martes, 29 de septiembre de 2026

NORTE CONTRA SUR - Jesús Hernández

 

«Es bueno que la guerra sea tan terrible, o nos volveríamos demasiado aficionados a ella»

General Robert E. Lee (Comandante Confederado)

Tras la Guerra de Independencia (1775 – 1783), en la que las Trece Colonias británicas de Norteamérica consiguieron emanciparse del Reino Unido, enseguida, pasada la euforia tras la victoria, comenzaron a percibirse ciertos desajustes entre los estados que habían creado la nueva nación americana. Estas costuras, sobre todo, estaban rompiéndose en una demarcación geográfica concreta: el eje Norte y Sur, dos modos de vida antagónicos que no casaban y que en breve iban a llevar al desastre a un país que como diría Abraham Lincoln era en esencia una casa dividida imposible gobernar. Las causas que condujeron de forma gradual a aquella cruenta y sangrienta guerra civil fueron muy variadas, como por ejemplo el enorme peso demográfico del Norte y su fuerte industrialización frente al modo de vida agrario de las grandes plantaciones sureñas; sus formas distintas de sentir social y político derivado, sobre todo, del espinoso tema de la esclavitud y el reparto de este way of life entre estados esclavistas y no esclavistas. Muchos son los aspectos que fueron carcomiendo el nuevo edificio estatal y la convivencia entre sus ciudadanos, y terribles las consecuencias que desembocaron en una auténtica carnicería entre hermanos. La Guerra de Secesión (1861 – 1865) ha sido uno de los conflictos más icónicos de la Historia Contemporánea, además de ser, junto con la Segunda Guerra Mundial uno de los referentes cinematográficos que más películas ha brindado a nuestra imaginación, así que para conocerlo en profundidad dejen que les recomiende el excelente ensayo del periodista e historiador Jesús Hernández titulado: Norte Contra Sur: Historia de la Guerra de Secesión (2008), que hará las delicias de los que quieran iniciarse (o conocer más en profundidad) uno de los momentos claves de la Historia Universal.

domingo, 27 de septiembre de 2026

LOS PRIMEROS COLONOS EUROPEOS DE AUSTRALIA

 

Australia se llama de esta manera porque en la antigüedad se creía que había un continente en el Sur llamado Terra Australis. Luego los exploradores holandeses pasaron a llamarla Nueva Holanda, pero no fue hasta 1770 que el capitán británico James Cook dictaminó que Australia era una isla enorme. En la actualidad es uno de los países más avanzados del mundo, pero ¿qué me dirían si supieran que esta isla fue fundada por una colonia de presos venidos del Viejo Continente? Pues sí, y para  conocer el por qué hemos de remontarnos a finales del siglo XVIII cuando el Reino Unido tenía un gran problema con la gestión de presos. En aquellos años las cárceles estaban saturadas llegándose incluso a meter en la misma celda a raterillos junto con auténticos psicópatas o niños a los que se les acusaba simplemente de mendigar por las calles. Debido al rigorismo de la ley las cárceles estaban a reventar y ya no se podía enviar su excedente a las colonias americanas porque éstas ya se habían independizado con anterioridad.

¿Qué hacer entonces? Se había probado a crear barracones exteriores o llenar barcos en desudo, e incluso enviar contingentes de presos al África Occidental pero todo eran simples parches que no servían para resolver el problema. La solución la trajo precisamente los recientes viajes de exploración que había realizado hace poco el capitán James Cook. El que había sido el biólogo de la expedición, Joseph Banks,  alegaba que en las costas australianas (futura Nueva Gales del Sur) había un puerto natural llamado Botany Bay (Bahía Botánica) en el que se podía fundar una colonia de nueva planta y de esta manera, a la vez, aligerar las atestadas cárceles inglesas. En 1788 llegó a Botany Bay la primera flota de presos pero enseguida se dieron cuenta que el lugar era bastante insalubre. Arthur Philip, jefe de la expedición decidió entonces navegar más al Norte hasta encontrar un lugar ideal para fijar un asentamiento. Y lo encontró. Se llamó Port Jackson pero pronto fue conocido como Sidney, en honor a Thomas Thownshend, lord Sidney, quien había sido el promotor de este viaje.

Los primeros tiempos fueron bastante desastrosos: enfermedades, hambrunas, luchas entre los presos quienes tenían que construir sus propios barracones, y aunque el gobernador Phillip pedía ayuda a la metrópoli ésta, en verdad, les hacía poco caso ya que optimaban que había motivos más importantes que preocuparse por una colonia-vertedero donde se vaciaba cada cuanto la hez de sus cárceles. Los presos, que seguían llegando a cientos se ocupaban, en condiciones bastante denigrantes, de la construcción de carreteras, puentes o futuros emplazamientos; también de labores domesticas y agrarias como roturar los campos o cuidar del ganado. Incluso muchos de ellos acabaron siendo esclavos de los nuevos colonos libres que iban llegando cuando Nueva Gales del Sur fue prosperando poco a poco.


viernes, 18 de septiembre de 2026

SUB LUCE MALIGNA - Gonzalo Fontana Elboj

 

Los romanos, tras su fachada, que muchas veces la Historia y los propios historiadores nos han ofrecido, de hombres duros, sufridos y pragmáticos, o matronas rectas que no dudaban en sacrificarse en pos de la República o el Imperio, eran también  personas muy miedosas y supersticiosas, temerosas del Más Allá y en continua alerta no fuera a ser que algún envidioso les echara una maldición y los condenara a una suerte terrible. El profesor Gonzalo Fontana Elboj en su obra Sub Luce Maligna (titulo tomado de un verso aparecido en el sexto libro de la Eneida) nos ofrece un nuevo enfoque, más tenebroso, de aquellos asuntos que más atemorizaban a los romanos, es decir cómo imaginaban el árido e insípido Más Allá, cómo apaciguar a los manes y penates hogareños y a la vez como despachar a los díscolos y traviesos lémures que habitaban casas encantadas que podían hasta hacer enloquecer al más bravo de los legionarios. Por esta antología de textos latinos también veremos pasar a hombres lobos, vampiros, estrigones, muertos vivientes, brujas pirujas y todo tipo de envenenadores, asesinos y torturadores o especialistas en formular maldiciones o echa mal de ojo por pura malignidad. Los textos expuestos son muy variados, abundantes y entretenidos, dejándonos una increíble nomina de autores de gran renombre como el chismoso Suetonio o Apuleyo, los serios Tito Livio, Tácito o Séneca, o los irónicos Marcial u Horacio, entre otros que nos muestran cientos y cientos de historias increíbles y una gran copia de inusuales prodigia que aterraban y desvelaban a toda una sociedad romana en continua alerta por si alguna vez venía el hombre del saco y, quizás, se los podía llevar una noche oscura para no volver nunca más. Lo recomiendo.

Gonzalo Fontana Elboj, Sub Luce Maligna. Aragón, Contraseña Editorial, 2021, 368 páginas.