viernes, 1 de enero de 2016

EL ORIGEN DE LOS PREMIOS ÓSCAR



Un día el jefe de la Metro Louis B. Mayer tuvo la ocurrencia de construirse una mansión cerca del mar y viendo que la mano de obra de allí era algo cara pensó en que ésta fuera erigida  con los obreros que trabajaban en sus películas. Para ello se puso en contacto con uno de los directores artísticos que pululaban por sus estudios, y le mandó que contratara a cualquier obrero, carpintero o electricista que hubiera. Pero cuando días después este director le comento que los obreros no pondrían ningún problema siempre que les pagara un suplemento, montó en cólera y comenzó a presionarles para que lo hicieran por lo mínimo. El tiro le salió por la culata pues los obreros se pusieron en huelga y se negaron a trabajar para él hasta que aceptara sus condiciones.
Escarmentado por lo sucedido Louis B. Mayer decidió reunirse con los magnates, directores y actores de Hollywood, para crear una institución con la que mediar las disputas laborales en el mundo del cine y de esta manera salvar su buen nombre. Estas reuniones se fueron celebrando anualmente hasta el 11 de Enero de 1927 hasta que durante el transcurso de una cena en el hotel Ambassador se fundó la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Y fue en esa reunión cuando el actor Douglas Fairbanks propuso crear una velada en la que se premiara a los mejores profesionales de la industria de ese año. Todos estuvieron de acuerdo e incluso fue otro director artístico Cedric Gibbons quien dibujó la efigie de aquel premio en una servilleta de papel.
Los primeros premios no se dieron hasta el 19 de Mayo de 1929 en el hotel Roosevelt, de los Ángeles, pero hasta dos años después no fueron conocidos como los Óscars. Fue en 1931 cuando una directora ejecutiva llamada Margaret Herrick al ver la efigie del premio exclamó de forma espontanea: “¡Vaya, es igual que mi tío Óscar!” A la gente que había a su alrededor le hizo gracia y desde ese momento fue bautizado con ese nombre.

martes, 29 de diciembre de 2015

EL ÚLTIMO NO-DO



Ya alguna vez les hablé de cómo a comienzos de la posguerra la Vicesecretaría de Educación Popular, creó el 29 de Septiembre de 1942 (BOE 356 de ese mismo año) el famoso NO-DO, acrónimo de Noticiarios y Documentales, que comenzó a proyectarse a principios de Enero del año siguiente de manera obligaría en las salas de cine de toda España. Y para que se vea la importancia que le daba el régimen de entonces a estos documentales gráficos baste decir que entre 1943 y 1975 se llegaron a exhibir  alrededor de 4.016 noticiarios de este tipo con la única intención de ensalzar las virtudes del Caudillo. Pero los años pasan y todo llega a su fin. Con la muerte de Franco, aunque parezca mentira, no se llegó a acabar con el NO-DO pues se siguió emitiendo de manera optativa a partir de 1976 hasta el 19 de Enero de 1981 en que se emitió el último noticiario, en concreto el número 1957. Veamos que se proyectó en aquel NO-DO crepuscular: En primer lugar los asistentes vieron un reportaje en el que se hablaba de las playas y hoteles del Mar Menor; seguido de la trágica noticia del fallecimiento del bailarín Vicente Escudero; y finalmente todo acabó con la transformación de la Residencia de invidentes de Santa Lucia  en el Museo de la Ciencias  de Barcelona, hoy Cosmo Caixa. Y de esta forma, colorín colorado, finalizó uno de los noticiarios más famosos (y tarareados) de la Historia Contemporánea de España.

domingo, 27 de diciembre de 2015

LA GUERRA DE LAS NARANJAS



En 1801 el entonces poderoso Napoleón, señor de casi toda Europa,  solicitó, o más bien ordenó, a la corona española que en virtud de los tratados pactados con Francia, atacara a Portugal pues estos  seguían ofreciendo sus puertos y comerciando con Inglaterra a pesar de sus continuas advertencias. Así pues en mayo de ese año España invadió el reino de Portugal como castigo a su rebeldía. La guerra duró muy poco, unos dieciocho días, y las tropas españolas encontraron poco resistencia ocupando de esta manera distintas ciudades y pueblos casi sin pegar un tiro. El 6 de Junio se firmó el Tratado de Badajoz en el que se devolvían casi todos los lugares ocupados (menos Olivenza y Vila Real) a la vez que se fijaba una nueva frontera entre ambos reinos. Entonces, ¿por qué se la llamó Guerra de las Naranjas? Pues debido a que cuando los soldados españoles entraron en la ciudad de Elvas arrancaron una rama bien cuajada de naranjas y se la entregaron al entonces valido de Carlos IV, Manuel Godoy. Acto seguido éste mando enviarlas a Madrid para que fueran entregadas a la reina María Luisa de Parma como símbolo de que había obtenido la victoria frente a las tropas lusa. Claro está, en cuanto se supo este hecho rápidamente comenzaron aparecer sátiras y chanzas de sus oponentes políticos y del mismo pueblo aludiendo a los supuestos amores existentes entre el valido y la reina frente a las mismas narices de su propio marido el rey.

viernes, 25 de diciembre de 2015

EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL BARRIO DE TETUÁN



Al igual que en Marruecos, en España, en concreto en Madrid, existe un barrio llamado Tetuán. ¿De dónde procede el gentilicio de este lugar? Pues precisamente hemos de retrotraer nuestra memoria hasta la llamada Guerra de África, o Guerra del Rif, que se produjo entre 1859 y 1860 y que tuvo como consecuencia la victoria de las tropas españolas comandadas por Leopoldo O´Donnell o Juan Prim ante las aguerridas tropas del sultán marroquí Muley-el-Abbás. Pues bien cuando las tropas procedentes de África entraron en Madrid lo hicieron por el norte de la ciudad a través de la conocida carretera de Francia (Bravo Murillo). Los soldados, antes de hacer el paseo triunfal, colocaron sus tiendas militares en aquella zona, a la que llamaron Tetuán de las Victorias, y pasado cierto tiempo, al final, empezaron a aparecer ciertas casas y establecimientos permanentes creando de este modo una nueva zona en la ciudad que con el tiempo se convertiría en uno de los barrios más populares de Madrid.

martes, 22 de diciembre de 2015

UNA CLAUSULA MÍTICA



Con el fin de cercar al enemigo más enconado de los Austrias, Francia, Carlos V decidió en 1553 casar a su hijo, el futuro Felipe II, con su tía María I de Inglaterra. Y aunque al joven príncipe no le hizo nunca gracia emparejarse con una mujer que era mayor que él decidió acatar las órdenes de su padre por el bien del Imperio. Las negociaciones no fueron fáciles pues los ingleses temían perder su autonomía al ver que su reina se casaba con un príncipe español. Es por ello que Felipe tuvo que jurar que solamente sería rey regente, que respetaría los derechos y privilegios de sus súbditos y que solamente su heredero sería rey de Inglaterra. Y no solo juró estas clausulas sino que a su nombramiento añadió una más: que renunciaría al trono británico si pasado cierto tiempo se presentara ante él el mítico rey Arturo y reclamara la corona de Inglaterra. Entonces, y solamente entonces, el joven Felipe se marcharía a España sin poner ningún problema.