miércoles, 25 de marzo de 2015

EL EMPERADOR DE LOS ESTADOS UNIDOS



Una soleada mañana de 1859 un hombre vestido con un ajado uniforme se presentó en la redacción del periódico San Francisco Bulletín, y ante los ojos atónitos de los allí presentes no dudó en proclamar que era el nuevo emperador de los Estados Unidos. ¡Increíble! Solo queda preguntarnos lo siguiente ¿quién era este ser tan osado? Pues nada menos que Joshua Abraham Norton (1819 – 1880) y parece ser que en sus tiempos mozos había sido un acaudalado negociante que por circunstancias de la vida había perdido todo su patrimonio al igual que su cabeza. Así pues, tras dejarles a todos con la palabra en la boca, salió a la calle a gobernar la ciudad de California. Unos días andaba detrás de los policías vigilando que hicieran bien su trabajo. Otros se paseaba por en medio de la calle y decía a todo aquel con el que se cruzaba que él, además de ser el Emperador Norton I,  también era el verdadero Protector de México pues consideraba que los mexicanos eran incapaces de gobernarse por sí mismos. Es decir, un chalado en toda regla. Llama la atención que sus conciudadanos en vez de molestarse por sus excentricidades, se rieran de él siguiéndole el juego, pues, cuando no se arrodillaban a su paso, le invitaban a comer en restaurantes de alto copete, e incluso le reservaban los mejores asientos en los teatros. Pero cuando se apagó su estrella Joshua fue abandonado por todos y murió solo, en la más pura indigencia. Años después el periodista y escritor Mark Twain se inspiró en la vida de Norton I para al plasmar la figura de un rey en su novela Huckleberry Finn.