lunes, 30 de septiembre de 2019

JUGANDO AL GATO Y AL RATÓN


De una sola vez. A por todas. Esa es la manera en que dos reyes medievales decidieron solventar sus querellas patrimoniales. Fueron Pedro III de Aragón y Carlos de Anjou quienes, hartos de disputarse la corona de Nápoles, se retaron a un duelo para ver quien ganaba y con ello evitaban desangrarse en estériles batallas. Pero para que se realizara dicho lance alguien debía lanzarlo primero y éste fue el rey francés, Carlos de Anjou, quien instó al aragonés a presentarse en Burdeos el 1 de Junio de 1282 acompañados de cien caballeros cada uno añadiendo además que si alguno de los dos no aparecía allí sería tachado de cobarde y obligado a entregar el reino de Nápoles. Esta última clausula fue estéril ya que ese día Pedro III llegó bastante pronto al campo del honor acompañado de sus respectivos caballeros y viendo que no había nadie enfrente mandó al notario que señalara la ausencia de su oponente y lo consignara como una derrota. Hecho esto se fue por donde había venido. Horas más tarde apareció Carlos de Anjou y dándose la misma situación también decidió abandonar el lugar alegando las mismas razones que el monarca aragonés. El duelo quedaba en tablas.