sábado, 7 de abril de 2012

EL MISTERIOSO CASO DE LA PESTE NEGRA, de Eduard Mira



Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: "Ven" / Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra. (Apocalipsis 6,7 y 6, 8)

Junto con la guerra, el hambre y la locura, uno de las mayores desgracias que puede recibir la humanidad a modo de duro escarnio del destino es la peste. Una fuerza invisible y sin piedad que arrebata el hálito último de vida a cualquier ser querido sin respetar rango o clase social siempre ha provocado un miedo primario y más aun si no es una enfermedad que se lleve a al otro mundo a una docena de inocentes sino a más de un tercio de la población europea. El hombre ve como la Muerte, la Señora de la Guadaña señorea por los campos y ciudades allá por donde pise. Este sentimiento de condenación y frustración ante el destino dio como consecuencia montones de alegorías y cuadros pictóricos en el que los ejércitos de la Muerte reinan por encima de la humanidad. Todas aquellas sensaciones y calamidades la sufrieron en el siglo XIV en gran parte de Europa debido a la famosa Peste Negra que tuvo su mayor incidencia entre 1347 y 1453 llevándose por delante más de 25 millones de personas en cualquier país fueran estos simples villanos como fuertes y poderosos reyes. La peste no respetó nada. Aunque hoy sabemos que esta pestilencia es producida por la bacteria Yersina Pestis, las gentes de la Baja Edad Media no sabían los motivos de aquella calamidad que les azotaba y que había sido traída desde Messina por marinos genoveses procedentes de Caffa. Es por ello, que ante tal desconocimiento echaran las culpas de sus desgracias a la falta de religiosidad, o a los mayores enemigos en esos momentos del cristianismo: los judíos. Se les acusó de haber intoxicado el aire con su sola presencia y de haber envenenado los pozos para perdición de buenos cristianos. Esta locura sin razón provocó, a pesar de haber voces eminentes en contra de religiosos y sabios de la época, un buen número de pogromos que llevaron a la extinción a buena parte de la comunidad judía.


Pues bien, toda esta sin razón y miedo ante la muerte esta descrita en la última novela de intriga y misterio de Eduard Mira, titulada El misterioso caso de la Peste Negra, con la que inaugura un nuevo ciclo que bajo el sobrenombre “Aventuras y desventuras de Godofredo Chaucer” augura un buen número de novelas detectivescas ambientadas en la Edad Media que hará las delicias de todos los amantes de thrillers y secretos ambientados en aquellos años en donde lo mítico se fundía con la realidad histórica sin ningún problema. Mediante un estilo que rememora la escritura de la época, esta novela nos habla, alternando diferentes tipos de narración con fórmulas epistolares, de como el curioso Godofredo Chaucer, futuro compositor de la obra capital Los cuentos de Canterbury, recibe unas misteriosas y encriptadas cartas por parte de un amigo continental de origen sefardita en la que no solo habla sobre la peste que azota el mundo sino también turbios asuntos que intrincan de manera peligrosa a gran parte de países europeos. A partir de ahí el inteligente Chaucer y su fiel y pícaro sirviente Corbino estarán envueltos en un juego peligroso por descubrir los orígenes de la Peste Negra haciéndoles descubrir también la cruda realidad que hay detrás de grandes potencias como son Inglaterra, la Corona de Aragón junto con Sicilia, Cerdeña y Nápoles, y otros estados mediterráneos, incluidos la abigarrada y fascinante ciudad de Constantinopla o los misteriosos que existe en el rincón más recóndito de Asia.



 El misterioso caso de la peste negra, no es un mera novelita de intriga con soluciones fáciles ni fantasiosas sino que junto con unos ambientes y recreaciones históricas bien logradas, y un lenguaje rico, sensitivo a modo de escritura arcaica, hacen de ella un thriller de primera calidad que junto con las siguientes entregas la convertirán en un epítome de este tipo de literatura detectivesca. En un mundo en el que el espionaje y su correspondiente contraespionaje entre reinos enfrentados están a la orden del día (recordemos que estamos en plena Guerra de los Cien Años),las luchas entre religiosos (Cisma de Occidente) son un verdadero problema mundial, y las revueltas sociales, junto con la terrible peste, parecen condenar a la humanidad al desastre, nuestros dos protagonistas Chaucer y Corbino se desenvuelven en él con exquisita habilidad para resolver los más intrincados misterios y hacer saltar los más arcanos mecanismos de poder de una manera magistral. Eduard Mira vuelve a resucitar un tipo de literatura que en los últimos tiempos se había llenado de arquetipos y clichés, haciendo que las personas que se habían alejado de los thriller históricos por su baja calidad vuelvan a ellos para volver a descubrir una escritura de calidad, trufada de rigurosidad histórica, y un estilo nuevo y fresco que hará que el lector sienta de nuevo aquellas aventuras temporales que tanto le hicieron gozar.

¡Mi hermano, mi hermano! ¿Qué he de decir ahora? ¿Adonde iré? Hay dolor, el temor cunde por todas partes. Quisiera no haber nacido o haber muerto antes de estos tiempos. ¿Cuándo se habían visto tantas casas vacías, tantas ciudades desiertas, campos en los que no caben los cadáveres, y esta soledad horrible y universal que envuelve al mundo entero?
(Petrarca dirigiéndose a su hermano que era el único que había sobrevivido en una orden religiosa de 35 miembros)