lunes, 20 de junio de 2011

LAS LLAGAS DE SOR PATROCINIO




Hoy les voy a hablar de una de las personas más curiosas de nuestro siglo XIX. Se trata de María Josefa de los Dolores Anastasia, más conocida como Sor Patrocinio y sus famosas llagas. Esta religiosa, tan devota e influyente en la corte de Isabel II, llegándose a decir que incluso amaño el matrimonio entre la reina y Francisco de Asís, siempre estuvo rodeada de polémicas tanto dentro de la familia real como de los círculos políticos de la época. Por ello estuvo enjuiciada por unos y por otros, llegando a vivir continuos destierros y realojamientos en distintas órdenes religiosas. Su fama de milagrera y persona sabia y divina era muy conocida, pero lo que siempre llamó la atención de la gente fue el caso de las llagas. Estas se le manifestaron de joven en el convento de Caballero de Gracia y en total se trataban de cinco marcas, cinco agujeros o llagas, como los que tuvo Jesucristo en su Calvario allá en Jerusalén. Es lo que le dio fama de santa. Pero sus enemigos, y sobre todo los más encarnizados con la política de la reina, llegaron a enjuiciarla en 1837 demostrando que todo era un truco y de esta manera vilipendiarla delante de todo el mundo. He aquí un extracto de lo ocurrido:

… viéndose acorralada por sus acusadores se desmoronó y confesó que un fraile capuchino le dio una cosita para provocar las heridas… “San Pablo en sus cartas exhortaba mucho la penitencia, y enseguida sacó de la capilla una bolsita, en que dijo conservaba una reliquia que aplicada a cualquier parte del cuerpo causaba una llaga, que debía tenerse abierta para seguir padeciendo y teniendo tal mortificación, ofreciendo a Dios los dolores como penitencia de las culpas cometidas y que pudieran cometer, alcanzaría el perdón de ellas”.  Este capuchino “… la hizo un terrible encargo, mandándola aplicase a las palmas de las manos y al dorso de ellas, a las plantas y parte superior de los pies, en el costado izquierdo, y alrededor de la cabeza en forma de corona, encargándola muy estrechamente bajo secreto de obediencia y las más terribles penas en el otro mundo, que no manifestase a nadie de qué le habían provenido, y que si la preguntaban debería decir que sobrenaturalmente se había hallado en ellas”

Sor Patrocinio sigue aduciendo que todo era culpa del monje, y no de ella. Vamos, que le cargó el muerto a otro. Pero eso sí consiguió de esta manera convertirse en uno de los personajes más curiosos del XIX español, ya que lo tuvo todo, ser santa y consejera de una de las reinas más castizas de nuestra Historia.

Fuente: Revista Historia de Iberia Vieja nº73