sábado, 6 de septiembre de 2014

EL PRIMER SER VIVO QUE VIAJÓ AL ESPACIO



Su verdadero nombre era Kudriavka (rizado, en ruso) y los científicos soviéticos que la encontraron merodeando entre la basura de uno de los callejones de Moscú le pusieron el nombre de Laika. La eligieron precisamente a ella porque pensaban que un perro acostumbrado a la mala vida y a condiciones extremas de frío, calor y hambre, se adaptaría mejor a cualquier situación que se presentara en el desconocido espacio exterior. La perrita fue sometida a un duro entrenamiento y para que se aclimatara mejor al reducido espacio de la cápsula del Sputnik 2 la fueron metiendo en diferentes cajas y jaulas cada vez más pequeñas cada vez que se iba a acostar. Además, le retiraron cualquier tipo de comida terrestre y solamente le daban gelatina nutritiva.

Los científicos diseñaron la nave con varias estancias. En algunas pusieron transmisores de radio, aparatos médicos y de medición. Y a su lado pusieron la cabina presurizada donde iría Laika. Se trataba de un habitáculo presurizado, de 100 centímetros de largo por 8 de ancho, y en ella la perrita podría ir sentada, de pie, con toda libertad, aunque encadenada para que cuando faltara la gravedad no se golpeara contra las paredes. En todo momento sería grabada por una cámara de video, y controlada desde la Tierra gracias a un traje especial dotado con unos sensores que podían medir el ritmo cardiaco y respiratorio a la vez que analizar cualquier anomalía en su presión sanguínea.

3 de Noviembre de 1957. A las 19:12 horas Laika era lanzada al espacio, convirtiéndose desde ese momento en el primer ser vivo en viajar al espacio. Los medios de comunicación rusos dijeron desde el principio que Laika estaba en perfectas condiciones durante todo el trayecto, que iba perfectamente dentro de la cápsula y que pasado un tiempo aterrizaría suavemente en la Tierra gracias a un sofisticado paracaídas que llevaba el Sputnik. Pero la realidad era bien distinta pues muchos años después, en el Congreso Espacial Mundial de 2002 el científico ruso Dimitri Malashenkov desveló que la pobre Laika tuvo una muerte terrible ya que debido a un fallo de un ensamblaje de la nave se generó una enorme humedad dentro de la cápsula alcanzándose la friolera de más de cuarenta grados de cinco a siete horas seguidas, lo que provocó que la perrita se cociera literalmente.

A pesar de ello los rusos consideran a Laika un héroe nacional, apareciendo su efigie no solo en monedas y sellos sino también en distintos monumentos repartidos por la Madre Patria y que conmemoran las hazañas de sus astronautas durante la carrera espacial que enfrentó a su país contra Estados Unidos. En uno de ellos se la ve merodeando entre las piernas de aquellos esforzados titanes, e incluso no hace mucho se erigió uno en honor suyo en unas instalaciones militares de Moscú.