sábado, 17 de marzo de 2018

LOS CABALLOS EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


Durante la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) los países e imperios involucrados en el conflicto armado enviaron a millones de jóvenes a un verdadero matadero de acero, barro y sangre. Esta es una historia que todos conocemos, pero lo que mucha gente no sabe es que de igual manera que se mandaban soldados al frente también miles de caballos participaron en aquella guerra mundial. Éstos fueron utilizados en todos los lados del planeta, ya fuera en el frente Occidental como en el Oriental pues en un principio los países participantes creían que los caballos iban a ser igual de esenciales que en guerras pasadas. Hay que recordar que la tradición de la caballería era muy fuerte. Pero pronto se dieron cuenta de que nada iba a ser igual que antes ya que ante el poderío de las metralletas, los tanques, la continua artillería o los alambres de espino reforzado, la caballería y sus jinetes no iban a poder hacer prácticamente nada. Su tiempo había pasado. Los primeros en percatarse de la nueva situación fueron los imperios centrales (Alemania y el Imperio Austrohúngaro), aunque los ingleses, debido a la tradición de su infantería montada, limitaron su  acción a cargas limitadas de caballería. Aun así el uso de los caballos como arma de combate fue más grande en el frente oriental, en donde, al haber más espacios de acción y menos trincheras, se pudieron utilizar más.

Con respecto al frente occidental, muy pronto los caballos fueron utilizados como apoyo logístico para transportar soldados sobre el barro, tirar de cañones, o de carromatos de vituallas que podían transportar desde soldados heridos o muertos. Es por ello que llegó un momento, sobre todo a partir de 1917, en que la vida de un caballo era más importante que la de un soldado. Aun así, la vida de un caballo no era desde luego nada envidiable ya que eran explotados hasta la muerte. Una gran mayoría moría debido al fuego enemigo, o quedaban enganchados en medio de una maraña de alambres de espino, o comidos por enfermedades como el tétanos. Fueron cientos de miles de caballos los que murieron en los campos de batallas de medio mundo (se calcula que solo el ejército británico empleó un total de 1,2 millones de caballos y mulas durante la guerra muriendo alrededor 484.000) y fueron muy pocos los que volvieron de nuevo a casa, ya que muchos al terminar el conflicto fueron vendidos a carniceros franceses en subasta pública.

En verdad una historia de lo más triste.

martes, 13 de marzo de 2018

¿POR QUÉ LOS DOMINGOS ES UN DÍA DE DESCANSO?



Una pista de por qué los domingos es un día dedicado al descanso hay que buscarla en la misma etimología de la palabra. Domingo proviene del latín dies Dominicus, o lo que es lo mismo Día del Señor, ya que fue, según la creencia cristiana, cuando Jesucristo resucitó de la muerte. Aun así hay que señalar que todavía entonces los primeros cristianos seguían respetando el Sabbat hebreo, y que creían que el domingo era solamente el primer día de de la semana (como por ejemplo se puede observar hoy en día en muchos calendarios anglosajones). En cambio los romanos conocían ese día como dies Solis, ya que estaba dedicado al Sol Invicto (de ahí el Sunday inglés). Así pues cuando Constantino I  legalizó el cristianismo en el 313 d. C una de las primeras cosas que hizo para unir a sus súbditos fue fusionar ambas festividades, la cristiana y la pagana, y decretar que el 7 de marzo de 321 se considerara el domingo como día oficial de descanso. Pero esta medida tardó unos cuantos siglos en prosperar y hubo que esperar hasta el siglo XVI para que el Concilio de Trento dijera lo siguiente: “Complace a la Iglesia de Dios que la celebración religiosa del día sabbat se debe transferir al día del Señor: el domingo". Y fue esta afirmación y las sucesivas conquistas sociales y laborales que hubo a partir de entonces las que fijaron el domingo como día de descanso en la gran mayoría de legislaciones del mundo.

domingo, 11 de marzo de 2018

¿CUÁNTO PESA EL HUMO?



Uno de los cortesanos favoritos de la reina Isabel I de Inglaterra fue sir Walter Raleigh (1552 – 1618) Era el tipo de hombres que más atraían a la Reina Virgen: valiente, de aspecto desafiante, pirata, explorador, poeta, espadachín, aventurero suicida… todo un chico malo que hubiera llevado chupa de cuero y habría montado en una Harley Davidson si en aquella época hubieran existido. Pues bien este hombre tiene el honor de haber sido el que introdujo el tabaco en Inglaterra (tabaco, por cierto,  traído de Virginia) convirtiendo a todos los cortesanos de la noche a la mañana en adictos a esa sustancia. Un día, viendo que la reina estaba aburrida, no se le ocurrió otra cosa que decirle que él era capaz de pesar el humo de un cigarro. Hay quienes dicen que esta anécdota es apócrifa pero la gran mayoría opinan que es verdadera y a mi modo de ver es muy creíble ya que este era el tipo de desafíos que le gustaban a Isabel I. Así pues Walter Raleigh mandó que le trajeran una balanza y acto seguido encendió uno de sus cigarros. Con mucho cuidado, mientras se lo estaba fumando, iba echando la ceniza en uno de los platillos. Cuando terminó de fumar pesó las cenizas y la colilla y después hizo una simple resta con lo que el resultado fue el peso del humo. Actualmente se ha demostrado que aquel experimento era muy deficiente e inexacto pues hoy en día se sabe que existen más componentes, como el oxigeno,  que intervienen en la consumación de un cigarro. Pero en su descargo hay que anotar que la prueba que hizo sir Walter Raleigh delante de la reina fue de lo más ingeniosa ¿no?

sábado, 10 de marzo de 2018

BREVE HISTORIA DE CARLOS V - José Ignacio Ortega Cervigón



"La razón de Estado no se ha de oponer al estado de la razón."

Sin lugar a dudas Carlos I de España y V de Alemania (1500 – 1558) fue un rey, un emperador, un adalid, que vivió en una época bisagra entre dos tiempos, con un pie en la Edad Media y otro en el brillante Renacimiento. Incluso hay quienes le imponen el título de “último caballero” de una nueva Europa donde comenzaban a emerger naciones en donde antes todo era un conglomerado de reinos. De él se han escrito tantos estudios, al ser una figura tan grande en la Historia, que muchas veces es harto difícil escribir una nueva biografía de aquel que ciñó en su mano el cetro imperial y portó orgulloso en su sien la corona española. Pues tanto amo esta tierra que se cuenta que una vez el papa se extrañó de que hablara español en vez de su lengua materna, a lo que éste le respondió: "No importa que no me entendáis. Que yo estoy hablando en mi lengua española, que es tan bella y noble que debería ser conocida por toda la Cristiandad." Como se puede ver tenemos ante nosotros, junto a Felipe II, al rey más importante que ha gobernado en esta vieja piel de toro, y es por ello que es de recibo que la editorial Nowtilus le dedique su obra Breve Historia de Carlos V (2018), escrita por el historiador José Ignacio Ortega Cervigón, al que también le debemos la obra Breve Historia de la Corona de Castilla (2015).

El autor, como si tuviera una máquina del tiempo, nos adentra en los primeros años de vida y reinado de Carlos V, que aunque en la cuenta final de sus días se convirtiera en uno de los gobernadores más poderosos del mundo, al principio, las primeras impresiones que produjo a su llegada a España fueron del todo contrarias. La figura inexperta del hijo de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, un tanto bobalicona y con prognatismo marca Habsburgo, suscitaron en los prohombres españoles la sensación de que iba a convertirse en un rey breve no muy querido en los reinos de Hispania. Y aquello se confirmó en los iniciales pasos que dio con respecto a la política interna española con aquella decisión polémica e incomprendida en un principio de convertirse en Emperador del Sacro Imperio Germánico a base de los dineros de los reinos, amén de ser ciego a la rapiña que sus allegado flamencos estaban perpetrando y en las prebendas que estaban consiguiendo base de imposiciones. Y aunque Carlos consiguió acudir y ser elegido por los príncipes alemanes como  emperador aquello no le evitó una especie de mini guerra civil, cuando el pueblo de ambos reinos (Castilla y Aragón) se levantó en armas en las llamadas Comunidades (1520) y Germanías (1519). A raíz de lo cual varió su política modernizando la administración, respetando los órganos de cada reino a la vez que apuntalaba su figura como rey de todos los españoles. Carlos V había madurado a marchas forzadas y había aprendido la lección de cómo ser un monarca válido para cualquiera de sus súbditos.

Como ya he indicado antes, el joven Carolus Rex fue elegido finalmente Emperador del Sacro Imperio Germánico. Coronado el 24 de Febrero de 1530 en Bolonia, en la iglesia de San Petronio, a manos del papa Clemente VII (uno de sus principales enemigos, acuérdese uno de aquel desafortunado episodio de El Saco de Roma) su política exterior, por tanto, se tuvo que dividir en varios frentes. Por un lado la defensa de su herencia territorial, con lo que se enfrentó con el rey francés Francisco I; por otro su lucha denodada contra el naciente protestantismo, en donde consiguió una victoria importante, aunque efímera, en los campos de Mühlberg en 1547; y finalmente contra el imperio turco que amenazaba a toda Europa con sumergirla en la media luna otomana. Esta política internacional tuvo sus pros y sus contras ya que mientras que mientras por un lado Carlos V colocaba a España como pieza importante y decisiva en el plano europeo y mundial convirtiéndole a él mismo como el nuevo Cesar que deseaba toda la cristiandad, en cambio, para llevar a cabo tan ingentes gestas derrochaba a manos llenas las riquezas que venía del Nuevo Mundo (¿Sino cómo iba a sostener tantas empresas?) a la vez que abría un sin fin de frentes, en la mayoría imposibles de ganar, que luego heredarían sus descendientes y que finalmente acabarían con el destino de los Austrias en España.

Pero Carlos V no fue una persona aislada del mundo. Nuestro autor, José Ignacio Ortega Cervigón, también nos lo sitúa dentro de un marco histórico, cultural y familiar que engrandece su trabajo. Además de batallas y políticas, podemos observar a un Carlos dentro de su familia, la relación que tenía con su amada esposa Isabel de Portugal, las enseñanzas que administraba a su hijo Felipe, o el trato tan peculiar que tenía con sus cortesanos y allegados, todo ello trufado con un buen número de anécdotas que harán las delicias del lector más exigente. Además uno de los puntos más importantes de esta biografía es enmarcar el semblante del emperador dentro del Renacimiento, del Humanismo, que estaba aflorando en Europa y España. A pesar de ser un rey imbuido de una gran religiosidad también era un monarca ávido de conocimientos y expectante ante las nuevas transformaciones de la sociedad. Como curiosidad indicarle que era todo un aficionado a los relojes.

Y finalmente llegamos al ocaso del emperador. En 1556, en Bruselas, y ante la sorpresa de todos los presentes, Carlos V decide abdicar. Por un lado lega el imperio a su hermano Fernando, a la vez que deja las otras posesiones a su hijo Felipe. Si uno observa el cuadro que Tiziano dedicó a la batalla de Mühlberg podemos observar como en el rostro de Carlos V ya se pueden observar signos de cansancio, pues son muchas las guerras y disquisiciones teológicas que ha sostenido durante su existencia. Así pues toma una de las decisiones más curiosas y desconcertantes de la Historia de España: retirarse al monasterio jerónimo de Yuste (Extremadura) para terminar sus días evocando sus recuerdos y analizar cómo ha dirigido el rumbo de sus días. En 1558 el gran señor de Europa exhala su último aliento, y deja para la Historia la herencia de ser no solo el primer monarca Habsburgo de España sino de haber sido también el más grande de los Reyes de la Historia Moderna.