miércoles, 29 de abril de 2020

EL DUENDE CRITICÓN



José Patiño (1666 – 1635) fue uno de los grandes ministros de confianza del rey Felipe V. Fue uno de los mejores políticos de su tiempo, intendente general de la Armada, secretario de Marina e Indias, y también de Guerra y de Hacienda. Emprendió numerosas reformas y solucionó muchos de los problemas que tenía el rey dentro de la Corte. Y por eso mismo, por intentar poner orden dentro fue por lo que los cortesanos lo tacharon de usurpador y conspirador. Ocurrió por aquellos años, precisamente en 1735, cuando aparecieron en lugares estratégicos de la Villa de Madrid papeles impresos en los que se criticaba de forma irónica y dura la acción de algunos principales personajes del momento. En una de estas hojas manuscritas se podía leer lo siguiente: “Yo soy en la Corte / un crítico duende. / Tendrán mi visita / segura los jueves / aunque se opusieran / los siete durmientes”.

Y así fue. Todos los jueves aparecían noticias del Duende de Madrid no solo en iglesias, jardines, plazas y zonas concurridas, sino que incluso dejó sus noticias en la propia alcoba de la reina, en el despacho de Patiño e incluso en la mesa del Presidente del Consejo, el cardenal Molina. Y aunque estas proclamas se retiraban de manera inmediata muchos ya creían que era un verdadero duende quien las ponía porque tenía la habilidad de dejar sus hojas manuscritas en lugares en los que casi era imposible de acceder. Tanto era el asombro de villanos y cortesanos que incluso al año siguiente, al morirse José Patiño, se creyó de verdad que era obra del mismísimo Duende de Madrid. Pero todas estas elucubraciones cesaron pronto porque al poco tiempo el famoso duende fue cazado en Talavera. Se trataba de un carmelita descalzo, Fray Manuel de San José, el cual pertenecía a una ilustre familia portuguesa y era, además, un acérrimo simpatizante de la causa austriaca en la Guerra de Sucesión. Por su condición de religioso fue encerrado en el Monasterio de san Hermenegildo pero al poco consiguió escaparse de manera magistral dejando cerrada la puerta de su celda. Huyó a Portugal y a la muerte de Felipe V volvió a España, aunque ya no para criticar.

Como curiosidad señalar que los manuscritos del Duende de Madrid no se perdieron en el tiempo pues se hayan celosamente guardados en la Hemeroteca Municipal de Madrid.