lunes, 25 de mayo de 2026

EL IMPERIO ROMANO SALE A SUBASTA: ¿QUIÉN DA MÁS?

 

Por las famosas casas de subastas como Sotheby's o Christie's, entre otras, han pasado todo tipo de artículos increíbles desde joyas de incalculable valor, cuadros de grandes pintores, incunables sacados de alguna polvorienta biblioteca, hasta misteriosas antigüedades que tras la preceptiva transacción han llegado a mover cientos de miles de millones para goce del comprador y asombro del público presente. Pero ¿alguna vez se ha subastado todo un imperio a la vez? La respuesta es que tamaña gesta  sí se realizó una vez en la antigüedad, en concreto tras la muerte –mejor asesinato- del emperador Cómodo. A finales del 192 d.C una conspiración palaciega acabó con su vida. Primero lo intentaron envenenar pero como no tuvo la gentileza de morirse en ese mismo momento, su entrenador personal acabó estrangulándolo en la bañera. Tras el regicidio los romanos encontraron con una ciudad y, por extensión, un  imperio caótico,  sin rumbo ni destino, arruinado y con una larvada disputa entre el Senado que quería volver a una antigua Republica, la guardia pretoriana que buscaba un emperador títere, y un ejército situado en las fronteras que soñaba con un emperador/dictador que limpiara la corrupción.

Así pues en el 193 d.C el senado eligió como emperador a Publio Helvio Pertinax quien nada más llegar al poder se encontró entre la espada y la pared: por un lado debía contentar los intereses de los senadores que le habían puesto en el cargo y por otro a los pretorianos a quienes les había prometido un soborno de 12.000 sestercios con el fin de asegurarse su fidelidad. Pero éstos, como solo habían recibido una parte, un buen día cuando iba camino del Palatino fue arrinconado por trescientos pretorianos quienes le dieron muerte, produciendo un vacío de poder que había que solventar de alguna manera. Por ello decidieron hacer una subasta pública del imperio para que quien quisiera pujar por él debía acudir al campamento de los pretorianos que estaba a las afueras de la ciudad. Así pues comenzaron a desfilar por allí un buen número de senadores y gente adinerada interesada en comprar la corona imperial, pero quien al final se llevó el gato al agua fue el potentado Didio Juliano quien ofreció un total de 25.000 sestercios a cada soldado para de esta manera conseguir convertirse en emperador.

Aunque la alegría le duró poco ya que en cuanto la plebe se enteró de lo baja que había caído la gloria de Roma se produjeron tumultos y tanta era la rabia acumulada que estuvieron a punto de lincharlo. Además, ante tamaña vergüenza, se levantaron en armas tres generales que estaban repartidos por todo el Imperio. Uno de ellos fue Lucio Septimio Severo quien tras llegar a Roma con sus legiones y tomar el poder pasó a ajusticiar al ganador de la subasta, es decir a Didio Juliano quien viéndose ya con la espada al cuello, exclamó llorando:

Pero, ¿qué he hecho mal? ¿A quién he matado?