lunes, 25 de mayo de 2026

EL IMPERIO ROMANO SALE A SUBASTA: ¿QUIÉN DA MÁS?

 

Por las famosas casas de subastas como Sotheby's o Christie's, entre otras, han pasado todo tipo de artículos increíbles desde joyas de incalculable valor, cuadros de grandes pintores, incunables sacados de alguna polvorienta biblioteca, hasta misteriosas antigüedades que tras la preceptiva transacción han llegado a mover cientos de miles de millones para goce del comprador y asombro del público presente. Pero ¿alguna vez se ha subastado todo un imperio a la vez? La respuesta es que tamaña gesta  sí se realizó una vez en la antigüedad, en concreto tras la muerte –mejor asesinato- del emperador Cómodo. A finales del 192 d.C una conspiración palaciega acabó con su vida. Primero lo intentaron envenenar pero como no tuvo la gentileza de morirse en ese mismo momento, su entrenador personal acabó estrangulándolo en la bañera. Tras el regicidio los romanos encontraron con una ciudad y, por extensión, un  imperio caótico,  sin rumbo ni destino, arruinado y con una larvada disputa entre el Senado que quería volver a una antigua Republica, la guardia pretoriana que buscaba un emperador títere, y un ejército situado en las fronteras que soñaba con un emperador/dictador que limpiara la corrupción.

Así pues en el 193 d.C el senado eligió como emperador a Publio Helvio Pertinax quien nada más llegar al poder se encontró entre la espada y la pared: por un lado debía contentar los intereses de los senadores que le habían puesto en el cargo y por otro a los pretorianos a quienes les había prometido un soborno de 12.000 sestercios con el fin de asegurarse su fidelidad. Pero éstos, como solo habían recibido una parte, un buen día cuando iba camino del Palatino fue arrinconado por trescientos pretorianos quienes le dieron muerte, produciendo un vacío de poder que había que solventar de alguna manera. Por ello decidieron hacer una subasta pública del imperio para que quien quisiera pujar por él debía acudir al campamento de los pretorianos que estaba a las afueras de la ciudad. Así pues comenzaron a desfilar por allí un buen número de senadores y gente adinerada interesada en comprar la corona imperial, pero quien al final se llevó el gato al agua fue el potentado Didio Juliano quien ofreció un total de 25.000 sestercios a cada soldado para de esta manera conseguir convertirse en emperador.

viernes, 22 de mayo de 2026

DESMITIFICANDO LA EDAD MEDIA PENINSULAR - Alejandro García Sanjuán

 

No sé si por gracia o por desgracia –creo que más bien que por esto último- la Historia de España se mueve y evoluciona un tanto distinta a como lo hacen otros países del entorno más cercano. Desde la Edad Moderna y sobre todo desde las revoluciones liberales del siglo XIX, que es cuando de verdad tenemos consciencia del país en el que vivimos, dotado de una identidad propia, nuestra historia camina hacia delante pero no como una flecha disparada en una dirección, recta, sino con un culebreo constante y pendular dependiendo todo el rato de la facción política o militar que en ese momento esté gobernando. Vaya por delante que el que un país tenga una historia llena de altibajos, contradicciones, cruces de caminos y sustos constantes, por lo menos para mí, la hace más interesante y rica pero lo que no es concebible es que esas contradicciones, esas encrucijadas, sean manipuladas por unos u otros para sacar réditos nacionalistas, partidistas o religiosos. Así pues es bueno encontrarse de vez en cuando  con algún libro, que como muy bien dice el autor va a contracorriente de lo establecido en, por ejemplo,  la época que nos toca ha tocado vivir. Un libro que está en contra de las múltiples justificaciones fariseas del pasado que buscan identidades nacionales hasta debajo de las piedras haciendo que muchas veces la historia que nos han transmitido de generación en generación provenga de intereses y errores de base que si se estudian con detenimiento enseguida se detecta dónde está la falsedad. Y claro está esto molesta y mucho. Así que perdonen que insista, sean bienvenidas obras como la que aquí les presento: Desmitificando la Edad Media peninsular, de Alejandro García Sanjuán (Los Libros de la Catarata, 2026) que nos va a ayudar muy y mucho a disipar las nieblas y pesados cortinajes que se han planteado acerca de nuestra propia historia.

jueves, 21 de mayo de 2026

EL ORIGEN DEL SIGNO DE INTERROGACIÓN

 

Éste no es un relato acerca del signo de interrogación a través de la Historia, sino el por qué dicho signo tiene esa forma tan peculiar, tan abigarrada. Se da por bueno que este signo (?)  apareció en la Edad Media, en concreto en los scriptoria de los monasterios. Los monjes al ir redactando un documento, para señalar que una frase se debía leer como una pregunta utilizaban una palabra latina: quaestio, que viene a significar “pregunta”. Con el paso de los años, ya fuera por comodidad o por redactar manuscritos con mayor rapidez empezaron a abreviarlo poniendo una o debajo de una q, y posteriormente adelgazando la grafía, tal cual como la conocemos hoy en día: ?

Pero solo hemos hablado de la interrogación de cierre, entonces ¿por qué en España se pone también un signo de apertura,  al revés, al entonar una pregunta? Esto ocurrió en el siglo XVIII cuando la Real Academia Española observó que mucha gente leía mal las oraciones largas ya que hasta que no llegaban al final no se daban cuenta de que debían de haberla leído como una interrogación. Es por eso que en la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia de la Lengua, publicada en 1754, decidieron poner una doble grafía para que se pudiera leer de forma correcta. De esta forma el español es el único idioma que utiliza doble signo de interrogación frente a otros del mundo que lo siguen poniendo solo al final, como por ejemplo el inglés.


miércoles, 20 de mayo de 2026

PEQUEÑA HISTORIA DE LA MITOLOGÍA CLÁSICA - Emilio del Río (ilustrado por Julius)

 

Antes del advenimiento del siglo XXI, el cine de súper héroes ya empezaba a dar sus primeros coletazos, aunque fue entrado el nuevo milenio, con la irrupción mastodóntica de las productoras capitaneadas por Marvel y DC, cuando se produjo el verdadero boom de este tipo de cine. Antes ya habían aparecido súper héroes en el celuloide de manera esporádica –todavía recuerdo el goce al visionar el Superman de 1978 interpretado por Christopher Reeve o sentir la fuerza en una galaxia muy muy lejana en la oscuridad de un cine de pueblo- pero ahora son una de las piezas angulares de la cultura de entretenimiento dando igual el formato en el que se proyecte. Los jóvenes –y lo no tan jóvenes pues yo también lo consumo- consumen con deleite las increíbles aventuras de los Vengadores o La Liga de la Justicia, se emocionan con ver a sus héroes desplegar sus armas y habilidades sobrehumanas en mundos de fantasía y coleccionan todo el merchandising que pueden, aunque solo sea para acumular polvo en una estantería. Aun así, hace muchos muchos años, en este mundo en el que vivimos, los antiguos ya gozaban de estas maravillas y se sobrecogían con las fuerzas de otros súper héroes, en este caso los dioses que vivían en el universo de la mitología. Unos tenían preferencia por uno,  otros en cambio rezaban a los del templo de enfrente, pero todas estas divinidades tenían un punto en común, la de ser increíbles, tanto que las actuales estrellas del cine han copiado sus poderes, sus habilidades y hasta sus nombres. Ese es el poder de la mitología, que es eterna, y por tanto para recordar a los más frikis del momento y más otakus del lugar todas las maravillas que hicieron grande y atemporal esos relatos de la antigüedad, el divulgador y doctor en Filología Clásica Emilio del Río los vuelve a invocar en uno de sus últimos trabajos titulado: Pequeña Historia de la mitología clásica (Espasa, 2023), además de estar ilustrado de manera kawaii –como dicen ahora los más jóvenes- por el dibujante Julius.

lunes, 18 de mayo de 2026

LAS BRUJAS DE MANNINGTREE - A.K. Blakemore

 

A mediados del siglo XVII el ambiente en Inglaterra estaba bastante tenso, con trazas de acabar en una guerra civil. Tras once años de gobierno absolutista ejercido por el rey Carlos I (1600- 1649) este representante de la casa Estuardo se había hecho muy impopular no solo ante el Parlamento, que había clausurado en 1629 sino también entre la sociedad. Había tenido, de la misma manera, tensiones con otros territorios aledaños, como por ejemplo Escocia e Irlanda y hasta había intentado instaurar una especie de parlamento títere a su conveniencia. Después de muchos años de sufrir este gobierno, en 1642 estalló una contienda fratricida, conocida como la Revolución Inglesa, entre las fuerzas realistas y las anti monárquicas comandadas éstas por Oliver Cromwell en las que, llama la atención, tuvo mucha importancia la ideología de un grupo religioso conocido como los Puritanos. Siete años después, en 1649, acabó triunfando dicha facción anti monárquica, la posterior ejecución del propio rey e imponiéndose durante un breve tiempo una especie de república conocida como la Mancomunidad de Inglaterra, y, lo que es más importante (sobre todo para esta reseña), la hegemonía del pensamiento puritano en todos los ambientes del nuevo estado.

viernes, 15 de mayo de 2026

LA HISTORIA DEL VERDADERO POPEYE EL MARINO

 

                                                            (Foto: National Geographic)

La figura de Popeye el marino es inconfundible. Vestido con uniforme  marinero de mediados del siglo XX, antebrazos abultados y tatuados con el símbolo de un ancla, mentón prominente, una pequeña pipa que emerge de su boca y un ojo cerrado, hundido más bien, y que mira con suspicacia todo lo que hay a su alrededor.  Fue creado por el dibujante Elzie Crisler Segar (1894 – 1938) y desde su nacimiento el 17 de enero de 1929 llegó a convertirse en una figura universal de las tiras cómicas y los dibujos animados. Un auténtico icono pop del siglo pasado. Pero ¿sabías que Segar, para crear a Popeye se inspiró en una figura real de su infancia? Pues sí, ya que nuestro marino era idéntico a otra marino de profesión, en concreto a Frank “Rocky” Fiegel (1868 – 1947) un ciudadano polaco que había emigrado con su familia a Estados Unidos y se habían asentado en la ciudad de Chester (Illinois). Si uno coge un mapa observara que esta localidad está situada al lado del rio Mississippi, cercana a la frontera con Misuri, por lo que tiene –o tenía- un gran comercio fluvial. Así pues Frank “Rocky” Fiegel ejerció allí varios trabajos, como marinero, estibador y al final como vigilante de seguridad de una taberna local.

jueves, 14 de mayo de 2026

EL CAPITÁN BLOOD - Rafael Sabatini

 

<<Quo, quo, scelesti, ruitis? >> (Horacio).

A finales del siglo XVII, el trono de Inglaterra estaba ocupado por el rey Jacobo II (1685 -1688), un monarca católico –el último que han tenido- al que gran parte de sus súbditos acusaban de déspota, mal político y sobre todo de ser un papista que estaba a las ordenes de Roma. Es por ello que durante su reinado se produjera el descontento y algún que otro intento de levantamiento contra el orden establecido, como por ejemplo la conocida Rebelión de Monmouth, también llamada de Pichfork (1685) en el que un aventurero llamado James Scott, duque de Monmouth, se atribuía ser hijo ilegitimo de Carlos II y aspiraba a conseguir el trono. El 6 de Julio de ese mismo año se produjo la Batalla de Sedgemoor en el que las fuerzas del aspirante fueron destrozadas, su líder decapitado, y como consecuencia se puso en marcha una fuerte represión contra los que habían sobrevivido al envite. Unos fueron ahorcados ipso facto por haber luchado contra el rey Jacobo y otros acusados de traidores por haber apoyado la revuelta o haber acogido a rebeldes en el hogar. Tantos fueron los racimos de cuerpos que pendían de los arboles que al final se optó por deportar a las colonias caribeñas a los que se pudrían en prisión debido, sobre todo, a la  falta de cuerdas y maderas con las que fabricar más horcas. Y es en este torbellino de guerras y ejecuciones sumarias, traiciones y deshonor, donde nuestro protagonista, Peter Blood, de profesión medicinae baccalaureus (es decir graduado en medicina) hace acto de presencia debido a una carambola fatal del destino.

martes, 12 de mayo de 2026

MODA Y POLÍTICA - Ana Velasco Molpeceres

 

“Ese azul representa millones de dólares, y muchos puestos de trabajo, y resulta cómico que creas que elegiste algo que te exime de la industria de la moda cuando, de hecho, llevas un jersey que fue seleccionado para ti por personas como nosotros, entre un montón de cosas”. Miranda Priestly en El diablo viste de Prada (2006)

Está ahí delante y no lo vemos, o no queremos verlo. Si acaso pensamos que es algo trivial, superficial y si además es caro, lo desterramos en nuestro imaginario como algo exclusivo de clases altas adineradas o snobs pedantes de última ola. El común puede pensar que la moda es algo anodino, algo destinado al campo cerrado de los modistos y modistas de renombre, el pret a porter destinado a las masas o los espectaculares desfiles que se planifican en lugares tan significados como París, Venecia o Madrid entre otros y que no va más allá del paseillo de turno. Y es una pena porque la moda no es solo ese circuito cerrado de impresiones lejanas y desconocidas sino que este arte –la moda lo es-  ha estado presente a lo largo de la Historia de la Humanidad dictando, a menudo, su configuración social, política y económica, ordenando imperios, coronando reyes y haciendo ganar elecciones a presidentes, y que muchas veces ya sea  por ignorancia o por triste desprecio no nos damos cuenta. Para ello, para que vayamos un poquito más allá de los estereotipos que nos han querido inculcar y nos haga profundizar más en este maridaje entre la moda y el poder quisiera sacar a la palestra el último trabajo de la licenciada en periodismo, historiadora del Arte y Geografía y especialista en moda Ana Velasco Molpeceres y, en concreto, su nuevo libro Moda y política, las apariencias del poder, publicado este año por Los Libros de la Catarata.

sábado, 9 de mayo de 2026

OPERACIONES ESPECIALES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL - Manuel J. Prieto


 

Las imágenes que salen en las fotos o en las ingentes cantidades de metros y metros de películas y documentales acerca de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) nos hace ver que ésta ha sido la contienda más icónica del siglo XX, más incluso que el infierno de las trincheras ocurrido unos  años antes. Las más llamativas de todas estas imágenes son sin duda alguna las que nos muestran grandes batallas con cientos de miles de soldados matándose entre sí, o donde aparecen gigantescos desembarcos anfibios lanzados a la desesperada con el único fin de liberar un continente, o las tristes y terribles imágenes de genocidios que a uno le revuelven las tripas. Podríamos decir que éste es el primer plano de una guerra que se llevó por delante a unos 80 millones de personas en todo el globo pero si agudizamos la vista y ponemos la lupa en esas fotografías o fotogramas podremos ver por detrás, quizás un tanto desvaídos, a unos cuantos soldados sucios y cansados, no por haber luchado en ese momento preciso de la victoria o la derrota sino un poco antes, preparándolo todo para que otros pudieran sobrevivir. Se podría decir que actuaron en una guerra paralela, en el anonimato, muchas veces ocultos y auspiciados en la oscuridad, en pequeñas unidades y con el fin último de conseguir el triunfo final. Y aunque el cine, sobre todo clásico, nos haya deleitado con películas acerca de estos comandos, y nos haya mostrado sus acciones como hechos cuasi novelescos hay que añadir que, al contrario, esos golpes fueron planificados al milímetro y aquellas unidades que participaron en ellas fueron auténticos héroes en sus respectivos ejércitos ya pertenecieran a los aliados o al Eje. Así que para conocer mejor aquellas acciones arriesgadas que tuvieron una gran repercusión para la consecución de  la –llamémosla- gran guerra les recomiendo el excelente ensayo de Manuel J. Prieto: Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial (La Esfera de los Libros, 2016) con el que se deleitarán conociendo los arriesgados golpes de mano que hicieron inclinarse la balanza o bien hacía un bando u otro.

lunes, 4 de mayo de 2026

EL REY QUE HABLABA DEMASIADO

 

El monarca Jorge III de la Casa de Hannover (1738 – 1820) ha pasado a la Historia con el apelativo del Rey Loco, y los periodos en los que sufría esos episodios de demencia se han conocido como “las locuras del Rey Jorge”. Las razones de la enfermedad mental de este monarca son variadas pues unos opinan que sufría un trastorno bipolar, que había sido envenenado con arsénico lo que provocaba sus continuos brotes psicóticos, e incluso hay algunos médicos expertos en la materia que creen que tal vez es un claro caso de porfiria. Es decir, que el motivo de sus trastornos no están claros, pero lo que sí ha pasado a la posteridad son una buena ristra de curiosidades entorno a su vida diaria. Por ejemplo era normal que de la noche a la mañana se pusiera a hablar de continuo, emitiendo palabras sin sentido y castigando de esta manera a los cortesanos más cercanos los cuales tenían que sentarse a su lado y simular que estaban muy interesados en lo que decía. Una vez su cháchara duró hasta ¡58 horas seguidas! Después entró en coma (me imagino que de cansancio) De igual manera a veces mantenía conversaciones cordiales con un castaño que había en su jardín pensando que era el rey de Prusia, e incluso hubo un periodo de tiempo –años-  que le dio por terminar sus frases con la coletilla: “pavo real”.

Pero el rey que convirtió a su país en una potencia marítima, derrotó a Napoleón en los campos de batalla europeos, anexionó Canadá e Irlanda a la corona inglesa y perdió sus colonias americanas en la Guerra de Independencia (1776), también mostraba otros rasgos de enfermedad mental además de una locuacidad extrema. Por ejemplo le gustaba hacer desfilar –bajo su atenta mirada-  a patitos por los parques de la mansión real, y si alguno se atrevía a salirse de la fila lo agarraba por el  pescuezo, lo introducía en agua y lo asfixiaba. Y no contento con ello se lo mostraba a los demás patos como ejemplo de lo que les pasaría si se atrevían a desafiar a su autoridad. También le gustaba hacerse pasar por muerto y oficiar su propio luto (en eso se parecía a nuestro rey Felipe V de Anjou) y se mondaba de risa cuando cabalgaba y su caballo se ponía a orinar. El sonido del abundante liquido cayendo en la hierba hacía que se mondara de la risa y se cayera de su caballo el cual, seguramente, le miraría pensando que qué le pasaba a su jinete, e incluso le gustaba correr desnudo o en camisón por el campo con la única misión de cazar lindas mariposas. Murió en 1820, a los 81 años de edad, ciego y sordo, y fue enterrado en la capilla de San Jorge, en Windsor. Como nota fílmica final indicar que en 1994 se hizo una película acerca de este monarca titulada La locura del rey Jorge, dirigida por Nicholas Hytner, que acabó llevándose un Oscar a la mejor dirección artística. Se la recomiendo.


viernes, 1 de mayo de 2026

EL ARMA QUE MÁS ODIABA LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA


 

El uso de la ballesta ya era conocida en la antigüedad. Tiene su origen en los gastrafetes griegos, en los manuballistas y arcuballistas romanas e incluso  ya era conocidas en la antigua China, pero su uso se generalizó a partir del siglo XII convirtiéndose de hecho en una de las armas más decisivas en los campos de batalla europeos. Y aunque no tenía la misma cadencia de disparo que los arcos convencionales sus virotes impactaban con más fuerza en el enemigo, eran certeros y gracias a la inclusión de palancas se podían recargar con menos esfuerzo y ser utilizados por cualquier soldado inexperto y disparadas en cualquier posición, incluso estando tumbados. Aun así también existían mercenarios especializados en su uso como por ejemplo los famosos ballesteros genoveses los cuales eran muy apreciados por su destreza y habilidad en el combate.

En verdad el uso de los ballesteros en batalla era devastador y por eso empezaron a surgir protestas con respecto a su utilización pues ¿qué era eso de que un simple peón, inculto y sin preparación pudiera abatir a distancia a un aguerrido caballero y atravesar su brillante armadura? Es por ello que en el 1139 en el Segundo Concilio de Letrán, el Papa Inocencio II prohibiese el uso de la mortífera ballesta bajo pena de excomunión pues opinaba que era “un arma detestable para Dios e indigna para los cristiano”. Y he aquí el quiz de la cuestión, en la utilización de esa última palabra (cristiano) ya que esa pena de excomunión no se aplicaba si esa arma se utilizaba contra los infieles. Entonces, pelillos a la mar

Por cierto, uno de los complementos esenciales para cualquier ballestero era la utilización de un gran escudo protector llamado pavés. Éste surgió tras la batalla de Crecy  (1346) durante la Guerra de los Cien Años ya que los ballesteros genoveses se dieron cuenta de que se encontraban desprotegidos frente al enemigo. Se trataba de un escudo enorme, cuadrado, rectangular u oblongo, de madera endurecida, que le cubría todo el cuerpo y que muchas veces estaba decorado con símbolos religiosos o heráldicos. En batalla se colocaban en el suelo clavándolos con una pica que tenía en la base y si el terreno no lo permitía también se podía instalar gracias a un travesaño de metal o madera abatible pudiendo de esta manera guarecerse de cualquier ataque y seguir recargando y disparando sin ningún problema. También tenía unas correas que servían para transportarlo de un lugar a otro. Como una mochila. Se usaron bastante en batalla hasta que irrumpieron las armas de fuego aunque después también sirvieron en combates marítimos durante los siglos XVI y XVII.


 

miércoles, 29 de abril de 2026

BREVE HISTORIA DE LOS JUDÍOS EN ESPAÑA - Paloma Díaz-Mas

 

En los tiempos que vivimos, ya sea debido a los vaivenes políticos que recorren el mundo ya sea por el ansia cultural inherente que tenemos los seres humanos de conocer otras culturas, otras religiones u otras formas de vivir, el conocimiento acerca del pueblo judío pasa por un buen momento. Hay un boom de obras literarias –novelas y ensayos – que nos acercan a la gran odisea de  este pueblo a través de la Historia, y, parafraseando al Génesis: esto es bueno; aunque, viceversa, de la misma manera puede causar cierto respeto al lector novato ante la ingente cantidad de datos existentes. Así pues, para solucionar todo tipo de dudas iniciales y adentrarnos sin miedo en este campo es interesante saber que en el mercado editorial hay un libro que puede ayudarnos a conocer de forma entretenida y didáctica cuáles han sido los momentos estelares de este pueblo con respecto a nuestra historia patria. Es por ello que les invito a bucear en la obra de Paloma Díaz-Mas: Breve Historia de los judíos en España (Catarata, 2023).

Este ensayo viene, como muy bien dice la escritora, a llenar un pequeño vacío existente con el que conocer la historia del pueblo judío en España de manera sintética (Nota: con la palabra España se viene englobar el territorio de la Península Ibérica, no el Estado actual). Es decir que con este trabajo se ofrece un primer escalón, un acercamiento directo ya que esta autora ha reunido en un solo volumen multitud de información que se encuentra dispersa en cientos de libros acerca de la cultura judía en nuestro país. En verdad, un labor excelsa de compilación. En el Paloma Díaz-Mas comienza, obviamente, desde los orígenes de los primeros asentamientos judíos en la Península situándolos en el mismísimo Imperio Romano, aunque en verdad ya se tenía noticia de que podían haberlos habido en tiempos anteriores con las primeras colonizaciones de fenicios, griegos o cartagineses. Nos adentra en la Edad Media en donde podemos hallar al pueblo judío en los reinos árabes, sobre todo en los momentos de esplendor del Califato de Córdoba o en los peores momentos a la llegada de los almorávides y almohades que restringen su religión y por ello son perseguidos por lo que muchos de ellos optan, si siguen en la Península Ibérica por acudir a los reinos cristianos en donde igualmente son aceptados aunque de la misma manera hacia la Baja Edad Media son perseguidos en terribles pogromos (1391) hasta su expulsión definitiva en 1492. Tras esta injusta y terrible decisión, los judíos sefarditas comienzan su diáspora por Occidente –Portugal y Países Bajos- el Sur hacia los reinos del Magreb, en donde no son muy bien tratados y sobre todo hacia Oriente, hacia el Imperio Otomano, en donde nunca olvidaran el sueño de Sefarad y la tierra de sus ancestros.

lunes, 27 de abril de 2026

UN IMPERIO DE RISAS - Fernando Lillo Redonet

 

Más o menos hacia la mitad de la película Amadeus (Milos Forman, 1984), aparece una escena de lo más curiosa a la par que ilustrativa con respecto al asunto que nos traemos entre manos. Mozart es citado ante el emperador austriaco José II para que se defienda de las acusaciones que le acusan de querer llevar a la opera la polémica obra de Pierre-Agustin de Beaumarchais, Las bodas de Fígaro. En un momento de la conversación uno de los asistentes informa al músico que no están allí para evaluar el nivel de sus composiciones musicales sino discutir acerca de los temas apropiados que se han de llevar a la opera. Mozart, fuera de sí le contesta lo siguiente: “Quién de nosotros no prefiere oír antes a su peluquero que a Hércules, que a Horacio o a Morfeo, personajes tan encumbrados que casi cagan mármol”. Pues bien, este ejemplo que parece no tener nada que ver con el tema del que vamos a tratar a continuación, desde mi punto de vista es la mar de pertinente ya que en el deshago verbal de Mozart se encuentra la falsa idea que se tiene de la antigüedad en general y de Roma y su imperio en particular: la de gente seria, aburrida, con cara avinagrada, estoica a más no poder, todo el día desfilando y dando discursos infumables, o bien metidos en bañeras o termas y que al rato se ponen a gritar por las calles diciendo ¡Eureka, Eureka!. Pero en verdad la realidad está bastante más alejada de esas ideas preconcebidas sacadas de sesudos libros de texto y ensayos polvorientos. A los romanos en cambio les encantaba reír, hacer bromas a diestro y siniestro, ser bufones en las fiestas que organizaban y sacarles los colores a los hombres más preclaros del momento. Así pues les invito a algo diferente, adentrarse en una parte de la historia de Roma un poco alejada de la que siempre nos han enseñado, repletas de eternas listas de nombres y conquistas y sumergirse en el último libro de Fernando Lillo Redonet: Un imperio de risas, bromas y chistes en la antigua Roma (Editorial Rhemata, 2026). No se arrepentirán, se lo aseguro.

jueves, 23 de abril de 2026

LA GUERRA QUE CAMBIÓ EL MUNDO - Miguel Ángel Santamarina

 

A 81 años del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) este conflicto sigue teniendo el triste título de ser el más destructivo y sangriento de la Historia de la humanidad. A diferencia de la Gran Guerra (1914-1918), ésta se extendió por todo el mundo, desde Europa hasta el Pacífico provocando que nadie pudiera escapar de esa locura. Murieron alrededor de unos sesenta millones de personas, con su consiguiente herencia de heridos y mutilados que se estimaron en unos 30 millones de seres humanos. La guerra ya no se circunscribía solo a los campos de batalla llenos de cicatrices hechas por las trincheras por las que correteaban los soldados como hormigas, sino que las ciudades también fueron objeto del terror bélico, desapareciendo muchas de ellas entre olas de fuego mortal provocado por los bombardeos. Y a eso se le ha de añadir la crueldad extrema nunca vista hasta entonces en los campos de concentración y exterminio, las torturas llevadas hasta el extremo y el réquiem final perpetrado por las bombas atómicas caídas en Japón. De todo esto nació una era atómica y un mundo dividido en dos bloques antagónicos soterrados por totalitarismos ocultos y despiadados. Tanto fue el impacto de esta contienda que todavía hoy en día, después de tantas décadas, sigue teniendo importancia y más en un mundo en el que empiezan a sentirse de nuevo un continuo deja vu de cómo empezó todo aquello a la vez que vuelven a alzarse las banderías por distintas partes del globo. Así pues, para recordar cómo fue aquella gran guerra civil mundial y los distintos hitos históricos que se produjeron entonces, quisiera recomendarles el libro Miguel Ángel Santamarina, La guerra que cambió el mundo (Ediciones B, 2025)

domingo, 19 de abril de 2026

¿QUÉ TIENEN QUE VER LAS PENSIONES CON LAS CIGÜEÑAS?

 

El que ahora tengamos pensiones para la jubilación se lo debemos a las cigüeñas, esas majestuosas aves, blancas y negras, que normalmente por la festividad de San Blas (3 de Febrero) suelen volver de su viaje migratorio y posarse en los nidos hechos en los tejados –sobre todo en los de las iglesias- en palos de la luz y actualmente en nidos artificiales construidos por el hombre. Pero remontándonos al campo histórico los romanos se dieron cuenta de que las cigüeñas jóvenes cuando ya se valían por sí mismas, en vez de largarse, se quedaban a cuidar a las  otras cigüeñas más mayores o que habían sufrido algún percance y se habían quedado impedidas. Como decía, los romanos al ver esto crearon la llamada Ley de la Cigüeña (lex ciconiaria pues cigüeña en latín es ciconia, -ae) en la que se promulgaba que los hijos debían cuidar de sus mayores y que si no lo hacían tendrían que enfrentarse a la justicia.

Ambientada en esta ley el primer sistema de pensiones  de jubilación se aplicaría en el ámbito militar, en concreto en los tiempos del emperador Augusto (27 a.C – 14 d.C). Se trataba del aerarium militare y le era concedida a los soldado que hubieran completado 25 años de servicio militar ingresándoles el equivalente a 12 años de paga (que muchos cambiaban por lotes de terreno) y que para los pretorianos era de unos 20.000 sestercios –más o menos- y a los soldados de 12.000. No es de extrañar que la palabra jubilación provenga de la palabra latina jubilare que viene a significar “gritar de alegría”, pues ya no tenían que jugarse la vida en cualquier campo de batalla. También hay que señalar que muchas ciudades se planificaron ex profeso como lugar de retiro de veteranos, como por ejemplo la ciudad de Mérida que fue una colonia fundada en el 25 d. C  para los soldados licenciados de las legiones V Alaudae y X Gemina al terminar las guerras cántabras. Una especie de Marina d’or de la época.