola y frente a su nueva familia la joven Suzu (que ahora ha cambiado su apellido por el de Hojo) ha de aprender a convivir tanto con sus suegros, esposo y cuñada, como con su entorno y madurar rápidamente en una zona que muy pronto se convertirá, por los azares de la guerra, en el epicentro de los bombardeos de los aviones americanos debido sobre todo a que la ciudad de Kure era uno de los puertos más importantes de la Armada Imperial en donde, por ejemplo, recalaba y se abastecía el mítico Yamato.

Se estima que solo en 1945 esta localidad recibió más de 1700 bombardeos durante el día y la noche. Sin descanso. Y es en este ambiente, donde se desarrolla la vida de nuestra soñadora protagonista mostrándonos la vida diaria no solo en su hogar, sino también de la población sufriente y la resilencia que muestran los habitantes de Kure frente al poderío americano. Observamos el estricto control que los soldados japonés de retaguardia ejercen sobre la población, como se las arreglan de forma ingeniosa frente al hambre y la escasez de alimentos, como preparan las casas ante las bombas y el fuego que arroja el enemigo, e incluso como las mujeres colaboran en los tonarigumi o pequeñas agrupaciones regionales, turnándose para llevar de casa en casa las tablillas con las ordenes a seguir o pasarse unas a otras las imaginativas recetas esenciales con las que engañar al estomago más desfallecido. Así van pasando nuestra protagonista y su familia los años de guerra hasta que llega el fatídico verano de 1945 donde todo acaba saltando (nunca mejor dicho) por los aires.

El manga En este rincón del mundo está dividido en 45 capítulos cortos que nos muestra doce años esenciales de la historia del Sol Naciente, los comprendidos entre 1934 y 1946 y de la misma manera que vemos la evolución de la atolondrada Suzu Urano igualmente vemos como la sociedad japonesa va cambiando su actitud frente a los tristes destinos del conflicto armado. De colaborar con el esfuerzo de guerra de forma automática, como auténticos robots programados, a dejar de creer en las promesas del sacrificio final. Kure a lo largo de las páginas de este manga pasa de ser una ciudad bulliciosa a ser un lugar arrasado por las bombas y donde había un prospero puerto militar con cientos y cientos de marinos orgullosos de su patria, al final queda una especie de sucia laguna donde los barcos hundidos y los hierros oxidados campan a sus anchas con el telón de fondo del hongo atómico proveniente de Hiroshima.

En cuanto a su confección, en cada viñeta podemos observar un trazo que, a primera vista, por encima del hombro, es bastante sencillo, naif en algunos momentos, pero este dibujo limpio no nos puede llevar a equivocación con respecto al tono del drama que se desarrolla pues a pesar, insisto, de esta sencillez, además de ser bello ofrece una gran cantidad de datos del día a día en la ciudad de Kure en los momentos finales de la guerra, con lo que se demuestra el gran valor documental de este manga y el gran manejo de documentos históricos que tuvo que manejar Fumiyo Kono. Y con respecto al tono de esta obra la mangaka nos sumerge en un torbellino de sentimientos en los que se conjuga la melancolía por un tiempo mejor y la añoranza de una paz que nunca llega y que introduce poco a poco a los habitantes de la ciudad y a la familia de la protagonista en la desesperación y la aceptación de su destino con una serenidad admirable. La crueldad, como no, está presente también tanto en el hambre que pasan como en los horrores que dejan las metralletas y bombas de los aviones enemigos ya sean explosivas como incendiarias, o incluso en los emigrados de Hiroshima que con las cicatrices del veneno toxico que corre por sus venas se dejan caer en los caminos buscando auxilio y un hogar que les de alimento y la paz final que necesitan. Aunque, y esto lo hace muy bien la autora, es dejar de vez en cuando alguna píldora de humor diario sobre todo en las torpezas y simplezas que comete la atolondrada Suzu Hojo en su hogar o en las calle de Kure.

En este rincón del mundo, de Fumiyo Kono, es una obra documental, un manga que rezuma serenidad y denuncia por partes iguales. Se vive como se respira pero de igual forma que hacen los hibakusa a diario denunciando el horror de la guerra y el oscuro futuro que se atisba de nuevo en nuestro horizonte. Como nota oficial les dejo con una referencia cinematográfica: en el año 2016 esta historia también fue llevada al cine de animación, con titulo homónimo Kono Sekai no Katasumi ni, a cargo del director Sunao Katabuchi, que reproduce de forma fidedigna y bella este manga que humildemente les reseño. Por si no encuentran la obra original, en papel, y desean echarle un vistazo. Aunque ya sea en uno u otro formato, les conmino a que disfruten de este gran manga.

Fumiyo Kono, En este rincón del mundo,  traducción de Víctor Illera Kanaya. Tarragona, Ponent Mon, 2015, 426 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris:  https://hislibris.com/en-este-rincon-del-mundo-fumiyo-kouno/

miércoles, 8 de octubre de 2025

EL VIAJE A NINGUNA PARTE - Fernando Fernán-Gómez

 

“—Pero ¿dónde está nuestro maná? ¿Dónde está el maná de los cómicos? ¿En qué tierra caerá que sea nuestra tierra? Nosotros no somos de ninguna parte. Somos del camino… Cuando el pueblo del Señor iba hacia la tierra prometida, ni siquiera iba por un camino. Iba por un desierto. Por eso no salió nadie a decirles: Ese maná es mío, ese dinero de los cineastas es mío. Nosotros hemos venido a trabajar a Navahonda, que es vuestro pueblo, pero ahora sois vosotros los que queréis dejarnos sin nuestro pan; y digo nuestro porque el trabajo de las películas es cosa nuestra, de los cómicos. Y queréis dejarnos sin él porque no somos de ningún pueblo. Pero ¿por qué somos del camino? Porque, como muy bien ha dicho vuestro alcalde, y con mejores palabras que las mías, por cierto, la gente necesita reír. Y nosotros les llevamos la risa. Y también tenemos hambre. Y también nos falta trabajo.”

Fue un noble oficio que desapareció hace ya mucho tiempo, pero que como dice el personaje principal de la novela que les reseño: “Hay que recordar… hay que recordar”. Se trataba de los llamados cómicos a la legua, herederos del antiguo oficio de hacer reír a la gente, ya desde los tiempos  de la Comedia del Arte, que no solo caminaban kilómetros y kilómetros con sus tristes bártulos sino que incluso tenían prohibido pernoctar en los pueblos donde actuaban,  como mínimo a una legua (de ahí su nombre). Duro trabajo el de aquellos que nos hacían reír y que no hace mucho tiempo incluso se les negaba tierra sagrada allá donde fenecieran. En España, antes de la irrupción de los mass media a mediados del siglo XX, era común ver a grupos de pequeñas compañías rurales andando por los caminos polvorientos que previamente, tras pactarlo con el ayuntamiento de turno o cacique del momento, representaban sus sencillas obras de teatro en cafés, bares, pequeñas salas de baile u oscuros casinos llenos de humo de cigarros puros a precios irrisorios y que después les dejaban (ya en nuestro siglo) dormir en las posadas, y tras varias representaciones (si había suerte) volvían a los caminos, a dejarse las suelas de los zapatos y la salud en el frio de las sendas, hasta la siguiente parada. En nuestra literatura patria ya hemos visto referencias a este tipo de oficio en obras como Ñaque o ¡Ay, Carmela! de José Sanchís Sinisterra, pero en donde podemos apreciarlo en toda su dimensión es en la novela de Fernando Fernán Gómez: El viaje a ninguna parte (1985).

Antes de pasar a comentar los hechos e historias acerca de esta novela, les señalo la siguiente curiosidad: El viaje a ninguna parte comenzó como un serial en Radio Nacional de España, como aquellas radionovelas que escuchaban nuestros padres y abuelos, en 1983, que luego fue continuada como novela por el mismo Fernando Fernán Gómez, teniendo tanto éxito que en 1986 fue adaptada al cine ganando un  total de tres premios Goya de la Academia de Cine español. Como se puede ver nos encontramos con un hecho literario sin precedente que ha tenido varias hitos la mar de interesantes al igual que la odisea de la compañía teatral Iniesta-Galván sufre en la ficción que ahora les presento. Como les he indicado anteriormente esta pequeña compañía es un claro ejemplo de lo que eran los cómicos a la legua pues el autor los sitúa en los caminos polvorientos de Castilla La Mancha, alrededor de los años 40 y 50 (la precisión temporal no se ajusta mucho en la novela pero los datos que van apareciendo en sus páginas hace que ajustemos su cronología a los momentos más duros de la postguerra española). El protagonista, Carlos Galván, a través de sus entrevistas con un psicólogo del asilo donde mora muestra cómo era la vida de la compañía teatral Iniesta-Galvan, compuesta por él mismo, su padre don Arturo que es el primer actor de la familia, su tía y su prima Rosita, su hijo Carlitos que es fruto de un amor de juventud (un zangolotino de mucho cuidado), el verborreico Sergio Maldonado que hace de gerente del grupo y es antiguo soldado de la División Azul, y Juanita, el amor desdichado de Carlos Galván, que curiosamente también proviene de familia de actores. Este elenco de cómicos ambulantes, por tanto, recorren sin descanso y con muchas penurias distintos pueblos de tercera división de la zona manchega, actuando en los pocos sitios que les dejan y ganando las pocas pesetas que en muchos casos casi ni les da para encontrar un lugar donde descansar sus baqueteados huesos.

La novela de Fernán Gómez nos lleva a lo más duro y cruento de los primeros años de la postguerra franquista. En concreto a los años del plomo, donde todavía a primera vista se podían apreciar las cicatrices de la reciente contienda fratricida y donde un manto de silencio, oscuro como la noche parecía cernirse sobre los pueblos de España. El hambre y el frio eran sus enemigos, a la vez que compañeros, de nuestra compañía, del mismo modo que lo eran los caciques y la incomprensión de esas gentes embrutecidas que miraban con cara bovina las obras adaptadas y los decorados de cartón piedra cosidos y recosidos que los actores presentaban de continuo a dos o cuatro pesetas. El pregonero, con su triste letanía de voz y corneta, días antes anunciaba la llegada de la troupe, la obra que iban a presentar y dónde la realizarían, y cuando éstos hacían acto de presencia la monotonía era la acostumbrada: limpiar y acondicionar el lugar, encolar los decorados que previamente habían portado por los caminos, y tras la representación, después de pasar la gorra, buscar un lugar donde pasar la noche. Y así todo el rato. Nuestros cómicos a la legua van de lugar en lugar ofreciendo al lector la imagen de una España pobre, gris, sin vida, sin esperanza ni ilusión, con la cerviz todo el rato agachada bajo el peso de la humillación y el saber que están viviendo un mundo a punto de desaparecer, que su trabajo es algo del pasado, y que no encaja en los tiempos que vendrán donde el cine (los peliculeros como dicen los personajes de la novela) y la televisión han dado la estocada final a un mundo y a un oficio que no es otro que el de hacer reír.

Y es que una de las tristezas más grandes de este libro es ver que los propios protagonistas, no solo quieren sobrevivir sino que ellos mismos se dan cuentan que son los últimos de una saga y que más allá no hay nadie que los quiera sustituir. Se están ahogando en esa existencia sin sentido. Fernando Fernán Gómez  nos ofrece una historia en la que la dureza del momento se entremezcla con la ternura y la ironía de los propios actores y de los momentos que viven en cada parada que hacen. Mucha gente ha querido ver en El viaje a ninguna parte retazos autobiográficos de la vida del autor pero este mismo lo desmintió en su tiempo alegando que el serial-novela-película está confeccionado a base de anécdotas que presenció en su vida al igual que curiosidades que otras personas le habían dicho acerca de estos cómicos ambulantes. Como decía anteriormente, y no quiero finalizar esta reseña sin recordarle a quien la lea, en 1986 se realizó la adaptación al cine y ésta estuvo adobada con actores de primera calidad como son el propio Fernando Fernán Gómez, José Sacristán, Juan Diego, María Luisa Ponte, Gabino Diego, Agustín González, Queta Claver, un jovencísimo Carmelo Gómez… como se puede ver estrellas de primera fila de nuestra historia cinematográfica, y es que no puede ser menos debido a la calidad literaria de esta novela, ejemplo no solo de cómo escribir una gran obra sino también un documento real de un oficio y de un tiempo gris que ya no volverá.

Fernando Fernán-Gómez. El viaje a ninguna parte. Madrid, Cátedra, 2002, 318 páginas.

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: https://www.hislibris.com/el-viaje-a-ninguna-parte-fernando-fernan-gomez/ 


lunes, 15 de septiembre de 2025

Orgullo y prejuicio - Jane Austen

 

«La imaginación de una dama va muy rápida y salta de la admiración al amor y del amor al matrimonio en un momento»

La escritora inglesa Jane Austen (1775 – 1817) no era un ente aislado de la sociedad ni del mundo que le tocó vivir pues aunque una parte de la crítica, de manera errónea, haya motejado sus novelas como meros divertimentos burgueses, ella sabía en qué mundo vivía y como supo aprovecharse de él y reflejarlo en cada uno de sus escritos inmortales. A Jane le tocó en suerte una etapa en continuo cambio pues no nos hemos de olvidar que vio con sus ojos caer el llamado Antiguo Régimen y alzarse uno nuevo, con dolor y sangre, en una Europa que parecía congelada. La podemos situar en la llamada época georgiana, en la que cuatro reyes de igual nombre, Jorge, pertenecientes a la dinastía alemana de los Hannover, les tocó distintas suertes en su reinado sobre todo a Jorge III, también conocido como el Rey Loco y finalmente a Jorge IV o época de Regencia que es en la más podemos centrar  la figura de Jane Austen (y también a Los Bridgerton en el campo de la ficción). El inmovilismo del pasado va resquebrajándose a golpes de cincel: la nueva filosofía de la Ilustración y la hipocresía del Despotismo Ilustrado, las guerras napoleónicas (1793 – 1815) y sobre todo la Revolución Industrial o agrícola que conseguirá mejorar el nivel de vida de cientos de miles de personas a la vez que relanzar el comercio a escala mundial.

Este sería el apasionante marco histórico en que el vivió Jane Austen pero además fueron unos años muy importantes en el ámbito literario anglosajón y que fueron cruciales en la posterior creación literaria de las obras de nuestra escritora. El XVIII fue sin lugar a dudas una de las épocas doradas de la literatura inglesa pues en el campo de la novela podemos hallar a grandes escritores como Daniel Defoe, Jonathan Swift, Henry Fielding e incluso a Horace Walpole con su Castillo de Otranto en el que ya se atisbaban los preludios de lo que sería conocido como el Prerromanticismo. Jane Austen leyó y se empapó de todos estos autores, de sus influencias, y aunque era anterior al romanticismo supo de su valor al igual que de la naciente novela gótica. Y no solo tuvo estas novelas como punto de apoyo para sus escritos sino que también estuvo muy influenciada por grandes poetas como Wordsworth y Coleridge. Y es en este punto donde aparece uno de los elementos que más van a estar presente en sus obras. Recuerden que antes de este párrafo, en el contexto histórico que antes exponía, hablaba de la Revolución Industrial sobre todo enfocada a lo agrícola. Uno de sus derivadas filosóficas es que debido a ella, por lo menos en Inglaterra, se instala una idea, ya antigua, acerca del antiguo-nuevo beatus Ille o alabanza de la naturaleza. Todo inglés con posibles empieza a añorar la sencillez del mundo rural y ¿qué mejor exponente que los burgueses terratenientes que como Jane Austen vivían en fincas o mansiones rodeadas de ubérrimos campos y amables vecinos con los que vivir y a la vez entablar amistades y relaciones íntimas?

Todo inglés (con posibles, como ya he indicado) sueña –y sigue- soñando con ello. Un ejemplo cinematográfico: el embajador británico, interpretado magníficamente por el flemático David Niven en 55 días en Pekín, al principio de la película anhela con toda su alma dejar la embajada allá en la lejana China y retirarse a una casita en el campo para estar rodeado de verdes campos en los que pasear y leer sin ser molestado. Pues bien este mundo de pequeños pueblos y campos perfectamente parcelados, con pequeños pero excitantes problemas domésticos y amorosos son los que habitan el universo de Jane Austen y el mejor ejemplo lo encontramos en la que es considerada para muchos lectores como la obra maestra de esta gran escritora: Orgullo y Prejuicio (1813). Esta novela nos traslada a  Longbourn uno de esos pequeños microcosmos rurales que parecen tan alejados del mundo, sobre todo del bullicio de Londres y donde reside la populosa familia Bennet donde la madre tiene un gran problema y es que tiene un total de cinco hijas casaderas y, por tanto, su única misión es verlas bien casadas a ser posible con un rico terrateniente no solo por el bien de ellas sino también debido a que cuando su marido se muera, por el sistema de mayorazgo, ella no quedará en la calle y podrá tener una tranquila vejez al cargo de una de sus hijas. Así que hay imaginarse la alegría que le depara saber que a la gran mansión de Heatherfield va a vivir uno de esos grandes hacendados, el caballero Bingley, que como es ley de vida puede solucionar todos sus problemas, como muy bien nos informa Jane Austen al principio de la novela:

«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa»

Es por ello que muy pronto toda la localidad se convierte en un hervidero de chismorreos hasta que se produce un evento, un baile en concreto, en el que la prole de los Bennet, van a participar. Pero allí, en ese baile tan educado saltan las chispas pues dos actitudes ante la vida, dos formas de comprender a la humanidad van a chocar irremediablemente: por un lado la soberbia y orgullosa segunda hija de los Bennet, Elizabeth, y por otro el altivo y prejuicioso amigo del rico hacendado, Darcy. A partir de aquí, entre amoríos, aventuras y deliciosos (o tristes) acontecimiento va a desarrollarse la relación entre el hielo y el fuego que representan Lizzy y Darcy y que a ojos de los lectores se convertirán en una de las parejas más famosas, sin lugar a dudas, de la Historia de la Literatura mundial.

En un principio, a primera vista, si o bien solo conocemos Orgullo y prejuicio por meras referencias, no la hemos leído, o bien solo la hemos visto en cine o en la televisión en las distintas versiones que se han realizado, puede parecer que es una obra hermética, centrada únicamente en los enredos amorosos que existen en torno a la impulsiva Elizabeth o al iceberg inescrutable que es Darcy y en los simples asuntos terrenales de una burguesía ociosa, alejada de la realidad cambiante de ese momento. Se puede conceder en este razonamiento si solo nos fijamos en la ausencia de datos históricos existentes a lo largo del libro. Pero si observamos con ojos más sagaces, alejados de los melindres románticos de algunas escenas, podremos sí comprobar cómo algunos de esos hechos van calando en las distintas escenas, actitudes y arquetipos de los personajes que van sucediéndose a lo largo de Orgullo y prejuicio. Reconozco que no es una novela histórica pura, pero si alego que nos encontramos con una novela de tesis que nos acerca a las costumbres y modus vivendi de aquellos terratenientes de la época georgiana y de la Regencia, a la par que saltan distintos temas algo escabrosos en esa sociedad en el que las clases sociales parecen totalmente impermeables e impenetrables. Uno de los primeros temas que saltan a la palestra, y que ya he mencionado con anterioridad, es el tema de la imposición del mayorazgo, es decir el que una mujer no podía heredar propiedades y si no había hijos, como era el caso de la familia Bennet, éstas pasaban incluso a sobrinos o nietos varones con lo que dichas mujeres al fallecer el marido se quedaban en un caso a merced de la buena voluntad de otras personas o acabar en la calle con una mano delante y otra detrás. De ahí la evidente preocupación de la histeria matriarca de los Bennet. Y no solo esta ley del mayorazgo era injusta con el sexo femenino sino que incluso afectaba a los segundones de la familia que eran obligados a meterse en otros oficios como la Iglesia o el ejército (aunque tampoco era una búsqueda dura ya que muchos de ellos eran apadrinados por parientes ricos comprando alguna vicaria o cargo de oficial en las reales fuerzas). En este caso, por ejemplo, Collins,  uno de los pretendientes de Lizzy y futuro heredero del mayorazgo, había conseguido una de estas vicarias gracias al patrocinio de la rica e insufrible lady Catherine; e incluso otro de los pretendientes, el taimado Wickham había ingresado como oficial en el ejército debido a otra ayuda de un familiar. Como curiosidad estos casos de flagrante nepotismo eran bien vistos por la sociedad sobre todo porque así la estabilidad patricia quedaba en casa y así no era necesaria la ascensión de ningún advenedizo de clase inferior.

Pero el tema más afilado que de novela es el de la libertad de las mujeres. Desde un principio se pone el foco sobre la ausencia de dicha libertad con respecto al matrimonio y como son obligadas a aceptarlo si no quieren quedar como las solteronas y raras de la familia, al albur de ser acogidas en el futuro por algún pariente benefactor, y de este modo no caer en desgracia en  una sociedad tan pacata e hipócrita. Jane Austen, a través de la fuerza de su protagonista principal, Elizabeth, critica la imposición de dichos matrimonios concertados y como éstos hacen que la mujer sea solamente un premio a conseguir o bien una mercancía con la que obtener privilegios. A lo largo de las páginas de Orgullo y prejuicio observamos las diferencias claras de cómo es la desequilibrada educación que en aquellos años recibían hombres y mujeres. Los niños en general, por ejemplo, eran educados por niñeras e institutrices pero a cierta edad temprana a las niñas se las orientaba en otros menesteres, a saber: ser esposas y madres en un futuro, inculcarles el principio de obediencia al marido y centrar sus habilidades en cultivar los talentos que le hagan una señorita de bien y de esta manera atraer a un futuro marido que la cuide. Se las enseñaba a coser y bordar, cantar y tocar instrumentos (sobre todo el piano y el arpa, pero nunca la flauta debido a la connotación sexual), saber expresarse, conocer algún idioma extranjero (francés, por ejemplo), los distintos pasos de bailes, como comportarse en una reunión o un baile, el tipo de ropa que llevar a las distintas horas del día, e incluso a confeccionar cartas (esenciales para poder conocer los chismorreos y que se debían escribir sobre todo por las mañanas tras el desayuno). Había incluso infinidad de academias destinadas a señoritas de pro que se dedicaban a enseñar todos estos quehaceres. Ah, y no nos olvidemos que sin virtud (otro baldón más) o la caída en el adulterio, tema tan recurrente en la novela del siglo XIX,  la vida de esa señorita y de su clan podía convertirse en todo un infierno, o lo que podía traducirse como la expulsión de la buena sociedad. Jane Austen aunque seguidora de Mary Wollstonecraft  (1759-1797) y de su obra Una reivindicación de los derechos de las mujeres, no es una mujer feminista radical sino que es una gran observadora de los problemas que las mujeres tienen en esa sociedad tan cerrada y nos muestra, a través de las palabras y los hechos de sus inconformistas protagonistas que está en contra de la función que la sociedad de su tiempo da a las mujeres y que éstas no solo han de estar en casa con la pata quebrada ni ser solamente un meros receptáculos para tener y cuidar bebes.

Y para terminar, una anécdota. La obra que humildemente les he reseñado, Orgullo y prejuicio en un principio no se iba a titular así sino Primeras impresiones, y la verdad que también hubiera sido un titulo bastante apropiado para la obra pues hay que tener cuidado con las impresiones que nos hacemos la primera vez que conocemos a una persona ya que eso es lo que les paso a los dos protagonistas del libro: Darcy y Elizabeth. El libro de Jane Austen va más allá de un simple entretenimiento literario centrado en los amoríos entre burgueses y ricos hacendados de un pequeño pueblo de Inglaterra, sino que la autora a través de los hechos y de los fuertes rasgos de cada personaje nos muestra como era aquella sociedad de finales del XVIII, sus costumbres, como se vestían, como se divertían o las inflexivas reglas de corte y etiqueta que debían de preservar los caballeros y las damas frente a los demás. Jane Austen, con esta historia nos da una clase de moral pero no un aburrido sermón, al revés, una moraleja escrita de forma natural, elegante y, por qué no, chispeante. Desde luego, leer a esta autora es una autentica delicia.

Jane Austen, Orgullo y prejuicio. Barcelona, Alba Editorial, 2009, 424 páginas

También podéis leer mi reseña en la página de Hislibris: https://www.hislibris.com/orgullo-y-prejuicio-jane-austen/