miércoles, 7 de mayo de 2014

ALFONSO XIII VISITA LAS HURDES



Ya antes de lo hechos que voy a proceder a contarles, a principios del siglo XX existieron personas como el obispo de Plasencia, Francisco Jarrín, el deán de la Catedral, José Polo Benito, o el hispanista Maurice Legendre en 1910, que habían denunciado las condiciones deplorables en que vivían las gentes de la zona de Hurdes, al norte de Extremadura, rodeados de enfermedades, miseria y analfabetismo. Esta situación era tan alarmante que el hispanista hizo campaña entre los intelectuales de su tiempo para que constataran en primera persona aquella terrible situación en la que malvivían los jurdanos. En 1913 el mismo Legendre junto con Miguel de Unamuno visitaron la comarca, y como resultado de ese viaje en 1922 Gregorio Marañón junto con los médicos Bardaji y Goyanes encabezaron una Comisión Sanitaria para ver en que podían paliar esta situación.

Pero el informe que presentaron ante Alfonso XIII fue tan demoledor, que éste decidió ir en persona a las Hurdes para ver con sus propios ojos en que estado de miseria se encontraba aquellas gentes. Este periplo comenzó el 22 de Junio de 1922 cuando el rey, acompañado de Gregorio Marañón, algún que otro ministro y ayudas de cámara salieron de Madrid. La primera parada la hicieron en Villar de Plasencia cuando tuvieron que abandonar los automóviles en donde iban y tomar unos caballos pues el camino por donde debían transitar no era propio de vehículos a motor sino de cabras. La comitiva, rodeada de una gran expectación paso por los pueblos de La Zarza, El Casar o Granadilla. Allí descansaron por la tarde y el alcalde aprovechó la ocasión para presentar al monarca al hijo del poeta Gabriel y Galán el cual había podido estudiar Derecho en el Escorial gracias a una beca real. Después de una colación siguieron camino y cuando se hacía de noche llegaron a Casar de Palomero en donde Alfonso XIII durmió en la casa de Acacio Terrón (actualmente esta casa tiene una placa que anuncia este hecho).

El día 23 la comitiva real siguió recorriendo la zona visitando las pedanías, villorrios y pueblos donde el rey pudo observar la gran ruina en que se encontraban las Hurdes. En Casares de las Hurdes pasaron la última noche y el 24 tras atravesar Valle de las Baruecas y enfilar hacia Salamanca por la Sierra de Francia emprendió regreso a Madrid. Pero aunque Alfonso XIII se conmovió hasta lo más profundo por las situaciones que había vivido, todas las promesas hechas no fructificaron pues en nada cambió el modo de vivir de los jurdanos. La única consecuencia positiva fue la publicidad que se dio al viaje del monarca en todos los periódicos españoles dando a conocer la gran pobreza de las Hurdes. En 1932 el cineasta Luis Buñuel filmó el documental Tierra sin Pan que denuncia el abandonó de la zona, e incluso todavía en 1944 el hispanista Legendre siguió denunciando esta situación. Actualmente Las Hurdes es una zona que ha cambiado muchísimo, destacando la belleza de sus paisajes y la historia de unas gentes que tanto sufrieron en aquellos años de miseria y enfermedades.

martes, 6 de mayo de 2014

EL BANDO DE LA INDEPENDENCIA



El primer hombre que llamó a la insurrección nacional contra los franceses el 2 de Mayo de 1808 fue el Alcalde de la muy Noble Villa de Móstoles, Andrés Diego Torrejón García. Éste, junto con su otro compañero en el cargo, Simón Hernández, al ver las terribles consecuencias que había tenido el levantamiento popular en Madrid, mandó redactar una proclama a Juan Pérez Villamil en la que comunicaba a todo el mundo la masacre que las tropas de Napoleón habían hecho en la capital de España, pidiendo además que se auxiliara a los supervivientes madrileños e incitando a que todos cogieran las armas para acabar con la ocupación francesa y así vengar no solo los crímenes producidos sino también la traición que habían sufrido los españoles por parte de sus “aliados” de más allá de los Pirineos. A este comunicado se le conoce con el nombre del Bando de la Independencia, y dice lo siguiente:

Señores de la justicia de los pueblos a quienes se presentare este oficio, de mí el alcalde ordinario de la villa de Móstoles.
   
Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid, y dentro de la Corte, han tomado la defensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre. Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria, armándonos contra unos pérfidos que, so color de amistad y alianza, nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del rey. Procedan vuestras mercedes, pues, a tomar las más activas providencias para escarmentar tal perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos, y alistándonos, pues no hay fuerza que prevalezca contra quien es leal y valiente, como los españoles lo son.
   
Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.
Móstoles, dos de Mayo de mil ochocientos ocho.

    Andrés Torrejón
    Simón Hernández

También existe una versión abreviada, casi telegráfica de este bando, muy conocida en la Historia de España:

¡La patria está en peligro. Madrid perece victima de la perfidia francesa. Españoles acudid a salvarla! Mayo, 2 de 1808. El Alcalde de Móstoles.

Rápidamente ambos alcaldes fueron detenidos y llevados ante Joaquín Murat para que fueran juzgados por el delito de sedición. Pero aunque fueron condenados a la pena capital, es decir, a ser fusilados en un frío paredón al amanecer, pudieron librarse pagando una multa de 30.000 reales y afirmando que a ellos se la hizo firmar un hombre no conocido, que se apareció con tropa en Móstoles la tarde del 2 de mayo. Años después, en 1812, Andrés Torrejón murió junto con otras 190 en su localidad en la gran hambruna que se produjo en Madrid y pueblos de alrededor.

lunes, 5 de mayo de 2014

JUSTICIA ENTRE PIRATAS



Uno de los mayores miedos que tenían los pasajeros de los barcos que iban y venían por el mar Caribe era la aparición en el horizonte de otro barco con bandera pirata, y no solo porque podían acabar con sus vidas sino también porque podían igualmente morir pero después de pasar una serie de torturas. Y en eso lo piratas, corsarios o bucaneros eran de lo más imaginativos. Pero no hay que olvidar que también dentro de aquellos barcos existía un duro código para quien contraviniera la ley de a bordo o mostrara alguna deslealtad al capitán de turno. Por ejemplo existía una pena llamada maroon (nombre derivado de la palabra “cimarrón” o carne que los bucaneros cocinaban y tostaban en los alrededores de Tortuga) que consistía en abandonar en una isla diminuta a un hombre solamente con una pistola y un poco de pólvora (imagínense para qué) junto con una cantimplora. Otro castigo era el keelhauling, más conocido universalmente como “pasar por la quilla”. Con una maroma se hacía mover al criminal de popa a proa, o viceversa, por debajo del barco haciendo que este rozara la espalda por aquel armazón. O bien moría de asfixia, ya que los que tiraban la soga lo hacían despacito tomándose su tiempo, o descuartizado por el gran número de astillas y conchas que había pegadas ahí abajo.

Aun así, estas leyes igualmente servían para los capitanes, evitándose de esta manera que existieran arbitrariedades. Una de estos castigos tenía el curioso nombre de “sangrar y sudar” y consistía en que la tripulación al completo pinchara el trasero del capitán con una aguja de coser velas, y cuando hubieran terminado el ritual se le metiera en un barril lleno de cucarachas, sanguijuelas y otros bichos para que lo desangraran a base de bien.

domingo, 4 de mayo de 2014

EL PONY EXPRESS



Aunque el salvaje Oeste contó con varios medios de comunicación como el telégrafo, el tren o el barco a vapor, el más famoso de todos ellos, y que más ha calado en la imaginación popular fue el mítico Pony Express. Este servició postal a caballo nació de la necesidad de que los mensajes entre el Este y el Oeste de los recientes Estados Unidos fueran más rápidos, debido a que, por ejemplo, un mensaje en 1845 podía tardar en llegar a California unos seis meses, e incluso todavía en 1860 la empresa de diligencias Butterfield Overland Mail lo lograba en unos 25 días.

Así pues desde Washington creyeron necesario crear un servicio de correo a caballo entre Missouri y California que fuera lo más rápido posible. A los tres socios fundadores del Pony Express Russell, Majors & Wadell (que también eran dueños de las tres principales empresas de diligencias), el estado federal les indicó que los enlaces postales debían hacerlo por el centro del país para ahorrar tiempo, y que el correo no debía tardar en llegar más de diez días teniendo una salida a la semana como mínimo. Les daban a estas tres empresas 75 días para crear todo el servicio, lo cual fue les obligó hacer un esfuerzo titánico de implementación del servicio en poco tiempo. Debían cubrir alrededor de 3165 kilómetros de recorrido, y que el cambio de caballo ser hiciera entre 15 y 24 kilómetros. Para ello serían necesarios 190 relevos, o lo que es lo mismo 190 instalaciones con un buen número de caballos frescos en sus cuadras a la espera de que llegara el enlace. Se pusieron anuncios en todos los estados pidiendo jinetes pero aunque había muchos no todos valían. Los riders del Pony Express según reza el anuncio debían tener los siguientes requisitos: “se necesitan jinetes jóvenes, delgados (no más de 56 kilos), resistentes, a ser posible no mayores de 18 años, dispuestos a asumir riesgos mortales a diario (…) preferiblemente huérfanos…” y todo ello por 25 dólares a la semana. En un abrir y cerrar de ojos la naciente empresa consiguió reunir a los 500 jinetes que les hacía falta pues la paga era muy buena. Hay que precisar que el requisito de pedir “jinetes delgados” se debía que el raudo caballo debía llevar no solo al jinete sino también las sacas de correo en su grupa y cualquier peso innecesario podía hacer retrasar la entrega. Además la empresa permitía que, debido al temor de que aparecieran indios salvajes o salteadores, estos riders pudieran llevar dos revólveres o una carabina marca Colt para defenderse, aunque tiempo después se les redujo el armamento a un solo revolver para que llevaran menos peso.

El Pony Express tenía su sede central en Patee House, en la ciudad de Saint Joseph (Missouri), ya que allí fue donde comenzó a operar el 3 de Abril de 1860. Su primer servicio consistió en una saca con 49 cartas. A lo largo de su efímera existencia (solo duró unos 18 meses) el Pony Express vivió muchas aventuras, y surtió al imaginario publico con un montón de historias inolvidables, aunque también estuvo plagado de un buen número de  jinetes muertos. Esta mítica empresa de mensajería echó el cierre el 24 de Octubre de 1861, haciendo su último viaje el 21 de Noviembre de aquel mismo año. La mala gestión de los directivos del Pony Express y la aparición del telégrafo acabaron por enterrar un servicio que aunque duró pocos años acabó de entrar de lleno en la mitología inmortal del Oeste.

Fuente: Breve Historia de la Conquista del Oeste, de Gregorio Doval

sábado, 3 de mayo de 2014

LOS PUEBLOS INMUNDOS



En la mayoría de mapas de la Edad Media y el Renacimiento, aparecen dibujados en el ángulo superior del Oriente unos hombres de apariencia salvaje que están encerrados tras unas altas montañas por las que no pueden salir. Se trata de los famosos 22 Pueblos Inmundos de la Tierra. El por qué de estos pueblos se debe a una antigua leyenda atribuida al gran conquistador macedónico Alejandro Magno. Según se cuenta cuando sus tropas estaban avanzando por Asía se encontraron con una serie de tribus de los más abominables los cuales tenían unas costumbres horribles y execrables. Alejandro, viendo el peligro que existía si las ignoraba y pasaba de largo decidió combatirlas y tras una serie de arduas batallas terminó arrinconándolas en los confines de Asia detras una cadena de montañas. Y para asegurar que no se escaparan por el único paso que existía construyó una especie de puerta mágica conocida como La Puerta de Alejandro Magno.

Pero la leyenda dice que al final de los tiempos, en el Apocalipsis, aquellas tribus malditas se escaparan y por la voluntad del Señor se abrirá aquella puerta dejando que se unan a las huestes del Anticristo para acabar con toda la raza humana. Esta narración que apareció en la Antigüedad Tardía pasó con el discurrir de los siglos a convertirse en uno más de los temores medievales y de nuevo la leyenda de los pueblos inmundos surgió con fuerza en la Baja Edad Media, aunque con la variante del antisemitismo, pues aquellas tribus fueron sustituidas por las Diez Tribus de Israel. Es por ello que en la cartografía medieval y renacentista la Puerta de Alejandro pasara a llamarse Iudei Clausi (Los judíos encerrados). Incluso aparecen en mapas del siglo XV y XVI o en prestigiosos mapamundis hechos por Waldseemüller, aquel que puso el nombre a América, o por el gran cartógrafo que acompañó a Cristóbal Colón en su viaje de descubrimiento, Juan de la Cosa.

viernes, 2 de mayo de 2014

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL CONTADA PARA ESCÉPTICOS - Juan Eslava Galán



«No había señales de vida de ningún tipo. Ni un árbol, con excepción de unos pocos tocones muertos, que resultaban extraños a la luz de la luna. Ni un pájaro, ni siquiera una rata o una brizna de hierba. La naturaleza estaba tan muerta como los canadienses cuyos cuerpos permanecían donde habían caído el otoño anterior. La muerte se había escrito a lo grande por todas partes». Soldado R. A. Colwell.

Hace cien años comenzó en un caluroso verano de 1914 una de las mayores locuras de la Historia, la guerra que iba a acabar con todas las guerras, es decir la Primera Guerra Mundial. Comenzó siendo un tira y afloja entre los Imperios Centrales, Alemania y Austria Hungría y los países democráticos de Francia e Inglaterra y la menos democrática Rusia. Poco a poco ese conflicto que tenía visos de durar unos meses, (“¡En Berlín/París por Navidad!”) se fue enquistando en un mar de trincheras embadurnadas de barro, y oleadas de muertes en ambos bandos. Ninguno sabía como salir de ese atolladero y fue entonces cuando aparecieron los nuevos inventos de destrucción como el tanque, los raudos aviones de combate, las espectaculares bombas de destrucción masiva, los panzudos zeppelines o el temible gas que achicharraba la piel y los pulmones… Toda una nueva gama de armas al servició de la Muerte.

Todo comenzó con un disparo en Sarajevo y desde entonces, incluso nada más terminar el conflicto, han salido al mercado cientos de libros que han narrado el devenir de aquellos cuatro años de locura colectiva. Y precisamente este no iba a ser menos, por lo especial que representa: el Centenario de la Primera Guerra Mundial. Lo interesante de un ensayo histórico no es solamente lo veraz y especializado que sea sino el cómo éste está escrito. Y la forma en que Juan Eslava Galán ha descrito este conflicto en La Primera Guerra Mundial contada para escépticos, es soberbia. Cumple perfectamente el requisito que se le pide a un gran historiador, es decir ser preciso, sino que también sabe adobarlo con un sentido común difícil de encontrar en otros libros de la misma temática.



Huyendo de banderías inútiles Eslava Galán trufa todo el devenir de la guerra con uno de los factores más olvidados en otros ensayos históricos: el factor humano. Nos habla de cómo vivían los soldados, aquella carne de cañón en manos de generales vanidosos e ineptos, y de cómo vivían (mejor decir sobrevivían) en aquel mar de fuego y acero. Además de conocer las grandes batallas, nombres míticos y hazañas impresionantes el lector aprenderá un buen numero de hechos insólitos y curiosidades que no se borraran de su mente en ningún momento. Se lo aseguro.

La Primera Guerra Mundial contada para escépticos de Juan Eslava Galán, un libro sobre uno de los grandes desastres de la Historia explicado de manera diferente y precisa que le hará vivir con intensidad el conflicto con el que se abrió el Siglo de Hierro.

jueves, 1 de mayo de 2014

UNA MUJER DE ARMAS TOMAR



En el año 1109 los soldados cristianos de Ávila salieron en dirección al puerto de Menga para hacer una incursión contra los moros de la zona. Cuando los musulmanes se enteraron de que la ciudad estaba desprotegida no dudaron en atacarla, pero no contaba con que dentro de sus murallas se iban a encontrar con una auténtica amazona que podría frustrar sus planes. Días antes de que los hombres abandonaran Ávila sus ciudadanos habían elegido como gobernadora a Jimena Blázquez, que era la mujer del alcalde. En vísperas del ataque, viendo desde lejos que el ejército moro estaba a punto de tomar la ciudad no dudó en pedir a todas las mujeres que se vistieran con ropas de guerrero, subieran con teas ardiendo a las murallas y desde ellas tocaran fuertemente los cuernos de guerra para demostrar que la ciudad estaba erizada de caballeros valientes. Se dice incluso que la propia Jimena dirigía el ataque desde la Puerta de San Vicente. Los moros, al ver que un esplendido ejército guardaba las murallas no se atrevieron a atacar quedando todo el mundo a salvo. Desde entonces las mujeres tienen derecho a participar en las reuniones del Ayuntamiento de Ávila.