viernes, 9 de agosto de 2019

BREVE HISTORIA DE LOS EJÉRCITOS: LA LEGIÓN ROMANA - Begoña Fernández Rojo



“Un soldado tiene la ventaja de poder mirar al enemigo a los ojos, Senador.” (Gladiator)

La sangre de Roma. La ira y el fuego de los hijos de Marte  eran sin duda sus legiones. La determinación en la mirada de sus soldados, el fulgor de sus corazas y la valentía de pertenecer a una perfecta máquina de guerra bien engrasada bastaban para que los enemigos retrocedieran ante el sonido de los clavos de sus caligae. Junto con sus grandes obras de ingeniera la legión romana era el musculo que la Urbs utilizaba para llegar la civilización desde el Tíber a cualquier rincón del mundo, por muy recóndito que éste fuera. Con respecto a la visión que el cine o la literatura nos han mostrado de las legiones romanas hay que reconocer que es de lo más variopinta. Desde la simple parodia al intento de enseñárnosla con todo lujo de detalles quien más quien menos nos hacemos una imagen de cómo eran, cómo desfilaban o cómo luchaban. Pero para saber más de ellas, su verdadera organización, composición guerrera o su importancia en la sociedad romana les aconsejó vivamente hacerse con el libro Breve Historia de los ejércitos: La legión romana, escrito por Begoña Fernández Rojo, y editado por Nowtilus (2019).

En un primer capítulo, la autora centra su mirada en la evolución del ejército romano desde los últimos años de la monarquía pasando por la república y el imperio. Es decir, nos encontramos primeramente con un “ejercito” formado por ciudadanos libres, cuasi uniformados, en la que la época de las luchas entre tribus se dirime durante el verano hasta la recogida de las cosechas en otoño en que cada bando se vuelve a sus hogares allende las colinas. Pero ese ejército semi profesional acaba siendo innovado en tiempos de la república de la mano de nuevos generales como Cayo Mario, Pompeyo, Julio César… además de la necesidad de tener más disponibilidad de soldados debido a que Roma ha crecido y ya llega más allá de Grecia y Oriente. El ser soldado, legionario para más seña, se convierte en una carrera, un empleo estable, al que acuden los ciudadanos de cualquier extracción. Esto permite un ejército más disciplinado y perfecto que ya sueña con domeñar el mundo entero. Esta máquina de guerra ira perfeccionándose al llegar el Imperio, aunque poco a poco, producido por los vaivenes políticos y la presión en las fronteras debido a la invasión de los pueblos “bárbaros”, hará que este ejército comienza a entrar en decadencia hasta la misma caída de Roma en el 476 d. C.

Pero antes de que esto ocurra la legión romana fue el orgullo de los hijos del Tíber. De nuevo la autora se zambulle, esta vez en el interior de ellas mismas acercándonos a su composición a partir de los rangos que ocupara el soldado ya sea desde un simple mílite, pasando por el de centurión, tribuno o legado, por poner un ejemplo; cómo eran éstos disciplinados para luchar hasta el punto de llegar a obtener una coordinación perfecta en pleno combate a través de  las distintas formaciones que se produjeran ya fuera frente al enemigo germano, parto, galo o huno, por poner otro  ejemplo. Incluso sorprende que uno de los elementos que cohesionaban a los legionarios, además de las banderas, estandartes o águilas enhiestas en sus altos mástiles, fuera la música que se producía en plena batalla o simplemente para moverse y desfilar.

Aun así las legiones no se establecían en campo abierto sin más sino que en cada parada éstas construían sus propios campamentos ya fueran temporales o permanentes. Aquí Begoña Fernández Rojo, nos coge de la mano y junto a ella atravesamos las puertas de uno de estos campamentos y, como si fuera un cicerone particular, nos adentra en un mundo de lo más fascinante. Vemos como en primer lugar se decidía donde construirlos, los materiales y estructura de estos campamentos, dependiendo de la finalidad que tuvieran, y la forma en que se levantaban. El interior de estos campamentos no estaba estructurado a la buena de Dios sino que el mismo esquema se repetía en todos ellos a lo largo del Imperio hecho que facilitaba sobremanera la organización del soldado en cuanto tenía que entrar en alguno de ellos. Además podremos ver los distintos espacios, desde el más noble en el centro en el que se alojaba el legado, hasta los barracones más humildes donde pernoctaban grupos de ocho legionarios. Veremos por donde entraban y salían las legiones, los lugares de reunión, administración y la rutina de entrenamiento que realizaban dentro de estos grandes centros. Vale la pena dejarse llevar por la autora porque este mundo cerrado nos va a sorprender. Aun así también aprenderemos que los legionarios no estaban todo el día entrenando o centrados en alguna batalla jugándose el cuero por su emperador, pues también había momentos para el ocio, ya fuera jugando a los dados en las tabernas o en algún antro fuera de los límites del campamento. Sabremos lo que les pagaban, la rutina diaria que llevaba, la relación epistolar que mantenían con sus familiares, y si alguno conseguía salvar su vida durante años el tipo de jubilación o premios que conseguían.

Otro de los puntos fuertes de este ensayo es la descripción pormenorizada de la equipación del soldado romano a través de las distintas épocas ya fuera en la República o en el Imperio. Interesante es la evolución de las espadas, más cortas al principio para apuñalar al rival tipo gladius hasta la enorme spatha tardorromana con la que dar tajos a diestro y siniestro a los enemigos. Veremos cómo eran las corazas, las diestras y afiladas pilum o el tipo de escudos que portaban. También aprenderemos el distinto tipo de armamento que llevaban los soldados ya fueran el cuerpo principal como los auxiliares extranjeros o el tipo de máquinas de guerra que utilizaban para doblegar las ciudades o barcos contrarios. El análisis que hace de cada parte es muy interesante y detallado desde el casco del legionario hasta las sandalias que le llevaban a conquistar cualquier parte del mundo conocido.

El mundo de la legión romana y sus campamentos es enorme y en ella la vida corría de forma vibrante como la de un hormiguero. Podría parecer que solo había sitio para todo lo relacionado con lo militar pero en un lugar en el que halo de la muerte impregnaba desde los muros hasta las espadas del más simple legionario el ámbito de la religión también era muy importante. En Breve Historia de la legión romana también hay sitio para conocer cuáles eran las deidades a las que confiaba la vida el soldado temeroso del más allá y de los lugares donde practicar el culto ya fuera a los dioses principales como a las deidades familiares. En el campamento había sitio para todas las deidades pues los legionarios eran de distintos lugares de procedencia aunque sobre todo había sitio para la veneración al propio emperador, el cual incluso, a veces era llevado en efigie a la batalla para que fuera testigo y ganador del combate. De resultas de esta información que nos ofrece la autora podremos ver el mundo funerario y las necrópolis y lo tipos de tumbas que alojaban el último descanso de los combatientes.

Las legiones romanas eran entidades vivas. Cada una de ellas numeradas, con sus símbolos propios de animales y seres mitológicos era el orgullo de cada legionario. Los campamentos no solo eran enclaves aislados sino que a raíz de ellos surgieron poblados aledaños y ciudades posteriormente como por ejemplo la ciudad española de León, nacida del asentamiento ocasionado por la Legio VII Gemina. Todavía en ellas, en sus murallas y grandes almenas, en su trazado y composición, podemos ver el esquema de cómo era el campamento. Gracias a este gran trabajo realizado por la escritora Begoña Fernández Rojo podremos ver cómo era la vida de aquellos campamentos y la vida militar e intima de los guerreros que vivían en ellos. Un ensayo riguroso, con una buena base documental, que nos hará ver un universo castrense de la antigüedad desde un punto de vida histórico y arqueológico muy certero a la vez que humano.