En el actual mercado laboral es común encontrar a personas que se ofrecen como freelance, es decir que trabajan por su cuenta pero ofreciendo sus servicios a otras empresas durante cierto periodo de tiempo estableciendo una especie de contrato temporal que al acabar su labor se disuelve. Este tipo de gente, los freelance, se suelen encontrar en ámbitos como el del periodismo o el vasto universo de internet haciendo trabajos de programación o por ejemplo diseño grafico, entre otros. Pero el termino freelance no es un vocablo anglosajón de reciente cuño sino que detrás de él existe una historia bastante antigua pues ya en la novela Ivanhoe (1819), del escritor escocés sir Walter Scott, se nos habla de los freelancers o guerreros medievales que alquilaban sus armas al mejor postor. Hecho normal si descomponemos la palabra en dos: free (libre) lance (lanza). A modo de mercenarios estos freelancers ofrecían sus lanzas –aunque entiendo que también todo tipo de armas- a un señor dándoles igual el bando donde éste luchara con tal de que les pagara bien. Después, cuando se acababa la contienda, si el asunto bélico había sido satisfactorio, terminaban su contrato y procedían a buscarse la vida por otro lado.
