sábado, 9 de mayo de 2026

OPERACIONES ESPECIALES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL - Manuel J. Prieto


 

Las imágenes que salen en las fotos o en las ingentes cantidades de metros y metros de películas y documentales acerca de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) nos hace ver que ésta ha sido la contienda más icónica del siglo XX, más incluso que el infierno de las trincheras ocurrido unos  años antes. Las más llamativas de todas estas imágenes son sin duda alguna las que nos muestran grandes batallas con cientos de miles de soldados matándose entre sí, o donde aparecen gigantescos desembarcos anfibios lanzados a la desesperada con el único fin de liberar un continente, o las tristes y terribles imágenes de genocidios que a uno le revuelven las tripas. Podríamos decir que éste es el primer plano de una guerra que se llevó por delante a unos 80 millones de personas en todo el globo pero si agudizamos la vista y ponemos la lupa en esas fotografías o fotogramas podremos ver por detrás, quizás un tanto desvaídos, a unos cuantos soldados sucios y cansados, no por haber luchado en ese momento preciso de la victoria o la derrota sino un poco antes, preparándolo todo para que otros pudieran sobrevivir. Se podría decir que actuaron en una guerra paralela, en el anonimato, muchas veces ocultos y auspiciados en la oscuridad, en pequeñas unidades y con el fin último de conseguir el triunfo final. Y aunque el cine, sobre todo clásico, nos haya deleitado con películas acerca de estos comandos, y nos haya mostrado sus acciones como hechos cuasi novelescos hay que añadir que, al contrario, esos golpes fueron planificados al milímetro y aquellas unidades que participaron en ellas fueron auténticos héroes en sus respectivos ejércitos ya pertenecieran a los aliados o al Eje. Así que para conocer mejor aquellas acciones arriesgadas que tuvieron una gran repercusión para la consecución de  la –llamémosla- gran guerra les recomiendo el excelente ensayo de Manuel J. Prieto: Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial (La Esfera de los Libros, 2016) con el que se deleitarán conociendo los arriesgados golpes de mano que hicieron inclinarse la balanza o bien hacía un bando u otro.

En esencia dichas operaciones especiales eran un complemento imprescindible para la consecución de las grandes estrategias llevadas a cabo a posteriori, y que tenían como fin, sobre todo desconcertar al enemigo, acabar con un objetivo que estuviera tras las líneas enemigas y fijar o desviar allí soldados y recursos imprescindibles en otros lados del mapa geopolítico. Más o menos como hacían los Boers en Sudáfrica o las guerrillas durante la Guerra de Independencia española. Fueron muchas las acciones de comando que se desarrollaron en aquellos años pero Manuel J. Prieto centra su lupa en torno a veintiséis de ellas hablándonos acerca de cómo se gestaron, es decir exponiendo el contexto en que el alto mando planifico y dio el visto bueno para realizarla; los entresijos del zarpazo al enemigo y que consecuencias tuvo después, pues no todas salieron bien y algunas incluso en desastre por mera planificación o mera casualidad. Acuérdese uno de aquellas palabras del militar alemán Helmuth von Moltke: “Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo”.  Igualmente nos encontramos, por otro lado, con un libro muy viajero ya que durante los años en los que se centra el lector tiene la oportunidad, siempre agarrado a las manos expertas de aquellos comandos, ya fueran de la Special Air Service (SAS), o la División Brandenburgo, los Longe Range Desert Group (LRDG), o hasta los arriesgados paracaidistas capitaneados por el mítico Skorzeny, entre otros, de volar de una punta a la otra del planeta, y sin moverse del sillón acudir a los fríos países nórdicos, al mortal Frente del Este ruso, al tórrido pacifico, pisar la retaguardia de las playas de Normandía, asaltar fortalezas para salvar o eliminar a generales y dirigentes depuestos, sumergirse y sentir claustrofobia en un submarino mientras rechinan los mamparos por culpa de la presión, adentrarse en los ardientes desiertos del norte de África o, entre otras cosas, descender de los cielos, sintiendo el viento en la cara y caer en una fortaleza invencible. Y así una y otra y otra historia que nos hará vibrar de principio a fin, dando igual que sean comandos aliados como alemanes (que también los hubo, y fueron muy mortales, también hay que decirlo).

Antes hablaba del cine clásico y es que éste género nos ha dado horas y horas de entretenimiento en las que sufridos comandos, muchas veces compuestos de forma improvisada, son lanzados a la retaguardia del enemigo para dejar en jaque sus infraestructuras vitales y así conseguir la victoria. A bote pronto, me vienen a la cabeza la imagen de David Niven, Gregory Peck o Anthony Quinn saboteando un temible fuerte alemán en Los cañones de Navarone, a Kirk Douglas intentando acabar con la producción de agua pesada en Los héroes de Telemark –historia que también aparece en nuestro libro- o a un Lee Marvin conduciendo a un suicida grupo de convictos tras las líneas enemigas en Doce del Patíbulo. Hay gran cantidad de este tipo de películas, pero todas ellas coinciden en un punto esencial con Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial: que se ven –en este caso se lee- como una auténtica aventura. Manuel J. Prieto imprime tensión a lo escrito provocando con ello que el lector se implique en su lectura y consiguiendo, por tanto, que no solo aprenda sobre este campo militar sino que también vaya pasando de forma ávida una página tras otra siempre con el suspense sobre si los personajes en cuestión conseguirán la hazaña o no, si vivieran o morirán en el intento. Eso, la verdad lo consiguen pocos escritores. También esto lo logra al centrar sus historia en el soldado en sí, en lo que sufre, en lo que lucha, en el esfuerzo que ha de hacer para conseguir su fin y la sapiencia que ha tener para unificar criterios, liderar y conducir a otros compañeros del comando hacia la victoria. Por tanto equilibra muy bien la exposición justa del contexto histórico de cada misión con unas historias apasionantes, duras a veces, curiosas en otros casos y otras casi rozando lo cómico (como aquel comando alemán que se perdió en las Ardenas), pero todas alcanzando su fin, es decir,  que sea una lectura viva, una verdadera historia de sufridos soldados que supieron sacrificarse en aras de un bien mayor y que, citando a Winston Churchill, (aunque esta frase estaba destinada a la Real Fuerza Aérea Británica (RAF)): "Nunca en el campo de los conflictos humanos tantos debieron tanto a tan pocos"

Manuel J. Prieto, Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial. Madrid, La Esfera de los Libros, 2016, 347 páginas.