Una de las cosas
que siempre me han llamado la atención de un castillo medieval son las
escaleras, en concreto las escaleras de caracol. Si en breve acuden a uno no se
pierdan este detalle y observen lo empinadas que son. ¿A qué responde que
tengan los escalones tan altos o que el espacio hasta la pared sea tan
estrecho? Pues a que como todo castillo cada elemento de la construcción estaba
destinado para su defensa. Obviamente cuando un guerrero quería tomar un
castillo debía ir desde abajo hacia arriba, mientras que el señor del lugar
siempre estaba en lo alto a la espera el sitiador. Así que cuando el susodicho
guerrero subía por una de esas empinadas escaleras de caracol se encontraba con
un problema muy serio. Éstas, casi siempre, giraban hacia la derecha, y como
normalmente el atacante era diestro (aunque alguno habría zurdo) la disposición
de la escalera le impedía el movimiento natural de la espada. Es decir que se
quedaba sin espacio para manejarla, mientras que los defensores podían lanzar
mandobles de arriba a abajo a placer provocando una gran mortandad entre los
atacantes.
sábado, 21 de abril de 2018
viernes, 20 de abril de 2018
BREVE HISTORIA DE LA VIDA COTIDIANA EN EL ANTIGUO EGIPTO - Clara Ramos Bullón
“El atardecer se
ofrecía espléndido, se sentó sobre unas piedras a contemplarlo. Desde allí,
majestuoso, el Nilo fluía incontenible arrancándole a la tarde su luz más
íntima que, en forma de destellos, se reflejaba en sus aguas en una variedad de
colores sin fin, dando vida a un valle que parecía ser eterno.” Antonio
Cabanas (El ladrón de tumbas)
Sin duda alguna
la imagen que tenemos del antiguo Egipto esta moldeada por cientos de imágenes icónicas,
películas en cinemascope y libros que
nos han enseñado que aquel místico, misterioso y poderoso reino era un lugar
gobernado por faraones con perilla, momias encerradas en altas pirámides (aunque
alguna que otra se escapaba de vez en cuando con la misión de aterrorizar a arqueólogos
victorianos ), rituales mágicos para acceder al Más Allá, o poderosas reinas
como una tal Cleopatra que engaña a incautos romanos con sus artes de
hechicería. Y todo ello adobado de símbolos egipcios. Esta es la imagen clásica
del lector profano, mientras que la de los historiadores de pro nos presenta en
cambio la visión de un Egipto pétreo, de poderosos faraones que a veces parecen
que gobiernan en solitario rodeados de un mar de arena, de espaldas al pueblo.
Y es este último, la sociedad que vive y muere al lado del Nilo la que
verdaderamente hizo a Egipto uno de los reinos más fascinantes que han
existido. Así pues les presento un trabajo bastante interesante de la
historiadora Clara Ramos Bullón que nos adentra en la vida cotidiana del pueblo
egipcio, y en el devenir diario de una sociedad que no solo respiraba muerte
sino que también era alegre en su existencia al lado de su amado rio. Sin más preámbulo: Breve Historia de la Vida cotidiana del
Antiguo Egipto: costumbres, cultura y tradiciones (Nowtilus, 2018)
Actualmente
empieza a proliferar las obras que abandonan, o se despegan, de la visión
tradicional de la Historia que siempre hemos conocido para fijar la lupa en la
sociedad que había debajo de reyes y emperadores, batallas y conquistas. También
esta nueva focalización ha alcanzado a la editorial Nowtilus que poco a poco
está introduciendo esta novísima temática. Ya lo hizo con el libro Breve Historia de la Vida Cotidiana del
Imperio Romano, de Lucía Avial Chicarro (2018). Llama la atención que al
igual que este libro que divide la vida cotidiana a lo largo de los meses de un
año, el libro que tenemos entre manos lo hace de manera parecida pero esta vez dividió
en tres grandes apartados que corresponde igualmente al año egipcio. Como decía
Herodoto “Egipto es un don del Nilo” y en verdad no erraba ni un milímetro porque
para el egipcio medio, para el labrador que luchaba por sacar adelante las
cosechas y sobrevivir a los ataques de los hipopótamos, o para el comerciante
que tenía necesidad de vender los productor que venían directamente de la
huerta, el Nilo y sus crecidas eran la auténtica vida de aquella tierra
bendecida por los dioses. Así pues Clara Ramos Bullón trocea su trabajo en tres
grandes apartados: ajet, o la
inundación que manaba del dios Hapi y que dejaba el tierno limo negro para que
fuera trabajado por los agrimensores; el peret
o la subsiguiente siembra; y finalmente el shemu
o la cosecha. Y a su vez divide cada una de las fechas principales del
calendario egipcio en otros tres capítulos que hacen referencia cada uno a una
festividad religiosa.
Al hablar de
cada una de los grandes apartados, podríamos decir que centra la estación del ajet sobre todo en el ámbito urbano.
Aquí se nos habla de los grandes protagonistas que erigieron los templos y pirámides:
los mineros, canteros, pintores, escultores y albañiles, y los pintores o
escribas que supieron inmortalizar cada trazo de inmortalidad. Nos cuenta el
día a día de su trabajo desde el alba hasta el ocaso, a la vez que se centra en
su salud y en cómo era el ritual mortuorio y su posterior enterramiento no solo
para ricos sino también para pobres. En cambio con la estación central del peret (la siembra) nos alejamos un
momento de ese ambiente de roca tallada para acercarnos en un breve viaje al
campo, a como se cultivaba y como se vivía del Nilo. De la misma manera vemos
como se vestían los egipcios, cual era o eran las modas imperantes a lo largo
de los siglos y como se cuidaban y aderezaban sus vestimentas. Finalmente en la estación terminal, la de shemu, la autora nos trae todo un festín
de comida, pues los egipcios no solo vivían de rezos sino que también les
gustaba una buena comida acompañada de una buena cerveza. ¿Qué comían y cómo lo
cocinaban? Clara Ramos Bullón nos lo especifica de manera tan gráfica que en
algunos momentos se nos hace agua la boca. En este capítulo también se adentra
en cómo era la vida de un egipcio desde que se casaba hasta que se moría, y
como pueblo que deseaba y pensaba en el Más allá continuamente termina
escribiendo sobre los dioses y en cómo estaba configurada toda la eternidad.
Nos encontramos
con un libro bastante didáctico, ameno y muy bien documentado que descorre el
velo de la seriedad palaciega, y nos hace vivir como auténticos egipcios,
sabiendo apreciar sus mil y un detalles de la existencia de una las culturas
más ricas de la Historia.
EL BOMBARDEO MÁS LETAL DE LA HISTORIA
Siempre se
tiende a pensar que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki fueron los más
devastadores de la Historia, pero realmente el ataque no nuclear más letal fue
el ocurrido en Tokio entre el 9 y 10 de Marzo de 1945. Durante esos dos días
más de 300 bombarderos B29 arrojaron unas 1700 bombas incendiarias de napalm
sobre la ciudad. A consecuencia de ello, y debido a que muchas casas eran de
madera, se originó un incendio tan grande que en su epicentro se llegó a alcanzar
una temperatura de 980º, a la vez que se destruían 42 km cuadrados, casi un
cuarto de Tokio. En total esa lluvia de fuego acabó con la vida de 100.000
personas y mutiló a más de un millón. Las incursiones del 9 y 10 de Marzo están
consideradas como los bombardeos no nucleares más mortíferos ya que mató a un
gran número de civiles de forma inmediata, en el acto. ¡Más que los producidos
en Hiroshima y Nagasaki juntos! Tal fue su magnitud que hoy en día se siguen
encontrado en la ciudad nipona alrededor de 70 bombas al año.
lunes, 16 de abril de 2018
EL VIAJE HACIA LA LOCURA
El 19 de
Septiembre de 1506 el rey Felipe el Hermoso, para aliviar los rigores del calor
y del esfuerzo sufrido tras jugar un duro partido de pelota, tomó un jarro de
agua fría y de un trago se bebió casi la mitad. Este hecho puede parecer banal
pero al día siguiente el monarca comenzó a sentirse mal, con fiebres y sudores,
y casi una semana, a resultas de ello, entregaba su alma a Dios. El reino quedó
desolado pero quien más lo sintió fue, sin duda alguna, su esposa Juana que si
ya sufría de continuos problemas psicológicos aquel mazazo acabó con los pocos
restos de cordura que en ella hubiera. Llama la atención que al principio no
lloró y solo se preocupaba de si los nobles flamencos quisieran llevarse los
restos de su marido a Flandes. Pero eso no quería decir que no hubiera perdido
la cabeza por completo, pues al principio quiso que el cuerpo de su amado solo
fuera velado por hombres y que no apareciera por allí ninguna dama de la corte
ni ninguna monja. Los celos eran tan grandes, incluso en la muerte, que decidió
que el difunto fuera enterrado en la Cartuja de Miraflores (Burgos) ya que era
un edificio regentado por los cartujos (es decir todos hombres). Y tanta era su
desconfianza con respecto al mundo que incluso iba de vez en cuando a ver el ataúd
de su amado Felipe para ver si había resucitado y lo abría con una llave que
ella únicamente llevaba alrededor de su cuello.
Fue enterrado en
un principio en dicha Cartuja pero pasado unos días Juana se acordó que Felipe
le había comentado alguna vez que quería ser enterrado en la Catedral de
Granada. Así que tras desenterrar el cadáver organizó uno de los mayores
disparates que se han producido dentro de nuestra Historia: una siniestra
comitiva que iría desde Burgos hasta Granada en una serie de jornadas
nocturnas. La marcha fúnebre se inició el 20 de Diciembre y ella estaba encabezada
por cortesanos seguidos por un nutrido grupo de frailes que debían ir entonando
oficios de difuntos continuamente. Después venía otro grupo de damas feas o con
alguna tara física (no vaya a ser que al cadáver le diera por correrse una juerga)
y finalmente unas andas escoltadas por
soldados bien armados portando antorchas con las que orientarse en las frías
noches castellanas.
Hay que
imaginarse la imagen que daba esta comitiva. Los lugareños veía como unas
antorchas, al igual que la Santa Compaña, se acercaban de noche al pueblo y que
un ataúd lo cruzaba envuelto en un canto para muertos. Tal imagen debía poner
los pelos de punta incluso al más valiente. Es entonces cuando algunos historiadores
creen que la gente comenzó a llamar Loca
a la reina Juana. Y es que incluso cuando paraban en alguna localidad de los
páramos de Burgos, Palencia o Valladolid, los soldados mandaban encerrar a las jóvenes
en las casas para que el rey difunto no se pudiera fijar en ellas. Esas eran
los órdenes de una reina que ya no estaba en sus cabales. Finalmente, tras
varios meses de periplo, el padre de Juana, Fernando el Católico, decidió tomar
cartas en el asunto y, por un lado encerrar a su hija en Tordesillas y por otro
llevar el cadáver del desastrado Felipe hasta Granada, en donde reposa
tranquilamente hoy en día junto a aquella que perdió la cabeza por una
verdadera locura de amor.
viernes, 6 de abril de 2018
BREVE HISTORIA DE LA VIDA COTIDIANA DEL IMPERIO ROMANO
“Cuando a Roma fueres, como romano vivieres” (San Ambrosio
de Milán)
El gran maestro
de la música clásica, Wolgang Amadeus Mozart siempre se quejaba de que estaba
harto de componer piezas musicales de elevado tono porque consideraba que era
como pensar que en la antigüedad solo se defecaba
(palabras textuales) mármol de primera calidad. Esta reflexión viene a decir
que ya sea por los ensayos y trabajos que existen de Roma, Grecia, Egipto o Mesopotamia,
o por las películas y documentales que hay sobre ellos, el público medio tiene
una visión, a veces, equivocada, de la antigüedad. Es decir que le falta una
parte de la Historia, la que complementa aquella de grandes oradores, batallas
legendarias y políticos alzados en sus pedestales. O lo que es lo mismo la otra
historia, la del pueblo y los mecanismos cotidianos que hicieron que esos
imperios funcionasen. Así pues les presento el libro Breve Historia de la Vida Cotidiana del Imperio Romano, escrito por
Lucía Avial Chicarro que nos desvela de manera apasionante muchas de las costumbres
y tradiciones romanas que exitieron in
illo tempore.
Nuestra autora
divide este interesante trabajo a lo largo de los doce meses del año asignándole
a cada uno un tema en especial. El que comience por Enero no es tema baladí
pues antes del 153 a. C los dos primeros meses que conocemos actualmente eran, al
revés, los dos últimos. Antes el año comenzaba cuando los dos cónsules tomaban
posesión en Marzo, pero las urgencias derivadas de la rebelión de Segeda y el
posterior sitio de Numancia propiciaron ese cambio en el calendario. Así pues
la autora toma Enero como excusa para mostrarnos como estaba organizado el
imperio romano, y desde ahí cada mes es asignado a un tema en concreto. Es un
modo novedoso de mostrarnos el día a día de ese mundo, y nos permite
adentrarnos desde ese marco general que establece Enero y reposar
posteriormente nuestra mirada en otros quehaceres como la economía, la
religión, la vida cotidiana de mujeres, niños, esclavos, agricultores, el
ejercito, el ocio… en resumidas cuentas el verdadero pulso de uno de los
mayores imperios de la Historia. Termina el año, como es natural, en Diciembre
y como es termino de año se centra en la muerte, el concepto que tenía de ella,
el tipo de enterramientos, como vivían el luto…
La autora Lucía
Avial Chicarro presenta a nuestros ojos un gran puzle cotidiano que para
sorpresa nuestra consigue engarzar cada pieza de manera magistral y didáctica a
la vez para el goce del lector. Nos muestra su cultura de forma fascinante y
hace que apreciemos más aquella civilización que tanto maravilló a sus congéneres
y a los humanos del futuro. Un libro que nos lleva a cómo vivía una familia
romana, a un legionario romano siempre ojo avizor a que no lo mate ningún bárbaro,
hasta el cuidado de las calles o de los niños en casa, sus juegos y aficiones
más intimas. Breve Historia de la Vida Cotidiana
del Imperio Romano es de esos libros que nos complementan una historia que ya
creíamos sabida. Se lo recomiendo.
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