Uno de las cosas
que más le gustaba al filósofo francés Voltaire (1694 – 1778) era beber café.
No es que fuera un adicto a esta bebida, pero una tacita de vez en cuando le
despertaba los ánimos cuando estaba algo fatigado. Un día que estaba en la
corte del rey de Prusia Federico el
Grande, nuestro humanista, sintiéndose un
poco cansado, le dijo a un camarero que por favor le trajera un poco de café pues
tenía que ir a ver al monarca y no era plan que se desmayara en su presencia.
Acto seguido le trajeron en una bandeja una taza calentita de café y sin mediar
palabra se la tomó. Pero antes de darse cuenta comenzó a sentirse mareado, con
nauseas, pareciéndole que estaba borracho. Le comentó al camarero cómo era esto
posible y éste le dijo lo siguiente: “En efecto, señor, puede haberse embriagado
con el café. Su majestad, que, como sabéis, es un experto bebedor de café, nos
obliga a prepararlo con whisky en lugar de con agua para intensificar su aroma”.
sábado, 20 de agosto de 2016
sábado, 13 de agosto de 2016
UNA SOCIEDAD POCO SECRETA
Uno de los
valores más importantes de una sociedad secreta es precisamente eso, que sea
secreta. Si no, evidentemente, pierde toda razón de ser. Pues eso es lo que le
pasó a una de ellas llamada Los Amigos de
la Constitución, o más familiarmente El
Anillo, pues todos sus miembros llevaban como distintivo en el dedo un
anillo con forma de serpiente. Se fundó en 1821, en pleno Trienio Liberal, y no
solo eran reconocidos por el anillo que portaban, sino que incluso la mayoría de
sus socios eran figuras distinguidas de la política española de ese momento,
como por ejemplo Francisco Martínez de la Rosa. ¡Si hasta publicaron sus
estatutos fundacionales en El tribuno del pueblo español para que
los viera todo el mundo! Ahí es nada. Estos anilleros tenían como única
finalidad defender a ultranza la Constitución de Cádiz de 1812, y muy pronto se
expandieron por tierras de Levante y Andalucía. Pero como toda sociedad que actúa
en las sombras, enseguida les salió un duro rival Los Caballeros Comuneros con los cuales llegaron a enfrentarse
varias veces, y muchas de ellas no precisamente con palabras. Éstos, los
comuneros, acusaban a los de la sociedad del anillo de copar los altos cargos
del Gobierno (en verdad cinco de los siete ministros de aquel momento lo eran)
y de querer manejar la política española a su antojo. Muy pronto Los Amigos de
la Constitución, cayeron en desgracia pues tras producirse el levantamiento del
7 de Julio de 1822 fueron acusados de complotar contra el orden establecido y
fueron considerados desde entonces como cobardes y traidores. Su fin llegó con
la restauración de Fernando VII en 1823 y la instauración del absolutismo en España.
jueves, 11 de agosto de 2016
EL ORIGEN DE LA PALABRA GILIPOLLAS
Para saber la
procedencia de este insulto hemos de hacer retroceder nuestra imaginación a
finales del siglo XVI, a Madrid, al mismo centro de aquel imperio en donde
nunca se ponía el sol. Por las mismas calles que pisaban Lope, Quevedo o
Cervantes también andaba un peculiar personaje llamado Baltasar Gil Imón de la
Mota, quien lucía con orgullo su condición de agente fiscal del Consejo de
Hacienda. Pero nuestro protagonista no ha pasado a la historia por su oficio,
sino por haber tenido tres hijas casaderas, Fabiana, Feliciana e Isabel, llamadas
las Gilimonas. Cuentan las crónicas
que aunque su padre disponía de buenas rentas, no había galán que quisiera
casarse con ellas. ¿Cómo era esto posible? Según parece cada vez que salía a la
calle, o iba a alguna reunión se las llevaba consigo, y a pesar de que no
parecían ser feas, la gente sabía que eran muy tontas, un tanto lelas y algo lentas
de entendederas. Por eso cuando se las veía en una fiesta siempre decían: Ahí va de nuevo don Gil con sus dos pollas
(palabra que se utilizaba entonces para hablar de mujeres en edad de merecer) Es
por ello que con el tiempo los picaros de Madrid empezaron a asociar la palabra
tonto o estúpido a la figura de las hijas de don Baltasar. Y, claro está, finalmente
se fusionaron el apellido Gil con el de pollas,
dando como resultado el insulto gilipollas.
Por lo menos a don Baltasar le queda el alivio de ser recordado no solo por
haber sido el padre de este vocablo tan vejatorio, sino también por tener una travesía
cerca de la madrileña Basílica de San Francisco el Grande.
martes, 9 de agosto de 2016
ASESINATO CINEMATOGRÁFICO
Mal día fue a
elegir don José Canalejas para mirar escaparates. El 12 de Noviembre de 1912 el
entonces Presidente del Gobierno español salió de su casa y se dirigió todo
confiado al Ministerio de Gobernación que en esos momentos estaba emplazado en
la madrileña Puerta del Sol. Pues bien, cuando estaba saliendo de la carrera de
San Jerónimo se le ocurrió echar un vistazo al escaparate de la Librería San Martín
para ver si habían traído alguna novedad editorial. Pero mientras miraba los
libros, por detrás, de forma sibilina, una sombra se abalanzo sobre él, y sin ningún
miramiento le descerrajó un tiro en la cabeza. De resultas de aquello, don José
de Canalejas murió al instante. El asesino, que precisamente era un anarquista
llamado Pardiñas, salió corriendo, pero como se veía rodeado de personas y sin
escapatoria alguna decidió suicidarse a muy pocos metros de su víctima. En
verdad una historia de lo más triste.
Pero como a
veces de la desgracia puede nacer lo inesperado, una de las consecuencias que
tuvo el asesinato de Canalejas fue que apareciera en nuestra Historia uno de
las personas que más nos han hecho disfrutar y reír a partes iguales. Días después
del asesinato del político liberal, Enrique Blanco y Adelardo Fernández Arias
realizaron un cortometraje llamado Asesinato
y entierro de don José Canalejas en el que no solo recrean como fue aquel
hecho sino que también muestran al público el multitudinario entierro del presidente
español. Pues bien este cortometraje le dio la oportunidad de debutar a un
joven actor de 26 años llamado José Isbert, curiosamente en uno de los papeles
que menos le pega en su filmografía: el de asesino.
Les dejo el
enlace para que echen un vistazo al documental y observen la fugaz aparición de
Pepe Isbert:
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