En 1801 el
entonces poderoso Napoleón, señor de casi toda Europa, solicitó, o más bien ordenó, a la corona
española que en virtud de los tratados pactados con Francia, atacara a Portugal
pues estos seguían ofreciendo sus puertos
y comerciando con Inglaterra a pesar de sus continuas advertencias. Así pues en
mayo de ese año España invadió el reino de Portugal como castigo a su rebeldía.
La guerra duró muy poco, unos dieciocho días, y las tropas españolas
encontraron poco resistencia ocupando de esta manera distintas ciudades y
pueblos casi sin pegar un tiro. El 6 de Junio se firmó el Tratado de Badajoz en
el que se devolvían casi todos los lugares ocupados (menos Olivenza y Vila
Real) a la vez que se fijaba una nueva frontera entre ambos reinos. Entonces,
¿por qué se la llamó Guerra de las Naranjas? Pues debido a que cuando los
soldados españoles entraron en la ciudad de Elvas arrancaron una rama bien
cuajada de naranjas y se la entregaron al entonces valido de Carlos IV, Manuel
Godoy. Acto seguido éste mando enviarlas a Madrid para que fueran entregadas a
la reina María Luisa de Parma como símbolo de que había obtenido la victoria
frente a las tropas lusa. Claro está, en cuanto se supo este hecho rápidamente comenzaron
aparecer sátiras y chanzas de sus oponentes políticos y del mismo pueblo
aludiendo a los supuestos amores existentes entre el valido y la reina frente a
las mismas narices de su propio marido el rey.
domingo, 27 de diciembre de 2015
viernes, 25 de diciembre de 2015
EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL BARRIO DE TETUÁN
Al igual que en Marruecos,
en España, en concreto en Madrid, existe un barrio llamado Tetuán. ¿De dónde
procede el gentilicio de este lugar? Pues precisamente hemos de retrotraer
nuestra memoria hasta la llamada Guerra de África, o Guerra del Rif, que se
produjo entre 1859 y 1860 y que tuvo como consecuencia la victoria de las
tropas españolas comandadas por Leopoldo O´Donnell o Juan Prim ante las
aguerridas tropas del sultán marroquí Muley-el-Abbás. Pues bien cuando las
tropas procedentes de África entraron en Madrid lo hicieron por el norte de la
ciudad a través de la conocida carretera de Francia (Bravo Murillo). Los
soldados, antes de hacer el paseo triunfal, colocaron sus tiendas militares en
aquella zona, a la que llamaron Tetuán de las Victorias, y pasado cierto
tiempo, al final, empezaron a aparecer ciertas casas y establecimientos
permanentes creando de este modo una nueva zona en la ciudad que con el tiempo
se convertiría en uno de los barrios más populares de Madrid.
martes, 22 de diciembre de 2015
UNA CLAUSULA MÍTICA
Con el fin de
cercar al enemigo más enconado de los Austrias, Francia, Carlos V decidió en
1553 casar a su hijo, el futuro Felipe II, con su tía María I de Inglaterra. Y
aunque al joven príncipe no le hizo nunca gracia emparejarse con una mujer que
era mayor que él decidió acatar las órdenes de su padre por el bien del Imperio.
Las negociaciones no fueron fáciles pues los ingleses temían perder su
autonomía al ver que su reina se casaba con un príncipe español. Es por ello
que Felipe tuvo que jurar que solamente sería rey regente, que respetaría los
derechos y privilegios de sus súbditos y que solamente su heredero sería rey de
Inglaterra. Y no solo juró estas clausulas sino que a su nombramiento añadió
una más: que renunciaría al trono británico si pasado cierto tiempo se
presentara ante él el mítico rey Arturo y reclamara la corona de Inglaterra.
Entonces, y solamente entonces, el joven Felipe se marcharía a España sin poner
ningún problema.
sábado, 19 de diciembre de 2015
VIKINGOS CONTRA INDIOS
A los equipos de
futbol no solo se les reconoce por el nombre de su equipo, o por su escudo y
bandera, sino también por el mote por el que el equipo contrario les moteja. Un
ejemplo de ello lo vemos en la eterna disputa existente entre los dos equipos
principales de Madrid, es decir, el Real Madrid Club de Futbol y el Club Atlético
de Madrid (con perdón del Rayo Vallecano), situados uno frente al otro
separándoles geográficamente el rio Manzanares. Pues bien a los primeros, al Real
Madrid, se les conoce con varios apodos. Uno de ellos es el de merengues, que evidentemente se refiere
al color de sus camisetas deportivas ya que se asemejan al blanco de aquel
delicioso dulce. Pero también se les conoce como vikingos, pues hace algún tiempo, cuando el Real Madrid ganó la
quinta Copa de Europa por 7-3 al Eintrach de Frankfurt un periodista escribió
en la revista inglesa Times la
siguiente frase: “El Real Madrid se pasea por Europa como antaño se paseaban
los vikingos, arrasándolo todo a su paso”. Llama la atención que hoy en día ese
mote de vikingos sea un símbolo referencial
de la hinchada blanca ya que en algunas ocasiones se pueden observar en las
gradas alguna pancarta con la imagen de un arrojado vikingo con espada y
escudo.
Ahora pasemos a
los nombres peculiares con los que se conoce a los atléticos. Se les llama de dos maneras: colchoneros e indios. El
primer mote se debe al color rojiblanco de sus camisetas ya que durante la
posguerra los colchones estaban recubiertos de una tela compuesta de franjas rojas y blancas. Hemos de decir que este sería
el apelativo antiguo (todavía en uso) ya que actualmente también se les llama indios. ¿A qué es debido esto? Según comentan
jocosamente los del Madrid, y con bastante mala intención, porque los del Atlético
de Madrid en la década de los sesenta y setenta fichaban muchos jugadores
sudamericanos, y, también, porque los seguidores del atlético se visten y
pintan a rayas rojiblancas y odian a los blancos.
Ver para creer. También hay que mencionar que hoy en día, al igual que los del
Madrid, los rojiblancos se enorgullecen de este último mote pues muchos
aficionados se visten a veces con motivos indios e incluso tienen una mascota,
una especie de mapache, llamado Indy.
sábado, 12 de diciembre de 2015
LAS LÚGUBRES PROFECÍAS DEL TITANIC
Desde que el 15
de Abril de 1912 el famoso trasatlántico Titánic
se hundiera en las heladas aguas del Océano Atlántico son numerosísimas las
anécdotas que han rodeado la breve singladura de aquel buque que se creía que
ni Dios podía hundirlo. Entre todas ellas destacan, por ejemplo, las que se
consideran profecías que anunciaban que ese barco iba a acabar en tragedia.
Pasajeros que tuvieron un presentimiento en el último momento y cancelaron su
viaje; personas que desde el propio barco enviaron o escribieron notas a sus
allegados pensando que algo malo les iba a ocurrir; o incluso profecías literarias
que se escribieron años antes y que casi calcan el terrible destino del Titánic. Centrémonos en estas últimas.
Según parece en el año 1886 el periodista inglés W. T. Stead publicó un curioso
relato titulado The sinking of a modern
liner (El hundimiento de un trasatlántico moderno) en el que se narraba
como un gran barco zarpa de Liverpool, hace parada para recoger pasajeros en la
ciudad de Queenstown y mientras navegaba plácidamente hacia Nueva York choca
contra algo en mitad de la noche y
comienza a hundirse amenazando la vida de todo el pasaje. Como es de suponer no
hay suficientes botes salvavidas para todos y por ello el capitán ha de
utilizar su revólver para impedir que los pasajeros de tercera clase se
abalancen histéricamente hacia los pocos botes que hay a bordo. Llama la
atención que años después fue el propio Stead el que murió en el Titánic
engullido por la gélidas aguas del océano.
Y ahora pasamos
a la segunda profecía, que seguramente es la más famosa de todas ellas. Al
igual que el relató de Stead, años antes del hundimiento del Insumergible, en
1898, el escritor Morgan Robertson publicó un libro titulado Futility, or the wreck of the Titan
(Futilidad, o el hundimiento del Titán). El escritor nos habla de un barco
llamado Titán, en el que solo se pueden embarcar las personas más ricas que
existen y que una fría noche de Abril se estrella contra un bloque de hielo
ocasionando que se parta por la mitad y se hunda con todos a bordo. Es curioso
que Robertson no solo clave el mes exacto del hundimiento del Titanic sino que también describa que su trasatlántico tiene las mismas medidas,
peso y capacidad que éste. Una coincidencia asombrosa.
jueves, 3 de diciembre de 2015
OPERACIÓN TROMPETAS DE JERICÓ - Javier Martínez-Pinna
Te has pasado la vida buscando reliquias
arqueológicas. Dentro del Arca hay tesoros que sobrepasan tus sueños. Quieres
verla abierta tanto como yo. Indiana, nosotros sólo pasamos por la historia.
Esto... esto es historia. (“En busca del Arca perdida” (1981))
Desde que cayó
el Imperio Romano de Occidente, y se instauró el cristianismo como religión
oficial tras el Edicto de Tesalónica, pocos años antes, en el 380 d. C. el
llamado turismo religioso y arqueológico fue un hecho. Cientos de personas
fervorosas, peregrinos de la Fe, no dudaron un momento en adentrarse en Tierra
Santa para poder ver con sus propios ojos los pasos y monumentos donde Cristo,
sus discípulos o los antiguos patriarcas bíblicos habían morado. Desde humildes
caminantes a reyes y emperadores quisieron resucitar con sus medios cualquier
rastro material que afianzara su fe, ya fuera desenterrando elementos de la crucifixión de Jesús, la Cruz,
los clavos de la agonía…, o incluso queriendo haber encontrado los roídos y
supuestos maderos de la nave de Noé. Tantas eran las ganas de reavivar aquella zona
que pronto empezaron a salir a la luz guías de viaje como la de la monja
Egeria. Con ellas el viajero podía, utilizando mucho la imaginación, sentirse
arrobado en cualquier lugar con cierto simbolismo religioso, pero a fuer de ser
sincero había ciertas lagunas que no se hallaban impresas en sus páginas, como
por ejemplo las llamadas reliquias de poder. Una de ellas era y es todavía uno
de los restos arqueológicos cuasi legendarios que hoy en día siguen despertando
las ansias de descubrir. Se trata de la pieza judía más famosa de todos los
tiempos: el Arca de la Alianza, también llamada del Convenio, Pacto o de
Yahveh.
En la primera y
exitosa película de la saga Indiana Jones, En
busca del Arca Perdida (1981) uno de sus protagonistas dice con voz sombría
la siguiente afirmación: El hombre ha
buscado el arca perdida durante casi 3.000 años. No se debe tomar a la ligera.
Nadie conoce sus secretos. No se parece a nada de lo que has estado buscando hasta
ahora. En lo anteriormente dicho por el amigo de Indy, Marcus Brody, se
condensa el respecto que siempre se ha tenido a esta pieza a través de los
siglos. Aunque llama la atención que este resto tan cotizado en la Historia en
la actualidad se haya convertido meramente en un símbolo religioso que tal vez
esté más allá de nuestro intelecto hallarlo. Pero mientras que algún
arqueólogo, sin látigo ni pistola, localice el Arca de la Alianza hemos de
contentarnos con leer el interesante ensayo de Javier Martínez-Pinna que nos
acerca al mayor tesoro del Tabernáculo judío. Con todos ustedes: Operación Trompetas de Jericó, publicado
por Nowtilus (2015).
martes, 1 de diciembre de 2015
JOSAPHAT - José Antonio Gómez
Ya llegó a nuestras manos
el nuevo libro de José Antonio Gómez. Se trata de su salto al campo de la
narrativa de ficción y, de igual forma que sus ensayos, no nos ha defraudado ya
que dentro de la novela no pierde un ápice de su espíritu crítico.
La aparición en una
subasta de un manuscrito del siglo I que se creía perdido desde el año 1527,
desde que Carlos V saqueó Roma para apresar el rey de Francia, pone en alerta
al Vaticano. Según las referencias históricas al documento se trata de una narración
de una vida de Jesucristo muy diferente a la de los Evangelios. Siempre
ha habido libros que han intentado desmitificar la vida de Jesús de Nazaret y
la religión creada sobre la base de su mensaje. Sin embargo, este manuscrito
tiene algo que le hace mucho más peligroso: es contemporáneo a la redacción de Evangelio
de san Mateo y su autor, Josaphat, fue uno de los hombres que acompañó al
nazareno en su predicación y su contenido revela aspectos desconocidos que
podrían hacer desaparecer no sólo a la Iglesia Católica, sino a todo el
cristianismo. El Papa pone a trabajar al mejor equipo del Servicio Secreto
Vaticano con la misión de encontrar el documento y destruirlo.
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