miércoles, 12 de marzo de 2014

EL ORIGEN DEL CONSOLADOR AUTOMÁTICO



Desde que el mundo es mundo las mujeres han tenido la suerte de tener a su disposición un buen número de consoladores, de todas las formas, colores y material, para hacerlas feliz, pero hasta fines del siglo XIX, desgraciadamente, no dispusieron de ninguno que fuera automático. Esto fue posible gracias a la medicina ya que en tiempos de la Reina Victoria se decía que las mujeres con tendencia a la irritabilidad, al nerviosismo, insomnio…, sufrían de un mal llamado histeria femenina. Muchos expertos (por llamarlos de una manera) opinaban que la única manera de curarlas era realizar un masaje vigorizante en la zona pélvica hasta que llegaran al paroxismo histérico, es decir a un orgasmo en toda regla. Aun así muchos médicos se quejaban de que este masaje pélvico era tedioso, perdiéndose mucho tiempo al atender a estas mujeres, por lo que el médico británico Joseph Mortimer Granville no se le ocurrió otra cosa que aplicar unas baterías eléctricas a un consolador normal y corriente. Sin darse cuenta acababa de inventar el consolador automático. A partir de entonces su clientela femenina aumento de la noche a la mañana como por arte de magia.