martes, 5 de enero de 2016

LAS BRAGAS DE MIGUEL ÁNGEL



Mientras que en otras épocas de la Historia del Arte se preciaba el culto al cuerpo, hubo un tiempo en que la Iglesia dictaminó que éste era aberrante. A partir del Concilio de Trento (1545 – 1563) los desnudos en el arte se convirtieron en toda una obsesión, y la Iglesia dictó que no debían ser representados en los ambientes sacros. Lo contrario se consideraba una blasfemia y podía llevar al pintor o al escultor a pasar una temporadita en las cárceles de la Santa Inquisición. Es por ello que la Iglesia ordenó que se cubrieran los genitales de las estatuas con hojas de parra, o, si esto no fuera posible, se mutilaran estas partes castrándolas a martillazos. Pero estas órdenes no solo se aplicaron a las estatuas, pues hubo un sin número de cuadros y frescos a los que se les taparan sus partes pudendas supuestamente para que no ofendieran a los feligreses. Un ejemplo de esta insensatez se produjo en el mismo corazón del Vaticano. Un día el Papa Pio V (1504 – 1572) mandó cubrir los genitales del Juicio Final de Miguel Ángel poniéndoles taparrabos en sus partes. Así pues llamó a un pintor cercano al círculo del genio florentino, llamado Daniele da Volterra el cual no dudo en ponerles algo de ropa a las excelsas figuras pintadas en la Capilla Sixtina. Como recompensa por haber perpetrado tal barbaridad el pueblo le honró otorgándole un apodo por el que sería recordado por toda la Historia: Il Braghettone, o lo que es lo mismo “el que pone bragas o pantalones”.
  
Como curiosidad fue este mismo  Pio V el que también prohibió las corridas de toros en 1567 bajo pena de excomunión para quien las realizara, ya que pensaba que este espectáculo era cruel. Años más tarde, Gregorio XIII, en 1575, levantó esta prohibición en España, aunque con una única excepción: que no debían celebrarse en días festivos y que los clérigos no podían asistir a las corridas.