domingo, 13 de julio de 2014

UN CABALLO COMO JOEY



La película de Steven Spielberg War Horse (Caballo de Batalla) nos muestra uno de los datos menos conocidos de la Primera Guerra Mundial, la gran masacre de caballos que se produjo en el mundo embarrado de las trincheras durante aquellos cuatro años de locura colectiva. Aunque la cifra de muertes es mayor en el bando alemán, se calcula que perecieron un total de ¡8 millones de caballos! Para ejemplificar esta cifra tan terrible se cree que solamente en el frente occidental los ingleses perdieron 256.000 de sus monturas ya fueran ametralladas o reventando mientras portaban pesados cañones y otros pertrechos. Son muchas las historias que nos hablan de heroicidades de equinos durante la contienda, pero existe una entre ellas que nos recuerda mucho a la que Spielberg nos presentó en pantalla. Ocurrió en 1917 en una localidad de Oriente Próximo llamada Lajj cuando el 13º de Húsares Británicos se lanzó a la carga, a imitación de aquellas del siglo XIX, contra un convoy turco sin darse cuenta que éste estaba fuertemente pertrechado y defendido por su propia infantería que a golpe de metralleta acabó segando la vida a la mitad de los valientes jinetes ingleses. Entre las perdidas se encontraba el capitán Eve, y a pesar de que buscaron a su caballo Caprice, no consiguieron encontrarlo. Tal vez escapó asustado por el ruido de los cañones y las balas al igual que su colega Joey en Caballo de Batalla. Pasó el tiempo y éste acabó apareciendo en un regimiento indio de caballería. En cuanto su viuda se enteró del hecho lo reclamó y le fue llevado a Inglaterra con todos los honores para que tuviera un recuerdo de su amado capitán.