sábado, 13 de agosto de 2016

UNA SOCIEDAD POCO SECRETA



Uno de los valores más importantes de una sociedad secreta es precisamente eso, que sea secreta. Si no, evidentemente, pierde toda razón de ser. Pues eso es lo que le pasó a una de ellas llamada Los Amigos de la Constitución, o más familiarmente El Anillo, pues todos sus miembros llevaban como distintivo en el dedo un anillo con forma de serpiente. Se fundó en 1821, en pleno Trienio Liberal, y no solo eran reconocidos por el anillo que portaban, sino que incluso la mayoría de sus socios eran figuras distinguidas de la política española de ese momento, como por ejemplo Francisco Martínez de la Rosa. ¡Si hasta publicaron sus estatutos fundacionales  en El tribuno del pueblo español para que los viera todo el mundo! Ahí es nada. Estos anilleros tenían como única finalidad defender a ultranza la Constitución de Cádiz de 1812, y muy pronto se expandieron por tierras de Levante y Andalucía. Pero como toda sociedad que actúa en las sombras, enseguida les salió un duro rival Los Caballeros Comuneros con los cuales llegaron a enfrentarse varias veces, y muchas de ellas no precisamente con palabras. Éstos, los comuneros, acusaban a los de la sociedad del anillo de copar los altos cargos del Gobierno (en verdad cinco de los siete ministros de aquel momento lo eran) y de querer manejar la política española a su antojo. Muy pronto Los Amigos de la Constitución, cayeron en desgracia pues tras producirse el levantamiento del 7 de Julio de 1822 fueron acusados de complotar contra el orden establecido y fueron considerados desde entonces como cobardes y traidores. Su fin llegó con la restauración de Fernando VII en 1823  y la instauración del absolutismo en España.